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 La Posada de los Brujos. Capítulo 2.

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Jaime Olate
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MensajeTema: La Posada de los Brujos. Capítulo 2.   Lun Ene 30, 2012 2:07 am

Capítulo 2

¿Crees en brujerías?
El ruido de un moderno automóvil que cruzó el puente, los hizo comprender que el tío Pancho regresaba del pueblo, donde iba a hacer sus negocios. Durante la temprana cena, el gordo campesino brindaba “tupido y parejo” con cualquier disculpa.
—A la salud del amigo Lucas —y adentro del gaznate, para lanzar un largo “ Aaaaah” entre dientes.
— Brindo por el famoso pintor, amigo nuestro, don Lucas De los Ríos —y se empinaba de nuevo la copa.
Un eructo involuntario se le escapó e hizo reír a los jóvenes; la esposa le lanzó una mirada furiosa.
— ¡Sara, trae el mate!
Como una sombra silente apareció una joven mapuche con su rostro inmutable, pese a saber que era mirada por los varones, quienes no se acostumbraban en esos diez días de vacaciones a la belleza de la muchacha indígena y su silencio. El sencillo vestido campesino parecía lucirlo como una modelo profesional; se alejó con ágiles pasos.
—Esta Sara —comentó la dueña de casa—, como todos los de su raza tan callados, pero… ¡terribles cuando se enojan! Prefiero tenerlos de amigos y no de enemigos, son leales y buenos. Lo que no me puede gustar de ellos son sus ideas extrañas sobre la religión. No me acostumbro a las supersticiones de estos lugares.
Todos en silencio, sólo se escuchaba el escandaloso ruido que producía en cada sorbo don Pancho, saboreando su taza de café. Cesó el ruido y el dueño de la próspera hacienda habló con su voz aguardentosa.
—Amigo Lucas, oiga… vi que echó a perder su pintura… ¡Qué lástima, era tan re bonito el “retrato”, fíjese!
—Don Pancho, estoy triste por haberlo estropeado, pero… si lo desea lo puedo corregir ahora mismo y se lo doy. El óleo…, quiero decir la pintura, se puede arreglar todas las veces que uno quiera.
—Gracias, hijo, es un gran honor tener una de sus pinturas en este humilde hogar.
Bostezó y estiró sus grandes brazos.
—Perdón hijo, es queee… anoche no pude dormir bien… hoy hay luna llena y… me vienen esas pesadillas.
— ¡Viejo, anda a acostarte que mañana hay mucho trabajo! —dijo notoriamente enojada doña María.
— ¡Pero mujer, pocas veces tenemos visitas tan distinguidas como el amigo Lucas y yo quiero contarle… quiero contarle… —un nuevo eructo y su dedo índice se movía hacia Lucas, sus ojos se cerraban y a veces no se entendía qué decía.
Tomó un largo trago de vino como para darse ánimos.
—Si no cuento mi pesadilla… me volveré loco… ¡Malditos brujos! ¡Y voh, mujer, déjame hablar! —doña María desistió, conocía a su marido, era como un burro que no entendía.
—La casa… la casa… hay… hay luna llena —se le atascaba el habla, pero insistió en contar su pesadilla—. La “posá”…, eso es, la “posá” seguro que está de nuevo iluminada toda de rojo. ¡Y esos gallos… apuesto que están reunidos allí! ¡Con sus brujerías!
Después de varios intentos para seguir hablando, finalmente se dejó caer sobre la mesa y comenzó a dormir en medio de ruidosos ronquidos. Con la ayuda los jóvenes, doña María lo recostó en un sofá.
En el cuarto que compartían, sentados en sus respectivas camas, ambos jóvenes estaban silenciosos. El pintor, con rapidez corrigió el cuadro que tanto gustó al dueño de de la heredad, dejándolo listo para entregárselo.
—Dime Checho, ¿Qué es eso de la “Posá” de los Brujos?
El chico se rascó la cabeza y aplastó las mejillas entre sus palmas, murmurando entre dientes.
— ¿Qué dices?
— ¡Nada, preguntón! …— hizo un gesto de arrepentimiento por su exabrupto, dio un enorme suspiro—. Lo que pasa es que a mi tío le sucedió algo muy extraño cuando era joven… en una casa abandonada, más allá de los cerros —señaló hacia una dirección—. Según contó, habría visto una especie de aquelarre. Es un lugar relativamente cercano, en el límite de nuestras tierras.
—Cuentan que antiguamente —continuó— se reunían todos los brujos de la región en la Posada, no en la “Posá” como dicen los campesinos… Allí hacían cosas de brujos y… qué sé yo que otras barbaridades.
—Pero, ¿qué tiene que ver la luna llena en esto?
— Mira, Lucas, para un hombre culto como tú, estas son… paparruchas.
Ante la atenta mirada de su amigo, suspiró.
—Bien…, sucede que cada noche de luna llena en esta época, se reunían brujos, machis y todos los locos que creían tener poderes sobrenaturales a orillas de un charco… una pequeña laguna que hay junto a la famosa Posada. Allí se refleja la luna y hacían sus sortilegios o… lo que haya sido.
Los ojos de Lucas brillaban, como iluminados por las palabras de su joven amigo. Checho lo miró alarmado.
— ¡Oye, oye, no quiero pensar en lo que se está ocurriendo, pero… conmigo no cuentes!
— ¡Viejito, amigo! —la voz del artista estaba excitada—. ¡Eso es!
— ¿Qué cosa?
— ¡Esa es la inspiración que necesito! Un cuadro nocturno; imagínate la luna reflejada en el agua… debe ser bellísima y la Posada al fondo —se volvió hacia Sergio—. ¡Vamos, amiguito, compadrito, acompáñame ahora mismo y señálame el camino!
— ¿Cómo? ¿Ahora? ¡Estás loco! Está oscureciendo y yo… no tengo ganas de salir.
— Checho, me parece que tienes miedo.
— ¿Miedo yo? ¡Ja! —Ofendido el jovenzuelo— ¡Chis! Pa’ que veai… ¡Vamos!

Continuará: ( "El Nacimiento de Venus").
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MensajeTema: Re: La Posada de los Brujos. Capítulo 2.   Miér Feb 08, 2012 9:59 pm

La sigo entonces esta historia. Me gusta su dinamismo, la puesta en escena y la presentación de los personajes.

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“El hombre es el único animal que puede estar fastidiado, que puede estar disgustado y puede sentirse expulsado del paraíso…es la contradicción inherente a su existencia la que lo hace seguir adelante. Habiendo perdido el Paraíso –la unidad con la naturaleza- se ha convertido en el eterno peregrino (Ulises, Edipo, Abraham, Fausto)…” Erick Fromm.

Comentar a los demás, no posee carácter de obligación moral; es cuestión de actitud personal (como la consideración de esperar para darle tiempo a los demás a leer y ser leídos antes de subir muchos trabajos en un mismo día). El aprecio sincero, (para mi) pasa más por la honestidad. Tal vez no te adule, tal vez no te diga siempre lo que deseas escuchar, pero ten la certeza de esa sinceridad.

SILVINA
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