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 La Risa de la Muerte.

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Jaime Olate
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MensajeTema: La Risa de la Muerte.   Vie Sep 27, 2013 2:26 pm

Una Explicación Lógica.

Poco a poco su cerebro fue digiriendo tanto lo que veía como lo que escuchaba.
—¡Ya, puh, iñor dígame quien fue el chistoso que me metió dentro del nicho!
Dando un fuerte suspiro, mientras se frotaba suavemente su rostro, José comprendió que no había tal resucitado, sino que tenía ante sí a un hombre furioso, pero muy vivo.
Con la voz estrangulada aún por el pavor, trató de conversar con el supuesto occiso.
—Señor …, no tengo idea qué  ocurrió para que lo metieran al nicho desocupado. ¿Cómo  está? ¿ Se siente bien? ¿Dónde vive para avisar a sus parientes?
El hombre joven lo miró con desconfianza y observó que detrás del aseador se estaba formando un grupo con los pocos valientes que lo miraban con curiosidad, eso sí que a prudente distancia.
Se sacudió la cabeza suavemente como tratando de despejar su mente. Con una mueca se rascó la nuca y con su mirada perdida después de mirar el suelo volvió su mirada  con cierta sorpresa a José, quien comprendió que el exfinado ya se acordaba  qué le había ocurrido.
—¡Desgraciado, para qué quiero enemigos con tales amigos!
Casi arrastrando sus pies se dirigió a la salida de la  necrópolis, mientras los curiosos se apresuraban a dejarle libre su paso. Ya en la calle lo vieron dirigirse a la población contigua al camposanto, hasta que desapareció en una de sus callejuelas.
Ahora todos los curiosos no tenían miedo y algunos fanfarrones reían quizás para borrar el ridículo que habían hecho minutos antes.

Esto fue parte de un extraordinario relato que escuché de labios de Carlos Gallardo, un joven minero muy bien vestido como todos los que trabajan en la extracción del carbón.  
Días antes había acudido a su domicilio, por cuanto recibí una orden judicial para investigar una denuncia por presunta desgracia, hecha por su joven esposa, quien se preocupó mucho porque su esposo no llegó a dormir esa noche. Ante su momentánea ausencia, le dejé una citación para entrevistarlo en el cuartel.
Cuando lo hice pasar a una  oficina, lo noté como sonriente. Claro, cuando supe toda la historia, terminé riendo con él.
—Ocurre, señor, que mi esposa tiene malazo el genio. Hace poco que nos casamos y por primera vez … —una sonrisa un tanto forzada, se rascaba la punta de la nariz y su voz fue apenas un susurro.
—¡Bueno, ya, para qué voy a andar con mentiras! —Dejó su hablar titubeante— Me quedé una noche fuera de la casa y llegué al mediodía siguiente!
“ Ese día sábado nos pagaron el sueldo y con Carlinche, un compañero de trabajo, pasamos a un boliche a beber un par de cervezas y emprendimos el retorno a casa, en la población Libertad, al costado norte del cementerio.  
“Para llegar luego a mi casa, al lado del cementerio, tomamos el  atajo empinado que evita la tremenda vuelta pavimentada por donde llegan las procesiones de los funerales.
“Allí, doña Anita, que vende trago pa’ callao estaba con un par de “sobrinas” en la puerta. Ya estaba oscureciendo y nos invitó a pasar a su negocio ilícito;  “se nos calentó el hocico” y seguimos “chupando” hasta la medianoche, supongo, y francamente perdí el conocimiento de borracho que estaba.
Carlos Gallardo se detuvo un momento para ordenar sus ideas y continuó.
“ Parte de esta historia me la contó mi amigo Juango …
Se detuvo de nuevo, me miró y sonrió moviendo la cabeza.
“ Bueno … ya le dije que mi esposa tiene mal carácter…   Con esto quiero explicarle el por qué todo se enredó.
“ Cuando perdía la conciencia de lo que ocurría, vagamente recuerdo que cayó una “nubada”  (lluvia fuerte) y que mi amigo me apoyaba y … se me borró la película.
“ Desperté en una  penumbra. No sabía dónde diablos estaba, quise ponerme de pié y mi cabeza dio un duro golpe con un techo.  A mis pies había una luminosidad muy potente que  hería mis ojos.
“ Aun cuando sentí que estaba mojado tenía calor; un extraño olor a flores secas y unas ramas que sentía que me estrangulaban, me alarmaron y, con pánico, comencé a arrastrarme hacia el cuadrado de luz intensa que veía a mis pies.
“Francamente no sabía dónde estaba y al salir oí gritos de terror. Una cruz de madera me impedía un tanto mi escape de tan poco grata prisión y con fuerza la lancé lejos. Vagamente comprendí que podía ser una broma, por lo que salí con furia y arranqué de mi cuello la corona de flores.
“Claro, ahora comprendo el horror  de los visitantes  cuando arrojé la mencionada corona de flores y comencé a limpiarme de hojas, mientras echaba “pericos” contra los chistosos que me habían metido a un nicho desocupado.
El joven minero me miró tratando de encontrar alguna burla de mi parte, pero al ver la seriedad con que tomé su declaración, continuó su narración.
“Al llegar a mi casa, como usted debe suponer, recibí una reprendida muy fuerte de mi esposa yu que no quería saber nada de mi amigo Carlinche. Ella me explicó que pensaba que me habían matado, por lo que estampó una denuncia por Presunta Desgracia en la policía, el Tribunal envió a Investigaciones la orden correspondiente que le tocó a usted.
“Al día siguiente Carlinche, muerto de la risa, me confesó que no se atrevió a llevarme arrastrando mi inanimado cuerpo en medio de la fuerte lluvia. Conocía el mal carácter de mi señora y al enfrentar uno de los portones del cementerio lo encontró abierto. No quería que me diera una pulmonía si me abandonaba esa noche de tormenta, por lo, como pudo, me introdujo dentro de un nicho vacío y me tapó con ramas y flores secas. De puro bromista me puso la corona de flores en mi cuello y en mis brazos dejó una vieja cruz de madera ya podrida.
El deponente Carlos Gallardo se inclinó en su silla y con ambas manos se acarició su rostro.  De pronto lo vi como si estuviera hipando, pero al retirar sus extremidades estaba riendo y me contagió; ambos lanzamos estruendosas carcajadas.
—Sabe, señor Detective …, cuando mis compañeros de trabajo supieron esta historia, me apodaron LÁZARO.

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Trina Leé de Hidalgo
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MensajeTema: Re: La Risa de la Muerte.   Lun Oct 14, 2013 3:33 am

JOCOSA HISTORIA, ME HACE RECORDAR ESA CANCIÒN QUE DICE:
NO ESTABA MUERTO, ESTABA DE PARRANDA, ESTABA VIVO BAILANDO BURUNDANGA.
CON AMIGOS ASÌ PARA QUE QUIERO MAS, AJAJAJAA
LA VIDA ES UNA TÒMBOLA Y UN CÙMULO DE ANÈCDOTAS.
SALUDOS CORDIALES

TRINA


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