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 CONVOCATORIA LITERARIA : CUENTOS PARTICIPANTES

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León Perro
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MensajeTema: Re: CONVOCATORIA LITERARIA : CUENTOS PARTICIPANTES   Mar Oct 25, 2011 5:53 pm

Cuerpos usurpados



Una voz lo llama desde el jardín, le resulta conocida. Demasiado conocida para ser real.
-¡César, vení a llevarte esta perra!
Medio dormido se levanta, va hasta el comedor y al arrimarse a la ventana lo ve, sentado en su mecedora fumando una pipa, como era costumbre todos los domingos.
-¡César!, ¿escuchaste? –le grita.
Es su padre que trata de leer el diario en el jardín, aunque Casiopea no lo deja.
-¿Vieja, dónde está César?
-No sé, Antonio. No lo vi, debe estar durmiendo -le responde Julia, preparando el estofado para el mediodía.
“¿Vieja?, ¿mamá también? ¡No puede ser! ¡Yo mismo los encontré muertos en la habitación, hace una semana!”
-¡La puta que lo parió, esta perra de mierda que no me deja leer el diario tranquilo! -seguía protestando Antonio. -Se levanta, entra en la casa rumiando algunas palabras más y se encuentran en el comedor; Antonio puteando y Ernesto tratando de despertarse de ese sueño. Cruzan miradas. El color rojizo, el brillo de los ojos del padre, hacen comprender a Ernesto que no es un sueño. Su padre, o mejor dicho, lo que se adueñó de su cuerpo, está parado frente a él.
-¿No escuchás que te estoy llamando? ¡Llevate esa perra, que no me deja leer el diario tranquilo! ¿Te estoy hablando? ¡César, vení para acá!
César sale corriendo y se encierra en la habitación. “Esto no puede ser real”, piensa, tratando de encontrar alguna explicación.
-¡César, abrí! –grita Antonio golpeando la puerta. -¡César!
-¿Antonio, qué pasa? ¿Por qué gritás de esa manera?
-¡Tu hijo, se encerró otra vez en la habitación! Te dije que llevarlo al curalocos ése no iba a solucionar nada.
-¿Qué decís?, eso no tiene nada que ver –le responde Julia. –Seguramente le habrás hecho algo al nene.
Mientras ellos discuten sobre si está bien llevarlo al siquiatra o no, Ernesto trata de escapar por la ventana. Pero lo que ve a través de ella, lo desconcierta aún más. Parados en el jardín de la casa, mirando fijo hacia la ventana de su habitación, están Pedro, Estanislao (el padre del polaco), doña Pierina y otros vecinos más.
En situación normal hubiera sido un alivio, porque podría pedirles ayuda. ¡El problema es que ellos también están muertos como sus padres! El único que no lo está, es Leland Gaunt, el dueño de la tienda nueva del pueblo. Ni siquiera Carlos, su siquiatra, le había creído cuando le dijo que el señor Gaunt, cuanto menos, era una persona extraña.
…Han pasado algunas horas desde que me encerré en la habitación. Puse todo lo que pude delante de la puerta; la cómoda, el ropero, la cama. A pesar de esto, la puerta va a ceder en cualquier momento ante tanta presión. Voy a tener que dejar de escribir y esconder la carta entre el machimbre de una de las paredes. Si alguien la encuentra y todavía existe el pueblo de Sauce Quemado, tenga en cuenta que el único responsable de todo lo que aquí pasó, es el señor Gaunt. Leland Gaunt.
La puerta cedió y están corriendo la cómoda. Ernesto sigue acurrucado en su rincón, tapado con unas mantas y abrazado a un ejemplar de Needful Thing’s, como si fuera un amuleto que lo va a salvar del mal.



José Armando Gentili









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MensajeTema: Re: CONVOCATORIA LITERARIA : CUENTOS PARTICIPANTES   Miér Oct 26, 2011 2:05 am

A Cabra da Morte



Corría el año mil novecientos y tanto, dando sus últimos coletazos un mes de agosto infernalmente caluroso. Caía la noche clara de luz de luna, habían pasado ya las Fiestas Patronales, y Dolores, una joven de belleza sin par, se aseaba después de la dura faena en el campo. Cosa común de las mujeres en un pueblo eminentemente marinero, donde los hombres brillaban por su ausencia la mayor parte del año. Muchos de ellos habían partido hacia esos mares del mundo después de finalizadas la Fiestas. No así el padre de nuestra mocita, que sintiéndose indispuesto, postergó su marcha.
Aseada y ya fresca, Dolores acude a un mandado de su madre. “Debes ir a regar el campo de Freixoa, cerca de la poza de Louzame”. Ella sabía que eso era frecuente hacerlo a esas horas por la fresca, y no requería más esfuerzo que retirar la piedra que tapaba el surco de riego para dejar que el agua corriese sola, inundando el campo lleno de maíz y centeno, que después de recogido se almacenaría para sustento del invierno.
Atenta al mandado e iniciando el camino, escuchó a su padre que le recordaba, “no olvides pasar por casa de la señora Luisa; hoy cuecen el pan y te darán una bolla para nosotros”. No mediaron más palabras y salió por el portal de madera que dividía el patio del camino, y se adentró saltarina en él. En su pensamiento, las últimas palabras de Antonio, su enamorado, antes de partir; y la promesa de su vuelta al finalizar la marea.
Es lo último que de ella vieron los ojos del padre, que la siguieran por el angosto camino, hasta que se perdiera entre los árboles cercanos.
Con el pasar de las horas y viendo que no daba señales de vida, nuestro buen hombre se dirigió a casa de los vecinos pensando que su hija, joven al fin y al cabo, bien habría podido quedarse entretenida con las demás muchachas que habían ido a por la bolla de pan para sus casas.
Un aroma a pinos y silveiras le llegó más fuerte de lo acostumbrado y creyó sentir, o talvez lo sintió, el graznido de “A Cabra da Morte”; especie de cuervo que emula el berrido de una cabra, pájaro de mal agüero. Acostumbrado a escucharlo de otras veces, se santiguó preguntándose qué parroquiano dejara este mundo. Más no le dio más importancia que la que requiere estos casos.
Llegó a casa de los vecinos y al preguntar por su hija, la respuesta fue negativa. Nadie había visto a Dolores y les pareció extraño que aún no hubiese llegado sabiendo que era muy responsable en sus recados.
Buscaron cerca de la casa llamándola a viva voz. Fueron a la poza de Louzame y con largas varas removieron el agua. Nada de nada, ni rastro. La piedra estaba sacada de su sitio y la finca ya tenía agua suficiente como si llevase dos horas o más recibiendo el preciado líquido.
La incertidumbre se apodera del lugar y el padre cuenta cómo acompañó su camino “A Cabra da Morte”. Las mujeres rezan, los pocos hombres se preparan para dar una batida monte a través buscando algo, la luna cómplice ilumina como si quisiese echarles una mano. Alguien dice que mejor avisar al cuartelillo cercano de la Guardia Civil. Otros, los más agoreros, de avisar al cura.
Se dividen en grupos, más mujeres que hombres. De éstos, dos se encaminan al pueblo, a cinco quilómetros de distancia, para avisar a los guardias; y otros dos, hacia la Parroquia, distante tres quilómetros. Pasan las horas y ya cunde el pánico, pero nadie desfallece. Ayudados por faroles de aceite y el resplandor de la luna, buscan infructuosamente.
Llega el alba, los guardas civiles se adentran en el monte y revisan todo palmo a palmo. Nada de nada. Al caer la noche se retiran a una casa cercana para reponer fuerzas. Nadie la cree ya viva, el cura reza responsos ayudado por las mujeres. Pasan cuatros días, con agua bendita recorren caminos y encrucijadas llamándola a viva voz, pero no aparece.
Desistiendo de la búsqueda, los guardas civiles se retiran al cuartelillo y comienza una nueva noche. El claro de luna es intenso y el calor más sofocante que nunca. Varios vecinos y el cura, hacen compañía a los padres de Dolores. Es cuando creen ver una silueta en el camino, que lentamente se dirige a la casa. De repente se abre el portal y una pálida muchacha se adentra en la era. Desfallecida y con las ropas ajadas; ¡es Dolores!
Sin fuerzas cae en brazos de su madre y dice:
-¡Me llamabais y yo no podía responder! No sé dónde estaba, sólo que había mucha paz. ¡Mucha paz y era feliz!
Habla pero nadie puede oírla; sólo el sacerdote atiende sus palabras. Se desmaya y al recibir el agua bendita, dibuja una sonrisa de felicidad y mirando a su madre, muere.
Antonio, a cientos de quilómetros, en las costas irlandesas, desde la cubierta de un pesquero ve la silueta de una joven mujer que le dice ¡adiós! mientras “A Cabra da Morte” en el árbol del mástil, emite su particular berrido. Cuando regrese a tierra firme sabrá quién se despedía de él en esa oscura noche.



