Desde mi elección, comienzo a cruzar el 2012.
Empiezo este año comenzando (una vez más) a vivir el momento. No elijo, entonces, Letras (de una vez y) “para siempre”. Elijo Letras cada día. De manera diferente me acerco cada ocasión a este espacio renovando mi elección.
Hoy, para desearles buen 2012, con lo que ello traiga para cada uno. Podrás recibirlo bien mi saludo/deseo, como podrá generarte rencor. Claro que cada cual está en su derecho de sacar sus fieras con lo que le provoque hacerlo. Es entendible revelarse contra aquello que nos parece injusto, que asquea, o que no cierra (aunque esto sea “los buenos deseos”). Lo que elijo, particularmente, es intentarlo hacer desde una mirada flexible y modesta (sabiéndome expuesta a los mismos tropiezos, sabiéndome vulnerable y parte de una sociedad o núcleo determinado). Porque, creo, que es demasiado fácil “apuntar artillería” viendo la “suciedad” desde fuera (como si no fuese parte de esa sociedad) con aires de superioridad (“yo soy mejor e infalible”?). Y es que, a veces, leo (veo y observo) de deditos apuntando con soberbia carga de despecho y saña hacia lo que es diferente al eje propio… Prefiero, como dije, antes de despertar las fieras en contra de “todo lo sucio y malo” (de “afuera”), enfrentar mis propios lunares, mis errores ( mis omisiones, mis ideas desacertadas, mi verbo desafortunado, mis acciones desatinadas), mis demonios, dudas y miedos. Luego, tendré cara.
Como cultura, entre otras cosas, tiene que ver con la obra del ser humano en su paso y las trasformaciones que ello va generando; y, dando curso a una dirección hacia este rincón en particular. Para encarrilar en este espacio el concepto, luego de aceptarme falible a deslices ortográficos, sintácticos y gramaticales podré tener la “osadía” de observar los ajenos.
Cuando menciono de discrepar sin descalificar, lo hago justamente porque tantas veces pareciera que para opinar (y diferente), hay que humillar, desvalorizar y/o despreciar la palabra del otro. Entonces me cuestiono cuando escucho la descalificación; “¿acaso la tuya (tu opinión) no vale lo suficiente por ser eso (la tuya) por sí misma como para tener la necesidad de ‘rebajar’ la del otro?”.
También en los foros similares encontramos actitudes descalificadoras de usuarios de los que se desconoce su rostro y nombre real. Entiendo que haya quienes elijan preservar su identidad por los riesgos de Internet y lo respeto. Lo que no me cierra (hablando coloquialmente) es que sea tan fácil escudarse en otro nombre cualquiera y poner el dedito en la frente de los demás haciendo exactamente lo que le reprochamos al otro (total nadie sabe quien soy o si lo sospechan no lo saben con certeza y callan, no?). Para mi pasa por ahí: por el respeto; por poder, aunque sea, salirse de los zapatos de uno; por la humildad; por la frontalidad, pero sin púas. Porque somos adultos y nos hacemos cargo de lo decimos (y callamos), hacemos (y omitimos) y de la manera en que hablamos y actuamos. O tal vez, necesitamos unos puntos de cocción al respecto (de madurez). A veces, si, me da entre lástima y risa la altivez al escribir, la arrogancia al recibir un simple comentario (que no es más que ello pero tampoco menos), la intemperancia al emitir un comentario. Entonces, ante lo complicado de la esencia humana traigo prestada sin permiso una frase de Cynthia (Poesíacarnivora): “Que las hadas nos devuelvan la sencillez.”
