
UN CUENTO CHINO
Película: Un cuento chino. Dirección y guion: Sebastián Borensztein. Países: España y Argentina. Año: 2011. Duración: 90 min. Género: Comedia dramática. Interpretación: Ricardo Darín (Roberto), Huang Sheng Huang (Jun Quian), Muriel Santa Ana (Mari), Enric Rodríguez (Roberto joven), Iván Romanelli (Leonel). Producción: Ferardo Herrero, Juan Pablo Buscarini, Pablo Bossi e Isabel García Peralta. Música: Lucio Godoy. Fotografía: Rodrigo Pulpeiro. Montaje: Fernando Pardo. Dirección artística: Laura Musso y Valeria Ambrossio. Distribuidora: Alta Classics. Estreno en Argentina: 24 Marzo 2011. Estreno en España: 17 Junio 2011. Apta para todos los públicos.
Esta película es la historia del encuentro entre Roberto y un chino llamado Jun que deambula perdido por la Ciudad de Buenos Aires en busca del único familiar que tiene vivo, su tío. Roberto es un veterano de la Guerra de las Malvinas. Su vida se ha detenido hace veinte años a causa de un duro revés del destino y desde entonces vive recluido en su casa, atrincherado, casi sin contacto con el mundo, hasta que un extraño evento lo despierta y lo trae de regreso a la vida.
Calificación: 5/5
Señores cinéfilos y amantes del buen cine, recomiendo “Un Cuento Chino” porque nos otorga un guión perfecto, un protagónico (interpretado por Darín) muy bien logrado y unos personajes secundarios con contenido e historia desde el primer fotograma que se imprime.
“Un Cuento Chino”, me pareció literalmente maravillosa.
Si ustedes vienen leyendo mis críticas anteriores, sabrán que no soy de regalar puntaje, ni tampoco dar halagos por doquier. Es más, creo que tanto mi crítica como los comentarios que realizo cuando la peli no es de mi agrado son bastantes ácidos e incluso agretas, pero cuido el bolsillo del que lo lee, ya que una salidita al cine está bastante costosa.
Como bien dije antes, el guión cierra por donde se lo mire, la historia es sencilla más allá de vacas caídas del cielo.
La extraña y fortuita convivencia de Darin con Huang, dos matices completamente distintos (un occidental que no habla una palabra de chino y un asiático sin la más mínima idea del español) pueden llegar a ser almas gemelas unidas por un extraño destino en común. Vacas que caen del cielo, la Embajada China, policía, tornillos y el chico del delivery son ingredientes en un cóctel que Borensztein supo mezclar.
El personaje de Darin está perfectamente logrado. El encierro que posee se nota en su mirada. El arte de su lugar de trabajo, dónde vive, dónde sale a tomar aire, su auto y sus colecciones muestran con detalles y reflejan la soledad que posee el personaje.
El encuentro fortuito entre un ferretero típicamente argentino y un inmigrante chino recién llegado al país es la excusa para una comedia que explota las diferencias culturales y los problemas de idioma, pero sobre todo el carisma de su protagonista.
Huang Sheng Huang, Muriel Santa Ana, Iván Romanelli y Vivian El Jaber completan este casting perfecto esta mezcla que convierte a Un Cuento Chino en una joyita del cine. Este cóctel muy bien escrito y dirigido por Sebastián Borensztein pasa a mi colección etiquetada como “muy buen cine”.
La sala casi llena de críticos (mas allá de lo que luego escriban) estallaba en carcajadas en varios momentos.
Cierro con unas palabras, extracto de una nota realizada a su director.
“No es una comedia. Es una película emotiva, con humor, con algo de humor negro, pues el espectador llegará a divertirse con las dos tragedias que se encuentran”.
Y mi consejo: ¡no se la pierdan!
Daniel Castiglioni
Por Diego Brodersen
A esta altura del partido, Ricardo Darín es indiscutiblemente “el” actor de cine de la Argentina. Como pocos de sus coterráneos, es capaz de regenerar su persona cinematográfica en infinitas variaciones de cierta tipología reconocible, como un primo lejano que volvemos a ver de tanto en tanto y que cada vez es diferente, pero siempre fiel a sí mismo. En Un cuento chino, Darín se transforma en Roberto, un ferretero de barrio cerrado a las relaciones humanas, malhumorado y arisco, obsesionado con su colección de recortes de prensa de historias estrafalarias. Cruza entre la introversión del taxidermista de El aura y la empeñosa bondad del abogado de El secreto de sus ojos, su Roberto es un estereotipo costumbrista al cual el actor logra darle la carnadura de un ser humano. No es poca cosa, particularmente en una película que se resiente por una estructura esquemática y previsible desde la segunda secuencia, luego de que una vaca caiga del cielo en China y el film encuentre al ferretero contando clavos. Literalmente.
