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 EL VUELO DEL COLIBRÍ (fábula)

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Adanhiel
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MensajeTema: EL VUELO DEL COLIBRÍ (fábula)   Mar Feb 19, 2013 3:02 pm

En una vasta alameda, extendida en una variedad incalculable de floresta silvestre, paraíso terrenal de la fauna del bosque, el ocaso del sol naciente se encargaba, con su aurífero fulgor, de despertar a las criaturas diurnas que comenzaban, desperezadamente, a tomar matutino contacto con los radiantes rayos del magno Helios, quien significaba para las nocturnas el caluroso recogimiento de una jornada larga e intensa. Entre los despertantes encontramos, dando sus pequeños y primeros brincos del día, al agutí, reticente, aún, a distanciarse de su acomodada madriguera situada en en el hueco troco de un árbol. Si seguimos observando vemos como una gran colmena se va desprendiendo lentamente de las sombras que sus dimensiones dibujan en la dura corteza del árbol que con firmeza la sostiene; sus inquilinas, las abejas, comienzan a sentir el calor de la mañana agradeciéndolo con el zumbante trajín de su danzador y dialogante movimiento. Pero hay alguien mucho más madrugador que éstas; el rápido aleteo de unas pequeñas y emplumadas alas localiza el incesante vaivén de un insignificante punto móvil en la policromada alfombra de agrestes flores: es un ave de vistoso colorido muy a tono con el fértil cuadro que la circunda. Suspendido en el aire, como pez en el ingrábido agua, inspecciona cada flor, con detenida y afanosa atención, parece pasar vegetal revista, minuciosa y alegre, a cada punto focal de lo que, para él, son dulces abrevaderos. Es un retozón colibrí cabalgando, elegante y ligero, entre la húmeda brisa y el algodonado cielo azul que la generosa primavera tiene la bondad de otorgar anualmente para dicha de la esplendorosa turgencia natural. Nuestro protagonista no es consciente de la hermosura resplandeciente del hábitat que configura su entorno, simplemente forma parte de él, haciéndole sentirse participante y principal beneficiado de tan gratuito espectáculo; su trayectoria de vuelo es zigzagueante, sin ruta establecida o concreta, los estacionamientos breves, se diría que escrupulosamente selectivos pero, finalmente, el diminuto emplumado, después de la interminable búsqueda, toma una decisión; parece haber encontrado el néctar apetecido del que libar a placer. El rapidísimo movimiento de sus alas le permite aproximarse a la flor con una precisión y maniobrabilidad que podría ser envidiada por los mejores cirujanos y reputados relojeros; el largo y agudo pico y su aún más fina lengua cumplimentan la tarea de satisfacer tan exigente buche.

Entre las escarchadas y procelosas hierbas, a pocos metros del satisfecho multicolor, se podía apreciar un pausadísimo movimiento, como si la verde estática hubiera sido dotada de una autonomía que adujese discrepante nota de rebeldía a la inercia eólica del viento. Era evidente que algo se abría paso, estoicamente, entre la maleza, pero no acababa por aparecer ante el claro próximo donde el colibrí proseguía, ajeno a todo, confiado en su particular festín; ¿sería un predador? A pesar de la lentitud de sus pasos la ausencia de sigilosidad no llamaba precisamente a la cautela, mas no, no parecía un carnívoro, entonces, ¿de qué animal se trataba? Sus dimensiones, en comparación con el avecilla, eran lo suficientemente considerables como para no ser ignoradas.

El ancho sendero que ese cuerpo reptante dejaba tras de sí se dirigía al confiado colibrí que, revoloteando a un palmo del suelo, no hacía ningún ademán de advertencia; pero, por fin, una abertura en el denso cortinaje herbóreo dejaba entrever lo que parecían ser unas fosas nasales proseguidas de unos ojos vítreos y saltones que, entre una amplia rugosidad de ajada piel, centraban su lánguida mirada en la demostración de facultades aéreas mantenida a escasa altura de la inmóvil y expectante cabeza. Por primera vez, el colibrí, no se sabe si harto de néctar o inquietado por la ya excesiva proximidad del intruso, se separa de la flor que de mesa y mantel le servía para saludar la presencia que no parecía atemorizarle, más bien un gesto de reconocimiento fue la única mueca significativa anterior a la salutación.

