Manolito y Juanita tomados de la mano corrían en inmediaciones de un gran campo lleno de hierba. De pronto Juanita le dice a su amiguito:
—Ven acostémonos en el pasto y miremos hacia arriba—
Así lo hicieron y empezaron a ver correr las nubes. De pronto Manolito le dijo a Juanita:
—Mira mi princesa—
¿Dónde? — dijo Juanita
Manolito señaló con el dedo una nube grande y blanca y bordeada por los rayos del sol que corría lentamente sobre el cielo azul.
—Oh! Que bonita está tu princesita, ¿me parezco a ella? Le preguntó a su amiguito.
Pero sin que el respondiera, dijo Juanita.
—¡Mira! El príncipe de mis sueños corre detrás de tu princesa—
—Si—, dijo Manolito sin poder hacer nada.
—¡Oh!, mira como esa cara de perro daña a mi princesa., dijo Manolito.
Si, es que le envié un pensamiento a mi príncipe para que no corriera tras tu princesa.
—Eres mala Juanita—, dijo Manolito.
—No te enojes que ya se fue mi perro— dijo Juanita
—¡Y viene un cangrejo!, gritó Manolito.
—Nooo, ese no es un cangrejo— dijo Juanita.
—Sí, es que no ves bien— y alzando el dedo Manolito le mostró la cola del cangrejo.
—Nooo, ¡ese no es un cangrejo, es la cola de un 8 que no se ha cerrado todavía!—
—Está bien, cerraré mis ojos porque me cansé— dijo Manolito mientras Juanita seguía con los ojos abiertos mirando las nubes.
—No seas lerdo, Manolito, abre ya los ojos, está pasando un carrusel lindo y te lo estás perdiendo!
—¿Dónde— preguntó Manolito?
—¡Míralo ahí!—
—Nooo, vuelves a equivocarte Juanita, es una mariposa la que yo veo ahí—
—Sí es bella, pero está gris y las mariposas no son grises— dijo Juanita.
—No importa su color, solo mírala— respondió Manolito.
—Si, no importan los colores, lo importante son las figuras, dijo Juanita, parándose y tomando de la mano a Manolito, quien ya estaba cansado de mirar las nubes.
Y así tomados de la mano fueron cada uno a su casa con la promesa de volver a ver ilusiones en las nubes.