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 VENUS DE FIERRO

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MensajeTema: VENUS DE FIERRO   Miér Jul 11, 2012 11:47 am

Estimo, sin fundamento científico ni autoridad intelectual que lo avale, a puro olfato nomás, que la dura supervivencia ha puesto sobre la palestra un tipo de mujer universal cuya mayor virtud consistiría en no cejar en el empeño - cuasi instintivo- por hacer trizas las cadenas que la engrillan a los clásicos y convencionales catálogos machistas.
La guía indudablemente una sana obstinación por hacer polvo las vidrieras obscenas que la exhiben como cosa-objeto de placer, hembra funcional y predilecta del mono Ejecutivo, asaz soberbio y crápula que por ahora domina los principales resortes de la gestión universal.
Hace unas horas se ha visto por TV como le metían bala de fusil, arrodillada y de espaldas, a una pobre chica afgana acusada de adulterio.
Ojo que esto lo vieron los niños pues se pasó a horas tempranas. Los adultos que lo permitieron y los dueños de los medios no tienen perdón de Dios, como decía la Felicia, la vendedora de flores de la otra cuadra que se enamoró del tano que le vendía los geranios al marido. Se propuso ser feliz de una vez por todas y se tomó las de Villadiego con el peninsular. En este caso cercano, felizmente, el “cornudo” se remitió a frotarse las manos: “Menos mal que me se llevaron al “bagayo”. Allá me voy de nuevo con mi mamita del alma. Pensar que la dejé por esa chirusa… pensar.”
El devenir dirá su palabra, pero tanta violencia contra la mujer tiene su precio. De diversos modos y cada vez más sofisticados - incluyo la tortura sicológica- el “miedo” del tipo hace pasto de la mujer inerme e indefensa.
Mantenerla en la ignorancia, sojuzgarla y someterla a sus caprichos es el objetivo que se ha impuesto el tipo y también la herencia religiosa que ha prendido fuerte entre los inocentes que se casan “por Iglesia”. Entre los preceptos que tiene que bancarse la desposada es aquél que explícitamente la obliga a obedecer a su marido.
De más está decir, pues rompe los ojos, que a nivel mundial la mujer, haciendo las mismas cosas que el hombre – tal vez mejor - se le paga menos so pretextos infames y arriba, para matar el tiempo, es acosada por el patrón y el hijo del patrón. Si está embarazada más le valdrá agenciarse un carrito y vender garrapiñada.
Estas acciones, pienso yo, conducen al hombre-macho-varón a su destrucción. Lo condenan a desaparecer como ente imprescindible y manifiesto. Tiene la batalla perdida.
Confío que el nuevo tipo de mujer a la larga se va a imponer. Vaya si se va a imponer. Varios millones ya ni se depilan y saben como dar el paso atrás y meter un “gancho” en la mandíbula del tipo.
Por más información ver Madonna; con esta bárbara y la vacuna que lleva su nombre se cerró la prehistoria femenina. Se acabaron los versos.
El gran Eric Hobsbawm afirma con absoluta autoridad que las únicas revoluciones atendibles del S.XX fueron la invención del jean y la salida extramuros de la mujer al trabajo.
Con licencia del sabio, cuyos textos recomiendo tanto como abandonar la costumbre de rascarse en público, entiendo que esto último trajo consigo un germen sencillamente letal para la subespecie masculina. Desde entonces una nube siniestra e inexorable se cierne en el horizonte del semental cuatro quesos. En algún momento, que no creo sea posible avizorar aún, la mujer no va a necesitar del hombre más que para sacarle el perro a la calle o alcanzarle el jabón.
¿Te imaginas caro lector al afiebrado cabrón ostentando con perplejidad un “aparato” que a los efectos de la conservación de la especie le asistiría tanto como el lóbulo de la oreja? Una cosita chiquititita e imperturbable a los únicos efectos de excretar líquidos incómodos.
Ellas se encargarán de suprimir el deseo carnal con un par de pastillas que podrán adquirirse en el Super y la farmacia le suministrará el semen necesario para ingerir con el café con leche a efectos de procrear sin que el tipo le pida a las dos de la mañana que se dé vuelta…Más horas de pensamiento racional, más horas de vidrieras, más horas de hacer de los varones otra cosa para que aún así sean felices.
Actualmente en China te permiten tener dos hijos si el primero es mujer. La mujer, en la primera potencia mundial (según he leído de fuente confiable) vale menos que una cucaracha, que se come y es muy apetecible, dicen.
Los fetos femeninos se tiran en las alcantarillas y siendo por demás terrible el asunto, no es un verso.
Dentro de cincuenta años el asunto demográfico se seguirá disparando como hasta ahora, con el agravante que la relación será de uno a uno, terrible dilema que no lo solucionarán los chinos consultando Wikipedia.
Lo solucionará la nueva mujer.
Alguien con mucha agudeza pensará con razón: Pero dime chabón ¿tú abogas por cambiar una dictadura por otra?
No, no es así.
No dispongo de ningún elemento de juicio que me permita atribuir a la mujer el afán destructivo del “prohombre” que conozco. La belleza en todas sus acepciones es pródiga con la mujer; la belleza no es destructiva excepto Penélope Cruz.
La nueva tendencia femenina es tan sabia que le propone al tipo abrir caminos juntos, tomados de la mano; agotar las vías de entendimiento y por supuesto hacer del respeto de género una devoción.