- Buena mañana tengas, tortuga, hacía bastante que no te veía por estos andurriales, ¿ a qué se debe tu visita, si puede saberse?

La tortuga, avanzando unos centímetros, se mostró de cuerpo entero, acomodándose en lugar más nivelado.

- Bueno, mentiría si te dijese que mi comparecencia es consecuencia de la cortesía y no del casual encuentro, pero he de reconocer que en la lejanía pude verte revolotear vertiginosamente de un sitio para otro, y como mi vista ya no es la de antaño preferí acercarme para observarte más detenidamente. Lamento haber interrumpido tu desayuno, pero si en algo me conoces ya sabrás que soy curiosa por naturaleza; la belleza y el movimiento son el reclamo perfectamente atractivo para mi indagador talante.

- Disculpas aceptadas- contestó el colibrí girando el vuelo estático en dirección al reptil-, de todas formas ya estaba saciado y comprendo perfectamente que mi rutilante aspecto y mi pericia en el vuelo te hayan maravillado, suele ocurrirles a todos los que no me conocen o a quienes, como tú, no están del todo acostumbrados a mi cercana presencia.

La tortuga, desaprobadoramente, replegó su alargada testa que hasta ese instante daba la impresión de estar paralizada en erecto perfil y, tomándose unos segundos de pausa para reconsiderar la contestación respondió:

- Me atrae la novedad y los recuerdos que surgieron de ella; mi memoria, en el trasiego de los años y la acumulación de vivencias, no puede ofrecerme todas las evocadoras imágenes que la requiero, de ahí que, en justa correspondencia, deba imprimir en ella unas análogas y más frescas que rememoren aquellas tan lejanas en el tiempo que casi están perdidas.

- En verdad que debes ser muy longeva, me acuerdo como mis padres y abuelos se referían a tí como la vieja errante, aunque yo creo que se trataba de otra tortuga, quizás familiar tuya, ¡porque nadie puede vivir tanto!- aseveró el colibrí con una rotundidad no exenta de incrédula inseguridad.

- La misma soy - replicó la tortuga-, en cuanto a la edad, efectivamente, en contrastación contigo, soy rematadamente vetusta, sin embargo, a vista de las piedras que entorpecen mi camino, apenas asemejo lo que un retoño. La especie a la que pertenezco es muy...duradera, más allá de lo que tu imaginación pueda llegar a barruntar, y me entristece comunicarte que tus ascendientes se equivocaron al "bautizarme" como la errante, puesto que por mucho que trasiegue nunca estoy fuera del hogar que, como ves, a cuestas llevo.

- Alguna ventaja había de tener el aspecto que la naturaleza te ha dado, tan remisa, sin embargo, al privarte de la agilidad, rapidez, gracia y belleza; virtudes de las que, sin ir más lejos, soy viva muestra. El colorido de mi plumaje reúne los más bellos tonos del paraje en el que resido, sirviéndome de precioso camuflaje cuando duermo o reposo; el néctar de las flores me proporciona alimento, una dieta que complemento con minúsculos insectos que no tienen la menor posibilidad de escape ante mi velocidad. Mis pequeñas pero fuertes alas me transportan con celeridad y sin problema allá donde quiero y, por si fuera poco, las menudas dimensiones de mi cuerpo permiten el acceso a todo tipo de lugares pasando inadvertido a los grandes predadores para los que no sería un aperitivo destacable; los demás no me preocupan pues son, o más pequeños que yo, o mucho más torpes; ni siquiera una tela arácnida, por recia que sea, es obstáculo para mí. No es que me guste mofarme de las limitaciones de otros animales, pero estarás de acuerdo conmigo en que eres una representación opuesta de todo lo expuesto. Para nada envidio ese pesado caparazón al que llamas hogar ni el lastre de unos años que cuentas gracias al azar, pues más vale tener una vida corta pero radiante a lo interminable de una existencia tan anodina.