Manola Vázquez López


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MensajeTema: Re: CONVOCATORIA LITERARIA : CUENTOS PARTICIPANTES   Miér Oct 26, 2011 5:23 am





Los amigos de mi lista



El cuchillo de hoja larga y fina como un estilete, quedó ahora, después de asentar su filo en la piedra, ¡como una navaja de afeitar! Lo limpié cuidadosamente con un paño y lo metí en su funda de cuero. ¡Me había costado buen dinero! Pero, a la hora de comprar herramientas, no era yo un tipo que por ahorrar unos pesos, iba a sacrificar calidad por precio.
Encendí entonces la computadora. El ojo se iluminó y después pasó por los pasos acostumbrados, dando una información tan superflua como inútil, antes de llevarme a lo que verdaderamente estaba interesado. La página apareció con la misma pregunta de siempre: ¿Qué estas pensando?
Ahí no pude evitar sonreírme. ¡Cómo si le fuera a decir nada menos que al monstruo infidente, mis pensamientos y mis planes! ¡No! Ya me habían lastimado lo suficiente. Con sus bromas o insultos, con sus mensajes motivacionales o religiosos, con sus chistes de mal gusto, con sus videos de pésima calidad o sus sugerencias de que colgara esto o aquello para salvar o salvarme. Los “amigos”, esa multitud de caras desconocidas, gente que había agregado casi compulsivamente tan sólo por requerirlo. Gente que parecía no tener otra función en el mundo que estar ahí, huyendo de la soledad o simplemente buscando atención. ¡Bueno. lo habían conseguido! Quizá fueron los bien intencionados, los que me sugirieron que buscara ayuda cuando en un momento de debilidad hablé de mi inclinación al suicidio; o quizá fueron los otros, los que me trataron directamente de psicópata (los educados) o de loco, (la mayoría).
¡No! El resentimiento no fue cuestión de que se creara en un día. Fue creciendo lentamente; alimentado por mí, es cierto. Pero, con él fue creciendo la necesidad de buscar una solución, de acallar de alguna manera a los tantos que ahora, eran parte de mis torturadores. ¡Los que me mandaban mensajes subliminales de odio!
Al principio pensé en borrarme y borrarlos de mi vida, ¿pero cómo conseguirlo? A pesar de que busqué dentro de la página algo que me indicara como eliminarlos como amigos o de borrarme yo del Facebook Pero, para mí desesperación, no tuve éxito. ¡Entonces, se me ocurrió que la única manera era de eliminarlos físicamente! Tengo ahora el arma y los nombres. ¡Llegaré de sorpresa cuando menos lo esperen!
¿Me tenés en tu lista?


Virgilio




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MensajeTema: Re: CONVOCATORIA LITERARIA : CUENTOS PARTICIPANTES   Miér Oct 26, 2011 5:39 am


El Monje

Fantasma oculto que no abandona la noche, viejo terror que afuera se muere e insulta. Ondulación asombrada, furia del cielo que en las tinieblas haces huir. Nos compadecemos de verte brillar durante tanto tiempo, sin embargo nos preguntamos, ¿Habrá cansancio en el pobre espectro, como ocurre en el cuerpo de los vivos? ¿No tendrá, en resumidas cuentas, para las cosas que son, no sólo las muertas, una posibilidad de razón alguna? Deformadas las líneas nubladas de su cara, su voz sin memoria, aromas olvidados. Fantasma, corazón en las tinieblas, elevación de la locura la furia en el viento. Se Siente la vida atacada repentinamente, mano nocturna en el cuello, quizás no sea nadie, excepto un matiz del miedo.
Cuando la vieja decidió alquilar la gran casa vieja, cerca del camino que cruza lo que antes era una vereda rural, ahora alcanzada por el desarrollo urbano, aunque todavía incipiente, no hizo caso de las historias que narraban que los anteriores inquilinos se habían marchado de manera súbita y aterrorizados. En el pasado había sido construida para convento destinado para una comunidad de monjes católicos.
Con los años, una vez abandonada fue comprada por un hombre de la ciudad que le gustaban las propiedades raras, como esa gran construcción de piedra y ladrillo erigida majestuosa en la cima de una pequeña montaña.
Le había invertido grandes cantidades de dinero en la reparación. En especial impedir que las humedades siguieran haciendo estragos en las paredes. Pero todo en vano, estas siempre ganaban la partida. Los planes de habilitarla para su propia vivienda quedaron en el olvido ya que no la consideraba apropiada para su salud. Más bien decidió alquilarla.
Una vieja rezandera y dos hijos mayores de edad le propusieron alquilársela.
Una vez consiguieron quedarse con el contrato de arrendamiento, no muy difícil, pues las historias de espantos ya se habían regado a lo largo y ancho del valle manteniendo desacreditada la casa, la habitaron de inmediato.
La vieja, después de explorar la gran propiedad, escogió el cuarto que en el pasado había pertenecido al antiguo prior fallecido precisamente en ese cuarto.
Tan pronto entró ella, que se las echaba de parapsicóloga, dijo que todo el ambiente se había conmovido ante su presencia.
La pieza estaba mal iluminada. Las paredes eran una mezcla de ladrillo español con piedra. Una ventana más bien pequeña para el tamaño de la pared daba visión a una gran cadena montañosa, eso si se abría una pesada cortina que la cubría permanentemente como si se propusiera alejar los rayos del sol. En el fondo de la habitación una pequeña puerta daba paso a un cuarto más pequeño, habilitado como armario. Olía a puro moho. Una silla mecedora era el único mobiliario heredado que se observaba en ese cuartucho.
La vieja no le perdía ojo a la silla. Intuía que en ese cuarto ella no estaba sola. De pronto la silla comenzó a moverse sola y ella salió en veloz carrera cerrando la puerta tras de si.
-Tiempo habrá de mirar bien y en detalle que era lo que pasaba en ese cuarto-
Se dijo mientras le ordenaba a los hijos que le entraran la cama y todos sus objetos personales.
Se la pasaron todo el día armando y acomodando el mobiliario por lo que en la noche estaban bastantes cansados durmiendo de largo hasta el otro día. La vieja se levantó quejumbrosa y de mal genio alegando que no había podido descansar lo suficiente. Los hijos estaban acostumbrados a la cantaleta diaria por lo que poco caso le hacían y más bien se retiraban a realizar las tareas cotidianas.
La pieza de la anciana mostraba una temperatura que no se compadecía con el promedio de la región y del resto de la casa. El frío la obligaba acostarse y tratar de calentarse con todas las reservas de cobijas que la acompañaban. Después de varias horas de lucha por dormirse consiguió un ensueño que logró hacerle olvidar el extraño clima que cubría la habitación.
La cama había sido colocada perpendicular a la puerta del cuarto auxiliar por lo que la mujer tenía toda la panorámica de ella. No razonaba muy bien si estaba soñando o era la realidad la que veía. Pero hacia las doce de la noche la puerta comenzó a abrirse y bajo la luz de una pálida y mortecina luz, dejó ver la silla mecedora dentro del cuartico.
A la mujer el corazón se le aceleró a mil y se concentró en el movimiento del mueble. Sentado en ella le pareció ver una persona que la miraba desde allí o le parecía, porque no se le distinguía cara alguna. Era como la silueta de un monje pues en vez de cabeza se observaba una capucha terminada en punta y donde debía estar el rostro un vacío negro. Una forma humana, bastante voluminosa se dejaba ver meciéndose rítmicamente en la silla.
Ella que no creía tenerle miedo a este tipo de presencias comenzó a invocar a todos los santos del santoral católico y a pedirle a Dios que no la abandonara en esos momentos.
Pasados unos minutos la figura se alzó de la silla y comenzó a caminar hacia ella, o más bien, a flotar despacio pero segura.
Se dirigió directo al borde inferior de la cama y se paró a todo el frente de la escuálida figura de la dama que al momento estaba ya al borde del colapso.
La mañana llegó cansada, y lo mismo la mujer, que solo recordaba la gran y aterradora pesadilla que la había hecho presa la noche anterior.
Hacia las nueve de la mañana la vieja no se había levantado aún. Uno de los hijos se preocupó, pues la madre era bastante madrugadora y no faltaba nunca con los oficios tempraneros de la casa.
-¿Madre, madre estás despierta?
-Sigue hijo, claro que estoy despierta, lo que pasa es que no me siento bien?
- Debe ser el trajín del trasteo madre. Reposa un poco por hoy que nosotros te reemplazamos en los oficios de la casa-.
La vieja se abstuvo de contar lo sucedido la noche anterior para que no le fueran a salir con el cuento de que estaba loca. Además a ella tampoco le constaba que no había sido una terrible pesadilla. Solamente hacia las cuatro de la tarde se levantó y trato de concentrarse en las tareas cotidianas. Pero la noche llegó nuevamente y se aprestó acostarse nuevamente.
La temperatura se mantenía extrañamente baja. Ella trataba de ignorar el fenómeno y organizaba las mantas para tratar de hacerlas más eficientes en su lucha contra el frío.
En el momento en que casi se quedaba dormida la pequeña puerta volvió a abrirse y a mostrar el contenido de la habitación, pero en este caso el monje ya no estaba sentado en la silla sino parado delante de su cama. En esta ocasión prestó atención que debajo de la capucha dos orbitas enormes la miraban fijamente. La pobre mujer apenas balbucía ininteligibles palabras. Trataba de llamar a los hijos pero definitivamente no le salía sonido alguno.
-De parte de la aparición tampoco se escuchaba ningún sonido. Esta solo se limitaba a pararse al frente de la cama o a lo que a ella le parecía, a mirarla fijamente, pues la oscuridad no permitía distinguir si esto realmente estaba ocurriendo o no.
Nuevamente en la mañana los hijos extrañados observaron que la madre no se levantó temprano como era su costumbre. En este ocasión decidieron visitarla los dos a ver que le ocurría. Seguramente la humedad la estaba afectando y todo se reduciría a un resfriado aquejándola.
La mujer había cambiado bastante en las dos noches pasadas en el lugar. Evidentemente estaba bastante más escuálida de lo acostumbrado.
-Creo que debíamos llevarte donde el médico, no te ves nada bien madre, que sientes, porqué no parece gripa-
-No se hijos, cada vez estoy más débil y creo que esta habitación, ni esta casa, nos convienen-.
- Vieja, creo que si mañana sigues mal tienes que levantarte para que vayamos a que te atiendan.
A pesar de la oportunidad no contó los sucesos acaecidos, siguiendo con el temor de pasar por demente. Pero de todas maneras no se sentía capaz de pasar una noche más allí ya que las fuerzas del cuerpo no le daban para más. Parecía que le estaban succionando la vida y si no salía estaba segura que moriría.
Nuevamente la noche llegó. Uno de los hijos preocupado decidió visitar a la vieja a ver como seguía. Tocó la puerta pero no escuchó respuesta alguna. Trató de abrirla pero una gran fuerza se oponía. Algo raro y aterrador estaba ocurriendo en esa habitación, así que decidió llamar al otro hermano que pronto se hizo presente. Entre los dos lograron tumbar la puerta. Tan pronto entraron a la habitación una figura fantasmagórica se perdía dentro de el cuarto auxiliar. La madre se hallaba en la cama al parecer desmayada o quizás muerta, no había tiempo de comprobarlo pues el terror no les permitía permanecer más en esa habitación. Uno de los jóvenes la cargó en vilo salió con ella de aquel lugar. No comprendían bien que era lo que estaba sucediendo pero en esa casa no se quedarían más.
El dueño recibió la noticia de que los inquilinos, igual a los anteriores, habían abandonada la casa intempestivamente.