Sin embargo son campanas de palo y hete aquí que nada puede hacerse por ahora y por mucho tiempo. Los tipos, como la rata de Noruega, van derecho al suicidio colectivo. Lo llevan en los genes pues una treta maquiavélica del destino, un sarcasmo inverosímil ha querido que la transmisora de su futura desgracia fuese precisamente “la mamá” La viejita… a la que tanto le cantara el Tango.
A la inmaculada: “Nene, vos a esa no le des un centímetro de ventaja ¿me entendiste? Yo sé por qué te lo digo. Se hacen las angelitas pero cuando menos lo pensás se arrastran con el conductor del bondi en la última parada”.
Con las mujeres las santas viejitas eran peores y lo digo con propiedad siendo ésta tal vez ésa su mayor deuda con la vida. Cuando la gordita encontraba el “candidato” era inmediatamente aleccionada: “Mirá que los hombres no sobran… el muchacho es tuerto y camina rengo pero es el dueño de la pizzería y tiene un gran futuro. No le hagás la vida imposible que la vas a pasar bien”.
La intachable e impoluta viejita que despierta al coso abandonado con un mate y un beso.
Esa mutación brutal que se está produciendo en la mujer, a juicio de un simple observador de la vida, evoluciona sin prisa ni pausa. En tres o cuatro siglos tal vez (si queda algo sobre la Tierra); digamos… en una fracción inabarcablemente pequeña del tiempo infinito, se hará patente el fenómeno. No lo dudo.
El tercer sexo jugará sus cartas y ojalá que lo haga bien. Hasta ahí no llego y que me perdone Pachano.
Como el drama que se avecina, a esas alturas ignotas del tiempo, ni al polvo de mis huesos inquietará, lo tomo con sorna como seguramente lo tomarás tú, caro lector si me has seguido hasta aquí. Se trata de una venial excusa vestida de preámbulo para plantearte un asunto que desearía compartir contigo.
Acá en el Uruguay, un paisito de juguete,- un enano calentón según Lula - que no hay que confundir con el hermano Paraguay, cuna del genial Augusto Roa Bastos y Chilabert en no menor medida - cuyo setenta por ciento de habitantes (dos millones y pico) convive en un radio de cien quilómetros a la redonda de su puertito de mil contenedores, se juega la Lotería Oficial. La “grande”, como se dice vulgarmente, es el premio mayor. Las aproximaciones al número afortunado tienen una recompensa consuelo, como que te devuelven, creo, el costo del billete o algo parecido. Me disculpo por desconocer cosas tan importantes pues vivo en un monasterio y paso muchas horas en oración.
Justamente, a propósito de eso una señora mayor, muy querida por mí, suele espetarle mordazmente al marido cuando se descuelga con algún “boniato” pesado, la siguiente diatriba: “¡Qué paciencia hay que tener contigo¡...¡Yo sí que con el hijo de tu madre me saqué la grande y todas las aproximaciones juntas¡”.
Fíjate lector cómo, y no lo sugiero a través de este vulgar ejemplo de desplante doméstico sino también por lo que tú puedes observar en tu entorno cotidiano (más si eres mujer), ha evolucionado en pocos años aquella modosita atribulada y frágil que le zurcía los calcetines al marido-dueño, bigotudo y afranelado fanático de Apollinaire.
La mujer, la nueva mujer…
Qué cosa deliciosa. Con sus mechas violetas y minifaldas de infarto, revolcándose entre las patas de los caballos para defender contra lo que venga el derecho y la justicia pisoteados. Me vuelve loco.
Me propongo homenajearla, pagando así una cuenta pendiente respecto a un trabajo que publiqué- no me acuerdo en qué página- a resultas del cual me trataron injustamente de machista. Soy machista sí, pero poquito: Una cosita “así”
Con ese objetivo armaré un tablado sofisticado que seguramente de entrada, te dejará bizco. Utilizaré para mis fines el deporte del tenis que me importa menos que las alcachofas y reiteraré, con leves variantes, un texto que escribí hace años.
Si hablamos de tenis es imposible omitir a la reina.
Serena William es la mejor tenista del mundo en “individual” y con su hermana Venus las mejores en “pareja”. Como se sabe se trata de un deporte de elite, exigente y caro como pocos cuyo difusor, la rubia Albión, expandió por el ecúmene reservando los podios de mayor significación o jerarquía a los/las blancos/cas con dinero. Faltaba más.
Esto es reciente y los titulares, por un ratito, han vociferado a gusto la nueva hazaña de las hermanas negras perpetrada en el mismo corazón de los imperialistas. Hitler se tuvo que comer otra hamburguesa igual y fue ahí donde empezó a perder la guerra. No podía creer que ante sus ojos, un maldito negro corriera como el viento y dejara a sus “máquinas” en ridículo.
Todo el mundo las reconoce y yo la gozo como perro con dos colas porque pertenezco al partido de los perdedores, como su raza lamentablemente ninguneada; pero, pero… en este caso ya hizo sus cuentas la nueva mujer. Aquí el final será más doloroso. En fin.
Lo que se leerá a continuación lo escribí hace algunos años como va dicho y tiene como protagonista de la historia a Venus William. Estimo que mi insignificante homenaje a las fabulosas afrodescendientes y en ellas a la nueva mujer bien puede reiterarse modificándose apenas lo escrito.
Decía en aquel momento inspirado por la emoción.
oooOooo

