Me levanté, como siempre con dolores en la espalda y mi característico y fugaz mal humor. Rutinariamente ponía un taza de agua en el microondas y me tomaba el cortado con dos galletitas o tres ( no sé por qué engordo).Prendí la ducha, el frío arreciaba y me demoré más de lo acostumbrado para sentir el efecto del agua caliente sobre mi cansado cuerpo.
Me vestí prolijamente, por más que mi ánimo no era el mejor, era una tradición, el estar lo mejor posible, estéticamente hablando. Todo calculado, una vez listo me dirigí al espejo del hall.
Dada mi obsesión por la limpieza, vi que tenía unas marcas inapropiadas, fui en busca de un trapito y comencé a frotar vehementemente, Pero en vez de limpiarse la marca se esparcía, eso hacía que ya no me alcanzaran las manos para lograr que desapareciera. Llegó un momento en que medio atontado vislumbré que había un perfecto agujero circular que se agrandaba inevitablemente. Me introduje olvidando las citas en el estudio y entré…detrás del espejo. Teóricamente debía ser el departamento aledaño, pero era un lugar iluminado y claro que conducía por un pasillo…hasta una luz enceguecedora que me atraía como un imán. Caminé por el pasillo, con una sensación de paz que hacía tiempo no sentía. Mi meta era la luz y cada vez mi paso era más acelerado para llegar a ese lugar. Después de la sensación de extremo placer, supongo que me habré dormido.
Desperté en un cuarto muy blanco y oí las voces que decían…
-Sufrió un infarto, grave, pero sale, pásenlo a unidad coronaria, por precaución-