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  La encrucijada de Arturo. Capítulo XVI

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Josan
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MensajeTema: La encrucijada de Arturo. Capítulo XVI   Dom Jul 10, 2011 7:44 pm

El nacimiento de mi hija

Llegó el día del alumbramiento, y por mi jefe supe que había sido una niña, que era muy guapa y que pensaban ponerle por nombre María. De Rosa no sabía nada desde el día que me obligaron a abandonar la casa, pero es obvio que utilizo todos los medios a su alcance, para evitar todo contacto e impedir que pudiera ver a la niña. Consciente de su cruel actitud, sólo me quedaba la esperanza de que al menos, cumplieran lo que en su día me prometieron, ser el padrino.
Por fin decidieron la fecha del bautizo. Mi patrón comunicó a los trabajadores, que lo iban a celebrar a bombo y platillo, como se solía decir; que asistirían muchos invitados de alta sociedad, y que aquel día tan importante para ellos nos darían fiesta. Después de misa nos darían una suculenta comida en nuestra residencia.
Por supuesto, que no podríamos comer junto a los poderosos, sería una bajeza para el caciquismo y, como en principio pensé, no permitieron que un obrero apadrinara a su hija, pero no me quedaría de brazos cruzados, le recordaría su poca formalidad, y su promesa incumplida. En una ocasión que quedamos solos dije:
― Señor Diego, no se olvide que tengo que ser el padrino de la niña.
― Pero bueno, ¡Hasta dónde quieres llegar! ¿No viste que era una broma? ¿Crees que elegiría un delincuente que vino de la cárcel para apadrinar a mi hija?
― ¡Señor, usted me lo prometió!
― ¿Y tú lo llegaste a creer? Valiente ignorante. No quise despedirte en aquel momento, pero debería de hacerlo ahora: ¡Y que no se te ocurra entrometerte más en mi familia! De lo contrario, como te dijo mi esposa, vas a terminar de nuevo en la cárcel. Y ahora, sal de mi despacho y vete a tu puesto de trabajo.
Obedecí sin replicar y me dirigí a mi puesto de trabajo. Sólo deseaba ir ganando tiempo y dejar las cosas como estaban, no pensaba provocar la ira de mi patrón para evitar mi despido y, perder mi única oportunidad de ver a mi hija en el bautizo. Esperaría pacientemente que llegara ese día tan significativo para mí, después buscaría otros caminos habituales en mi vida errante, pero en este caso dejaría atrás una parte de mí.
Por fin pude ver a mi hija, pero eso sí… a treinta metros de distancia, pues a los trabajadores, nos situaron en las últimas filas de sillas de la pequeña Iglesia del pueblo. Las primeras, como de costumbre estaban reservadas para la clase alta, ya que la media no existía: o se era muy rico, o muy pobre. Por lo tanto, la diferencia entre burgueses y trabajadores era muy grande.
Los padrinos fueron elegidos de la familia de Rosa. Como imaginé desde el principio, incumplieron la promesa que me hicieron. Ni siquiera me dieron la oportunidad de ver de cerca a mi hija. Aquel día fue uno de los más tristes para mí, y no pude evitar que mis lágrimas resbalaran por mis mejillas.
Terminado el bautizo, nos dirigimos a nuestro departamento de residencia, allí nos tenían preparada una suculenta comida. Pero mientras mis compañeros se lo pasaron en grande, e incluso se emborrachaban, para mí fue todo lo contrario, pues no probé bocado, y me disculpé con mis compañeros que me encontraba enfermo, ya que estos se percataron de mi tristeza. Después de comer hizo acto de presencia el patrón y nos dio una pequeña charla. Según sus palabras era un día grande en su matrimonio, pues al final de tantos años sin descendencia, Dios había escuchado sus plegarias y les había concedido el hijo que siempre desearon. La verdad que me sentí muy mal cuando nos daba la charla, sobre todo cuando nombro a su ilegitima hija, y en un ademán burla dirigió su mirada hacia mí.
En esta situación angustiosa fueron pasando días, mi trabajo en aquel lugar se me hacía más difícil. Vivía en constante tensión y no conseguía conciliar el sueño, sabiendo que a una distancia tan corta, había un trocito de mi propia carne que no me dejaban ver, y que era la que me retenía allí, en espera de que se diera un momento propicio para verla, aunque fuera una vez en mi vida. Pero los días iban pasando sin esperanza para mí, pues obviamente ponían todos los medios para evitar este encuentro con mi hija. Triste y desmotivado entré en un agotamiento físico psicológico, y dejé de rendir en mi trabajo, tanto como para que me diera un aviso de su descontento, con la amenaza de dar por terminado mi contrato si no mejoraba el rendimiento.
Desmoralizado opté por abandonar. No le daría ese gusto de que me despidiera, me adelantaría a los acontecimientos y, al día siguiente le pediría la cuenta, alejándome del lugar que dejaba una parte de mi vida. Dejaría lo que legalmente me pertenecía, sin derecho a reclamar, pero en mi interior viviría para siempre hasta el resto de mis días. Él, por su parte, me pagó todo lo que me correspondía, sin poner objeción alguna a la decisión que tome. Incluso me animó deseándome mucha suerte, pero en su cara pude ver una mueca de burla cuando, dirigiéndose a mí, me dijo:
Arturo, nos alegramos de que hayas trabajado para nosotros, has hecho un buen servicio a la empresa, tanto mi esposa como yo tenemos que agradecer tu colaboración. Ella no ha podido venir por encontrarse cuidando a la niña, pero me ha pedido que te despida de su parte y te desea suerte.
Si lo que esperaba, es que le diera las gracias por su cumplido se equivocó de persona. Pero no pude evitar unas lágrimas, que empezaban aflorar. Él se percató de mí mal estar, y aun tuvo la desfachatez de herir más mis sentimientos:
¡Comprendo que estés triste amigo, a todos nos pasa igual cuando se trata de despedir a las personas que queremos!
Estas fueron las últimas palabras que oí de aquel hipócrita.

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Jaime Olate
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MensajeTema: Re: La encrucijada de Arturo. Capítulo XVI   Lun Jul 11, 2011 1:48 pm

¡Uf, qué capítulo, Josan! Dolor, burlas, del poderoso Don Dinero.
Un cuadro completo de las enormes diferencias entre ricos y pobres; abusos que lo llevan a uno a rebelarse. Siempre he entendido a quienes luchan en política por un pasar por esta vida más igual; desgraciadamente he visto como cambia un sistema político donde desaparecen los potentados del dinero y aparece la clase mandante que, con evidente desvergüenza, gozan de privilegios tal como aquellos que combatieron. ¡Estamos fritos, compadre! Seguimos siendo atropellados por quienes se creen superiores.
Sigo admirado de tu talento como escritor, un relato que apasiona.
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Josan
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MensajeTema: Re: La encrucijada de Arturo. Capítulo XVI   Lun Jul 11, 2011 4:37 pm

Plena coincidencia contigo amigo Jaime, como tú dices quien manda siempre es Don DINERO, y hasta el más honrado se corrompe por dinero, en verdad te digo que en las próximas elecciones de mi país, no sé ni a quien voy a botar, triste verdad?
Gracias por tu fiel seguimiento a mis letras amigo, créeme que para mi eres una persona excepcional admirable en todos los sentidos.
Un abrazo muy grande amigo, Josan
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MensajeTema: Re: La encrucijada de Arturo. Capítulo XVI   

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La encrucijada de Arturo. Capítulo XVI
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