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 Sin razón aparente (Revisado)

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Diegobh71
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MensajeTema: Sin razón aparente (Revisado)   Dom Jul 24, 2011 4:19 am

Aca estimados amigos, vuelvo a postear "Sin razón aparente", los primero 5 capitulos revisados, despues de un largo tiempo de estar ausente en la escritura... las musas se me habian puesto en huelga... espero pronto estar posteando otros escritos y algo mas de todo esto. una gran cariño a todos.
Czaroeuf

Sin Razón Aparente

1) La carta sobre la mesita de la entrada

… En estos momentos donde mis recuerdos están casi nulos, simplemente me dejo llevar por la brisa de la tarde. Esa leve caricia que se siente todas las tardes entrar por el ventanal de la casona, donde pasamos gran parte de nuestra infancia. Y ahora esta tan vacía.
Parece mentira, tantos años han transcurrido y sin embargo persiste la extraña sensación de que fue ayer, cuando te fuiste por esa puerta, vestida de blanco rumbo a tu nueva vida.
Y pensar que parecía cargada de felicidad y prosperidad. Un derrotero que comenzaste con el corazón lleno de ilusiones, que poco a poco se fueron quedando en el camino. Si lo sé, suena tétrico que tu propio hermano diga esto, pero es así, lo he visto con mis propios ojos…
Estaba ofuscado, sabía que no importaba lo que el escribiera, no iba a recibir respuesta y, sin embargo el insistía todas la quincenas mandando esas cartas a su hermana perdida en algún rincón de un continente que ni siquiera había pisado en su vida. La tarde se le había pasado de largo como la carta misma, todo estaba oscureciéndose cuando sonó el teléfono que aún estaba sobre aquella mesa de mimbre y madera que su padre había rescatado de entre tanta mudanza realizada. Atendió con cierto desgano, pues ya estaba con el sobretodo en la mano.
-“Si, ¿diga?”
Del otro lado del tubo sonó una voz familiar, tanto que se le dibujo una sonrisa.
-“¡Que haces!, como se te ocurre llamar a esta hora, tenés que fijarte. Está bien, está bien… perdóname, es que es tarde por allá y, son muchas horas de diferencia. ¿Cómo están por allá? ¿El enano? … Qué bueno, mandale un saludo de parte mía… sí, que… ¡no! ¿Enserio? ¿Cuándo?... pero porque no me avisaste antes… Si, obvio, la casa está siempre lista, eso lo sabes bien… pero por favor no me jodas… en serio, decime cuando llegas… okey, si… no te hagas drama… no, pero déjate de joder… hablo con el flaco y te vamos a buscar… en serio… ufa, mira que sos, eh… está bien… pero si no va haber problema… déjamelo a mí… obvio que estoy feliz… como no voy a estarlo… listo avísame cuando sale el vuelo que te vamos a buscar… está bien… llámame… te espero… si yo también tontona…chau”, terminó de colgar el teléfono, se puso el sobretodo y dejo la carta que había escrito sobre la mesita de la entrada, ya no llegaría a destino. Tenía que salir, ahora más que nunca.
Mayo, un mes que disfrutaba bastante. La ciudad le daba la oportunidad de poder recorrerla con un abrigo mientras se sentían las hojas caer de los árboles en esas calles de su barrio, donde las casas todavía eran bajas y, escuchar el crujir de las hojas al caminar por las veredas. Sin embargo sus intenciones se habían desarmado por completo, Martina lo había llamado. Se venía para Buenos Aires, con Nico. Mi sobrino que no conocía. No quiso decirle más, lo dejó así, con las preguntas a boca de jarro. Le había prometido que le contaría todo al llegar.
Había caminado varias cuadras sin parar, cuando se acordó de la carta. Hizo una mueca, metió las manos en los bolsillos del sobretodo, luego de acomodarse el sombrero y, volvió a caminar por entre las hojas como a él le gustaba, pero esta vuelta ese placer se había esfumado. Martina volvía a casa.

