Esa vez llegamos y yo ya lloraba
Se agitaban las alas de mis pensamientos íntimos
Me abrazaba al espectro en colores de plata
Elevando el aura a la lejanía infinita
Yo ya lloraba junto al fértil viento,
En el ágora del sol nacía,
Coexistiendo en la propagación del silencio quieto,
Indemne, volátil, fresco y aguzado,
Para que el brillo bruñido de la paz solemne
Despertara mi ser como el callar de mil campanas
Yo ya lloraba salpicando mi alma
Con lágrimas de ironía, no sufría,
Rasgaba con mis fuerzas
la añoranza traviesa de mi infancia,
y las tardes doradas de mi humana herencia
No me ahogaba el atardecer de las miradas,
solo surcaba en el mar de una mirada,
aquella que envolvía con abiertos ojos
cargados de armonía,
mi ente, mi atributo
en animada compasión
e incitación para la vida
Y al querer marchar en el galopar del tiempo,
regresaba siempre en el vuelo de mis versos,
tragando raudales de ilusión indeleble,
cobijando en mí aliento, el quebrarse de cadenas,
la fuerza en mis pupilas, el avanzar sin suplicio y el
acierto para disipar las penas.