La tortuga no mostró ningún indicio de ofensa al comentario despectivo del colibrí al que escuchó con calma; una vez el pájaro terminó su arenga tomose un breve lapso para reconsiderar lo oído y le dijo:

- Pareces muy satisfecho de tí mismo y eso me reconforta, pero no eres tan perfecto o exclusivo como aseveras cuando evalúas sarcásticamente mi lentitud como evidente desventaja, mi fealdad como agravio a la vista o mi extensa edad como un penoso recordatorio, triste sobrante de la juventud, pecando de arrogante subestimación. La concha es parte de mí y no supone una carga extra para mis robustas patas, como ya te he dicho es mi casa y un armazón perfecto ante cualquier posible ataque; lenta soy, ya que prisa no tengo, y de nada ni de nadie quiero ni necesito huir; los años, junto con otras virtudes que a tí se te escapan, no pasan vacuamente, aportándome el conocimiento y la sabiduría que son para mí las más preciadas pertenencias. El alimento tampoco es inconveniente, mi estómago es poco quisquilloso y admite una gran variedad de comida, vegetales y frutos que abundan por doquier, aunque, de todas maneras, el ayuno no me espanta, ya que ni el nímio gasto energético ni lo especial de mi metabolismo precisan de mucho. Dime tú, mi batiente amigo, si esas son razones consistentes para sentirse desafortunada.

El pajarillo, desconcertado ante tan atinada disertación, como si las sensatas palabras de la tortuga le hubiesen discapacitado, cesó el vuelo y, posándose en su espaldar con aire desafiante replicó:

- ¡Pretextos!, eres muy ingeniosa, ¿pero tienes algo que aducir a tu torpeza y fealdad? Dime qué utilidad las encuentras, si es que tienen alguna.

El colibrí queda satisfecho ante tan contundente ataque, enorgullecido, pero esta vez la tortuga no se hizo esperar demasiado al esbozar un:

- ¿Torpe? Me extraña que digas eso, cada uno de mis pasos es calculado y nada de lo que acontece me coge en inevitable sorpresa, pues es preferible eludir los obstáculos antes que sortearlos; al menos esa es la filosofía de las tortugas. La belleza física es una cuestión de gustos y preferencias, y la absoluta está confabulada con lo heterodoxo de nuestra individualidad que me hace común y diferente al resto de los animales, incluyendo a los de mi propia especie. Como a tí.

Estupefacto, el pajarillo, posado en la parte frontal del caparazón, comenzó a exteriorizar su ira, sus patitas cobraron vida propia paseándose por el borde compulsivamente, repitiendo sin querer cesar la misma cantinela.

- ¡Bah! los demás...¡y a mí qué me importan los demás!

- Bien está que sepas apreciar tus atributos, que vivas despreocupado, pero no hasta el punto de menospreciar, e incluso ignorar, la suerte y dotes de nuestros hermanos...es una cuestión de simple apreciación. Pero yo no he venido aquí a cuestionarte, sólo estoy de paso, y dado que mi presencia parece importunarte proseguiré mi poco armonioso camino deseándote lo mejor.

- Haz lo que quieras, que yo nada pinto ni quiero saber de tus reflexiones que a nada me llevan y de nada me traen, pues patéticas son. Si me he dignado a charlar contigo es por mero entretenimiento, y como comienzas a aburrirme volveré a mis libres y desatendidos quehaceres. Puedes apostar a que será la última vez que cometa la tontería de entablar conversación con un ser tan poco entusiasta como tú, que ni siquiera puede advertir lo obvio.

Casi sin dejar acabar los exabruptos del colibrí, tímidamente, la tortuga intentó finalizar una frase.

- No pretendía enojarte pero...

El avecilla, mirando fijamente a los ojos del reptil, gritó encolerizada quebrando impertinentemente las educadas y calmadas maneras con acusada altanería.

- No tolero tus justificaciones ni tu palabrería, ya estoy cansado y cuando me canso de algo lo abandono sin más.

Pero la tortuga se había replegado en su blindado caparazón sin responder a los desaires del pájaro que no comprendía a qué era debida tan inesperada reacción, ¿habría cometido la flagrante osadía de dormirse, de ignorarle? Su cólera era ahora superlativa, pues no había nada que el advenedizo colibrí soportase peor que el desdeñamiento. Intentó prorrumpir el vuelo, pero algo llovido del cielo se lo impedía, siguió insistiendo pero esa cosa sin resquicios no le daba ninguna posibilidad de salir airoso del lance. Nunca antes había sufrido una situación parecida, por vez primera sentía el roce áspero del miedo. Un ser inmenso se acercaba extendiendo lo que parecía una gigantesca mano; era una cría de humano, un niño que, equipado de un cazamariposas, le había dado caza.