FIN


Luis Tejada Yepes
Medellín, Colombia















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MensajeTema: Re: CONVOCATORIA LITERARIA : CUENTOS PARTICIPANTES   Miér Oct 26, 2011 5:41 am

En la Carretera

Largas noches de sueño sin sueños, pronto las lágrimas se agotarán, así que olvidaremos el dolor, llora en vano, como sobreviviente de las sombras, agita el polvo y las cenizas en el viento. Aunque su boca sigue viva siempre permanecerá en silencio, no hay que olvidarlo, su voz no será escuchada. Todo a su alrededor canta la canción del dolor. Ha recorrido el camino en la tierra de los espíritus, sin embargo, cuando el aliento del cielo azul brisa se oyen notas oscuras en la carretera.


La noche se había tornado bastante fría. El termómetro del tablero de mando del automóvil último modelo, que Margarita conducía para trasladarse de la finca a la casa de la ciudad, marcaba seis grados centígrados de temperatura. Bastante baja para el trópico. Trataba de sintonizar alguna emisora en la radio que ronroneaba prendido pero no emitía señal alguna.
De un camino de rieles había pasado a una carretera bien pavimentada, pero estrecha y de ahí esperaba, en no más de cinco minutos, estar en la autopista. La soledad de la vía secundaria le causaba algo de desasosiego.
Si bien iba segura, pues no creía en alguna falla mecánica en un automóvil con no más de mil kilómetros de recorrido, nunca se sabía de los imprevistos. De automóviles solo tenía información de que había que echarles combustible.
Miró el tablero del teléfono celular y observó que no marcaba señal. Así que por ese lado tampoco podía entretenerse, por lo que decidió concentrarse en las luces que alumbraban de manera clara por lo menos cincuenta metros más adelante.
Tomó una larga recta y hacia la mitad de ese trayecto, un muchacho de no más edad de la de su único hijo, le hacía señas de que lo recogiera. Violando todas las reglas de la prudencia, no fue capaz de hacer caso omiso al llamado. Seguramente el único vehículo transitando por esa carretera era el de ella, sino lo recogía se quedaría congelándose hasta el otro día.
Observó nuevamente el termómetro, este marcaba los mismos 6 grados centígrados. Definitivamente si no lo recogía se congelaría. Si se tratara de su hijo, seguramente ella agradecería con toda el alma a cualquiera que quisiera hacerle la caridad de llevarlo en una noche como esa.
Se detuvo exactamente al frente del muchacho, al mismo tiempo bajó un poco el vidrio polarizado y empañado de la ventanilla del pasajero, hasta que pudo distinguirle bien el rostro. Antes de abrir el seguro de la puerta quería formarse una buena idea de las intenciones del pasajero que iba a recoger. Esperaba que la psicología natural no le fallara. Se parecía a Carlos su hijo y eso la enterneció.
-Para donde te diriges muchacho-
Le preguntó tan pronto lo tuvo a todo el frente.
-Voy cerca de la ciudad, me cogió la noche por estos lados y pocos carros pasan. Si usted me hiciera el favor de llevarme sería magnifico para mí-
Le contestó el muchacho pálido y tranquilo que le hablaba desde la orilla de la carretera.
La voz sonaba sincera por lo que decidió quitar el seguro eléctrico.
-Sube que te vas a congelar-
El jovencito tomó la manija de la puerta y en un santiamén estaba sentado en el asiento del pasajero.
Margarita de reojo le observó el perfil. Se veían unas pulidas líneas faciales muy agradables. Definitivamente parecía un joven decente.
-¿Que haces a estas horas por estos extramuros?-
-Salí de la finca de mis padres en una moto y esta me falló al tomar el pavimento.
Decidí caminar hacia la ciudad pues estaba más cerca que la finca. He esperado por horas que alguien me recogiera, pero definitivamente, después de la seis de la tarde, nadie transita por estos lados-.
-¡Ah! Ya veo-
¿Y tus padres?
-Todavía no deben saber que estoy en problemas, espero contarles yo mismo lo sucedido-
-Tienen finca por aquí-
-Si señora, en la vereda Madre de Dios-
Margarita se tranquilizó definitivamente. Se alababa así misma por haber tomado la decisión de detenerse a recoger a ese pobre joven abandonado en medio del frio en esa solitaria y lúgubre carretera. Seguramente estaba aterrorizado aunque no lo demostrara de manera alguna.
Lo que le extrañaba era que en semejante frio no llevara chaqueta para cubrirse, ni mostraba que la temperatura lo hubiera afectado de manera alguna.
Después de unos diez minutos de silencio el joven le habló señalando con un dedo largo y pulido algún lugar hacia adelante.
-Señora puede dejarme en ese lugar, donde está sembrada la cruz-.
- Hijo pero si todavía falta mucho para llegar a la ciudad, con mucho gusto te arrimo hasta tu casa-
-No importa, mi camino termina en este lugar -.
-Bueno. Si eso es lo que deseas-
Margarita disminuyó la velocidad del auto suavemente pensando en dejarlo frente a la cruz simbólica, recordatoria de algún accidente o asesinato, homenaje acostumbrado en estas regiones.
Se distrajo un momento mirando instintivamente por el espejo retrovisor lateral derecho antes de detener el coche totalmente. Fueron unas milésimas de segundos los empleados en esa maniobra.
Miró hacia el asiento del pasajero, nadie se encontraba allí. Frenó en seco y se bajó del auto pensando que el jovencito se había tirado con el auto en movimiento. Solo observó la soledad. Casi al borde de la histeria subió nuevamente al auto y hundió el acelerador a fondo, anegada en lágrimas.
Días después averiguó, que unos meses atrás, un muchacho, con las características del desconocido, se había matado en una motocicleta justamente en el lugar donde el joven se apeó, allí donde sus familiares erigieron una cruz.
FIN

LUIS TEJADA YEPES
Medellín, Colombia.



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MensajeTema: Re: CONVOCATORIA LITERARIA : CUENTOS PARTICIPANTES   Miér Oct 26, 2011 5:43 am

LA PELEA
Son estrechas las estancias del cerebro y en ellas entrechocan los pensamientos, con la certeza de despertarse. En la muerte la calma se conectará con la noche, con la luz de la luna y las estrellas que extenderán su resplandor. Ahora son pensamientos, son visiones diluyéndose: El espíritu, rocío muerto sobre la valla, la brisa que sopla y la niebla sobre el lugar se prolonga sobre las copas de los árboles, ¿Sueños? Sus facciones desaparecen lentamente, son reales. La escena es muy compleja, y no se puede desatar, ni aún oír su acento, pero si un brazo largo señalando el árbol amenazando ruina.

