
Y te amé...
Sin pensar en el antes o el después,
como niño recién nacido,
estrenando emociones primigenias,
temiendo perder el raciocinio,
auscultando cada paso, cada frase,
como alimento básico de mi alma…
Y te amé...
conociendo del abismo
de penetrar tus misterios insondables,
jugando a todo o nada por el sueño
de tus manos hurgando en mis secretos,
regalando cada día dignidades,
aquéllas que cuidé como tesoros,
hasta que apareciste y olvidé las consecuencias
Y te amé...
desangrando en cada encuentro
en la transfusión inútil de tu savia,
el líquido de amor que no alimenta
fueron tus dones, regalos sin sentido
que mi corazón hizo crecer como brillantes
guardados bajo rojo terciopelo,
donde descansan las joyas de valor.
Y te dejé de amar...
al ver tu yo supremo
que nada da sin pensar en la cosecha,
que no siembra ternura, no riega los verdes
no acentúa los bellos azules
que las almas femeninas necesitan.
Y me vestí de negro para llorar
el vano amor de no ser correspondida.
Lili Frezza