El tercer largometraje de Sebastián Borensztein –luego de La suerte está echada y la inédita en la Argentina Sin memoria, thriller rodado en México– elabora su relato y sucesión de gags alrededor de una única idea: los cambios introducidos en la vida del protagonista a partir de un encuentro casual. O predestinado, dependiendo del gusto del espectador. El mismo día de los clavos contabilizados, Roberto rescata de la calle a Jun (Ignacio Huang), un ciudadano chino que no pronuncia palabra alguna de español. Luego de una serie de vanos intentos por encontrar a ese pariente que Jun está buscando con desesperación, la extraña pareja terminará conviviendo temporariamente, con el consiguiente descalabro en la metódica y gris vida del comerciante.
Un cuento chino transita por los caminos que el lector ya estará adivinando: las diferencias culturales, la imposibilidad de la comunicación a través del lenguaje, el malhumor creciente de Roberto ante el inesperado y rotundo cambio de rutina. Agréguesele al guión una mujer enamorada del ferretero (Muriel Santa Ana), quien no parece cansarse de sus constantes desaires, un trío de secuencias fantásticas arruinadas en parte por el uso de los efectos digitales y una serie de personajes secundarios diseñados para contrastar con Roberto por la vía del humor (un policía violento, un par de burócratas de la embajada china) y se tendrá una idea del dispositivo narrativo central de la película.
A medida que la historia se acerca a su desenlace, el componente dramático va ganando peso y el film adopta un tono entre didáctico y moralista. Poco aporta un flashback que intenta explicar las razones del carácter taciturno de Roberto a partir de un trauma del pasado, recuerdo que relaciona la muerte de su padre, un inmigrante italiano, con su participación como soldado en la guerra de Malvinas. Con su puesta en escena funcional dictada por el movimiento de los actores en cuadro, Un cuento chino comienza a parecerse más temprano que tarde al piloto de una serie de tv que podría llamarse, por qué no, “El Tano y el Chino”.
Los mejores momentos son aquellos en los cuales la relación entre los protagonistas se resuelve mediante gestos y miradas. En ese sentido, merece destacarse la no inclusión de subtítulos en las recurrentes líneas de diálogo en mandarín –que arruinarían parte de la gracia del film– y la construcción de un personaje alejado de los clisés étnicos: tal vez Jun sea el primer chino no estereotipado en una película argentina con ambiciones populares y masivas.
MI OPINIÓN
Después de darles la información necesaria sobre esta película de mi país y ampliarla con dos críticas dispares de los entendidos, paso a darles mi opinión porque sabemos que en el cine como en la vida, cada mirada es diferente.
Este encuentro entre estas dos persona distantes en cultura y separadas por la barrera idiomática me parece que va avanzando en un aura de ternura indescriptible, las obsesiones de Roberto, este ferretero que sigue una férrea rutina y el obligado correrse de la misma debido a la aparición del chino me parece genial, y hasta esta amistad que surge cuando las condiciones no son las mejores, al contrario todo es opuesto en la relación. Pero hay escenas reiterativas imperdibles y de una jugosa lectura, el rito del desayuno, ese sacar la miga del pan y comerlo de determinada manera, ese esperar las once para apagar la luz y mecánicamente entrar en el sueño siempre a la misma hora y del mismo modo, el miedo del protagonista de entrar en una relación amorosa, y todo lo que sucede después es realmente digno de ver y gozar.
Y las cadenas se rompen, en este caso las cadenas internas, y esa vaca que cae del cielo, es en definitiva la promotora de volver a la vida a alguien que vivía casi como muerto.
Véanla, siempre espero opiniones y si les gustó me alegra haber logrado que pasen un buen momento con esta película que después de verla nos hace seguir rememorando y tratando de dilucidar el argumento, características que según mi modo de entender deben tener las buenas películas. Esas que sin grandes efectos, solamente mostrando lo cotidiano nos hacen sentir que la historia nos deja algo valioso, para meditar y profundizar.
Chau, hasta la próxima y si tiene títulos interesantes no tienen más que hacerlos llegar que serán muy bienvenidos.
http://locoxelcine.com/reviews/cine-argentino/review-un-cuento-chino/
http://www.cinesargentinos.com.ar/pelicula/3578-un-cuento-chino/
http://peliculas.labutaca.net/un-cuento-chino