¡Cállate! ¡Estás demasiado pesado!. Creo que ha llegado la hora de irnos a dormir.
-Este borracho ya no aguanta un trago sin que le dé por demostrarnos lo fuerte que es-
-Mario, acompañalo hasta el camino que empieza en la zeta grande. Ese por instinto sigue hasta la casa-.
-¿!Y porque yo!?-
-Por qué eres el único de su tamaño y puedes controlarlo-
-A nosotros se nos rebela-
Aportaba otro de los cuatro amigos que rodeaban un baboso y grande borracho que quería tomarse la última botella a como diera lugar.
-Bueno, pero lo dejo en el camino, yo no me voy a encartar con un borracho a estas horas. ¡Qué desgracia la mía! ¡Ni siquiera le guardo simpatía. Siempre ha tratado de demostrar que es más fuerte que yo y seguramente me pondrá problemas en el camino!-
-Recoge un palo en el camino y si te casa pelea, dale una tunda que la recuerde por todo el resto de su vida-
Decía, al hombre más sobrio de los amigos tripulantes de un barco de rio recién atracado en el puerto de origen, el que parecía de más autoridad. Todos vivían cerca del casco urbano, en las afueras pero en distintas direcciones. De origen campesino, habían acabado embarcándose en un gran barco que repartía mercancía a todo lo largo del gran afluente del Magdalena. El día de pago religiosamente se reunían en un bar de mala muerte. El mismo en donde en estos momentos discutían sobre quien iba a acompañar al más problemático de los cuatro.
El borracho a guiar, malicioso, se dejó llevar, porque quería demostrarle al otro grande quien era el más fuerte. Pensaba que en el camino a casa le arreglaría cuentas.
Al otro día y cuando los amigos aparecieron en el barco para embarcarse de nuevo, faltaba el borracho belicoso.
-¿Como te acabó de ir con el hombre?-
Un poco turbado y nervioso les anotó que lo había dejado en donde habían quedado y que se dirigió hacia su casa sin mirar atrás. Se había pasado todo el camino desafiándolo a pelear y él a sacarle el cuerpo, por eso cuando pudo se le adelantó tratando de poner distancia entre los dos.
-Seguramente ya aparecerá-
El hombre les esquivaba la mirada a los otros amigos y se veía a las mil leguas que no quería tocar más el tema.
-Averigüemos si hay viaje hoy. Parece que el capitán tiene dificultades con el combustible. Creo que postergamos la salida par dentro de dos días de acuerdo a lo que le oí hace como media hora. Además esperamos a Mario, seguramente aparecerá en cualquier momento-
Una mujer pequeña y joven se dirigió hasta donde departían los tres amigos.
-Hola, ¿No han visto a Mario? ¡No apareció en toda la noche y me vine a ver si estaba con ustedes!-
-Oye, respóndele a la niña que sabes tú sobre lo que pregunta-
-¡No se nada! Lo acompañé hasta el árbol viejo y ahí lo dejé. Ni siquiera miré hacia donde se encaminó después, porque quería evitarme problemas.
-¡Bueno de pronto se fue para otro lado. Así son los borrachos. Esperemos a ver si aparece! ¡Lo grave es que se fue con el sueldito y no hay nada en la casa para comer. Tenía la esperanza de encontrarlo para que fuéramos a comprar algunas cosas!-
Dijo la mujer bastante decepcionada.
Pasados los días y de regreso de un nuevo embarque, los marineros se hallaban en el mismo bar de mala muerte, conversando sobre que camino pudo haber cogido el amigo, que en últimas, no apareció por ningún lado, ni ese día, ni los otros.
-Se lo tragó la tierra-
Terminada la tertulia se separaron y se dirigieron hacia sus respectivas viviendas.
El hombre de más ascendencia entre los amigos le dio por recorrer el camino seguido por los dos borrachos la otra noche. Quería meditar sobre lo que pudo haber pasado. Le parecía muy raro que cuando mencionaban el caso, el otro no dijera esta boca es mía y más bien, desviaba la conversación hacia temas que no tenían nada que ver con el asunto en mientes.
Estaba un poco oscuro. La luna en creciente iluminaba el ambiente como una linterna con las pilas agotadas.
A medida que llegaba hasta el lugar en donde presuntamente se separaron los dos grandotes una niebla espesa comenzó a aparecer en un sitio en medio de la bifurcación. Una corriente fría se sentía en el ambiente lo que le provocó al hombre un escalofrío que sintió especialmente en la columna y el cuero cabelludo. Como dice el común, se le pusieron los pelos de punta.
De pronto el hombre observó que de la niebla una figura fantasmagórica se materializaba a sus ojos. De ,la cabeza le brotaba una masa sanguinolenta, media cara la tenía totalmente aplastada, un ojo, como una bola negra caía hasta media mejilla colgado de unas especies de hilos, haciendo más terrorífica la imagen, que este hombre, al borde del desmayo, había visto en su vida.
No escuchó sonido alguno, pero si observó que le señalaba un lugar cerca de la zeta vieja. No recuerda muy bien, si lo que parecía ser un fantasma, tenía brazos y piernas como los humanos. Lo que si le quedó en la mente muy claro era el sitio señalado por el espectro.
Recuperado, relató a su familia lo que había visto esa noche decidiéndoles que cuando amaneciera iría a la policía a contar lo sucedido.


En la estación le hicieron al hombre toda clase de bromas, pues conocían muy bien las francachelas en que estos marineros se enfrascaban, cuando les pagan el sueldo.
El oficial al mando le cedió un agente para que fueran a hacer una pequeña exploración por el sitio en donde decía se le había aparecido el fantasma. En son de broma le acotó al agente que si veía al fantasma lo detuviera de inmediato.
En el mismo lugar, en donde le pareció que el fantasma le había señalado, encontraron tierra removida, o más bien hojarasca, ya que esa noche el que cavó allí no tenía los instrumentos adecuados para hacerlo.
A menos de medio metro encontraron el cadáver del desaparecido. La cabeza destrozada y un ojo pendiente de su cuenca.
Parece que los amigos, según reconstrucción posterior del crimen, se enfrascaron en la previsible discusión. Uno de ellos tomó un palo y molió al otro. Tal como le recomendaron en el bar, pero en medio de la ira y el miedo que le inspiraba el voluminoso hombre, se le fue la mano.
FIN


LUIS TEJADA YEPES
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MensajeTema: Re: CONVOCATORIA LITERARIA : CUENTOS PARTICIPANTES   Miér Oct 26, 2011 10:26 pm

Agreste




Habían planeado esa escapada durante un mes. Lo más fácil fue tomar la decisión de un lugar agreste. Lo demás, con esfuerzo se fue acomodando. En la puerta de la heladera reposaban desahuciadas, notas que recordaban reuniones con la maestra, turnos con el médico, un control para el perro en dos semanas; y otra, más extensa, que rezaba una lista de cuentas para pagar.
Dejando al perro con un amigo y a los chicos con la tía, siguieron la ruta hacia el camping del que tanto les habían hablado. Era una mañana de sábado, de un noviembre fresco y seco.
-No lo puedo creer, espero poder desenchufarme de todo al menos un par de días -manifestó Carla con la mano extendida fuera de la ventanilla para sentir el aire en la palma.
-¡Seguro! -afirmó Lao sonriendo mientras acariciaba fugazmente la rodilla de Carla.
Luego de tres horas, comenzaron a ver carteles con señales que no reconocían.
-¡Lao, mirá!; ahí podemos parar y fijarnos o preguntar -arriesgó Carla con un tono de incertidumbre en la voz.
A la derecha, tapado por un árbol, otro cartel pasó desapercibido.
Dicen que era un bosque muy extraño y heterogéneo, de alma híbrida. Y que un sábado de noviembre, aparecieron un Roble y un Jacarandá unidos por ramas y raíces.


Silvina Grassi.


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MensajeTema: Re: CONVOCATORIA LITERARIA : CUENTOS PARTICIPANTES   Miér Oct 26, 2011 10:57 pm

Estan muy buenos los estamos leyendo con Miguel, mañana seguiremos, para no soñar jijiji...[i]
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MensajeTema: Re: CONVOCATORIA LITERARIA : CUENTOS PARTICIPANTES   Vie Oct 28, 2011 1:51 pm

Cuando todo se ha escrito



Estoy en medio de nada y escribo acerca de nada; ¿cómo llegué hasta aquí? ¿Aquí, debería nombrar así a esto que no es? No veo a nadie, no hay nadie. Sólo recuerdo algunos fragmentos de lo sucedido aquella noche.
Había escrito durante varias horas. No les voy a contar que la tormenta era terrible, que los rayos iluminaban el cielo de un color rojo similar al fuego del infierno, ni de los truenos estallando en mis oídos como una horrible pesadilla; porque eso no ocurrió. Tampoco me cegó un rayo ni vi una figura fantasmal. Era una madrugada igual a todas en mi apartamento de lujo en la ciudad, una ciudad tranquila. Mi sufrida esposa se encontraba dormida y roncaba, era lo único terrible. Planeaba la muerte de aquella mujer, aún no había decidido si sería asesinada con el cuchillo de la cocina o tal vez con un machete. Sí, en medio de un paraje de árboles espectrales o dentro de una cabaña. Pensé en degollarla y colgar su cabeza debajo de un puente, pero eso no causaría temor a nadie. Ese tipo de crímenes se habían convertido en el día a día para muchos. Imaginé a un asesino del tiempo e ilusiones, uno de esos sociópatas que causan pánico entre las mujeres. Sin embargo, se habían vuelto tan comunes que pasaban inadvertidos. ¿Escribiría sobre alguna atrocidad en México o el Medio Oriente, o acerca de algún gringo desquiciado por las drogas? Debía terminar lo antes
posible e impactar con alguna estupidez a los amantes del crimen, la editorial llevaba días esperando la historia; un best seller para ser llevado a la pantalla. Por fin imaginé el cuchillo, el instante en que él se acercó sigilosamente a la cabaña y entró sin dificultad; como en todo cuento de misterio la puerta se hallaba entre abierta. El ladrido de los perros lo convertí en aullido de lobos y los veía hambrientos con el hocico ensangrentado. No estaban relacionados con el asesino o la mujer, pero debía crear un ambiente lúgubre. ¿O quizás él asesino resultaría ser un lobo? Los vampiros y hombres lobo están de moda. En eso estaba cuando todo comenzó a parecerme absurdo, no encontraba significado ni conexión entre cada palabra. Reinaba el sinsentido y la luna había desaparecido. Recuerdo haber escrito la palabra mierda. Como escritor de novelas negras, sin un gramo de imaginación, era una de mis favoritas en todos los idiomas: merde, shit…
¡Mierda, no recuerdo en qué momento abandoné el estudio! Una capa densa de oscuridad caminaba hacia mí y recorría mi cuerpo. Me envolvieron las tinieblas y un frío indescriptible invadió mi esqueleto y lo hizo temblar. De pronto el frío desaparece, el tiempo desaparece. Han sido desafiadas las leyes de espacio y tiempo, no formo parte de partículas o constelaciones, no estoy en comunión con el cosmos. Desearía poder escribir que soy testigo de algo terrorífico en un paraje desolador, más no hay parajes ni desolación. Me es imposible hablar, no escucho a nadie y persigo indiferente el sonido. Los ronquidos han desaparecido, ya no hay frío o calor, empiezo a olvidar toda sensación. Oscuridad total y en medio yo, conectado a la máquina de escribir.
¿Máquina de escribir?, ¡no sé de dónde demonios salió! Pero hay papel de sobra, cerros de papel. Tengo como para escribir durante toda la eternidad y alguien me susurra “Escribe una nueva historia”. Pero no hay historias. Había escuchado del vacío existencial, del universo, del fin del mundo; pero esto no tiene semejanza con ningún concepto. Tampoco me siento parte de la creación. Tan sólo escribo, escribo sin parar. Sólo brotan de mí y la vieja máquina, estas palabras. Ahora estoy en una cama, me encuentro postrado entre blancas paredes. De pronto veo mi estudio vacío y en medio yo que no paro de escribir. Y un olor, un olor penetrante, que me aturde; la asfixia de hallarme encerrado. La asfixia del silencio y ese niño sordomudo al que siempre ignoré y otra vez estoy flotando entre tinieblas.
El silencio y ninguna historia y mi mente en blanco. Bota la pelota y lo veo a él rogando por un poco de atención. Ya no sé quién es y desaparece y la máquina de escribir que parece mirarme y espera. Espera a que escriba una nueva historia, sólo puedo concebir la inexistencia. De nuevo ese sitio, vacuidad y olor a muerte y alrededor oscuridad. No sé que es vida y lo otro sólo me lo recuerda ese olor, que por momentos también olvido. Intento tocar, sentir. La torre de papel y la máquina de escribir no desaparecen; forman parte de mí. Ese silencio y esa calma crecen y me recorre algo similar a un escalofrío. Pienso en un muerto teniendo escalofríos y en eso que no es; en nada. Intento escribir esa historia que la voz me pide y sólo salen estas letras. La descripción de un no sé qué en no sé dónde.
Sé que no estoy muerto ni esto es el infierno. Estoy de nuevo postrado entre cuatro paredes. No puedo moverme y ese niño sordomudo que me mira y ella y ese silencio que me mata. No hay recuerdos, sólo imágenes carentes de significado. Y ahora sólo el vacío por donde caigo. Caigo sin llegar a ningún lado y este artefacto que está conectado a mí. Cientos, miles, millones de hojas que caen junto conmigo y las paredes blancas y esa cama y la oscuridad desaparece y ahora unas luces que alumbran mi rostro; brillan, fluorescencia.
De nuevo tinieblas. Escucho el ruido ensordecedor de algo que taladra mis oídos, horada mi cerebro y más oscuridad y el caos; bota la pelota y su rostro… Sigo cayendo y escribo. Deseo la muerte, un fin, y sigo en medio de nada. Puedo gritar e imploro a gritos que alguien se acerque y me inyecte, pero nadie me escucha. El silencio y la soledad me aplastan y comienzo a no sentir mi cuerpo. No lo percibo y poco a poco desaparece, se disuelve y mis dedos se esfuman; se pierden entre palabras jamás escritas.