Ayer en la tarde vi a Venus William por la tele disputando una final de tenis, damas individual, en un estadio de N.Y. La contrincante, una flaquita asiática de origen coreano cuyo triple nombre obviamente no me quedó, parecía poca cosa para su imponente rival.
El tenis me produce bostezos de tiempo y medio pero imprevistamente quedé prendido de la pantalla por el carácter aguerrido que se apoderó de la contienda.
Lo que pude apreciar distaba mucho de ser lo que se acostumbra en llamar una “justa deportiva”. No, no: Peleaban a muerte, encarnizadamente. Cada raquetazo implicaba un grito voluptuoso, un puntazo de electricidad en la ingle.
Venus, cuerpo y tatuajes de estibador, acechaba cada movimiento de su contrincante columpiándose sobre sus caderas magníficas. Con la mirada felina clavada en cada movimiento de la flaca, imaginaba el probable destino del saque golpeando nerviosamente la punta de los dedos sobre el entramado de la raqueta. El infatigable fuelle de las aletas de la nariz aplanadas sobre la cara acentuaba la tensión de los pómulos lustrosos.
La bola, al hacer impacto, iba dirigida como un proyectil de obús y el impulso y la voluntad de ambas para neutralizarlo provocaba escalofríos.
Hay que decirlo: Venus al cabo de las dos horas y media denotaba cierto cansancio y la coreana… como si nada.
Gélidamente concentrada en su “asunto” se despachaba con la rapidez de una gacela y la capacidad destructiva de una loba. Dúctil al milímetro,
instrumentaba la raqueta como lo haría un “back centro” con su pierna de “lapacho argentino”, siempre atenta a “acariciar” la canilla del rival. Los ojos, oblicuos e inexpresivos contrastaban con los músculos de la cara y el cuello, exigidos a tope. En suma, una voluntad de hierro al servicio de un objetivo bien concreto. Esa mujer con un “bufo” en la mano, dada una situación límite, no titubearía. La otra menos que menos.
Al cabo de batirse hasta las últimas consecuencias…Venus “marchó”.
Saludó convencionalmente a su rival, arregló con sencillez algunas cosas en la mochila, tomó del pico de una botellita mientras abarcaba con la vista el escenario de su derrota, se pasó una toalla por la cara y axilas, encaminándose luego hacia el vestuario sin bajar la cabeza. Muchos la ovacionaron ya que era locataria pero nadie la acompañó al salir pese a que el estadio reventaba de gente. En una toma patética la cámara fijó a la madre y la hermana llorando allá lejos como si se tratase del (dramático) retiro final de Elvis Presley.
Exteriormente nada delataba la bronca que la consumía. La fiera se retiraba a lamerse las heridas en soledad, discretamente, sin llantos ni saludos al “respetable”. Esa virgen negra – reflexioné con admiración - bien podría haber comandado un piquete de obreros sublevados y enfrentar los tanques con palos y cascotes, como aquellos bizarros y gloriosos asturianos de las minas.
Contoneándose como un basquetbolista se introdujo en un túnel y ahí la perdió el enfoque.
La ganadora de la contienda, más distendida y ciertamente dichosa, era muy aplaudida por la concurrencia a la cual saludaba elevando la raqueta. Brindaba su triunfo con una sonrisa franca que no ocultaba sin embargo - al menos para mí -, más allá de la proverbial y respetuosa sobriedad de los asiáticos, un mohín característico que ya se ha universalizado entre “ellas”, que pareciese sugerir un aviso de advertencia tétrica: “Con tres o cuatro fustazos les damos alcance a estos pobres “todopoderosos” y ponemos el número en los últimos quinientos…”
Como de un partido de fútbol, jamás sospeché que iba a disfrutar tanto del deporte “blanco”. Fue poner la cabeza en la almohada y ocurrírseme, por bobear, los siguientes pasos virtuales de Venus.
He aquí el reporte del entresueño.
000o000

