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 la mosca

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AutorMensaje
Elias Gutman
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Cantidad de envíos : 146
Fecha de inscripción : 07/04/2012

MensajeTema: la mosca   Jue Abr 12, 2012 2:08 am

Tal ves mi error fue el no ser mas observador, no saber leer entre líneas y no interpretar las cosas que sucedían a mi alrededor, todo parecía en una animación suspendida y estaba raro, el día no parecía el mismo de siempre desde que me levante y siguió así durante mucho tiempo, y lo único que me hizo pensar en todo esta fue ese maldito aleteo de una mosca que no me dejaba pensar en nada desde el momento que entre a mi habitación, y ese maldito aleteo que no me dejaba escuchar mis pensamientos, una mosca grande, enorme, negra, tan negra que su obscuro bello tenía un brillo azul al verse con la luz, lo primero que hice fue tratar de matarla pues si esto seguía así, duraría toda la noche, y lo que menos quería era una noche sin dormir, una triste y fría noche sin dormir, ya que lo más triste hubiera sido no poder consolar el sueño, la semana estuvo mal muy mal con todo este asunto, y lo único que quería era dormir, entregarme a los arrullos de la noche y dejar volar mis pensamientos en un sueño y en el descanso pues esto no había sido nada fácil les contare como empezó todo.
Empecé la semana pensando en renunciar al trabajo y lo hice, solo tome mis cosas y me largue de ahí, los primeros días los pase muy bien, dentro de mi habitación, mi casa, mi guarida, un cuarto de cuatro por cuatro que tenía el espacio suficiente para tener una cama, un espacio para colgar unas camisas viejas y una mesa oxidada y casi inservible. Pagaba una renta muy barata por este lugar pero siempre me preocupaba por hacerlo ya que la señora era muy exigente con el pago, y tomaba medidas muy severas para que no le fallaras con este, un par de veces pude ver las cosas que era capaz de hacer cuando no le pagaban, tomaba tus cosas o te dejaba dormir afuera incluso llamaba a dos de sus compinches los cuales se encargaban de sacarte de tu habitación y obligarte a golpes que le pagaras.
Llegue a casa ese día, con un inexplicable cansancio que había experimentado desde hace algunos días, tal ves producto de la presión de dejar mi empleo, el nerviosismo de renunciar a la única forma de vida estable y supuesta seguridad, y pase los siguientes cuatro días acostado en cama la mayoría del tiempo, cuando me aburría de esto tomaba mi abrigo, salía y visitaba cada bar (de este pequeño pueblo donde se desarrollaba mi vida) hasta terminar ebrio y regresar a casa para solo dormir y repetir lo mismo al dia siguiente. Al cuarto día la casera me visito pues la renta ya tenía que ser liquidada, llego a retumbar sus grandes y gordos dedos en la puerta oxidada de mi cuarto, pensé en abrirle y decir que me espera con la renta y explicarle mi situación, pero el cansancio era cada ves mas grande y no pretendía dejar mi descanso para darle explicaciones a esa vieja gorda y horrenda así que solo deje que se fuera y que ese momento en el cual me sentía acosado pasara.
El dia siguiente no fue diferente a los demás, desperté con un gran dolor en la espalda, acalambrado y con flujo constante en mi nariz, hice lo mismo y al llegar a casa por la noche quise descansar, conciliar el sueño, tome un par de pastillas de esas que me había dado el doctor para poder dormir, las acompañe con un trago de cerveza, las tome en mis palmas un momento, como observando la única llave que me llevaría al sueño, las arroje a mi boca y sentí como se deslizaban lentamente por mi garganta acompañadas de la cerveza y el sabor amargo de estas al diluirse con el alcohol, hasta llegar al estomago y allí sentí como estallaron como un par de bombas atómicas, me recosté sobre las cobijas