Fernanda Sánchez







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MensajeTema: Re: CONVOCATORIA LITERARIA : CUENTOS PARTICIPANTES   Vie Oct 28, 2011 2:52 pm

Un nivel excelente de narrativa, donde el misterio y el juego psicologico que se entabla en algunos logran mantener expectante al lector.

Un placer leerlos,yo sigo en el intento
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MensajeTema: Re: CONVOCATORIA LITERARIA : CUENTOS PARTICIPANTES   Sáb Oct 29, 2011 12:02 am

La casa abandonada



Caminábamos por una gran calle. Estaba desierta y muy en silencio, no había mucha gente. Era un silencio escalofriante pues retumbaban los pasos sobre el pavimento haciendo más tétrico el momento.
En pláticas se había mencionado que, por esa calle de ese pequeño pueblo, años atrás habían muerto tres integrantes de una familia. El padre llamado don Pancho, la madre, doña Petra, y la hija, Dulce. Lo más curioso del caso es que nunca se supo quién o quiénes les dieran muerte. Era una familia común y corriente como todas las del pueblo, no tenían problemas con nadie. La hija, de unos veinticinco años, era una mujer muy bella, sencilla y no se le conocía novio alguno, pues el padre era un hombre demasiado celoso. Decía que su hija estaba destinada para alguien especial.
Don Pancho y su esposa vivian aislados del pueblo porque practicaban la hechicería, matando gallos negros y ovejas o carneros, bebiéndose la sangre en luna llena. La gente les temía y casi nunca convivían con ellos.
Eran las doce de la noche cuando a lo lejos se escucharon unos gritos desgarradores. Se confundieron con los ladridos de un montón de perros que por ahí asistían. Nadie se dio cuenta de nada. Al día siguiente, la puerta de la casa se encontraba entreabierta. Nadie se atrevía a entrar por miedo a Don Pancho, que era de armas tomar, no haciendo caso de lo que habían escuchado la noche anterior.
Pasaron tres días, un aroma nauseabundo se esparcía por los alrededores. Esto hizo que los vecinos empezaran a sospechar que algo había ocurrido en ese hogar. Fueron por el comisario que por ese entonces ejercía y entraron despacio, sigilosamente. De pronto, quedaron paralizados y abrieron tamaños ojos desorbitados al ver aquel cuadro horripilante. Caminaron hacia atrás, pues los cuerpos de don Pancho, doña Petra y Dulce, estaban colgados de los pies y no tenían brazos. Las cabezas no tenían ojos y les habían cortado la lengua y las orejas.
Las autoridades estuvieron investigando el caso, hicieron las autopsias. Pero, todo indicaba que habían muerto a causa de un infarto por la impresión de lo que vieran. Nunca se supo quién fue el causante y hoy en día esa casa aún existe. Y al dar la medianoche, los mismos gritos desgarradores se pueden oír en el silencio y una que otra persona ha visto que las almas de don Pancho, doña Petra y Dulce, rondan por la casa como si todavía existiesen.
Nadie se atreve a acercarse a la casa pues temen que algo similar les pueda pasar. Se cuenta que don Pancho había hecho un pacto con el Diablo y al no cumplirlo, el mismo demonio le hizo pagar caro tal decisión. Quiso retractarse de sacrificar a su hija como ofrenda y caro lo pagó, pues esa misma noche murieron.
Por eso, las pocas personas que aún viven por ahí, llagada la noche, no salen de sus casas por temor a lo que les pueda suceder.


María de Lourdes Hernández Fuentes
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MensajeTema: Re: CONVOCATORIA LITERARIA : CUENTOS PARTICIPANTES   Dom Oct 30, 2011 6:39 am

La bruja que me seguía



Cuando yo tenía unos diez años, mi mamá siempre me decía que si la desobedecía, la bruja me iba a seguir y no me iba a dejar en paz hasta que me diera un buen susto, aprendiendo así la lección.
Mi madre se había dormido como todas las tardes. Tomaba un descanso de unas dos horas y nos dejaba a mis hermanos y a mí viendo televisión. Pero cuando nos aburríamos, salíamos al patio a jugar a las escondidas o a los encantados.
Ese día era ya tarde, el otoño había empezado y oscurecía mucho más temprano. Llovía a cántaros, yo salí a la calle a mojarme con otros niños y ni siquiera pensé que se enojaría tanto. Cuando se despertó y preguntó por mí, mis hermanos le dijeron que andaba en la calle y me mandó a buscar. Entré a la casa, me dio una santa tunda con un cinto y me asusté mucho, a la vez de sentirme tan triste que salí de la casa a esperar a mi papá.
Me fui a esconder detrás de unos árboles, desde ahí miraría cuando llegara del trabajo. De pronto empecé a escuchar un silbido, como cuando chistan. Miré para todos lados pero no vi a nadie. Me moví de ahí y mientras caminaba, sentía que algo venía detrás de mí. Corrí lo más rápido que pude pero estaba oscurecido y me caí raspándome las rodillas. Cuando me levanté, vi cómo algo flotaba frente a mis ojos. Era una figura de aspecto borroso, le volaban algunos velos rotos y sucios cuando alcancé a visualizar el rostro. ¡Ahhhhhh!, qué susto! Era horripilante, mi corazón se quería salir, me quedé casi paralizada. Fue tanto el miedo que de pronto me acordé de lo que me decía mi mamá: “¡Pórtate bien porque si me desobedeces, la bruja se te va a aparecer y te va dar un buen susto!”.
De inmediato emprendí corrida a casa. Para cuando entré, mi madre ya salía a buscarme. La abracé diciéndole que jamás la iba a desobedecer, qué iba a portarme bien. Empecé a llorar y me preguntó qué mosca me había picado, por qué ése cambio. Le dije que había visto a la bruja y que me siguió. Ella sólo sonrió pues pensó que era mentira. Me decía eso para que me portase bien y no hiciera travesuras. Yo insistí, le dije que me había seguido y le enseñé mis rodillas raspadas. Pero mi madre dijo que era mi consciencia que me castigaba por portarme mal y desobedecer.
Nunca más se me volvió a aparecer la bruja pues aprendí la lección. Han pasado los años y aún me pregunto si en realidad ocurrió. No deseo indagar, sólo guardo ese viejo y desagradable recuerdo que me sigue obligando a portarme bien.



María de Lourdes Hernández Fuentes




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MensajeTema: Re: CONVOCATORIA LITERARIA : CUENTOS PARTICIPANTES   Dom Oct 30, 2011 7:14 am


Que buenos aportes...pues es muy dificil escribir encontrando originalidad en un tema muy usado en libros y peliculas...
Siempre que pienso en una trama mi mente hace relación con algo que ya vi por tele o algúnn viejo cuento.
Me cuesta mcuho desprenderme de esos relatos.
Pero veo, gratamente, que hay una diversidad de temas y lo desarrollan con mucha maestria.-

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SAWABONA HERMANOS!!!