Una vez fuera del estadio habría enfilado hacia la limousine que la aguardaba, previo firmar algunos autógrafos con desgano y despachar con fastidio a los periodistas y fotógrafos que deseaban verla llorosa y “escrachada” en actitud humillante.
- Al casa Leopoldo…
Una fina llovizna acentuaría la melancolía de esa leona no acostumbrada a perder sus presas. Entre lóbregos pensamientos se arrellanaría en el asiento abriendo sus largas y hermosas piernas en tijera. Se serviría maquinalmente un refresco de la heladerita, lo sorbería lentamente al tiempo que enroscaría morosamente una mota de su pelo planchado. << Lluvia de mierda…>>
El enorme espacio del coche, vacío de afectos, haría el milagro de transformar el estrés y la rabia que le rebulliría las tripas en un letargo gotoso y lánguido. En una parada de semáforos observaría por la ventanilla a una parejita alegremente empapada abrochada con un beso pasional.
Entraría a cavilar acerca de las posibilidades que se abrían en su futuro inmediato: Puras “pálidas”.
De pronto, cual ráfaga de viento fresco, una idea encantada la sacudiría. Se acercaría al pequeño micrófono y ordenaría:
“Leopoldo cambié de opinión...vamos hasta la ocho y la veintidós”
Aunque el tránsito a saltos de charcos por la vereda fuese breve, los transeúntes la reconocerían inmediatamente. Alguno la aplaudiría y en el intento se le darían vuelta las varillas del paraguas.
Se introduciría ágilmente en un local exclusivo y pediría la combinación de seda que venía “relojeando” desde hacía un tiempo. Algo despampanante como para noquear de entrada. Tomaría el celular, digitaría unos números y se apantallaría con una mano para no avivar a los “giles”.
- Bichito... ¿cómo estás?
Su “Bob Marley” con voz de pirado le contestaría desde lo celestial:
- Hola Randy...
- Qué Randy ni Randy...soy Venus,¡¡¡cretinazo¡¡¡ (las vendedoras se mirarían con picardía).
- ¡Oh¡...Nena discúlpame, pensé que se trataba de mi prima la cieguita…Discúlpame por favor. ¡Qué tonto soy¡...
Con el aparato apretado entre un pómulo y el hombro, brazos en jarras, piernas abiertas bien asentadas en el piso, le endilgaría: - Te voy a dar a vos “prima cieguita” ¡¡¡Degenerado¡¡¡...Pero en fin...dejemos ese tema.
La sangre guerrera también adolece de debilidades.
- Decime bichito ¿no te agradaría pasar por mi departamento dentro de un rato? Tomaríamos unos drink’s y de paso te mostraría en vivo y en directo la combinación que me compré recién. ¿Eh?, mi cucuruchito de chocolate.
- Mary... digo Venus…No sabes como la estoy pasando por culpa de un juanete. ¡Me llevará a la muerte¡ Justo en este momento voy camino del pedicuro. Dejémoslo para mañana ¿te parece o.k. nena?
(Desorbitada)- ¿Así que un juanete?¡¡¡ Pero por qué vos y tu maldito juanete no se va un poco a la rey de la...¡¡¡<<¡¡Yo sí que con éste me saqué la grande y todas las aproximaciones juntas¡¡...>>