- ¡Papá! ¡mira lo que he gogido! - exclamó el niño con exultante entusiasmo.

- ¿Qué es? - preguntó su padre con interés.

- ¡Un colibrí! ¡he cazado un colibrí!

- ¡Estupendo! se lo llevaremos al abuelo para su colección, menuda alegría que le vamos a dar; y eso otro parece...¿Una tortuga? Ja, ja, bueno, no se puede decir que esa segunda captura tenga demasiado mérito. Vamos, déjala donde estaba que ya se nos hace tarde.

Padre e hijo se alejaron a grandes trancos y pronto no quedó más testigo de los hechos que la pobre y solitaria tortuga que, estirando sus gruesas patas, permaneció hablando consigo misma...que es más consecuencia introspectiva que delirante locura.

- Intenté advertirle, pero escuchar es para algunos tan complicada tarea que no hubo opción; si al menos hubiera entendido algo de lo que intenté transmitirle es probable que ni tan siquiera hubiese hecho falta el gestual aviso. Espero que pueda contarlo, pero a buen seguro que su vida cambiará drásticamente de perspectiva... ¡paradojas del destino!

Y, cansinamente, reemprendió la parsimoniosa marcha hasta donde la prudencia y la inquietud la señalasen.




Adanhiel.

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Fernando L.R.
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MensajeTema: Re: EL VUELO DEL COLIBRÍ (fábula)   Lun Mar 04, 2013 6:20 pm

Saludos.

En general me ha gustado, aunque a veces le perdí el hilo por instantes. ja ja ja. no se si te moleste, aunque no me termino de agradar mucho la tortuga. sera porque me confundí un poco, lo leeré otra vez y te digo.
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Adanhiel
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MensajeTema: Re: EL VUELO DEL COLIBRÍ (fábula)   Lun Mar 04, 2013 9:08 pm

Bueno, captar una parte del contenido es mejor que no captar nada, ja, ja; no me consideraré del todo frustrado entonces. Se agradece el esfuerzo que te has tomado, sobre todo el de la relectura...¡Santa persistencia la tuya, vive Dios!

Un placer tu visita y comentarios...aunque la tortuga no sea de mi misma opinión...será que con la edad se ha hecho un pelín resabiada.
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Ricardo Colella
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MensajeTema: Re: EL VUELO DEL COLIBRÍ (fábula)   Lun Abr 01, 2013 12:10 am

¡Bellisima fábula, amigo Adanhiel! En verdad, me ha encantado la dinámica belleza de la narración. Y de la moraleja ni que hablar...
Esa enfermedad, la del colibrí, es algo muy común en nuestra especie. ¿No es así? Diría que; inexorablemente fatal.

La soberbia, el egocentrismo, el narcisismo... En definitiva; la falta casi absoluta de consciencia en relación al universo del cual somos parte insignificante, o no. Pues tenemos la posibilidad, como seres humanos, de ser enanos o gigantes. Es solo cuestión de actitud. Y esto lo vemos a diario; pobres ricos, ricos miserables y que contraste ¡Por Dios! Todo pasa por nuestros ojos, es querer verlo o no... o quien sabe como funciona esto.

Resumiendo: Quisiera ser la tortuga de esta fábula y me esfuerzo en ello. Esto me lleva a una pregunta que la dejaré ahí, flotando para reflexión de quien la lea:

¿PORQUE SERÁ QUE TENEMOS DOS OREJAS, PERO UNA SOLA BOCA?

Tu sabes sobradamente la respuesta. Un fraternal abrazo. cheers


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Adanhiel
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MensajeTema: Re: EL VUELO DEL COLIBRÍ (fábula)   Lun Abr 01, 2013 5:03 pm

¡Qué hay de nuevo, amigo Ricardo!

Ya iba yo echando de menos una crítica ilustrada e ilustrativa y, mira tú por donde, me viene como llovida del cielo, cierto es, de quien ha depositado en mí unas expectativas que no me hago muy responsable de que queden enteramente satisfechas.

Resulta que la vanidad y todos sus nefandos derivados están a la orden del día haciéndonos creer más de lo que realmente somos, desapreciando la virtud ajena que tenemos en tales casos por molesta opositora, consecuencia que nos empequeñece a ojos de Dios, es decir, a ojos de nuestra propia espiritualidad.

