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 Un Vengador.

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Jaime Olate
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Jaime Olate

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MensajeTema: Un Vengador.   Vie Jul 15, 2011 7:41 pm

El detective Martín Lobo y su colega más joven, Daniel González, un diablillo que lo hacía reír o enojar con sus bromas, fueron enviados por la superioridad a la Brigada de Homicidios con el fin de hacer un cursillo de un par de semanas, para enterarse de los últimos adelantos que tan prestigiosa especialidad tiene a nivel internacional. Naturalmente estamos hablando de tecnología de punta para examinar sitios de suceso donde pudiera haber un finado, fallecido fuera de una muerte natural.
Lobo le rogó encarecidamente a González que dejara de hacer bromas “Porque el Jefe de la BH no es muy dado a reír y existe el riesgo cierto que seas sancionado”.
Pero …, mejor vamos a los sucesos que vivieron en la famosa Brigada de Homicidios.

Los asaltos a la locomoción colectiva con armas de fuego tenían a las autoridades enfermas de los nervios ante el clamor de la ciudadanía. La Policía de Investigaciones instruyó a sus funcionarios a que anduviesen de a dos cuando vigilaban dentro de los buses.
Sin embargo, el destino siempre nos sorprende, fue así como el joven detective Reginaldo Rojas, amigo personal y compañero de curso de Martín Lobo, un muchacho que pertenecía una familia de policías, sería trágicamente famoso. Su tío Fabricio Rojas, de 60 años, había llegado a ser Comisario Jefe de Unidad, viudo, vivía solo en una pequeña casa de un tranquilo barrio; él lo instruyó cuando estudiaba en el Liceo para que fuera detective, lo amaba como a un hijo.
El detective Rojas iba sentado en la butaca casi al medio del bus, sumido en sus pensamientos, cuando su instinto lo hizo mirar a los tres individuos que subieron. Inmediatamente comprendió que eran asaltantes descarados que, para su desgracia lo reconocieron como policía. Comenzaron a “pelar el fierro”, es decir sus pistolas, pues conocían la reputación de valiente del joven detective. Una sonrisa burlona se transformó en una mueca de alarma cuando Rojas sacó su arma y disparó al bandido, quien cayó aparatosamente sobre los pasajeros de la fila de enfrente, había recibido el tiro en pleno pecho. Con rapidez apuntó al hampón de atrás y le dio también en la región precordial, con su extraordinaria buena puntería se volvió al malandrín que estaba amenazando al chofer y lo derribó con un tiro en el esternón.
De pie en el pasillo, levantando las manos con su pistola, calmó los gritos histéricos de algunas señoras.
—¡Cuidado, señor! —gritó uno de los pasajeros. Demasiado tarde, el supuesto muerto que estaba casi a su lado se levantó bruscamente y le descerrajó un tiro en la cabeza, los otros dos “resucitados” vaciaron sus armas en el valiente joven y se dieron a la fuga.
La Brigada de Homicidios acudió al sitio del suceso, es decir al bus que permanecía detenido en la calle, rodeados de policías uniformados y periodistas. Después de entrevistar a los pocos pasajeros que no “se corrieron”, llegaron a la conclusión que los asaltantes iban protegidos por chalecos antibalas.
El golpe fue grande para el Comisario en retiro Fabricio Rojas, quien, durante el funeral marchó hasta el campo santo detrás con sus hijas y su familiares, mientras su cara registraba una tristeza infinita; no podía creer que su joven sobrino había fallecido igual que su padre, hermano del jubilado policía.
Cuando Lobo y González se presentaron ante la guardia de la Brigada de Homicidios, recibieron la triste noticia, por lo que acompañaron también en el funeral.
El Comisario Jefe de la gran BH, como es conocida la brigada, Carlos Rodríguez, había sido subalterno de Fabricio Rojas y sabía que el dolor y la rabia los llevaba escondidos en su corazón; era admirador de un Jefe valiente, honrado y muy inteligente. Se abrazaron fuertemente con dolor, en los ojos de ambos se notaba el sufrimiento por tan grande pérdida.