con la ilusión de poder dormir y tal vez soñar con algo que me hiciera descansar, no me moleste en des tender la cama ya que era una noche calurosa y esta habitación por lo general era muy caliente, así que me revolqué un par de veces en esta y sentí como el sueño se empezaba a apoderar de mi cuerpo, empezó como una cálida sensación subiendo por mis piernas y cada vez me sentía más entumido, recuerdo que empecé a soñar y soñé con mi mujer, hacia tanto que no la veía, que se me hacia imposible recordar su cara, sus gestos, sus movimientos, su sonrisa que muchas veces me hizo un hombre feliz, era increíble que no lo recordara y que ahora todo eso pareciera un montón de basura arrinconada en mi mente, solo recuerdo que tome mis cosas y me largue de su vida como lo hice con el trabajo. Lo que no podía olvidar –y no lo he hecho hasta el momento- era todo eso que platicábamos, sus charlas hasta muy noche, sus enseñanza, su influencia en mi, todo eso que decía, pero sobretodo ese calor que irradiaba cuando dormíamos juntos, cuando estábamos juntos, me era imposible olvidarlo y a decir verdad nunca fue mi intención ni quise olvidarla, así que pensé en levantarme y hablarle, decirle que me viera ahí solo, en medio de la nada, y que estaba bien con mi propia soledad, ella siempre pensó que yo no aguantaría una noche solo y ahora estaba ahí viviendo sin ella, cómodo y orgulloso de mí mismo. Pensé seriamente en despertarme y hablarle por teléfono tal vez si lo hubiera hecho nada de esto hubiera pasado, pero prometí hacerlo al día siguiente, preguntarle cómo estaba y sacudírmela de la cabeza de una vez por todas, sacarla de mi mente y mi vida de una vez por todas, prometí hacerlo y eso fue todo y solo dormí.
Al despertar todo parecía diferente, algo había pasado, algo que no había advertido en el transcurso de la noche, desperté en el suelo, frio, confundido, mareado, aturdido, me sentía como si me atacara una gran infección en el oído y acabara con mis sentidos. Intente varias veces pararme pero esto era cada vez mas imposible, lo intente una y otra vez hasta que logre hacerlo solo para regresar a la cama y permanecer ahí un momento viendo el techo y contemplando las caprichosas figuras que forma la humedad en este, no planeaba hacer nada mas que eso, la casera regreso, y volvió a tocar de la misma manera fúnebre mi puerta, sus dedos golpeando la lamina oxidada parecían tristes campanadas anunciando una muerte, como una marcha fúnebre llevando a alguien a su última morada, hasta para eso la vieja tenía el don de sonar triste y yo, queriendo explicarle la situación de mi empleo pretendí levantarme para pedirle que me esperara un poco mas con la renta, pero no lo hice, en ese momento tenía algo mas importante por qué preocuparme, tenía que matar un recuerdo de mi mente.
Recordando la promesa que me hice a mismo, me levante con el más grande de los esfuerzos, tome mi abrigo y salí de ahí buscando el primer teléfono publico que me sirviera de cómplice para mi crimen, para hablar con mi mujer y sacarla de mi mente, fue un poco difícil encontrar un público –pues no tenia celular, nunca me han gustado- hasta que este apareció en medio de la banqueta, marque el numero y no obtuve nada, el sonido repetitivo del teléfono ocupado se apodera de la bocina y después, nada, la línea muerta. Caminé un poco mas hasta encontrar otro y la situación se repitió, las líneas estaban muertas, así pase hasta que recorrí cada uno de los teléfonos del lugar y todos repetían la misma situación, las líneas muertas, los teléfonos no tenían tono, muertos.
Trate de salir de aquí,-en este lugar solo puedes salir por la estación del autobús- así que llegue a la estación y pedí un boleto, la señorita con su gran estupidez e ineficiencia me ignoro, parecía no verme y ni siquiera el saludo contesto, caí en desesperación hasta llegar pedirle a gritos un boleto, pero esta me siguió ignorando.
