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 EL RANCHO Y SU DUEÑO

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Tarquino
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MensajeTema: EL RANCHO Y SU DUEÑO   Dom Ene 15, 2012 8:31 pm

Es un rancho que se nota jamás tuvo épocas buenas. Desde la avenida, con nombre de general, es difícil verlo, solo se lo adivina al pasar por delante.
Prestando un poco de atención es cuando comienza a sorprender: semi oculto por plantas grandes y sin cuidar, se encuentra a unos diez metros de la vereda. Ya la misma contrasta con las demás del barrio, son todas muy parejas, de loza, o baldozones muy regulares, limpias y en algunos casos hasta brillantes, en cambio esta, es de ladrillos que con el tiempo y el uso se han deformado, gastado, formando cuando llueve charcos, verdines y barro.
La construcción del rancho debe tener más de cien años, si se puede llamar construcción a un montón de chapas y maderas que desafían todas las reglas físicas y las del buen arte. Ninguna pared está totalmente vertical, ninguna ventana escuadrada, se nota que varias partes –o todas- fueron remplazadas a lo largo del tiempo, siempre siguiendo el “estilo” desprolijo y dejado.
Tiene energía eléctrica, pero no se ven cables de teléfono y si tiene televisor será solo para canales de aire y con una antena interna, pues por afuera no se divisa ninguna.
Alrededor de este rancho hay un gran terreno, de unas dos hectáreas, totalmente descuidado, con muchos árboles y cubierto de yuyos y plantas sin valor. En realidad en el barrio, es lo único verde que queda.
La avenida, con nombre de general, que se construyo mucho después que el rancho, tiene un tráfico muy intenso, es muy difícil que desde los vehículos se pueda apreciar este campo, con su construcción y mucho menos su morador.
Solo caminando y en raras ocasiones se pude ver a quien lo habita. Es un hombre de edad, siempre con la barba de semanas, se lo nota sucio, con ropas que hace mucho tiempo fueron por lo menos limpias.
En mi caso es distinto: por razones laborales debí mudarme a un departamento en el quinto piso, sobre la transitada avenida, justo delante de este rancho y su campo. Trabajo frente a la ventana, y por lo tanto tengo una visión privilegiada de todo el movimiento del morador, tanto de día como de noche.
Lo primero que comprobé es que no tiene ninguna rutina prefijada, hay días que no sale ni siquiera para el desayuno matinal. Hasta hubo semanas que estuve a punto de llamar a emergencias, pues su ausencia me preocupo.
Otros en cambio, casi todo el tiempo se lo ve fuera, debajo de la galería, fumando o mateando. En ocasiones lo veo caminando por entre los yuyos, con paso cansino, con la cabeza gacha, como si buscara algo. Lo veo pararse, tomar algo del piso, mirar el objeto detenidamente, que no alcanzo a divisar de que se trata, y luego dejarlo caer displicente.
He visto la brasa encendida de su cigarrillo a altas horas de la noche, en el medio del campo. Lo vi salir de su rancho con paso resuelto, detenerse unos metros más adelante, bajar la cabeza y regresar.
Movido por la curiosidad, comencé a estudiar más detenidamente al morador y su entorno. Todos los días, a la mañana muy temprano, antes que el trafico inunde al general que ahora es avenida, sale a lo que podría ser una galería, cubierta por una parra que da una tupida sombra, se sienta en un banco de madera, parsimonioso, ausente a todo, toma mate. Siempre solo. Ni siquiera un perro.
Estoy seguro que no fue él, el constructor de la vivienda, tal vez su padre o incluso su abuelo. En esos tiempos, el general todavía no tenía avenida, tampoco existían los chalet y edificios cercanos que lo circundan. Imagino cuando este hombre era chico, tendría que ir a la escuela a caballo, la calle donde vivía seria solo un sendero de tierra. En muy pocos años, todo lo que era su mundo cambio en forma abrupta, incluso con violencia. Se arrancaron árboles, se construyeron edificios, las calles se enderezaron, se asfaltaron, se les puso nombres de generales y coroneles, los alambrados se remplazaron por altos paredones. Casi sin darse cuenta, se fueron sus vecinos y se encontró con miles de caras desconocidas.
