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sgrassimeli
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MensajeTema: Editorial, reflexión   Dom Ago 21, 2011 8:13 pm

Que le preguntaría a los jóvenes congregados en las jornadas de la Juventud con el Papa Benedicto XVI en Madrid-España.

Ante todo, comienzo por atajarme sabiendo que el tema del artículo puede generar opiniones discrepantes y aclarando que he tratado de escribir estas palabras desde un lugar inevitablemente subjetivo pero universalmente transferible. Espero haberlo logrado.
Hace muchos años, asistí a un encuentro entre Juan Pablo II con la juventud argentina en 1987. En ese momento, llegaba llena de ilusiones; creencias y unas terribles ansias de cambiar el mundo; pero también con una cuota de ingenuidad y desconocimiento. Desde un lugar, claro, que pensaba era el mejor y menos cuestionable.
También por esa época, nos propusieron reflexionar sobre aquello que nos hacia sentir bien, lo que de alguna manera nos llenaba para no caer en un vacío personal. Alguien me preguntaba; de esa manera; el motivo por el cual decía que estar al lado del que, en ese momento, era mi pareja; influía, en mi bienestar. A lo que respondía que nos sosteníamos; nos dábamos fuerza mutuamente y de alguna manera “nos turnábamos para caer en malos momentos” y nos levantábamos mutuamente. Algo que sólo luego comprendí, escuché entonces como pregunta: que pasaría si ambos están en un bajón al mismo tiempo (a lo que sonreí y conteste: “veremos. Ahora, no sé”).
Como en aquellos encuentros, hoy se cuestiona el tremendo gasto que significan las jornadas. Como en ese entonces, hoy se reprueban y ponen en tela de juicio creencias y no creencias. En la actualidad, la juventud es otra y algunos hechos conocidos públicamente referentes a las acciones de algunos miembros de la rama eclesiástica de la Iglesia, salen a flotar en la superficie de un río que corre con fuerza y desgasta.
Aunque se dice (no lo he escuchado personalmente y por eso no lo confirmo) que el papa Benedicto XVI mencionó que quienes vivan la Fe de una manera personal o individual no eran creyentes o que no se podía ser creyente fuera de la Iglesia, vivo mi espiritualidad personal desde un lugar que he construido poniendo en crisis dogmas impuestos y a conciencia de esa humanidad (vulnerable y frágil) que hace a la Iglesia como Institución formada y llevada adelante por seres humanos.
Es entonces que recuerdo algo muy personal que compartiré: hace apenas cinco años, cuando quien se suponía era mi respaldo espiritual y compañero estaba pasando por el mismo duelo que yo. Ni él me podía sostener, ni yo a él (nunca creí en esto que dicen: “tenés que ser fuerte para tal o cual”. No creo en eso. Cada cual debe hacer su duelo como pueda; pero hacerlo). Entonces fuimos a una playa y, abrazados destilamos el dolor con lágrimas poniéndonos en las manos de lo que fuese que nos pudiera levantar en ese momento para seguir adelante. No le pongo nombre, pero sé que me nutrió para volver a reconciliarme conmigo y con la vida.
Y es eso lo que hoy le preguntaría a esa juventud que se congrega: la búsqueda del sentido particular que para cada cual tenga ese momento presente. Sus proyectos y ansiedades, sus miedos y fortalezas, sus ideas frescas y sus frustraciones, sus sueños y sus trabajos. ¿Redondeo? Los escucharía, más que enseñarles.
¿Y el vació? Esos momentos de nada, de vacío interior, incertidumbre, frustración, de vértigo, ataques de pánico (como suelen definirlo en la modernidad de diagnosticar todo) Esa contradicción como cuando una se relaciona con la naturaleza y se encuentra parada en la base de una montaña y mira hacia la cumbre y se siente ínfima y se puede experimentar la inmensidad o, estando en la cumbre, mirás a tu alrededor y te sentís tan limitada y podes experimentar, a la vez, la inmensidad que te rodea. O cuando te parás frente al mar (vacío, a las siete de la tarde cuando no hay un alma) y vez mar y cielo; cielo y mar y entendés la grandeza de lo que existe más allá de vos (de tu eje). No le pongo nombre, lo dejo ser y me lleno de ello. A veces, sólo a veces, esos momentos de vacío; cuando se aceptan sin entenderlos; se pueden llevar encima y no caer en buscar aturdirte o taparlos.
Y pienso entonces en esas jornadas y en todo lo que se puede hacer y creo (como creo en la grandeza de una Madre Teresa de Calcuta _QEPD_ y en su tremenda obra).
Cuando me dicen que la juventud actual está perdida, entiendo a que se refieren (si se vive un estado de violencia, irrespeto y desvalorización de la vida). Pero (y siempre hay un pero) también entiendo que hay luciérnagas en el campo (bastantes) y sigo agregando unas fichas a una joven que se levanta un Domingo para poner un tender en una plaza y juntar ropa para donar (hoy son tres los tender) y a los que se suman a doblar, remendar y repartir esa ropa. O a un grupo de chicos que hacen rondas repartiendo sopa en las noches frías. ¿En que creo? En muchas cosas como desconfío de otras tantas. Creo, entre otras cosas, en la inmensa sensibilidad de algunas almas lozanas y en la capacidad de disfrutar del milagro de estar vivos.

Silvina Grassi-Meli)
Agosto de 2011
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Martín Renán
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MensajeTema: Re: Editorial, reflexión   Jue Sep 22, 2011 3:32 am

Tan sólo quisiera compartir un cuentito. (no soy bueno para contar)

Estaba un forastero a las puertas de una aldea, y en eso se le acerca a un anciano preguntándole "de qué clase de gente vive en esta aldea" el anciano le responde "qué clase de gente vive en tu aldea" _bueno en mi aldea viven, asaltantes, drogadictos, gente del mal vivir, esposos que se engañan, el anciano le responde esa clase de gente vive aquí, dicho y hecho al cabo de tres día el forastero le dice al anciano -tienes toda la razón- A los pocos días aparece otro forastero repitiendo la misma escena "de qué clase de gente vive en esta aldea" el anciano le responde "qué clase de gente vive en tu aldea" _bueno en mi aldea viven, gente que ama a su familia, trabajadora, que ayuda a su prójimo, gente que está al pendiente de los demás" el anciano le responde esa clase de gente vive aquí. Al cabo de tres días el forastero se retira dándole las gracias al anciano.

Sabes Sil en lo personal me ha ayudado mucho.

un fuerte abrazo a la distancia.

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