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 Los Campos de Aldebarán - Capitulo 1 libro 2 | El vástago

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Diegobh71
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MensajeTema: Los Campos de Aldebarán - Capitulo 1 libro 2 | El vástago   Dom Abr 03, 2011 2:20 am

Al unirse dos razas en una sola, mediante las artes antiguas, los grifos habían sido tocados por el mismísimo Aldebarán.
Tenían el poder de resistir la naturaleza de las furias y al mismo tiempo repeler sus hechizos de magia negra. En definitiva, habían sido quienes aseguraron una retirada digna de las razas aliadas a los hombres y dragones.
Durante los días siguientes, entre escaramuzas aisladas y algún que otro encuentro fortuito con tropas diezmadas, que se habían alejado del grupo principal. Las mismas fueron reagrupándose mientras marchaban hacia el torreón, dominio de hombres.
El campamento esa noche se había establecido en un bosque donde los orcos y otros engendros no se atrevían a penetrarlo. Pues aunque nada les impedía hacerlo, al igual que los bosques de menhires, los elfos tenían sus propios encantamientos para poder espantar a los enemigos.
Todo estaba en calma, los elfos atendían con sus medicinas a los heridos y aquellos que podían mantenerse en píe y portar una lanza al menos, se turnaban para montar guardia. Apartados en un claro del bosque se encontraban los tres grandes dragones y Dominus Aldebarán reunidos en capítulo, para decidir junto al Señor de los Elfos allí presente también, como proteger los campos y repeler a las furias y su avance sobre los prados, para evitar que llegasen al torreón y luego al bosque de menhires.
El poder de las furias aumentaba y no parecía ser posible pararlas. Se debía hacer algo y con suma premura, pues si llegaban al torreón o al bosque de los menhires todo podría estar perdido para los campos, convirtiéndose en vastas tierras áridas para siempre. Parecía imposible poder completar tal milagro, sin embargo fue el mismo Dominus Aldebarán herido de muerte, quién reunido con los tres grandes dragones, decidió que era hora de poner a los campos a dormir, hasta que el próximo Dominus pudiera renacer y acabar donde ellos habían fracasado.
-“Maestro de dragones”, pronunció Helios con cierta desazón, -“Bien sabéis que en estos momentos no podremos salvaguardar los campos sin antes poner a salvo a quién en el futuro pueda tomar vuestro lugar.”
-“Lo sé”, contestó
-“La captura del Joven Lamar, ha sido el principio del fin para nuestras razas.” Dijo Elemir, dragón de espíritu.
-“Lo se mi dama”, volvió a contestar el Dominus
-“Mis señores, dama,” interrumpió Urien, señor de los Elfos. –“Existe un encantamiento que puede sernos útil para esta ocasión. Pero su costo puede ser muy alto, aunque debo admitir que el futuro podría salvarse y las furias no tendrían poder sobre estas tierras hasta que la alianza vuelva a ser restaurada.
-“¿Cuál?, pregunto el Dominus apenas terminó de pronunciar el ultimo vocablo.
-“Restaura Dómine”, contesto quedamente el elfo.
Se produjo un silencio sepulcral, todos sabían que eso significaba, sacrificar la vida de uno para preservar el futuro de otros.
-“El Restaura Dómine, libera al dragón de la alianza con el hombre para usar su pleno poder de las artes antiguas y así contraer al mismo tiempo la responsabilidad de restaurarla, cuando el siguiente Dominus en la línea de sangre tenga la edad adecuada para tomar el lugar que le corresponde”, agregó el elfo.
-“Sé lo que implica el Restaura Dómine, lo que no logro entender es como preservan la vida si al ser liberados no tienen obligación”, dijo el Dominus, se sentía acabado, sus intentos por salvar su tierra habían sido abatidos por un puñado de brujas sedientas de poder, que amenazaban con acabarlos a todos.
-“Si nos obliga”, contestó Helios. El dragón se había inclinado hacia adelante mostrando sus escamas ahora deslucidas por el fragor de las ultimas batallas. –“debemos tomar vuestras memorias y conservarlas intactas hasta que la línea de sangre sea nuevamente devuelta “
-“¿devuelta?”, la voz del Dominus sonaba desconcertada.
Durante miles de años, los hijos primogénitos heredaban una y otra vez las memorias de sus antepasados cuando su progenitor moría, dejando en sus manos la Ignis Spada, símbolo de la alianza entre hombres y dragones. Y con ella la transferencia de todas las memorias pasadas, mediante una encantamiento de las artes antiguas pronunciadas por los dragones. Pero en este caso, nosotros los dragones tomaremos las memorias, provocando la muerte del portador, por un bien mayor.
-“Pero mi hijo recién ha nacido, ni siquiera tiene nombre aún”
-“Lo tendrá y será grande y significativo para todos”, agrego Elemir.
-“Deberá ser acompañado por su madre y un mentor, pues donde será llevado no puede perder de vista lo que nuestro mundo significa.” La voz de helios sonaba seria.
“Thailard ha de ser entonces, ha sido quien, ha entrenado y enseñado a los Aldebarán y toda su lía de sangre se encuentra emparentada.”, dijo solemne el Dominus.
-“Entonces que así sea, mi señor”, contestó Lamar