Comentar el trabajo del compañero es una caricia al alma del poeta.-
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MensajeTema: Re: CONVOCATORIA LITERARIA : CUENTOS PARTICIPANTES   Dom Oct 30, 2011 12:57 pm

El asunto no es ser original, algo que no se espera de este género.
Lo importante es el nudo de tensión, ése que le pone los pelos de punta al lector, cuando la desprevenida víctima se está metiendo en el territorio del horror que el autor insinúa para nosotros.



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MensajeTema: Re: CONVOCATORIA LITERARIA : CUENTOS PARTICIPANTES   Lun Oct 31, 2011 3:03 am

Sombras o simplemente fantasmas



Cierto día de invierno, Hugo dijo que había visto unas sombras en su habitación. Le dio miedo pues sintió un escalofrío por todo su cuerpo, una corriente de aire helado que casi lo infarta. No era la primera vez que sentía algo así.
Cayendo la noche y pasadas las horas a la madrugada, como entre las tres y las cuatro, de repente sintió que algo lo arañó. Estaba tan profundamente dormido, que claramente un dolor punzante lo despertó. Cuando se inclinó sobre sí, tocándose el pecho sentía un gran ardor. Se levantó la camiseta y se dio cuenta de que tenía una gran marca.
Inmediatamente, corrió a la otra habitación para pedir ayuda. Su madre que dormía plácidamente, se despertó por tanto alboroto. Oyendo a su hijo hablar de lo que había sucedido, le dijo que no escuchó nada. Casi todo el tiempo se la pasaba sola en casa, pero le preguntó si acaso había estado usando la ouija. Hugo, que eso no venía al caso; los rasguños están tan palpables en mi pecho y las sombras que he visto están sólo en mi habitación. Ya no puedo dormir a gusto. La madre dijo que habría que traer algún sacerdote para que bendijera la habitación, y de paso, toda la casa.
Al día siguiente, la mujer fue por el cura. Grande fue la sorpresa del sacerdote cuando una ráfaga de aire lo azotó contra la pared haciéndole perder el sentido. La mujer no lo podía creer. Al recobrarse, el cura le pidió que buscara ayuda más profesional, que él no estaba preparado para ese tipo de cosas.
Hablaron con una médium y ésta acepto ayudarlos. Se presentó en la casa e inmediatamente sintió las malas vibras. Al concentrarse y pedir a los espíritus que se manifestasen, los vieron claramente. No era uno ni dos ¡sino cuatro los que, clavando la mirada en Hugo, dijeron haber sido traídos a este mundo desde la tranquilidad de sus reposos!
Hugo se encogió de hombros y dijo que no pensó que estuviera haciendo algo malo. La médium hizo una liberación de la casa e invitó a los espíritus a que se fueran a descansar, que ahí no era su hogar y que tenían que regresar a donde estaban. Con una serie de palabras, velas e incienso, después de dos horas de trabajo los espíritus se fueron y la casa quedó limpia y en paz. La médium le pidió a Hugo que por nada del mundo volviera a jugar con la ouija, pues con ella, se abren puertas a lo desconocido y no sabemos qué demonios o espíritus se apoderan de las almas y del lugar.


María de Lourdes Hernández Fuentes
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MensajeTema: Re: CONVOCATORIA LITERARIA : CUENTOS PARTICIPANTES   Lun Oct 31, 2011 4:05 am

Una noche escalofriante



Era una noche fría y lluviosa con niebla, el viento silbaba. Gabriel venía del trabajo muy pensativo, pues se acercaba Navidad y no contaba con dinero suficiente para esas fechas decembrinas. Dentro de sus pensamientos decía: “¿Qué haré para obtener dinero? ¡Necesito dinero!”. Se lo repetía una y otra vez, pero no encontraba la solución a tan desesperada urgencia.
Solo, iba por la estrecha calle vacía. Ni un alma se miraba, sólo se oían las pisadas de Gabriel sobre el pavimento. De pronto, algo se oyó. Era un silbido; volteó para todos lados pero no vio a nadie. Nuevamente, volvió a escuchar el silbido pero tampoco vio a nadie. Le entró miedo, apresuró el paso, sintió un escalofrío que le hizo enchinar la piel; pues el silbido lo escuchó casi en el oído pero no era nadie. De pronto le arrojaron una moneda a los pies, no alcanzó ni siquiera a ver donde había caído y sintió que algo volaba sobre su cabeza. Al girar y ver algo grandísimo que venía sobre sí, se echó a correr tan rápido como pudo y no paró hasta llegar a su casa.
Cuando llegó empezó a tocar fuertemente la puerta hasta casi derribarla de tan desesperado que estaba. Su esposa preguntó qué quién era y él le dijo “¡Ábreme, por favor!”, a lo que ella le contestó “¿Gabriel, eres tú?”. Le dijo “Sí, ábreme rápido y enseguida te cuento”. La mujer abrió la puerta y lo vio tan pálido y asustado que pensó que le daría un infarto.
“Algo voló sobre mi cabeza y me siguió, era un gran animal pero no lo pude ver pues empecé a correr hasta llegar aquí y del susto no pude ni sacar la llave”.
Nunca supo qué fue lo que le dio el gran susto de su vida siguiéndolo de tal manera. Y jamás quiso averiguarlo.


Lulú Hdz
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MensajeTema: Re: CONVOCATORIA LITERARIA : CUENTOS PARTICIPANTES   Lun Oct 31, 2011 5:06 am

El sótano de mi vecino


¡Cómo se sobredimensiona las cosas cuando uno es chico, todo parece enorme, hasta lo más simple!
La pileta donde aprendí a nadar parecía medio océano Atlántico y hoy, con otra perspectiva, es un laguito insulso. El miedo era algo que no podía explicar pero estaba acompañado de ciertas obsesiones y deseos de descubrimiento que iban más allá de mi temor. La obcecación mayor era el sótano de mi vecino, ésa me acompañó por años.
Vivíamos en un departamento alquilado en el fondo de una gran casa de estilo; enorme, tétrica y oscura. Los vecinos, familia numerosa con un tío medio extraño al que llamaban Tito. Era desprolijo, un bohemio se diría hoy, pero en aquellos años, la rareza del hombrecito me atraía y atemorizaba. El abuelo, cuerpo enorme, tupido pelo blanco; otra hija casada con alguien que venía de vez en cuando, que trabajaba mucho según mi mente infantil; la Susy, nena del matrimonio que casi no tenía padre porque el mío era una figura muy presente.
En el medio de la cocina de aquel caserón de baldosas desvencijadas, estaba la tapa de madera marrón del supuesto sótano que a veces, en mi presencia, ellos abrían y bajaban. Yo pensaba que allí se escondían los muertos asesinados en el barrio. Además, mi madre me amenazaba con encerrarme allí si me portaba mal.
Y… se juntaron muchas cosas que explican la aventura que decidí vivir. Tenía que saber qué había allí, era perentorio, absolutamente necesario. El miedo me ahogaba acentuado por aquellas sentencias de mi madre, “el hombre de la bolsa”, “el petiso orejudo”. Personajes que vendrían por mí si no era buena y que ella decía que de noche dormían adentro, “por las dudas”. Supongo que en esta época un niño se nos reiría en la cara, pero tantos años atrás, las palabras de los adultos eran sabias y de respetar.
Mis padres salían mucho y a veces quedaba sola en mi casa, leyendo, escribiendo o mirando televisión. Ofelia, la chica que me cuidaba, se iba a dormir arriba y esos ratos nocturnos eran apasionantes para mí. Soledad, libros, cuadernos; una festichola que me hacía sentir a mis anchas, más o menos como ahora.
Pero no dejaba de elucubrar mi plan maestro. La terraza de casa daba a la de al lado; por ahí, un pequeño salto y la visitaría de noche. La oportunidad llegó días después. Subí, abrí la puerta del cuarto de mi segunda mamá, Ofelia, que roncaba, y la cerré cuidadosamente sabiendo que no despertaría después de los vasos de vino que se embuchaba cuando mis padres no estaban. Una linterna plateada sería mi compañera, pero claro, al dar el salto quedó arriba y solamente la luz de la noche tuve. Lo que no preví fue la vuelta, se me olvidó; mas en ese momento ni pensaba en ello. Caí en el patio de al lado de la cocina, ingresé a tientas guiándome por mi mapa mental y llegué a la tapa de madera; un gancho que palpé, y ese chirrido familiar.
Sucedió algo que me fue de gran ayuda, al abrir el sótano una tenue luz se encendió y me permitió ver cuatro peludas ratas que afortunadamente me dejaron muda, además de la gran cantidad de bichos de todo tipo que habitaban el lugar. Pero no había llegado hasta allá para amedrentarme por eso. Tragar saliva fue como digerir un bocado enorme, sentía la boca reseca y mis manitos temblaban. Transpiraba frío y las piernas flacas parecían tener vida propia.
Bajé las escaleras en mal estado, los escalones y yo a punto de salir corriendo. Porfiada, continué, tropecé con varias damajuanas de vino y mi blanco camisón se enganchaba con clavos salidos y paquetes de arroz y fideos diseminados por el piso. Llegué a una mesa de trastos viejos; cacerolas sin asas, frascos de vidrios vacíos y pilas de papeles mezclados con fotos. Ésas llamaron mi atención y me entretuve dándoles un vistazo. En ese momento una luz cegadora me iluminó y una voz quebrada y autoritaria me paralizó.
-¡Nena, quién te manda venir acá! ¡Son ellos, seguro! ¡Pero hiciste mal, hijita, las vas a pagar!
Imposible escaparme, el hombre se me abalanzaba furioso y comencé a gritar desesperada. Mis gritos se confundieron con los de mi madre. Estaban mis vecinos, mi padre y hasta Ofelia frente a mí, acusadores. Sabía que se me vendría un reto pero la cachetada de mi madre fue el golpe más bienvenido que tuve en la vida. ¡Y sus tirones de pelo que me regresaron a los tumbos a mi casa hasta los disfruté!
Varios días después me preguntaba a quién se había referido el Tito con “ellos”. Pero mis ganas de investigaciones policiales se habían desvanecido de golpe. Al menos, supe que “el hombre de la bolsa” y “el petiso orejudo” no vivían en el sótano de mi vecino.

