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 CUMPLIENDO UN MANDATO

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salvino
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MensajeTema: CUMPLIENDO UN MANDATO   Jue Oct 11, 2012 8:26 pm

CUMPLIENDO UN MANDATO

Los añosos edificios de la Comandancia del Ejército ocupan una amplia zona de nueve a diez hectáreas, incluido un campo deportivo de grandes dimensiones y viviendas para oficiales superiores con residencia a término. Recostada a una de las bandas del perímetro militar se extiende una amplia avenida de tránsito rápido que como parte aguas, divide la ciudad en ángulo recto. Enfrentada a ese predio se eleva una zona barrial restringida, conformada por viviendas opulentas y jardines de exuberante diseño, reservada naturalmente a familias de gran poder adquisitivo. Coches suntuosos, mujeres sofisticadas, ejecutivos de alta calificación, niños retíratenometoques , perros dignos de un titán, sirvientas de cofia y demás trivialidades ligadas a la ostentación desenfrenada.
Numeroso personal de seguridad vigila las noches intranquilas del dinero gordo.
Sobre la sinuosa vereda pública, palmeras y árboles en abundante variedad alternan con canteros de impecable césped, cruzados por entradas de garaje de granito lustrado.
Amanece. La luz natural es aún difusa pero la claridad en ascenso permite soslayar la iluminación artificial de los focos nocturnos en trance de apagarse automáticamente. Para muchos comienza el fatigoso y rutinario trajín diario, para otros finaliza la estulta extravagancia.
La mirada del soldado de guardia es atraída por el sonido proveniente de un enorme ventanal del piso superior de un dúplex. Alguien sube la gran persiana amarilla a una altura razonable como para acceder a la terraza de hormigón y acrílico. Con la cabeza echada hacia atrás y el cabello sujeto con ambas manos, el cuerpo desnudo y exultante de una bellísima mujer se deja acariciar lánguidamente por los primeros rayos del sol. Revela indiferencia y distancia respecto de un mundo que en ese instante de intensa delicia, domina y la desea.
Un majestuoso perro negro completa incansablement sus vueltas acechantes en torno de un as de canteros del jardín frontal repleto de rosas y gladiolos.
Queda estupefacto.
Transcurrido un lapso más o menos prolongado la mujer abandona la residencia trepando con un auto de gran calado la rampa del garaje. La reja se cierra lentamente. Una vez en la acera el coche sale disparado como un bólido dejando tras suyo la estela inconfundible del que manda y es obedecido.
El inusitado espectáculo se repite regularmente.
El soldado decide esconder en la chaqueta unos prismáticos de alta visibilidad. La ansiedad lo consume hasta que “ella” hace su habitual aparición ostentando lujuriosamente la turgencia estremecedora de aquello senos impúdicamente expuestos. El pelo rubio y ensortijado le desborda los hombros como una neblina de oro esfumada en volutas de ensueño. Una escultura clásica o construcción mitológica contrapuesta dramáticamente a la miseria de esa existencia gris, reservada a cobrar un sueldo miserable a cambio de trillar inútilmente durante las interminables ocho horas de rigor y la perspectiva funesta de la vida miserable del asentamiento.
La imaginación vuela y lo consume. Puede percibir acaso la difusa irrealidad del acre olor de las axilas o detenerse morosamente en la vaguedad astracanada del pubis, arcano íntimo de la calidad divina.
Saborea, definitivamente obseso por el deseo cautivo, los jugos tibios de la vagina y el sudor nocturno emanado de ese cuerpo ideal destinado a ser amado con furia. Eleva la nariz como un perdiguero venteando inútilmente el suave perfume de lavanda que a su paso ha de alojarse en el aire interior de la mansión. Su mente febril fija lo que sería la escrupulosa rutina diaria de la hembra frente al espejo, los consabidos tironeos del cuello de la blusa, la abotonadura del tailleur y el último suspiro lascivo de las ligas, sujetas con premura de infinitud a las medias de seda que le rozarían suavemente los muslos como lo haría la cola de un felino.
Cierto día la persiana se levantó como de costumbre pero sin que esta vez se descorriesen las cortinas. Más bien se movían caóticamente como si alguien desde dentro las sacudiese sin un objetivo claro. En cierto momento la mujer hizo una fugaz aparición tratando de dar término a la habitual tarea con evidente dificultad. Un individuo la tiene tomada por detrás apretándole con furia los pechos al tiempo que le besa apasionadamente la nuca y el cuello.
Ajusta al milímetro las lentes. La transpiración le baña el rostro. Observa como es arrastrada y sujeta brutalmente contra una de las paredes de la estancia. Ella se deja hacer por el individuo abrochado a su espalda como un predador dispuesto a devorar la presa.
Se vuelve, ambos se retuercen y anudan sus cuerpos como dos culebras en lucha desesperada. La cama los recibe ovillados lujuriosamente. Los rayos del sol proyectan la sombra del amor salvaje sobre los muebles y las paredes de la estancia.
Tras un tiempo de dicha infinita se besan con dulzura de amantes, prodigándose caricias magnetizadas por el placer satisfecho. Ella llora y él le enjuga sus lágrimas besándola suavemente con una sonrisa de comprensión.
Suenan lejanamente siete campanadas.
Un proyectil de un AK 103 apenas astilla el vidrio, entra por la nuca del amante y se aloja definitivamente en el cráneo de la mujer.
………………………
- Pero infeliz: Cómo se te pudo ocurrir semejante barbaridad…
- Y…vio mi Teniente, son esas cosas raras que le pasan a uno.


LUIS ALBERTO GONTADE ORSINI
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MensajeTema: Re: CUMPLIENDO UN MANDATO   Jue Oct 11, 2012 11:08 pm

Muy bueno Salvino. Muy bueno. Saludos,
Jose
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MensajeTema: Re: CUMPLIENDO UN MANDATO   Vie Oct 12, 2012 1:17 am

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