Y el canguro hizo de mi lo que ya sabía, que las alturas no son lo mio. Esta atracción de feria con un eje central y ocho brazos en los que reposa una vagoneta en la que caben dos personas, logro mis diez minutos mas malos de hacía mucho tiempo.
Saltos, el corazón en la garganta y mi hijo dejándome a la altura de los zapatos, "Papá no es para tanto". No es para tanto, si tenía el estomago en la boca, "manos arriba genteeeeeeee", gritaba la niña de la cabina, para ya nena, déjate de tontunas, "ahora vamos para atras, venga peñaaaaaaa", saltos, giros y mi cabeza dando vueltas, el culo se elevaba del asiento queriendo volar, mis rodillas golpeaban el hierro, noventa kilos intentando despegar y dos brazos doloridos intentando no soltarse.
"Venga peñaaaaaaaaa, una masssssss" me acorde de la niña que animaba, cientos de veces, aunque no tiene culpa.
Por fin en el suelo, salí vivo si, pero con complejo de miedoso y el orgullo herido, "papá no es para tanto"