Lili Frezza


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MensajeTema: Re: CONVOCATORIA LITERARIA : CUENTOS PARTICIPANTES   Mar Nov 01, 2011 5:15 am

¿Dónde estoy?



¡No puede ser, no me puede estar pasando a mí! Este lugar maldito me tiene atrapado.
Estoy con los pies enterrados y no puedo moverme por más que lo intento. Lo único que consigo es enterrarme más, es como si tiraran de mí hacia abajo.
No recuerdo cómo he llegado a este páramo sin luz. Lo último que me acuerdo, es que me fui a dormir como cada noche. ¿Por qué me encuentro clavado de pie?
Mis ojos no atinan a ver nada, es una oscuridad rara. Es como montañas de brumas negras que avanzan, que me rodean como bailando. Entre ellas vislumbro sombras etéreas que me hacen señas con las manos pero no consigo descifrar sus gestos.
Mis sentidos no pueden más. Grito, ¡grito! Pero no me salen las palabras de la boca. Gimo, maldigo, sollozo. ¡Por favor, ayudadme; sacadme de aquí!
Pero nadie me escucha. Estoy sin fuerzas pues cada vez que intento salir, siento cómo me abandona el aliento. Es un suspiro que una mano que sale de la negra bruma, se lleva.
Estoy condenado a morir lentamente deshidratado. Sin agua ni comida. Tampoco puedo dormir, es como si tuviera grapas en los parpados y no puedo cerrar los ojos. Y voy perdiendo la visión pues ya no me quedan lágrimas. Cada vez que gotea una, parece como si alguien la absorbiera. Como si se alimentaran de mis fluidos.
Ahora veo las sombras que me rodean. ¡Me atraviesan! ¡Ahhhg!

Parte médico: “Después de estar ocho meses en coma, el paciente ha fallecido. Es como si le hubiesen absorbido todos sus líquidos…”


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Jesús Diez












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MensajeTema: Re: CONVOCATORIA LITERARIA : CUENTOS PARTICIPANTES   Mar Nov 01, 2011 11:33 am

Vanessa van der Bilt



La pequeña Vanessa recuerda que durante algún tiempo su nana Elizabeth la llevaba una vez al mes a una casona apartada del pueblo, enclavada en una cima alta. Era una mujer entrada en años, con una cabellera larga que peinaba hacia atrás en una gran trenza que le llegaba a la cintura.
Vanessa, cada vez que iba a ésa casa, pedía a su nana que le colocara unos moños grandes color vino tinto oscuro que guardaba en una caja. Pero notaba que a Elizabeth poco le gustaba adornarla con ellos.
La casona era sobria, oscura y llena de misterios, al igual que las personas que allí vivían. La niña preguntaba por qué tenían ese color acerado en la cara, pero Elizabeth no daba respuesta alguna. Sólo un hombre alto de carácter austero, depositaba un beso en la frente de la niña como gesto de cariño. Los demás miraban a Vanessa de una manera, que con el pasar de los años creyó que era envidia. Cada vez que pretendía recorrer la casa sola, era detenida por el hombre de aquel oscuro lugar, haciéndole pensar que era el dueño.
Ni la niña ni la nana volvieron a la casa y cuando preguntaba, Elizabeth le decía “Olvídate de aquel lugar”.
Al arribar a sus trece años, junto a sus cambios corporales, Vanessa, sobre todo por las noches y especialmente las de luna llena, sentía leves sacudidas en su cuerpo. Asustada, pasaba muchas noches en blanco sin decir nada. Al otro día las ojeras se acentuaban sin pasar desapercibidas para Elizabeth, quien la miraba de soslayo.
Una noche, muy cansada y casi dormida, hacia la una de la mañana un aleteo fuerte y un olor nauseabundo la despertaron. En la oscuridad sentía que algo rozaba su cara; empezó a gritar hasta que llegó Elizabeth para consolarla. Y así continuaron muchas noches robándole la paz a Vanessa, quien sentía mucho miedo a las lunas llenas porque sus experiencias se incrementaban. Algunas noches, al mirarse al espejo, veía chispas que emanaban de sus ojos y asustada se apartaba de él. Otras noches, cuando lograba conciliar el sueño, sentía que una fuerza extraña intentaba arrancarla de la cama.
Cansada de esta situación resolvió preguntarle a Elizabeth qué era lo que le pasaba, y dónde estaba su madre y cuál era su apellido. Ella sólo la miraba con ojos de ternura y colocaba una mano en su cabeza mientras le decía “Mi niña, ¡eso no es nada!”.
El día de su vigésimo cumpleaños, la desgracia llegó a su casa. Al levantarse y dirigirse al cuarto de Elizabeth, giró el pomo de la puerta y en la entrada estaba el cuerpo de ella inmóvil, rígido y con un rictus en la cara y un hilillo de sangre que salía de su garganta, le llegaba hasta el pecho y formaba pozo en el suelo. El dictamen médico corrió por todo el pueblo pero fue ocultado a Vanessa, quien no entendió porqué nadie había asistido al cementerio cuando fuera sepultada.
Al organizar las cosas de la nana, encontró en su mesa de noche un cofre con una llave pegada. La giró y abrió para ver el contenido. Se encontró con un pergamino que mencionaba su nombre “Vanessa van der Bilt”… Y junto a él, la foto de la gran casona.
No podía salir de su asombro, aquel hombre que le ponía la mano en la cabeza ¡era su padre! ¡Claro!, ahora entendía porqué todos le tenían miedo, porqué le sucedían todos esos acontecimientos que la atemorizaban. ¡Pertenecía a la familia de vampiros más grande de todos los tiempos!
Entonces entendió todo y decidió ir a vivir a la gran casona. El primer día de su llegada hacia la medianoche, justo cuando la luz de la luna llena entró en su cuarto, sentada sobre la cama, abrió sus alas y sintió que esa gran fuerza que la sacudía por las noches la arrancaba de su cama y la llevaba fuera de su cuarto. ¡Entonces supo cuál era el olor y el sabor de la sangre!
Al día siguiente se apresuró para recibir los consejos que su padre le daría para iniciar su nueva vida y así continuar con el legado de la familia. El Conde inició mostrándole la caja donde sería depositado su cuerpo exhausto por los años. Sólo la esperaba a ella para continuar el legado. Lloró terriblemente la muerte de Elizabeth quien quiso ahorrarle ése destino. Y más todavía, al comprender que fue su primera víctima cuando aún su espíritu era inconsciente, de que lo escrito se cumpliría.

Etelsaga


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MensajeTema: Re: CONVOCATORIA LITERARIA : CUENTOS PARTICIPANTES   Jue Nov 10, 2011 5:44 pm

Muy buenos cuentos-con la heterogeneidad que es de esperar y que ayuda a crecer, no me parecen parejos de nivel pero sí todos interesantes-Me gustaron mucho "El destino está escrito", "Eu no creo nelas" (me recuerda aquel dicho gallego de "Meigas...haberlas, hailas..."; "Cerveza", cortísimo y redondo cosa tan difícil de lograr,"Invasión". Lo bueno es intentarlo, pero por lo visto además hay muy buenos logros. Estoy realmente contenta de estar entre ustedes. Aún no tengo claro cómo subir un texto-ni texto elegido y revisado lo bastante como para querer subirlo-, pero ya llegará. Felicidades, ojalá este tipo de iniciativas como el concurso se sigan haciendo.

Una pregunta: ¿es lícito subir cuentos de libros ya editados (tengo algunos), o debe ser sólo material inédito?
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Mención Mención: - por sus Grandes Aportes a Letras y Algo Más
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MensajeTema: Re: CONVOCATORIA LITERARIA : CUENTOS PARTICIPANTES   Jue Nov 10, 2011 8:48 pm

Elaine gallega al fin y al cabo dos de los textos que citas
por cierto mios, (el destino está escritoy Eu non creo nelas)
si van sobre esos dichos e historias que pueblan nuestro
verde rincon.
Me alegro te gustasen estan basados en historias que corren
de boca en bocaa mi me llegaron por mi marido las cuenta
con toda naturalidad y su madre hacia lo mismo.
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MensajeTema: Re: CONVOCATORIA LITERARIA : CUENTOS PARTICIPANTES   Jue Nov 10, 2011 11:24 pm