Es muy tentador dar rienda suelta al colibrí, disfrazado de hipócrita falsa humildad, allá cuando nos adorna cualidad alguna (sea la que fuere, connatural o adquirida); debemos decir NO a esta tentación, como a tantas y tantas otras, ofreciendo prodigosamente nuestros dones en lugar de pretender su reconocimiento por medio de la indebida y admirativa veneración... pero el mal nos echa demasiados cebos y se hace difícil no picar en alguno; es imperativa una perspectiva "tortuguil", ¿verdad que sí? En fin, una muestra más del criterio surgible del libre albedrío. Elijamos lo que elijamos sepamos, o hagamos al menos por saber, algo de las posibles repercusiones... entiendo que tampoco es pedir demasiado.

Me congratula que te gustase la fabulilla, captándola con el sentido para el que fue escrita, no esperaba menos de alguien de tan especial talante como tú.

¡Ey! Fraternales abrazos y hasta la próxima; ha sido es y será un placer, ya lo sabes.
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Ricardo Colella
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MensajeTema: Re: EL VUELO DEL COLIBRÍ (fábula)   Lun Abr 01, 2013 6:14 pm

Bien lo sabes -(o debieras saberlo)- que siempre te tengo presente y te leo con mas asiduidad de la que quizás te imagines.
Suelo no perder nunca de vista el lugar de donde vengo y a quien me recibe en donde entro. Para bien o para mal.

La causalidad te ha elegido a ti como mi anfitrión en este espacio. Y eso para mi es definitivo.

Con el tiempo nos iremos conociendo, como es natural. Pero algo hay y es consumado, hablo de tu generosa hospitalidad desde un principio. Cosa que nunca olvidaré y siempre lo agradeceré.

(Aclarando dijo el vasco, mientras echaba agua a la leche. Jajaja.)

Un luminoso abrazo, amigo Adanhiel. Sobradamente sabes que el gusto es mio.
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dani09
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MensajeTema: Re: EL VUELO DEL COLIBRÍ (fábula)   Lun Nov 10, 2014 9:18 pm

Soy una  gran admiradora de los colibrís, y creo que el querer leer sobre éstos fue lo que me atrajo a tu fábula; debo decir que me encató....

Es una historia muy bien elaborada, las imágenes que proyectas son muy bellas, la descripción cuidadosa, creativa y  bien estructurada que haces del paisaje, de los animalitos protagonístas atrapan al lector, haciéndolo testigo de la problemática presentada.

El suspenso que proyectas al traer a la tortuga de forma inesperada a la trama de la historia es genial, ya que como lectora tal vez pensaba que iba a suceder algo diferente, y vaya sorpresa...  la sutileza con que interviene la tortuga, la madurez, la sabiduría, la inteligencia, la prudencia, la nobleza, la sencillez, su amor propio, su caracter,....unn sin fin de cualidades....que uno dice... wow... que buena moraleja, que buen personaje...
Claro que el colibrí también es un personaje que da un gran ejempo de vida, donde demuestra  que la arrogancia, la vanidad, el desvirtuar y el subestimar a otros no llevan  a ningún lado, no permiten crecer, no ofrecen la posibilidad de ser mejores...

Bueno, se puede decir mil cosas de esta fábula, su enseñanza es maravillosa, como por ejemplo, el aprender a escuchar, que es algo tan fundamental en el crecimiento y en el aprendizaje de cada ser humano, como entender también que los años traen experiencia, sabiduría, maduréz, entre otros....En fin...creo que una vez más con tu historia, digo que lo importante es  embellecernos en lo interior, siendo más sensibles, más humanos, amando al mundo que nos rodea, e intentando aprender de cada lección que nos da vida...

Gracias por tu fábula, me desconectó un poco de mi rutina, y me permitió vivir una bonita historia...

Que tengas una feliz semana...

Saluditos!!
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Adanhiel
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MensajeTema: Re: EL VUELO DEL COLIBRÍ (fábula)   Lun Ene 26, 2015 1:33 pm

Muchas gracias dani09 me encanta que mi fabula te encante (valga la redundancia) y que haya servido para hacerte pasar un buen rato... y si también hay un algo más ¡pues mejor que mejor¡
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MensajeTema: Re: EL VUELO DEL COLIBRÍ (fábula)   

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EL VUELO DEL COLIBRÍ (fábula)
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