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 Mafia - Parte IV

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animalSON
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Pez Búfalo
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MensajeTema: Mafia - Parte IV   Vie Mar 16, 2012 7:57 am

Mafia - Parte IV


Lunes, Dos en punto.

Un matón, un tuerto, un gordo y un lisiado vestidos de negro y con sombrero, se acercan a paso lento hacia las puertas del Banco Central de la ciudad. No hace falta ser un experto para adivinar sus intenciones. Sólo les falta el antifaz y la bolsa con el signo pesos. Marco sostiene una hoja de la puerta y los tres compañeros ingresan ansiosos.

“El plan es el siguiente. Marco se encargará de reducir al guardia de la entrada, mientras tú pones las cosas en claro a los clientes y empleados...”

Al observar la situación, el astuto guardia de turno apronta su mano derecha para desenfundar el arma. Lo hubiera logrado de no ser por el puño de Marco que se le incrusta en el párpado izquierdo. Suficiente para dejarlo fuera de circulación.

Antes de que el público se dé cuenta del asunto, Jimmy rompe el orden disparando al techo con su escopeta. Caos y más caos. Algunos clientes al suelo, otros corriendo, otros parados, y la mayoría gritando. “¡Todos al suelo o les meto una bala!” grita el malhechor sutilmente. La gente se da cuenta quién manda y se desperdigan por el alfombrado piso con los lamentos apropiados.

Dos y cinco.

“La alarma silenciosa sonará inevitablemente. Por lo general, los azules demorarían unos seis minutos en llegar; pero el sargento Cara de Cerdo Collins, hará que esos minutos sean más lentos de lo normal. Así que tendremos unos veinte, no más.”

Un cajero pisa el botón escondido bajo el mostrador mientras se echa al suelo. La policía ha sido alertada.

El Gordo ubica al gerente y le pide con amabilidad que le acompañe hasta la bóveda del oro. “¡Rápido rata de porquería, te quedan treinta segundos antes de empezar a juntarte los sesos del piso!”, las amenazas del Gordo resultan intimidantes, pero no tanto como el caño de su revólver Magnum cuarenta y cinco plateado. El gerente no demuestra oposición alguna y avanza por un pasillo hacia la bóveda. “¡Tuerto, Matón, vamos!”.

“Mientras tú te quedas controlando la entrada, el Gordo, el Tuerto y Marco, acompañarán al gerente hacia la bóveda en dónde esté el botín. Es probable que el gerente no conozca la clave de la caja, así que el Tuerto se encargará de hacer su magia con los explosivos.”

Dos y diez.

“Es tú última oportunidad para decirme la contraseña de la caja, montón de basura” asegura el Gordo Ralph, y retrae el martillo de su arma. El “CLIC” es aterrador, pero el gerente suplica piedad y jura no conocer la información. “¡Sácalo de aquí Marco! ¡Tuerto, apresúrate con un demonio, vuela la condenada caja!”.

Marco camina por el corredor de regreso a la entrada llevando a rastras al desdichado gerente que tendrá que cambiarse los pantalones. Un nuevo sonido se empieza a oír. Para los clientes-rehenes es el sonido más dulce que sus oídos pudieran degustar. Para los mafiosos, la perdición. Los patrulleros están a doscientos metros, y a juzgar por el ruido de las sirenas, se acercan decenas de ellos.

Dos y cuarto.

Dos cosas suceden ahora simultáneamente. Una colosal explosión de C4 inunda con su estruendo toda la manzana, y veinte patrulleros ocupan la calle del frente. Los agentes de la ley se apostan con sus armas listas para asesinar delincuentes, y tal vez algún rehén.

“¡Mierda! ¡Me lleva el diablo, malditos azules!” blasfema el Pequeño Jimmy mientras abre fuego con su escopeta protegido tras un escudo humano. Los perdigones revientan la vidriera y algún neumático, y los policías se ocultan. La muchedumbre espeta alaridos de horror. “¡Marco, consigue un arma y dispara!” grita Jimmy ahora.

Marco corre pasillo abajo nuevamente a velocidad acorde a su geometría. En medio de una nube de humo, se encuentra a Ralph y al Tuerto cargando lingotes dorados en dos carros.

“Cargarán todos los lingotes posibles en los carros de transporte del banco, y saldrán dejando humo por la puerta trasera antes de los veinte minutos, en donde los estaré esperando con la furgoneta lista.”

Dos y veinte.

“Ayúdanos Marco” es la nueva orden, y el novato ayuda a cargar los carros con el delicioso botín. “Suficiente ¡Vámonos de aquí!” dice el Gordo mientras enfila con el carro hacia la puerta trasera. “¿Pero qué hacemos con el Pequeño?” interroga el Tuerto. “Déjalo que entretenga a los cerdos” responde y dispara su cañón a la cerradura de la puerta trasera. Marco les sigue sin decir palabra, mientras los gritos desesperados de Jimmy se pierden a lo lejos.
Los tres mafiosos empujan los pesados carros de oro por el callejón trasero, pero ningún furgón los espera. “¡Diablos! ¿Dónde está Fabricio?” dice el Tuerto cada vez más frustrado. “No debe haber podido entrar con todos los azules. Esa rata de Collins nos traicionó ¡Juro que le arrancaré los dientes!” protesta el Gordo con el sonido de la balacera dando vuelta a la esquina.

Dos y veinticinco.

Dos patrulleros entran por cada lado del callejón a toda marcha encerrando a los tres hombres. Ralph y el Tuerto se agachan tras los carros y gatillan sus armas. Marco se esconde en un contenedor de basura maltratado. Pero los autos no detienen la marcha e impactan con sus doscientos caballos de fuerza contra los carros dorados. Los dos mafiosos vuelan contra el parabrisas, ruedan capó abajo y aterrizan con sus caras en el hormigón. La sangre se abre camino como un lago por entre los neumáticos del patrullero.

Cuatro policías bajan corriendo y cargan el oro en las cajuelas de los vehículos. El Tuerto, que se pretendía inconsciente, observa por el rabillo del ojo y reconoce a un miembro de los Cincinnati uniformado de oficial. Sus dientes rechinan, y los autos de policía más caros de la historia se alejan quemando caucho.

Marco abandona su ingenioso escondite, carga al tuerto en un hombro, y toma al Gordo del cuello del gabán. Los arrastra hasta la calle lateral donde consigue un taxi a fuerza bruta, y abandonan la escena a toda velocidad.

Dos y media.

El callejón trasero del banco quedó bañado en sangre, con un par de sombreros de ala negros tirados, dos carros de transporte abollados, algunas marcas de neumáticos pintadas en el asfalto, y un “Pan comido” rebotando por las paredes sucias.




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ElAngelCaido
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MensajeTema: Re: Mafia - Parte IV   Sáb Mar 17, 2012 11:24 pm

Leido y bueno, si van a asaltar el banco, porque no ir armados todos? Porque Marco debia ir desarmado?... sigo con la quinta.
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