Te confieso que tengo un corazòn tan grande como un bus y en cada carta que te escribo te mando un trozo grande del mìsmo sin sufrir consecuencia alguna.Es como si te mandara un ladrillo,para que tu ,con la argamasa portentosa de tu amor vayas formando un lugar sobre los fortìsimos cimientos de nuestro exquisito romance.
Este refugio inviolable,sera nuestro templo del querer, un nido de càlida pasiòn,
donde pronto, si Dios quiere,nos podremos guarecer del frio de la sociedad y el calor de la inseguridad y asi poder gozar una de las pasiones mas intensas de la historia pasada, presente y futura
[i]