2) Siempre, al pie del cañón

“Pasamos muchos años sin vernos y gracias a un contacto fortuito comenzamos a escribirnos. Escribirle, porque ella nunca contesta mis cartas. Cosa que jamás terminé de entender.
¿Cómo se lo voy a pedir al flaco? ¿Cómo le explico?, porque es buena gente, pero si se le ocurre llegar a las 4 de la matina, estoy embromado… Mira que no contestarme las cartas, no se entiende. Y no es que le haya hecho algo, porque al fin y al cabo el que le hacía eso era él. A mí, ni se me ocurre, sea ella o cualquiera… pero menos ella, es mi hermana”
Mis pensamientos me habían llevado al límite, no vi la camioneta que doblaba por la esquina y casi me lleva puesto. Menudo problema iba a ser. El tipo me toco bocina justo, al tiempo que me gritaba alguna de las barbaridades que se estilan en ocasiones como estas. Cuando pude recuperarme del susto, seguí mi camino hacia la casa del flaco.
Las calles estaban desiertas, salvo por algún que otro auto que se escapaba por las esquinas más lejanas. Las hojas habían teñido las veredas e un mar de cobres y tonos rojizos que por lo general me calmaban y hasta se podría decir que me divertían escucharlas crujir, pero hoy no era el caso. Ya me faltaba poco, llegue a la esquina del almacén del gallego y gire a la derecha, faltaban apenas unos metros para la casa del flaco, cuando sentí mi nombre detrás de mí.
-“Carlos, ¿qué haces por acá? ¿No nos juntábamos el viernes?”, era el flaco, un tipo grandote, por donde lo miraras, en realidad le decíamos el flaco para no acomplejarlo, tampoco era gordo, simplemente enorme.
-“Que haces flaco, si nos juntamos el viernes, pero venía a verte.”, dije con cierta vergüenza que se hizo visible, pues se me complicaba ocultarle las cosas a él.
-“¿Qué pasa?”, me pregunto con esa mirada típica de él. Era imposible no contestarle, tenía ese don de sacarte hasta los calzones con esa mirada.
-“Martina”, atine a decirle, con una mueca en la boca.
-“¿Tu hermana? No me jodas”, tenía las manos agarrándose la cabeza
-“Vuelve a casa”, agregue para completar el cuadro
-“Uy, la puta madre, ¿Cuándo?”
-“El miércoles este que viene”
-“¿Ya?, a la marosca. La vamos a buscar, no hay drama”
Así era el flaco, siempre al pie del cañón. Me pregunto porque era la vuelta y se lo explique más o menos dentro de lo que yo sabía, mientras tomábamos una cerveza en su casa. La noche se acercó volando, encendiendo la ciudad con todas las luces, aquí y allá dejando que los espíritus de la noche porteña, se atrevieran a hacer de las suyas por las calles del centro.

