Suelta la paz no queda más que abominar la pena,
Porque ella vuela con el empuje de saeta,
Porque nos dibuja horizontes y caminos de algodón
Arrasa dócil pero enérgica, sopesa y hace crujir las barreras
Su plumaje es más que blanco, es esmalte claro, deslumbrante,
que derrota las fuerzas que inclinan a la desventura,
no es plagio, ¡es sincera y voraz en acallar las ansias!
Es retén para los conflictos, los que nacen desde adentro,
los que se nos vienen encima para aferrarse a nuestras gargantas,
¡entre nuestras arrugas, entre nuestras reservas, entre nuestro aliento!
La paz es como un río que anega las oposiciones,
nuestro escudo donde se quebrantan sin espera,
las ondas malsanas de nuestro negror mortal.
Es eso y más, es fuerza de entera ventura
donde existe el cese de nuestras arcaicas pasiones
Esa es la paz aunque te cieges,
Esa es la paz que espera hora,
Esa es, diáfama y tranquila,
sin ínfulas ni desacatos,
y si mueres sin ella es por tu
atrevimiento infame