Simplemente desperté de ese sueño tan hermoso. No quería despertar, me quedé dormido en tus ojos. Me recosté en tus brazos entre la suavidad de tu pelo. Contemplaba tus labios que me invitaban a jugar. Me quedé sólo mirándolos en el abismo de tu mirar. Oyendo el suave murmullo de cada latido interrumpiendo el sonido de tu respirar. Recuerdo que al tomar tu mano no la podía dejar, navegando entre su calor y tu suavidad. Solo frente a ti con un papel en una mano y muchos sueños que contar. Te entregué ese papel arrugado, si lo pudieras aceptar. Es mi corazón lastimado por quien no lo supo cuidar. Lo tomaste y también mi mano y dijiste… ven conmigo... juntos, lo vamos a arreglar. Y con tus dedos de caricias comenzaste a dibujar, trazando hermosas figuras que aún ciego podría recordar. Me enseñabas colores nuevos y reescribiste el significado de amar. Tuve este hermoso sueño del que no quería despertar, que se volvió en pesadilla cuando tus ojos a mi lado no pude encontrar.