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 La Daga de Nemesis (Capitulo 1 y 2)

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El buho
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MensajeTema: La Daga de Nemesis (Capitulo 1 y 2)   Lun Abr 16, 2012 5:21 pm

Capitulo Primero

Apenas llamo “El jefe”, Amón salió corriendo, por así decirlo, y yo me vi solo en aquel lugar tan extraño y a la vez tan familiar. Era quizás por la tonta confianza que brinda los muchos años de amistad, que Amón me dejo en su casa, sin preocuparse demasiado.
Me dirigí a la cocina. Cualquier ama de casa se preguntaría como lograba mantenerla tan limpia. La respuesta para aquella pregunta era tan simple como tenebrosa, los demonios no cocinan.
La habitación era amplia con una iluminación basta y alegre, que hacia dudar que su dueño fuese un funcionario infernal. Aunque demonio, Amón posee un gusto y una elegancia tal, que opaca a los diseñadores y decoradores que sirven a las estrellas de Hollywood.
Busque entre las alacenas algo para entrar en calor. Es una casa muy fría. Prepare café negro y amargo, de fuerte aroma, y salí rápido de allí, quizás por falta de uso, aquella habitación era la más fría de la casa.
El cuarto contiguo, sin embargo, era una maravilla. Los amantes del buen arte, podían decir irónicamente, que aquello era el paraíso. Se trata de un pasillo extenso y ancho, en cuyas paredes se observaban las más sublimes obras de arte. Era interesante ver como las creaciones clásicas de ayer se mesturaban y confundían con los éxitos que aún no habían sido concebidos. Junto a “el grito”, podía verse una pintura firmada y fechada, pero los números hablaban de un futuro muy lejos del presente, o al menos de mi presente.
Amón es, según cuentan los que no saben, el demonio del pasado y del futuro. Ríe mucho cuando alguien le recuerda la descripción “Hombre con cabeza de Búho”, y siempre alega:
-Quise ser original y falle.
Seguí caminando entre las pinturas, al final, una puerta de doble hoja, de roble, alta, fría, imponente, guardaba los placeres de la biblioteca. El embriagador aroma del tabaco despertó mis sentidos, solo allí se podía fumar, o más bien solo allí se deseaba fumar.
Mis ojos tardaron un momento en adaptarse a la escasa pero eficiente luz. El decorado de los muros era sobrio, elegante, pero no presuntuoso ni llamativo, nada que pudiera desviar la atención de la escritura o la lectura.
Supe de Amón a mis tempranos 15 años, apenas lo nombraban con aquella cruel y divertida descripción, que fue motivo de mi sorpresa cuando algunos años después lo conocí en persona.
No recuerdo como, pero llegaron a mí, algunos libros misteriosos, de ocultismo; todos ellos, en sus versiones originales, formaban parte de aquella biblioteca, yo solo recibí copias.
No sé porque, de todos los personajes allí nombrados, elegí a aquel. Por mis apetitos de entonces, pude elegir a otro que ofreciera, amor, riquezas o sabiduría, en cambio fue invocado el que no podía darme nada de lo que deseaba y todo lo que necesitaba.
Me senté en el sillón más chico, tenía delante, un soporte para descansar los pies, y a un costado había una mesita, brillante, limpia, parecía encuadrar perfectamente en la habitación, sobre ella había solo una lámpara y un posavasos, como si supiese que yo entraría allí con una taza de café.
Invoque a Amón, una cálida noche de febrero, uno de los libros misteriosos me dictaba las pautas, el lugar, la ropa, las palabras. Luego de terminar el ritual, me quede expectante esperando una reacción paranormal y la aparición del “hombre con cabeza de búho”. Nada así ocurrió, por un momento todo fue silencio, luego solo un silbido, busque el origen y capte que alguien se acercaba caminando a lo lejos. Decepcionado, junte las cosas y salí de entre los árboles. Comencé a caminar hacia el caballero que silbaba, no para encontrarle, sino porque esa era la ruta que debía tomar. Cuando llegue junto a él me miro, sonrió y dijo:
- Hola, me llamaste?- mientras, extendía la mano delicada y firme- soy Amón –Dijo.
Era un varón alto, de unos 25 años, ojos verde aceituna, y unos dientes perfectos, su vos, como la de todos los demonios, era sutil y sugestiva. Su piel, como porcelana, tenia ese color dorado, de aquellos niños que juegan mucho tiempo bajo el sol de la tarde. No llevaba corbata.
Termine el café, y se me antojo fumar.
Amón guardaba sus puros en una cajilla de madera, muy sencilla sin pulir ni barnizar, siempre estaba llena. Muchas veces sospeche que tenía propiedades mágicas. Un gran número de objetos en aquella casa tienen cualidades singulares, mas esto no es un inventario para estarlos nombrando.
La caja de puros estaba sobre el escritorio, una estructura firme, grande, oscura…pesa sobre él, el dolor de un sinfín de firmas, que con sangre, sellan contratos horribles.
Me gustaría saber por qué Amón nunca quiso comprar mi alma:
-Ordenes de arriba- me dijo, sin especificar si “arriba” era alguien superior en la jerarquía infernal o quizás algo literal, es decir, del otro bando, el de los cielos.
Aquella biblioteca tenía millones de libros, todos ordenados y con bella encuadernación.
En la zona más accesible, estaban los libros clásicos de la literatura, todas las versiones, en todos los idiomas. Más apartados, estaban los libros de los secretos, comenzando con las declaraciones de amor de los amantes prohibidos y terminando con los libros de magias y verdades paranormales, que un personaje infernal dictaba a los mortales a lo largo de toda la eternidad. Detrás de esto, y cubiertos de sombra natural, estaban los contratos, en ellos dormían las promesas que los diablos hacían a los hombres a cambio de su alma, la riqueza, el amor, la sabiduría, el éxito, la salud de un ser amado, o la desventura del enemigo, todo sellado y firmado con sangre o lágrimas.
Al final de los anaqueles, hay otro escritorio; y detrás de este, un muro de rejas con una puerta de hierro cerrada bajo llave, protege los libros escritos por Amón, dos por cada mortal, el pasado y el futuro.
Una vez pregunte a Amón sobre esto:
-Por que el pasado o el futuro, que hay del presente?
-El presente no existe- me dijo- El tiempo es continuo, las cosas que serán, cuando llegan, ya han sido
El libro verde contiene el futuro, pero a cada instante, las primeras palabras de este pasan al ejemplar gris, el del pasado, al morir el protagonista, ambos libros se vuelven uno, uno gris.
Me pasie entre los libros de literatura clásica, buscando algo que leer, pero en el fondo de mí, sabía que iría donde siempre, El Principito, era mi parada y lectura siempre que estaba allí. Mi preferido, era un ejemplar grande, con los bordes de cada página, decorados en dorado, y una cinta carmín que oficia de marcador, las letras son grandes y nítidas, en tinta azul, pero los dibujos están hechos con lápiz, pues son los que el autor realizo con su propia mano. Es el autor una de las pocas personas que logro algo grande sin firmar un contrato infernal.
Con el libro en mis manos, pude sentir su poder, no necesitaba leerlo, cada párrafo, cada dibujo, cada punto, todo estaba en mi cabeza, y con solo tocarlo miles de imágenes se paseaban por mi memoria, imágenes crueles, negras, dulces.
El perfume de mentas y eucalipto de Amón, llego a mi antes que su voz.
-¿Voy a tener que cerrar esta habitación con llave? ¿O quitar ese libro de las estanterías?- Pregunto con una sonrisa piadosa en su rostro.
-Ya me iba
-Si tú lo dices- dijo con sarcasmo, mientras encendía un cigarrillo- Sabes, tanta pena en el aire, hará que venga Baltazar, parece que tu sufrimiento lo atrae más que el de cualquiera-
-Sí, no deja de molestarme, pero él también se niega a hacer el trato- Deje el libro en su lugar y me acerque a Amón-Pero disfruta mostrándome lo que podría tener si firmara-
-Y tú disfrutas de esas muestras gratis –
- Solo pensarlo, me pone aun peor- asentí con tristeza - ¿Por qué aún no ha llegado?
-Está en tu casa esperándote. No deberías hacerlo esperar - sus palabras me golpeaban, ¿Quién era el para juzgarme? – Igualmente debes irte, tendré visitas y no puedes estar aquí cuando llegue –
- ¿Otro contrato?
- Si, pero uno grande, viene el jefe
-Me muero por conocerlo, quizás el me aclare algunas cosas – Amón me miro mal y me llevo hacia la puerta- Ya se, ya se… nos veremos al rato, de cualquier manera el olor a azufre me marea, dile de mi parte que esta fuera de modas- abrí la puerta de la biblioteca, y allí estaba la cocina de mi casa.
- Que te diviertas con Balty- Dijo con un tono triste y cerró la puerta.