Esa misma noche, se escabullo un mensajero elfico, con un diminuto artefacto, donde un pergamino en código indicaba que la dama de Luz, Alba y su hijo recién nacido debían partir hacia el bosque de menhires, para reunirse con el Dominus Aldebarán, ente otros.

La claridad sobre las montañas blancas, hacían de esas tierras un eterno día, donde los elfos realizaban gozaban realizando sus tareas, entre canticos y bailes de extraordinaria ejecución. Pero en estos tiempos, parte de esa vida se había dejado a un lado, pues la guerra arreciaba y el avance las furias amenazaba la propia existencia de los campos de Aldebarán.
Un esbelto y hermoso elfo caminaba presuroso por el sendero rumbo a la casa de la dama de luz Alba, quién estaba sentada sobre una mecedora finamente tallada de madera de arce, con hermosos detalles de hojas y flores del bosque que la rodeaba, en su regazo, dormía plácidamente un pequeño, de tez blanca, que conservaba todavía los destellos de la genealogía elfica en su sangre. Aún no había decidido su nombre pues presentía que el mismo destino se asegurar de darle el adecuado.
-“Dama Alba”, dijo el elfo al acercarse a ella para entregarle el mensaje escrito en un pergamino elfico, mucho más livianos y fáciles de ocultar para ser transportado de sin encontrado.
Ella tomo el mensaje y lo desplego ante sus ojos, leyendo con todo el tiempo necesario que un elfo se toma aún en los casos más desesperados, para interpretarlo correctamente.
Al poco tiempo, levanto la vista y le dijo al elfo que allí todavía esperaba. –“Es hora de marchar, el futuro de mi retoño está a punto de cambiar”
Esa misma tarde un dragón esperaba sobre el filo de una ladera, con su montura elfica y sus alforjas cargadas.
-“Breeze! Es bueno verte de nuevo”, dijo Alba mientras apoyaba su palma sobre el hocico del dragón.
-“Lo mismo Dama de Luz, sólo que en esta ocasión, es la última”, contestó el dragón.
-“Si es cierto, el último viaje por este maravilloso mundo”, Alba estaba preparada para lo que su destino le había dictado. Todas las Damas de luz, provenientes de la casa de Urien, nacen con un destino marcado e irrevocable, Alba no era la excepción, la única diferencia, era su inminente auto exilio.
El viaje, fue relativamente placentero, pues para evitar todos los problemas que pudieran surgir en el camino al bosque de menhires. El dragón, escaló en altura gracias a las corrientes del aire que provenían de norte, desapareciendo entre las nubes altas.
Había conocido a Breeze en una de los tantos viajes al torreón, mientras su condición de Dama de luz, la hacía participar de la escuela donde preparaban a los hombres y mujeres en el arte de las curaciones del cuerpo con medicinas elficas.
“Como están las cosas Breeze, las montañas a veces son muy cerradas a las noticias del mundo real.”, Pregunto Alba a través de su contacto mental con el dragón.
“Sólo puedo deciros mi Dama que, el futuro de los campos depende de vuestro vástago.”
Estaba todo prácticamente dicho, Alba contrajo contra su pecho al pequeño que aún no tenía nombre. Sintió sus manitos buscando el calor de su piel y supo entonces que esta sería definitivamente la última vez que vería a la tierra que la vio nacer.
Breeze comenzó descender paulatinamente, pues pudo percibir el frío en los pensamientos del crío. El bosque de los menhires aún estaba a unos cuantos iter de distancia.


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MensajeTema: Re: Los Campos de Aldebarán - Capitulo 1 libro 2 | El vástago   Sáb Abr 23, 2011 2:12 am

Como todo texto, siempre merece algunos retoques. no creoque sea ni el primero ni el ultimo.
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