En todo sentido, el terreno, el morador y el rancho es una isla en medio de un mar casi siempre embravecido.
¿Cómo habrá sido su vida?
Se, que por la zona los terrenos valen fortunas. ¿Cuántas veces trataron de comprárselos?
¿Por qué se quedo en el tiempo y en el espacio?
A lo mejor una gran pérdida lo trastorno. Su compañera o su familia.
Supongo que de chico ayudó a su padre o abuelo a construir lo que hoy es su morada, puede ser que en ese campo cultivaran algo. Es posible que lo que veo es solo una parte de lo que fue una gran quinta o incluso estancia. Tal vez tuvieron animales, maquinas, cultivos, tal vez fueron prósperos.
¿Tan rápidos fueron los cambios que no le dio tiempo a adaptarse? ¿O no quiso?
El hombre ayudo a construir no solo la que sería su vivienda, sino su vida toda. Tal vez su existencia tenía sentido a partir de sus rutinas, sus amigos, sus logros, hasta sus pérdidas serian parte del él. Y por el paso del tiempo –un corto tiempo-, todo perdió sentido, ya no están las caras conocidas. Lo que lo rodea, son casas recién pintadas, edificios prolijos, gente apurada para ir a otro lugar, ya no sirve el campo cultivado. Los valores son otros.
Imagino que no hace mucho, cuando se despertaba, sabia –o creía saber- para que debía levantarse, ahora no lo sabe. Supongo que por algún tiempo trato de comprender las razones de los demás, en algún momento habrá tratado de entender o por lo menos justificar lo que lo rodea.
Es posible que poco a poco dejo de entender, o puede ser que fue solo un instante. Una mañana no estuvo de acuerdo con las razones nuevas, una noche se acostó pensando en que sus valores no lo justificaban como hombre. O simplemente se canso de tratar.
Pregunte en algunos comercios de la zona, y si, cada tanto compra lo indispensable para sobrevivir, prácticamente nada de alcohol, cigarrillos, muy pocos artículos de limpieza, la comida muy simple y poco variada. No habla con nadie, se comunica solo lo indispensable, y, según los vecinos, nunca lo vieron recibir visitas. Es un hombre que quiere estar solo.
Un día, pase caminando a la hora que suele desayunar en esa galería que da a la avenida, lo salude y le hice un comentario sin importancia sobre el tiempo, era una mañana de mucho calor. Me contesto el saludo en forma amable, con un tono de voz muy seguro, con una mirada fija, nada anormal, -que es lo que esperaba-. Nada agrego del tiempo, a lo mejor por estar bastante fresco debajo de su parra. Insistí comentando alguna otra trivialidad, y mirándome fijamente, no me contesto. Nuevamente intente tener una conversación. El hombre con sus ojos fijos en los míos, con absoluta amabilidad me pregunto, o mejor, me pidió: ¿Por qué no me pregunta lo que quiere saber, en vez de dar vueltas? Antes de que yo tuviera tiempo de responder me dice:
-Tenga presente que no respondo preguntas personales, no quiero socializar, no me interesa su vida ni sus problemas y téngalo presente no solo no me gusta hablar sino que tampoco me gusta escuchar. Usted dirá…
El tono no era para nada desafiante, todo lo contrario, de resignación, de cansancio. Nuevamente le desee un buen día, y me marche, escuche que me contestaba algo pero no entendí que decía.
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Mateo
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MensajeTema: Re: EL RANCHO Y SU DUEÑO   Lun Ene 16, 2012 2:45 pm

UNA HISTORIA BIEN NARRADA,NO MUY LEJOS DE LA REALIDAD DE ALGUNOS HOMBRES

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El amistad mejora la felicidad y disminuye la tristeza, porque a través del amistad, se duplican las alegrías y se dividen los problemas.

Mateo
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