3) El último grito

“Sola, con Nicolás a cuestas, que no termina de entender nada de lo que está pasando. Hasta hace un rato mirando la tele y ahora acá afuera, en medio del calor”, sus pensamientos volaban a velocidad luz, tratando de poder poner a resguardo sus vidas, lo poco que les quedaba. Todavía no terminaba de entender como había pasado todo. Estaban en la sala compartiendo una cena, mirando en la tele algún capítulo de esas series que miran los chicos antes de acostarse. Hacía ya mucho tiempo que las cosas no venían bien, sobre todo después de la última internación. Su corazón estaba más oscuro que nunca.
Intentó razonar, lograr explicarle que debían tener paz en la casa, que las cosas no podían seguir así. Pero él insistía, quería tenerla con él en la cama, nada más. Se negó, le contesto que dormiría en el sillón y allí explotó todo. Los gritos desaforados, los insultos, la frase final, que termino con un brazo maltratado y su hijo encima de ella, como si fueran un trapo maloliente, del lado de afuera de la casa. El golpe final sobre el marco lo había dicho todo, no había vuelta atrás.
A duras , tenía la cartera y unos buzos en la mano, a los empujones, como rateros sorprendidos en pleno hurto, fueron echados del techo seguro. El calor, implacable a esta hora de la noche les dio un cachetazo a ambos, dejándolos totalmente desamparados ante la idea de lo que se venía. Caminaron por la cuadra rumbo a la plaza, para tratar de buscar un lugar donde guarecerse hasta decidir qué hacer. Sin dinero, apenas con la cartera y los buzos de verano, pues siempre colgaba todo junto en la entrada a la casa. Se le ocurrió buscar en la cartera, rogando que el móvil estuviera allí. Y cuando roso su lisa superficie plástica, agradeció las viejas costumbres heredadas de su padre, ciertas cosas en ciertos lugares, siempre.
Nico estaba inquieto, preguntando a cada instante cuando iban a volver a la casa. Que por qué los habían sacado así de ahí adentro. Que tenía calor. Que por qué no estaban los tres juntos. Demasiados porqués para Martina, demasiados para contestarlos todos al mismo tiempo. Se giró hacia el niño, lo acerco a su pecho con ambas manos y abrazándolo fuerte, le dijo al oído
–“No te preocupes todo va a estar bien, mamá se va a ocupar de que no falte nada”, al tiempo que pensaba la misma frase para sí misma, esperando que su madre les pudiera dar ese abrigo.
-“¿Papá, ya no nos quiere más?”, pregunto el pequeño con cada de desolado.
-“No lo sé” y lo volvió a abrazar.
La brisa en la plaza de la ciudad, no soplaba fuerte, pero hacía sentir el calor de una manera increíble. Cruzaron la acera hasta una plazoleta cercana a una tienda y allí permanecieron durante un tiempo. Pero, no podían quedarse ahí. Martina tomó de nuevo el móvil y lo abrió, buscando en la agenda el nombre de una de sus amigas. Sabía que era tarde pero tenía que intentarlo. No hubo caso, en los tres números posibles parecía no haber nadie más que la maquina contestadora. No había más remedio que caminar hasta el albergue.
Sería una larga marcha, bajo un cielo estrellado, pero sin ese glamour que sentía al mirarlo algunas noches atrás.