La vidalita


El odio se apoderó de la anciana cuando vio el desorden causado por los curiosos.
-¡Salgan de aquí ya mismo! –ordenó furiosa. -¡Les dije que no entraran en este cuarto!
-No hacíamos nada, abuela; sólo mirar -dijo uno de lo chicos. -¿Para qué guardas estas cosas tan viejas?
-No es asunto tuyo, jovencito -estiró su brazo sarmentoso. -¡Dame eso!
“Eso” era una vieja guitarra que habían descolgado de un grueso clavo hundido en la pared. Para congraciarse con la vieja los cuatro adolescentes la rodearon tratando de hacerla hablar, de que contara historias relacionadas con esas cosas que estaban mirando.
-¿De quién era esta guitarra? -preguntó el que la había tomado.
-Era de mi padre -dijo con acento neutro. -Muy aficionado a la música, todas las noches después de cenar se sentaba en el patio y tocaba esta guitarra. Era capaz de tocar durante horas aunque sólo sabía interpretar una vidalita.
Pasó los dedos temblorosos por la madera reseca y polvorienta. Se estremeció al recordar aquellas noches de su infancia.
El padre obligaba a todos los integrantes de la familia a permanecer de pie, escuchando una y otra vez la misma vidalita. Debían aplaudir a pesar del sueño y de la fatiga.
-Papá nos decía que cuando él muriera dejáramos la guitarra colgada del sauce del patio por las noches -su voz se hizo inexpresiva, -que él siempre y de cualquier manera, vendría a tañerla.
Los chicos intercambiaron miradas cómplices pero salieron juntos antes de que ella cerrara la puerta con tres vueltas de llave.
Esa noche, los mayores, tres hijos, sus esposas y la abuela, se reunieron a cenar y a discutir.
-No puedes ser tan obcecada, mamá; esta casa se viene abajo y se necesita gente para trabajar el campo -dijo uno de los hijos. -No se puede con eso, hay que vender todo.
-¡Sólo muerta me sacarán de mi casa! -lo interrumpió ella. -Aquí nací, crecí y viví toda mi vida. Primero tu padre y después ustedes, se fueron; yo me quedé sola cuidando todo. Y después de tantos años vienes a querer disponer de lo que es mío.
Nadie reparó en la ausencia de los jóvenes para quienes sacar la vieja guitarra y colgarla del sauce pareció la broma más lógica y levantarse a hurtadillas a rasgar sus cuerdas lo más esperable. Lo hizo Joaquín, el mayor de los nietos, aficionado a las bromas como ninguno.
El sonido de una vidalita partió en dos el silencio de la noche campesina, todos se miraron entre sí sin saber de qué se trataba aquello.
-¡Esos chicos del demonio, les dije que no tocaran nada! -se crispó la anciana.
Cuando los mayores salieron al patio los vieron inmóviles debajo del sauce en derredor a Joaquín. Éste, pálido y desencajado, sostenía en sus manos la guitarra.
El espanto se pintaba en su rostro. Sus dedos se desgarraban mientras pulsaban las cuerdas arrancándoles sonidos que eran como gemidos. Aquella música hería el alma.
El tiempo se había detenido pero la vidalita continuaba. Interminable, sollozante, tristísimo. La sangre empapaba la madera reseca, pedazos de carne se desprendían dejando los huesos de las manos al descubierto; hasta que en un esfuerzo sobrehumano, pudo arrojar el instrumento lejos de sí. Cayó en el piso con un sordo crujido y se rompió en varios pedazos.
Pero las cuerdas estremecidas siguieron vibrando y gimiendo su música que hería el alma. Las notas penetraban en los oídos como agujas heladas que producían un dolor indescriptible, arañando la médula, recorriendo los nervios.
La abuela sonrió satisfecha y comenzó a aplaudir. De inmediato todos los presentes la imitaron y, a medida que lo hacían, sus manos se descarnaban y los aplausos tenían sonidos de huesos.
Más allá del patio, los árboles que al principio parecían centinelas inmóviles, agitaron casi imperceptiblemente sus ramas mas bajas. Un destello de luna, colándose entre el ramaje del sauce, golpeó los desnudos huesos de una calavera y de una mano fantasmal que se movía en el aire como si pulsara las cuerdas de una guitarra.





Auranda (Lucía Amanda Coria)





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MensajeTema: Re: CONVOCATORIA LITERARIA : CUENTOS PARTICIPANTES   Vie Nov 11, 2011 10:55 am

Otra vez, mucho de bueno: otra vez me llama la atención la capacidad de síntesis de la persona que firma "Virgilio". Otra vez, me congratulo de este hallazgo que significa esta página.
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MensajeTema: En un día como hoy   Vie Nov 11, 2011 3:26 pm

En un día como hoy



¡Juan, Juan despierta!
Despierta que hay que bajar al pueblo.
Recuerdo la voz de mi madre cuando me llamaba,
y yo la decía madre déjame dormir que hoy es domingo
_ venga hijo- me insistía- que hay que ir a misa, que ya está todo el pueblo allí
Yo de mala gana me levantaba y me vestía poniéndome el pantalón largo y la corbata con el cuello de goma.
Y como cada domingo cogíamos la calesa con el caballo percherón, que ya se conocía el camino y no hacía falta que tomáramos las riendas.
A llegar al pueblo vimos un alboroto en la puerta de la iglesia, nos acercamos y mi madre preguntó ¿Que es lo que qué pasa?
El alcalde se acercó y con cara de preocupación dijo:
Hoy hemos venido como cada domingo y el cura no estaba, es raro pues el siempre nos espera en la puerta para darnos su bendición
Y como no salía hemos entrado a ver qué pasaba.
Pero al entrar no le vimos por eso nos dedicamos a buscarle por todos los lados;
cuando estábamos en la sacristía empezaron a sonar las campanas.
Todos subimos escaleras arriba hasta el campanario creyendo que le pasaba algo, pues el sonido era desgarrador.
Pero a llegar arriba las campanas dejaron de sonar, allí no había nadie.
Extrañados recorrimos todo el campanario para buscarle, pero nada, solo había silencio
Un silencio extraño. Un silencio que se respiraba y un fétido olor que tiraba de espaldas
Ya no sabíamos que hacer y mandamos a buscar al sheriff que estaba de guardia.
Pero no se presentó y su ayudante fue a ver qué pasaba, y cuando llego allí no se encontraba, ni el que fue a buscarlo tampoco.
Bajamos del campanario a tranquilizar a las mujeres que estaban rezando en la puerta.
-Qué horror - exclamó mi madre - ¿Ahora qué vamos a hacer?
El alcalde la miro y la contestó: Pues no lo sé, porque hemos intentado volvernos al pueblo, y no hemos podido, vosotros habéis llegado porque venís por el camino del cementerio que está al otro lado.
El alcalde se rascó la cabeza y dijo: -Que raro está oscureciendo y hemos llegado a las doce AM
Miramos al cielo y vimos con asombro que era verdad.
Todos asustados nos metimos corriendo en la iglesia y nos arremolinamos junto al altar, de pronto la puerta se cerró y las mujeres se pusieron a gritar despavoridas.
El alcalde pidió tranquilidad y nos dijo: -no pasa nada, será un golpe de viento.
Al cabo del tiempo, no sabemos cuánto, se abrió la puerta y entraron dos jóvenes, venían hablando, parecía que no nos habían visto. El joven la estaba contando la historia de un pueblo en el que desaparecieron todos sus habitantes; corría el año mil ochocientos ocho en un día como hoy y esta era su iglesia. La decía que nunca más se supo nada de ellos.
Todos nos miramos con asombro y miramos hacia arriba y vimos la iglesia llena de telarañas a punto de hundirse
Ahora que lo sabemos tendremos que repetir ese día eternamente.

Casi fin……..

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MensajeTema: Re: CONVOCATORIA LITERARIA : CUENTOS PARTICIPANTES   Lun Nov 21, 2011 3:36 pm

El bosque siniestro



Tenebroso bosque en medio de la noche. Y ahí cerca, un caballo se ha perdido. Permanece junto a un árbol, quieto, asustado, buscando con sus ojos el camino de regreso a casa. Está lejos de su amo.
La oscuridad vigila, los árboles gigantes dan terror al mirar sus ramas. Se sacuden por el viento que viene del norte produciendo un silbido, las hojas secas revoletean en la negrura y pasan las horas. Del misterio de la noche algo emerge. Vuela a las ramas escuchándose un eco, ¡humm, humm!, que se pierde en lo lúgubre. El caballo relincha junto al árbol misterioso, el silencio acompaña el momento. Con pasos entre la hojarasca se ven sombras movedizas, la risa sacudiendo la noche. ¡Ja, ja, ja! Da miedo aquel lugar.
Alguien habla con voz de ultra tumba, lastimera, no se identifica si es masculina o femenina, diciendo:
-¡Esta noche serás mi compañero de viaje!
El espectro tiene figura humana. No se deja ver, se esconde de los claros de luna. Se acerca al animal golpeándole el lomo. El caballo asustado, inquieto, trata de alejarse pero la figura lo alcanza y lo monta diciendo:
-¡Me llevarás hasta el río!
El caballo levanta sus patas delanteras y relincha sacudiendo su cuerpo. No quiere que ese jinete sea su compañía pero no puede hacer nada. Ya el extraño se sostiene, aferrado lo golpea para que camine y lo lleve a su destino. El pánico se apodera del animal; lo refleja en sus patas, se enrienda por los obstáculos que allí encuentra. ¡Cae! Pero el espectro lo levanta como un rayo y el animal mira los ojos del extraño que lo encandilan como fuego; es un ser desconocido.
Corriendo por las tinieblas de la noche llegan al río. La figura hace detener el animal, se baja siempre acompañado de su risa tétrica, ¡ja, ja, ja! Inicia su caminar entre las piedras y el caudal del río, se desliza por la superficie del agua con un llanto de lamento siniestro y se aleja de allí mientras el caballo asustado galopa por aquel lugar llegando a la carretera donde olfatea y se da cuenta que ha encontrado el camino de regreso a su casa. En el cielo se ve el alba de otro día.











maris
Autor Martha Isbelia Pabón Villamizar






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MensajeTema: Re: CONVOCATORIA LITERARIA : CUENTOS PARTICIPANTES   Miér Feb 29, 2012 2:30 pm

Gracias por participar, ahora los invitamos a escribir sobre "Fenómenos Parnormales".

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