La desesperación se había estado apoderando de mi y se había estado gestando cada vez mas con cada teléfono muerto que encontraba y que me habían hecho imposible el hablar con mi mujer, así que no pensaba dejar las cosas así, comencé a caminar sin sentido, pidiendo un aventón para poder salir de aquí, pero la gente seguía ignorándome, un par de personas en la calle me empujaron y caí al suelo en las misma dos ocasiones, así que llegue a casa sin obtener resultado, con una enorme frustración, ¡maldita sea ¡ ¿Qué estaba pasando ¡ Esto era insoportable!.
Mi preocupación era ya diferente, había cambiado de tratar de hablar con mi mujer a tratar de comunicarme con alguien, así que la opción desesperada era pedirle a mi vecino que lo hiciera por mí. Jaime un chico amable pero con cara y actitudes de psicópata, vivía solo como yo, a veces dormía en la calle y era alguien muy ermitaño, así que llegue a su casa, una habitación muy similar a la mía que desde ahí podía verse, toque y no de una forma racional, toque su puerta desesperado, tratando de que me escuchara y sintiera que lo necesito, pero al igual que todo la tarde, nadie respondió, adentro la soledad podía sentirse por las paredes incluso olerse atreves de su puerta de metal. Al estar ahí parado desesperado, esperando que Jaime abriera, vi pasar detrás de mí a la casera murmurando algo acompañada de dos tipos altos corpulentos y se dirigían a mi habitación, era imposible que no me hubiera visto ahí parado, aun así me hice el disimulado y escuche sus murmuros –¡hijo de perra pero lo voy a sacar juro que lo voy a sacar!.
Podía ver todo lo que pasaba desde la puerta de Jaime, la casera llego a mi puerta gritando malas palabras y maldiciéndome – ¡hijo de puta sal de ahí! ¡¿Que tanto haces ahí adentro?¡,¡ ya no aguanto el olor que sale de tu puerta!, ¡ sal de ahí hijo de la chingada!- pateaba la puerta y la golpeaba, movía sus brazos como si fuera un ave herida tratando de alzar el vuelo parecía una bestia enojada, bufando y embistiendo mi puerta con su gran cuerpo arrugado y viejo, con una bata de dormir que nunca se quitaba. Al ver la escena me escabullí de ahí, y comencé a caminar, no quise regresar, así que me dispuse a pasar la noche como lo hacía Jaime, caminando, dormido en un puente, de cualquier manera que no fuera aquí adentro, pero pensando, solo pensando.
De alguna manera ocupe toda la noche en caminar y pensar, sin hacer contacto con nadie, en pensar en la idea de ver a mi mujer, en hablar con ella y llenarme de su risa y su voz, de eso que ya me hacia tanta falta, así que llegue a mi habitación, la puerta estaba tan abollada que era imposible abrirla, rompí el vidrio de la única ventana y salte hacia adentro por ese pequeño hueco, al entrar sentí esa soledad que se podía ver con un color gris y ocre el reflejo del foco sobre el espejo, y seguí observando cada rincón de mi habitación, todo seguía siendo gris, poco cálido, y lo único que sentía que me pertenecía era ese silencio que se formaba en la noches y que me hacían recordar a esa mujer de la cual no había podido quitarme de la cabeza, ese silencio que estaba siendo violado en ese momento por el intenso aleteo de una mosca que burlonamente cruzaba mi habitación, la seguí y tuve una breve oportunidad de observarla parada en la mesa frotándose sus patas esperando a degustar la primer porquería que encontrara en mi mesa, luego de frotar también su cabeza quise tomarla entre mis manos, pero esta voló, era grande e incluso llenaba la habitación de una presencia casi real, así que sin que ella lo advirtiera tome un calcetín sucio y solté un gran zarpazo hacia ella, esta cayó al suelo y sin pensarlo mas puse mi pie sobre ella y la pise, lentamente sus órganos llenaron el suelo y se esparcieron por este hasta dejar una marca indeleble en el.