La vida nocturna, estaba en auge para muchos de los que pululaban por ahí, buscando un lugar donde poder sentarse a tomar un trago o dos. La calle donde solían ir tapear algo, estaba atestada de gente, algunos conocidos del lugar. Pero ella no podía darse el lujo de que la vieran a esa hora y con esa facha. Hizo un rodeo por la calle del mercadillo turco y llego al albergue pasada la media noche.
Toco el timbre y esperó. Conocía a la gente del albergue, había ayudado más de una vez a transportar algunas cosas de beneficencia. La encargada de noche abrió la puerta y al verla a ella y a Nico, solos y a medio vestir, simplemente no supo que decir.
-“¿Podemos Pasar Lucía?”, pregunto martina casi con vergüenza.
-“Pero… por supuesto, pasa mujer, pasa… ¿pero qué ha pasado?
-“Pues, nada. Que nos ha largado a la calle sin más…”, la voz de martina sonaba cada vez más apagada.
-“pero coño, que hay con ese tío… ” Lucía, como buena española que lo lleva en la sangre, se puso brava haciendo señas y ademanes, “perdona, pero este tío me pone de culo”
-“Sólo será por esta noche Lucía…”
-“Ni pensarlo, te quedas las que necesites”, la interrumpió Lucía.
-“Gracias guapa”, contestó Nico, que sentía una gran simpatía por la encargada del lugar
-“A ti, rapaz, gracias por decir tanta verdad”, a Lucía le gustaba que la piropearan y más si se trataba de gente joven. No porque fuera una vieja, ni nada, pero le gustaban más cuando algún joven se fijaba en ella, claro tampoco tan niño.
Esa noche, Martina y Nico durmieron en la misma cama, un catre grande, que les había armado Lucía en un cuartito aledaño a la sala donde ella hacia la guardia. Nico estaba inquieto y su madre apenas podía con sus pensamientos, hasta que el cansancio la venció.
Estaba de nuevo en la casa, en medio de la sala de estar, parada frente a él. Ambos desnudos, cosa que no lograba entender por qué. Acto seguido, rodeada de sus brazos, intentaba zafarse, pero no le era posible, él la aprisionaba cada vez más y se le reía en la cara. Martina apenas podía respirar, cerró los ojos pensando que de esa manera lograría acabar con eso, pero no lo logró. Todo termino en esa maldita cama. El encima de ella riéndosele en la cara, y con sus enormes manos forcejeaba por llegar hasta donde realmente quería. Ella, le rogo que no lo hiciera, que la iba a lastimar, él se sonrío y presionó con más fuerza. El dolor fue intenso, sentía como cada fibra de su ser se destruía, se desvanecía a pedazos. Solo pudo gritar, gritar tan fuerte, que Nico a su lado en el catre se asustó.
-“¿Mamá, estas bien?”, el pequeño estaba sentado a su lado preocupado, su mamá había gritado muy fuerte y ahora estaba llorando.
-“Eh! Nada, nada, sólo un mal sueño, dormí amor”, logro decir ella para intentar calmarlo.
-“Bueno”, dijo Nico y la rodeo con sus brazos, apoyando la cabeza sobre su pecho.
Marta esta mentalmente abrumada, había sido un sueño muy real, tanto que sus pensamientos bloquearon las imágenes para no seguir pensando en ello. Apoyo su mano sobre la cabeza de su hijo y, con lágrimas cayendo por sus mejillas, lentamente fue cerrando sus ojos.
Miles de estrellas la rodearon, elevando su etérea figura, hasta la misma vía láctea y, mientras duraba ese derrotero fantástico se oían voces que le decían que había hecho lo mejor, que su vida daría un vuelco, que no volvería a permitirse ni siquiera soñarlo a él.
Y la noche siguió avanzando, en pleno final de primavera, dejando que los sueños de Marta tomaran forma lentamente, hacía un futuro nuevo.
4) Detalles

