La última alma humana marca el paso lento apoyada en pilar de hombros, entre los repliques de campana. El frío intenso escarcha hasta el mismo tiempo, mis manos son frías, mi cara está fría, mi deleite es ingrávido, mis pasos son acompasados por el sonido armónico del bronce.
Recuerdo cada uno de los que quedaron al otro lado de la tapia, unos padres, algunos amigos, gente de cara conocida.
Ayer mismo crucé tu umbral para despido con el alma ausente, y está noche me encaramo para mirar al otro lado en busca de algo que me ayude; pero solo distingo casas lejanas.