Tome el cadáver con una servilleta y lo frote para tratar de limpiarlo (sin éxito) para que no quedara rastro del crimen, tiré la servilleta y el calcetín a un hueco detrás de la cama y pensé: eso fue todo. La batalla aun no había terminado, había alguien dispuesta a vengar la muerte de esta mosca, así que detrás de la cama salió una un poco más grande, esta fue más fácil de atrapar, la sostuve entre mis manos y esta comenzó a succionar la mugre de mis huellas digitales, tan lento, tan intenso, tan concentrada en hacerlo que incluso parecía de una manera sexual que lo estaba haciendo. Pensé en cortarle las alas como cuando era niño y lo hacía con cada insecto que atrapaba y lo hice, ese rigió enramado parecido al papel celofán ahora estaban desprendidas de su cuerpo, observe cada una de esas venas y me di tiempo de observarla a ella, su vientre era seccionado y tenia colores, muchos colores, como arcoíris negros tatuados en su rígido exoesqueleto, sus patas parecían medias negras que forraban sus piernas, tan sexis como las medias de las mujeres de bar esperando ser cortejadas, sus ojos dos grandes masas rojas que ocupaban casi toda su cara me miraban como si supieran que pensaba en matarla e imploraban perdón y clemencia.
Sin ningún escrúpulo tome un lápiz y con la fina punta de carbón corte su cabeza, la separe de su cuerpo y este se movía como si aun su cerebro mandara su cuerpo, el pobre animal seccionado podía observarse a el mismo en esta escena con sus dos grandes ojos, hasta que este cuerpo negro callo de la mesa y dejo de moverse y la cabeza de mosca dejo de sacar su gran lengua como señal de vida y desesperación.
Ahora si, ingenuamente pensé que sería todo, tire el cuerpo donde había tirado el otro, y después el mismo calcetín sucio lo tire detrás de la cama, parecía que había cometido el peor erro de mi vida, cientos de moscas salieron de la cabecera de mi cama y de entre mis cobijas, parecía que había interrumpido alguno de sus festines necrofílicos que se habían dado cita debajo de mi cama para disfrutar de algo putrefacto y sucio, algo que se descompone, me decidí a mover la cama esperando encontrar su pequeño manjar, con un rápido movimiento quite el colchón y moví por completo la base de la cama, lo que observe fue increíble, me hizo temblar las piernas y no poder sostenerme hasta que caí al suelo observando, en ese momento todo tomo sentido, la casera buscándome, la gente ignorándome en la calle, los teléfonos muertos, Jaime sin abrir su puerta, todo tomaba sentido en ese momento, y la primer señal que me advirtió de esto fue el aleteo de la mosca, quería que no fuera cierto, lo único que lamentaba era no haber podido despedirme de mi mujer y decirle lo mucho que la amaba, y pensé demasiado en ella cuando caí al suelo y vi como las mosca seguían su festín, como degustaban la carne descompuesta y de manera necrofilia como le hacían el amor con sus lenguas a mi carne muerta, era yo, era mi cuerpo el que se descomponía, era mi carne muerta esperando debajo de la cama a ser comida por las moscas.
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MensajeTema: Re: la mosca   Jue Abr 12, 2012 7:49 pm

Premoniciones, hay que entrenarse muchas vidas en ellas para reconocerlas, se cumplen y uno termina apestando y rodeado de insectos, la conciencia se vuelve relativa entonces, y dejan de importar, el evento ha pasado.
saludos
k
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MensajeTema: Re: la mosca   Mar Abr 17, 2012 11:49 pm

Me gusto,si bien me repugno el final, creo que se logra el cometido con este cuento.
Bien usado el titulo,y los recursos literarios.

Que las hadas te acompañen
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MensajeTema: Re: la mosca   

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la mosca
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