Martes por la tarde, sus nervios están destrozados. El solo hecho de pensar en volver a abrazar a su hermana lo tenía desbordado completamente, sobre todo porque la última comunicación que tuvo con ella, antes de que le avisara que se volvía, todo estaba de maravillas, hasta parecían de luna de miel.
“¿cuándo se desmadro todo?”, era la pregunta clave en su cabeza
-“A esta hora están volando”, se dijo a sí mismo en voz alta como para estar seguro de sus pensamientos.
En medio del silencio en que estaba sumergida la casa, en la entrada sonó el aparatoso teléfono negro, que todavía conservaba desde la época de sus abuelos. Camino unos pasos por el pasillo y tomó el teléfono inalámbrico que había en el estudio. Era Laura, una amiga en común que tenían con el flaco.
- “¿Carlos? Laura, ¡me enteré por Néstor que llega tu hermana, mañana!”
-“Si, mañana a la madrugada, un quilombo”, contestó él. No quería que todos se enteraran de golpe, necesitaba algo de paz, pero sabía que sus más íntimos no se iban a quedar afuera, así nomás.
-“Me hubieras avisado y te daba una mano con la casa. ¿Tenés todo listo?”, la típica pregunta de Laura, siempre atenta a todos los detalles.
-“Quédate tranquila Lau, esta todo bajo control, hasta les hice las camas, no te preocupes…”, contestó él.
-“Tá, per o cualquier cosa me chiflas, mira que no tengo drama…”
-“Gracias negra, pero no hace falta. Igual lo tengo en cuenta, gracias… gracias. Chau un beso” y corto la comunicación, la tarde se estaba asomando por las grandes ventanas que daban ala jardín y la melancolía se apoderaba lentamente de Alberto.
Estaba sentado en el sillón de la sala, una habitación de grandes dimensiones, donde su padre había puesto una biblioteca de titánicas proporciones, abarrotadas de volúmenes enciclopédicos y libros de toda clase y color; un muestrario delo que la naturaleza humana es capaz de poner sobre papel para perdurar en el tiempo y en la memoria de la gente. Las mesitas de caoba, traídas vaya uno a saber de dónde, con sus lámparas que nunca supo cómo aparecieron ahí, quizás otra de esas compras raras que hacia el viejo, sin que nadie supiera y, cuando menos lo esperabas estaban ocupando un lugar. En fin, demasiados recuerdos en cada uno de los objetos y rincones de toda la casa, pero esta vez algo le llamó la atención un libro de cierto volumen, decorado con rosas en su lomo. Algo muy extraño entre tantas rarezas conocidas.
“Un álbum de fotos”, se dijo a si mismo cuando lo saco de su lugar y lo miró directo al tenerlo entre manos. “El Casamiento de Martina”, se sorprendió que ese documento estuviera en esa casa, pues su hermana se había llevado todo, bueno, casi todo. Se acomodó de nuevo en el sillón y comenzó a mirar las fotos y los comentarios escritos por su propia hermana días después del evento.
Martina tenía esa costumbre, anotaba cosas en las páginas de sus álbumes, si no lo hacía en la parte posterior de cada foto. Al principio, Carlos se quejaba de que ninguna foto se salvaba de su escritura, pero con el tiempo entendió que la única forma de recordar de quienes o que estaba en cada foto era haciendo eso, por lo que agradeció esta vez que todo tuviera referencias. En las primeras páginas había fotos de todos los preparativos y los novios en distintas ocasiones; pero hubo una foto en particular que lo detuvo, algo así como una alarma que se enciende avisando algo importante.
Ahí estaba su hermana, colgada prácticamente de su novio. Él, con una cara demasiado seria para el asunto. Carlos se sorprendió, cuando intentó recordar su nombre y no pudo. Se lo quedó mirando, parecía un muñeco de cera con un rictus de disgusto o algo parecido. No entendía porque la foto parecía fuera de lugar, hasta que entendió que su recuerdo no era el mismo que había en esa foto.
Estaban en la casa de Tía Sarah, celebrando el compromiso, cuando el flaco, los sorprendió en la entrada de la casa, prácticamente huyendo de las amigas de su hermana que los querían bañar con papel picado. Ahora la foto, mostraba un perfil que en ese instante del hecho, no se había percatado. Una mueca de fastidio, un enojo que superaba lo que cualquier travesura te puede provocar cuando eres la víctima de la broma. Este gesto iba más allá, rayaba el odio.
Nadie se había dado cuenta de ello, pues el comentario de aquellas fotos siempre había sido, “que pesadas, no nos dejaban en paz ese día”. Siempre había sido así. Sin embargo, ahora muchos años después la visión de las cosas eran totalmente distintas.
Carlos siguió pasando las fotos y en muchas de ellas encontró detalles que le indicaban lo que no había visto en esa oportunidad y, ahora había pasado. Dejó el álbum sobre el sillón y busco entre los libros que había en ese sector, una pequeña caja donde sabía que su hermana había guardado varias cartas y fotos. Por supuesto, todas era escritas para él como siempre, cartas que nunca habían tenido respuesta. Pero las fotos eran otro cantar, todas incluían a su esposo o lo que quedaba de ese título. Todas aportaban expresiones que llevaban el detalle de su comportamiento. Decir y hacer cosas diametralmente opuestas, acusar a terceros por ello o por lo menos insinuar que no había tenido nada que ver o la mejor de todas, victimizarse en público, cuando era el victimario con todas las luces.
Al cabo de un rato, cerró la caja y la apoyo sobre el álbum del casorio de su hermana y sin sacarle la mano de encima dijo en voz alta:
-“Hijo de puta”, que sonó como una sentencia de muerte en los espacios de la casa vacía.
5) La gota que rebalsó el vaso