Capitulo segundo

La Apariencia de Baltazar, aunque humana también, era mucho más desagradable. Se trataba de un señor mayor, con muchos anillos dorados, el cabello enmarañado, y aliento de vino blanco. Usaba unos jeans gastados y engrasados, uñas largas y sucias, y una camisa abierta hasta el ombligo, que dejaba ver collares de oro y su velluda y prominente barriga.
Era lo que comúnmente se llama “Un tipo despreciable”, arrastraba los pies y cuando hablaba su rostro picado de viruela, se acercaba tanto que podías ver las alimañas caminando entre sus dientes.
Pero todo esto se olvidaba con su forma de conseguir almas. Era un genio creativo, capas de concebir las más dulces tentaciones, pocos se resistían a él.
Me prepare otro café, la noche era joven aun, y fui a su encuentro.
Sabía que estaba en la sala, sentado sobre sus piernas, descalzo, como un creyente musulmán, listo para sus oraciones.
Entre en la habitación y el olor a uvas inundo mi cerebro, y allí lo vi, se levantó lentamente, como una serpiente irguiéndose, y se acercó hacia mí.
-Haaaa, mi alma preferida! Mmm….hueles a tristeza…..con un poco de mmm….nostalgia y soledad ¿El Principito otra vez?
-Aléjate un poco, hueles a vino y naftalina – Dije sonriendo y el me devolvió la sonrisa alagado.
- Te quedaras un momento? –
-No…no, tengo que volver rápido, todo es un lio por allá, el jefe esta alterado, pero te traje algo del norte, de las tierras altas, sé que es lo que te hace falta… - Chasqueo los dedos como un prestidigitador de poca monta, y oí el sonido del ordenador anunciando un mensaje instantáneo, por sobre su hombro pude ver el monitor, la ventana de dialogo rezaba:
-Holas, me hace falta compañía, y sería bueno que fueras vos… -
-Disfrútalo…ou revoir- dijo riendo con malicia y se fue hacia el baño, siempre salía por ahí.
Baltazar sabe dónde apuntar, lo que más deseaba esa noche, no era ni más ni menos que sentirme necesitado, que alguien tuviera necesidad de mí, tan siquiera de mi compañía, de mis ideas, de todo lo que tenía para dar.
Respondí con un:
-Holas, ya vengo – y me fui a la cocina a buscar el termo con café para la larga noche.


Gracias por leer, Cariños, El Buhito.
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La Daga de Nemesis (Capitulo 1 y 2)
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