Durante la semana, Lobo y González concurrieron a las charlas y al Laboratorio de Criminalística, quedando asombrados de los adelantos científicos logrados en los últimos años; en un par de días más terminaba el curso y todos los alumnos del país se iban a sus respectivas unidades, donde darías clases a sus colegas.
Martín Lobo estaba descansando en la casa de “Chico” González, cuando escucharon por la radio que tres asaltantes de buses habían sido baleados por un pasajero. Se sumaron al grupo de investigadores, pero no hubo resultados positivos; los antecedentes que lograron de un par de testigos, el resto de los pasajeros se negaron a declarar alegando que ellos no iban en ese bus. Fueron asesinados en plena cabeza por un hombre pelucón, con sombrero, anteojos oscuros y parte del rostro cubierto con una bufanda negra, además portaba una bolsa cuyos detalles no recordaban. Se bajó tranquilamente, guardó su revólver y nunca la policía pudo detenerlo.
El día anterior antes de volver a su Unidad de origen, se hizo una pequeña ceremonia que terminó con unos bocadillos y un vaso de buen vino en el elegante casino de la alta jefatura. Allí Lobo tuvo la agradable sorpresa de conversar con el Jefe de la BH, el Comisario Carlos Rodríguez, con quien en otras oportunidades le había tocado trabajar.
Don Carlos lo abrazó y, tomando los hombros del joven, con sus ojos brillantes por la emoción le recordó que lo conocía desde la Escuela de Investigaciones.
—Colega, sé la gran amistad que lo unía a Reginaldo Rojas; quiero recordarle que su tío, el Comisario Fabricio Rojas fue un gran jefe que a nosotros sus subalternos nos enseñó todo lo que sabía.
El hombre dio una rápida mirada al “Chico” González, que se quedó discretamente alejado.
—Como usted sabe, señor Lobo, continúa la investigación de la ejecución, no tiene otro nombre, de los tres asesinos de nuestro joven amigo. Pero, Dios me perdone, tengo la sensación que mis funcionarios no están cumpliendo con su deber.
Se tomó la barbilla con un gesto de profunda preocupación.
—Sospecho que el ejecutor fue uno de nuestros funcionarios, pues evidentemente el desconocido iba disfrazado..., lo digo por el detalle de la bolsa donde pudo ocultar su disfraz. No habló, sólo se limitó a disparar a la cabeza de los desalmados y eso… es un asesinato; el funcionario debió entregarlo a la justicia.
—Señor…, no sé por qué me dice estos antecedentes.
—Quiero…, perdón, más bien le ruego que con su compañero investigue subrepticiamente e interrogue de nuevo a los testigos. Son dos amigos que viven en un apartamento que comparten con otros estudiantes.
El experimentado detective los dejó solos. Lobo le comunicó a González las aprensiones del Comisario.
—¡Diablos, compadre, nos vamos pasado mañana! ¡Muy poco tiempo para descubrir huellas que otros funcionarios pudieron haber cubierto!
Fueron a la universidad y entrevistaron a los dos estudiantes. Cuando se identificaron como detectives, se miraron extrañados.
—Ya fuimos entrevistados por sus compañeros ¿Falta algo?
Ante la petición de Lobo, repitió literalmente la declaración que habían dado y que él ya había visto escrita y firmada por los dos amigos.
El muchacho más joven, que apenas los había saludado pues la palabra la había tomado su amigo, intervino.
—Saben, como el enmascarado pasó por el lado de nosotros, tuve la sensación de que se trataba de un hombre adulto mayor.
La mirada interrogante de los policías lo instó a seguir.
—Bueno, yo conozco compañeros de curso que tienen canas, por lo que no es raro que algunos jóvenes también las tengan.
—Pero, en sus declaraciones ustedes dicen que el desconocido tenía el pelo negro y largo.
—De acuerdo, no obstante por sobre los anteojos oscuros alcancé a ver una de sus pobladas cejas y la tenía un poco blanca…, a menos que haya sido parte del disfraz.
Lobo quedó unos segundos estático.
—Gra… gracias, han sido muy amables.
El “Chico” González lo tomó suavemente de un hombro y salieron a la calle.
—¿Qué, González, tienes el mismo presentimiento?
Fue una de las pocas veces que el bromista detective permaneció serio y con la vista fija en la distancia, asintió con su cabeza que su sospecha era acertada.
Acudieron a la oficina del Comisario Carlos Rodríguez, quien los recibió de inmediato, ante la mirada cargada de sospechas de los funcionarios policiales que pululaban dentro del cuartel.
Cuando le contaron el detalle de la ceja blanca, el jefe inclinó su cabeza.
—Yo sabía el detalle de la ceja blanca bajo de los anteojos del ejecutor…, sólo quería corroborar mis sospechas.

Cuando los tres llegaron a la casa del retirado Jefe Rojas, la puerta estaba entre abierta.
—Adelante, colegas, los esperaba —no dejó de mirar el televisor ni se dio el trabajo de levantarse para ver quiénes habían entrado. Debajo de sus cejas, una casi totalmente blanca y la otra oscura, sus ojos brillaban.
Los tres se miraron entre si y se acomodaron en el sofá.
—Excelente policía tenemos ¿Eh? ¡Ja! Como para que nos maten uno a uno —la amargura de su voz desgarró el corazón de los tres investigadores.
El Comisario Jefe se puso de pie y abrazó a su antiguo jefe y amigo.
—Rojas, amigo querido y gran detective, sólo veníamos a saludarte.
Silencio fue la respuesta del hombre calvo y pelo blanco. Se inclinó en su sillón y sus manos cubrieron sus ojos; un sollozo y cada uno de los duros funcionarios le dio una palmadita en la espalda; se retiraron, dejando esta vez la puerta cerrada.
Ni una palabra, ni un gesto, ni un juramento, se separaron cada uno a sus labores. Se había hecho justicia, la justicia de un hombre transido por el dolor que actuó fuera de la ley…, pero justicia al fin.

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Invitado
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MensajeTema: Re: Un Vengador.   Vie Jul 15, 2011 8:07 pm

Vaya vengador, una historia muy bien entretejida, un gusto leerla.
saludos cordiales
karina
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MensajeTema: Re: Un Vengador.   Vie Jul 15, 2011 8:55 pm

¿Sera esa la única solución al final?, buen relato amigo, saludos
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Josan
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Josan

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MensajeTema: Re: Un Vengador.   Vie Jul 22, 2011 12:47 pm

Sería bueno que en el mundo existieran muchos vengadores como el retirado Jefe Rojas, y que aplicaran la justicia que las leyes no es capaz de aplicar, pues no puede existe democracia sin justicia.
Muy bueno tu relato amigo Jaime, tengo la impresión de que tu relato es verídico.
Un abrazo y gracias por compartirlo, Josan
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MensajeTema: Re: Un Vengador.   

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