Aprendo, si. Aquí, también he aprendido. Aprender y aprehender, son cuestiones subjetivas (lo concreto es que implica una transformación). Si de aprender se trata, he aprendido de niños de cuatro años (desde corrección de acento y pronunciación de un idioma, que ellos hablan como primero y yo como segundo, hasta tremendas lecciones de vida y de humanidad porque te muestran como espejos tu propia conducta al menos desde sus propias perspectivas como lo ven ellos). De los animales (¿inferiores?) y su comunicación y actitudes, también he aprendido. Porque hace falta humildad para recibir una “lección”. Alguien me dio un consejo una vez: “una mano o corazón que da, si es con sinceridad, sabe recibir”. Y es de esa misma manera que en estos años aquí, me he enriquecido (en el ida y vuelta de comentarios con humildad). Por qué no, del mismo modo he digerido de alguna película “sin otro fin que entretener”,cuyo aprendizaje es transferible (a mi entender) a este espacio como comunidad de personas reales detrás de letras e imágenes virtuales: como seres humanos, podemos desear o tender a la trascendencia en el recuerdo de otros seres, en la letra. Como también a la soberbia. Pero (siempre hay un pero), cuando nos descubrimos falibles, vulnerables, frágiles y vemos cara a cara nuestra debilidad, recién ahí empezamos a intentar un camino para encontrar nuestra propia fortaleza.
Sobre la tolerancia en sí, había una serie que seguía (cuando podía) donde una asistente social lidiaba, entre otras cosas, con las mismas leyes. Un senador propone la ley de “tolerancia 0” (a los abusos contra menores). Esto provoca que, con el sistema vigente, le estén por sacar los derechos parentales a uno de los progenitores de un niño sin darle “el beneficio de la duda”, sin siquiera investigar. El personaje representando al senador, es cuestionado luego por la asistente social cuando el hijo (del senador) cae mal en un partido y se quiebra el brazo. Ella reclama la “tolerancia 0” (“no vi cuando se cayó, puedo pensar que lo descuida o maltrata y apelar que fue negligencia”); es entonces recién, que el mismo reevalúa la rigidez de la norma (¡ponerse en los zapatos del otro!).
Como catarsis sumada a una asociación de ideas, me cae otra diferencia que he visto y que hace a este “algo más” un lugar especial. En otro foro similar donde antes había participado, he visto dobles cuentas y foros donde se dedican a hacer un show sacándose hasta la última miseria para el goce del morbo del espectador. Y, cuentas fantasmas de quienes reclaman menos hipocrecía recurriendo a recursos bajos y haciendo demostración de las mismas falacias que exponen en los demás. En cambio, pareciera que “acá” es diferente. No lo creo. Somos los mismos aunque nos respetamos (tan fácil y tan difícil como eso).
El problema, no está (desde uno de mis prismas) en poder o no decir lo que cada cual piense o sienta como sienta o piense. El tema de los grandes encontronazos virtuales, capaz, pasa por tender a imponer una opinión o un cambio (en el otro). O, por sentir que se nos quiere imponer una idea distinta a la nuestra. Por eso, por favor, no leas ni juzgues esto más que como una simple mirada más.
Por último (si todavía estás despierto luego de tanta lata), he “empollado” algunos pensamientos (hablando con amigos). A medida que “nos” pasa el tiempo, lo que más “duele”; pesa y frustra al final, son las cuentas pendientes y lo no hecho y no dicho. Entonces, dejame dejarte una frase (que puede sonar cliché y de autoayuda) pero siempre la recuerdo cuando trato con el otro: “no camines delante de mí (porque puedo no seguirte). No camines detrás de mí (porque puedo no guiarte). Camina al lado mío y sé, simplemente, mi amigo.”
Buen 2012.
Silvina Grassi
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“El hombre es el único animal que puede estar fastidiado, que puede estar disgustado y puede sentirse expulsado del paraíso…es la contradicción inherente a su existencia la que lo hace seguir adelante. Habiendo perdido el Paraíso –la unidad con la naturaleza- se ha convertido en el eterno peregrino (Ulises, Edipo, Abraham, Fausto)…” Erick Fromm.
Comentar a los demás, no posee carácter de obligación moral; es cuestión de actitud personal (como la consideración de esperar para darle tiempo a los demás a leer y ser leídos antes de subir muchos trabajos en un mismo día). El aprecio sincero, (para mi) pasa más por la honestidad. Tal vez no te adule, tal vez no te diga siempre lo que deseas escuchar, pero ten la certeza de esa sinceridad.
SILVINA