LUIS ALBERTO GONTADE ORSINI
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Junio de 2012.

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MensajeTema: Re: VENUS DE FIERRO   Miér Jul 11, 2012 3:09 pm

JA ,EXCELENTE ENSAYO,MUY BUENO POR CIERTO ACTUAL Y DONDE LE DAS UN TOQUE MUY SINGULAR COPN ESE FINAL,O CON LAS ACOTACIONES QUE MEZCLAS.
COMO SIEMPRE ME SORPRENDE TU HABIIDAD DE ESCRIBIR QUE ME ATRAPA.

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El amistad mejora la felicidad y disminuye la tristeza, porque a través del amistad, se duplican las alegrías y se dividen los problemas.

Mateo
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MensajeTema: Re: VENUS DE FIERRO   Vie Jul 13, 2012 10:45 pm

Muy bueno Salvino. Leyendo la primera mitad del texto, no pude evitar una cierta comparación con el estilo fresco y desenfadado del genial escritor y periodista uruguayo Artur García Nuñez (Wimpi). Un placer haberte leído. Saludos,
Jose
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http://www.literaturadefogon.blogspot.com
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MensajeTema: Re: VENUS DE FIERRO   Vie Jul 13, 2012 11:39 pm

Excelente redacción literaria, con secuencia en las ideas, descripción, temática interesante, que te introduce en la sensación de estar leyendo una novela, o por lo menos, un fragmento de ella. Felicitaciones!.

TRINA LEÉ DE HIDALGO

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