Las calles estaban vacías, el malestar de la resaca de los malos sueños, habían dejado huella en la cabeza de Martina. Se sentía aturdida, molesta, hasta se podría decir con ira contenida, por no haberse dado cuenta que esto iba a pasar tarde o temprano. La habían desalojado del único lugar que sentía como propio, por el cual había luchado todo este tiempo, incluso cuando él no estuvo.
-“Menuda forma de pagarme por todo lo que hice para poder seguir a delante. Ingrato. ¡Hijo de puta!”, su voz se mantenía contenida, pues no quería que Nico la escuchara.
Volvió a buscar su móvil en la cartera y marcó el último número. Esta vez, del otro lado del teléfono sonó una voz conocida.
-“¿Gloria?” preguntó Martina casi con vergüenza.
-“¿Dónde coño estáis? ¡El puñeta de tu marido me ha dicho que los ha largado a la calle!”
-“Necesito que me ayudes a llegar a lo de mi madre, por favor”
Gloria había estado siempre presente en la vida de Martina, desde que había arribado a Europa, se había convertido casi en su ángel guardián y esta no sería la excepción.
-“Niña, te paso a buscar y te llevo, pero dime dónde estás?”
-“En el albergue, con Nico”
-“¿El de la Cruz Roja?”
-“Si ese, gracias Gloria, gracias…”
-“Nada de gracias, tú me esperas que ya voy por ti y el niño”
Media hora más tarde, estaban camino donde vía su madre. Nico, en el asiento trasero, jugaba con los juegos del móvil, mientras Gloria manejaba sin decir palabra, conocía muy bien a su amiga, sabía que en algún momento iba a sacar todo a la luz. Y así fue, Martina en una derroche de palabras lidiando con lo impronunciable, descargó toda su ira contra quién había sido su compañero de vida o por lo menos eso había creído ella.
-“La verdad, te digo que no sé como fue que empezó todo esto. Desde que salió de la clínica no paro de molestarme, de ponerse cargoso de querer estar todo el día haciendo eso…”, empezó a contarle a su amiga. –“Es que no para, no tiene límites para nada. La semana pasada sin ir más lejos se le ocurrió que tenía que vender todo para volverse, imagínate, tenemos todo armado aquí, bueno, por lo menos teníamos… “
Al caer en la cuenta que sus posesiones se limitaban a un bolso, un móvil y un hijo, se apoyó sobre el marco de la cabina del auto y rompió a llorar.
Gloria, simplemente se dedicó a conducir, sin emitir palabra, solo puso un disco en la lectora de compactos y dejo correr la música. Aquella que lograba calmar a las fieras, que ella misma conocía muy bien.
El resto del viaje, simplemente se cruzaron algunas palabras, las justas, las más agradables. El resto se encargaría el tiempo y algún juez cuando llegar el caso.

6) La llegada

En medio de un letargo abrumador, desperté a causa de un ruido molesto. EL despertador estaba amenazando con seguir jodiéndome el sueño, cuando me di cuenta que el día D había llegado. Eran las tres de la mañana, putié por lo bajo por la diferencia horaria y con dificultad me senté en el borde de la cama. Martina y Nico, llegaban en el vuelo de las cinco.
Me apuré a levantarme para ir al baño y vestirme, pues el flaco llegaría en cualquier momento. Ni siquiera iba tener tiempo para poder desayunar, con lo caro que esta todo en el aeropuerto. Me puse mi mejor pantalón de media estación y busque las camperas de abrigo que tenía guardadas en el armario del cuarto de huéspedes, quizás las necesitarían al salir de Ezeiza. No sabía cómo estaba Nico de grande, pues lo había visto tan solo una vez en una foto que vino en la única carta, obviamente no escrita por mi hermana, sino por una amiga de ella. Gloria.
Las tres y media, sonó el timbre de la puerta. El flaco, por supuesto un relojito a la hora de llegar a todos lados.
-“Ya voy”, grite al pasar por la puerta de entrada, -“no encuentro las llaves”
-“Siempre igual, dale, que vamos a llegar tarde”, el flaco me conocía bien, jamás había logrado entender porque siempre me olvidaba donde dejaba las llaves.
-“ya, ya… acá están”, tome la llave de la puerta de entrada y abrí. Ahí estaba grandote, casi tapando la puerta. El flaco, tenía uno de esos gamulanes que había heredado de no sé quién y que le quedaban pintados. La gorra calzada en la cabeza y los guantes que siempre tenía para conducir en esta época del año. Yo, en cambio, parecía un desgarbado personaje de historieta desprolijamente a medio terminar de vestir con el sobretodo en el antebrazo y la boina agarrada con los dientes.
-“Che, miércoles que hace frío”, le dije al flaco apenas cruce la puerta, sin soltar la boina.
-“Y también, si salís así, qué queres, vos también…”, era lógico, demasiado temprano para ser tan estúpidamente ingenuo. Me apuré a arreglarme la camisa y ponerme el abrigo mientras, intentaba cerrar la puerta de la casa y sostenía las camperas. El flaco se dio cuenta que no podía con todo, era demasiado. Me saco las camperas y con un gesto risueño me miro como diciendo “no podes”.
Me encogí de hombros, no podía hacer más… gire la llave y me dirigí al auto del flaco. Tenía el coche en marcha así que estaba calentito. Una vez ubicados, nos pusimos el cinturón de seguridad y emprendimos la marcha.
-“traje café, porque me imaginé que te ibas a levantar justo”, me dijo sonriendo.
-“Como se nota que te gusta hacerme esto…”, me conocía muy bien, sabía que nunca podía levantarme tan temprano, con tiempo de sobra… todo era siempre a los rajes. Tome el termo que cuidadosamente estaba puesto en un canasto que llevamos siempre a los picnics y los jarros térmicos que habíamos comprado en un viaje por el sur.
Un viaje de esos que se disfrutan, que se lucen porque la amistad hace que todo sea más fácil. Había sido un verano de unos cuantos años antes, cuando recién estábamos salidos del secundario. Nos propusimos recorrer el sur en el auto del flaco. Juntamos los petates y unos cuantos mangos para poder pagar todos lo que fuera necesario. Y así casi sin planificar nada salimos a la ruta, para darnos cuenta cuando habíamos llegado a Bahía Blanca, que nos habíamos olvidado todos los cacharros de cocina en el piso del garaje de la casa del flaco. Obviamente, nos largamos a reír, porque sabíamos que íbamos a tener conseguir algo para poder hacer las sopas instantáneas y el café de la mañana, que cuidadosamente habíamos empacado en el baúl del auto. Así eran nuestros viajes, pura aventura.
La autopista Ricchieri como siempre estaba cargada de autos, pero sin demoras. El flaco tomo uno de los carriles ligeros y cuando estableció la velocidad crucero, le pase la taza cargada por la mitad, como a él le gustaba tomar cuando manejaba.
Llegamos al peaje, todo estaba tranquilo, menos yo, que me sentía un manojo de nervios. Martina había vuelto por una causa, pero nada de lo que me había dicho sonaba coherente.
La hora del arribo se acercaba, otra vez iba a poder abrazar a mi hermana, esta vez quizás para siempre.


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MensajeTema: Re: Sin razón aparente (Revisado)   Jue Ago 11, 2011 5:37 pm

Ya te estaba por protestar porque no eran cinco sino seis (pero al poner revisado me tapas la boca porque puede ser que el sexto sea nuevo). Al margen eso. Si bien hay terminología que pueda desconocerse en otros lugares, se entiende muy bien. Un abrazo y seguí adelante nomás (escribiendo y también leyendo eh?).
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MensajeTema: Re: Sin razón aparente (Revisado)   Jue Ago 11, 2011 7:49 pm

Gracias Sil por el apoyo de siempre. Es cierto que el capitulo seis esta presente en este texto, pero debo decir que ciertas circunstancias han obligado a revisarlo todo incluido el 6, que volvi a postear aparte con su texto completo...
Asi que vamos seguir escribiendo... y si tengoque ponerme en linea con la lectura, prometo. besos y fue grandioso verlos despues de tantos años. Saludos por casa. besos.
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MensajeTema: Re: Sin razón aparente (Revisado)   Lun Oct 10, 2011 3:56 am

Este chico se hace presente despues de una larga ausencia repentina y sin poder a las claras decir porque... pero sucedió y lo que aqui sale como "sin razón aparente" hoy a mutado a "paternal, te espera". con blog propio y todo... zLos capitulos han aumentado, por lo tanto los publicare todos de un saque. si es que se puede. sino avisen pues no quiero sacudir al portal, jaja. Iremos por partes.
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MensajeTema: Re: Sin razón aparente (Revisado)   

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