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 La encrucijada de Arturo. Capítulo V. Engañe a mis abuelos para sobrevivir.

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Josan
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MensajeTema: La encrucijada de Arturo. Capítulo V. Engañe a mis abuelos para sobrevivir.   Miér Feb 16, 2011 6:55 pm

Engañe a mis abuelos para sobrevivir.

No lo pensé más. Aproveché la ausencia de mi padre ― que estaba trabajando en el campo ― y salí directamente hacia la estación de tren como alma que lleva el diablo.
Sólo me llevé la ropa que llevaba puesta, y algo de dinero que sustraje a mi progenitor para poder pagar mi pasaje, más algunos alimentos para consumir en el viaje.
Subí en el primer tren que pasó sin importarme el destino del mismo; lo único que pensaba en aquel momento era poner la mayor distancia posible entre los dos. Tenía demasiado miedo y la certeza de que si me encontraba me mataría.
Durante el viaje, y un poco más tranquilo, pensaba en mi hermana Natalia. Hacía tiempo que no sabía de ella, y mi padre tampoco se había preocupado en recordar que tenía otra hija. Debía de estar bastante crecidita, teniendo en cuenta el tiempo que había pasado desde que se quedó con los abuelos. Igualmente ignoraba cómo la habrían tratado. Pero conocía el mal carácter de mí abuelo y no lo estaría pasando bien.
A todo esto pensé que se me presentaba una oportunidad para hacerle una visita, ya que el tren pasaba por el mismo pueblo.
El problema era cómo justificar mi viaje, pero me inventaría algo para convencerlos. Lo importante para mí, era abrazar a mi hermana y a mis abuelos, después descansaría de aquel penoso viaje, por supuesto, que comería algo, ya que con las prisas apenas me llevé alimentos, y lo consumiría – con toda seguridad – durante el trayecto.
Por fin aquel tren de la época llegó a la pequeña estación del pueblo. Me apresuré lo más rápido posible a apearme, pues contaba con unos escasos cinco minutos para bajar, antes de que prosiguiera su marcha. Otras tres personas se apearon al mismo tiempo que yo, y se dispersaron por diferentes sitios, acompañados de amigos o familiares, que habían acudido a recogerles.
Obviamente intuía, que aunque hubiera avisado mi padre a mis abuelos de mi escapada, casi seguro que estos no sabían nada, pues la comunicación que existía en aquella época, se reducía a las cartas de correo que se escribían, y que como casi siempre llegaban tarde, por lo tanto, en caso de que mi padre les hubiera escrito, no había tiempo para recibirla.
Así, que tranquilo y despreocupado, emprendí el camino que me conduciría a la casa de mis abuelos. Era verano y hacía un buen rato que había salido el sol cuando empecé a sudar, pues el calor era abrumador; pero aparte del calor, me encontraba emocionado al pensar en la gran sorpresa que les iba a causar cuando me vieran.
No tardé en divisar la casa, pero aparte de mi ilusión, también tenía miedo, de que no creyeran mis embustes para justificar mi visita, pues por mi interés propio no podía decir la verdad. El mal – si se podía llamar mal– ya estaba hecho, y lo único que me importaba era salir de la mejor forma posible del paso que había dado.
Apenas me había acercado a la puerta de la casa cuando el perro me olfateó y empezó a ladrar con cara de pocos amigos. Al oír los ladridos salió de la casa una niña ― que reconocí como mi hermana –esta intentó calmar al animal haciéndole ver que se trataba de un buen amigo y, mirándole fijamente a los ojos le dije:
― ¿Pero es que ya no me conoces, Natalia? Soy tu hermano Arturo―sin mediar palabra corrió llorando junto a mí―me abrazó emocionada al mismo tiempo, que salieron de la casa mis abuelos.
Me besaron con asombro, ya que les extrañó que un niño de mi edad, hubiera hecho aquel largo viaje sin un motivo grave. Pronto salí del paso mintiendo y asegurándoles que había sido idea de mi padre, que nuestra economía andaba mal, y que pasábamos hambre. Les calmé y les advertí de que – excepto la escasez de alimentos–lo demás marchaba bien, que, mi padre necesitaba dinero urgente y debería retornar de inmediato para llevarlo, también aceptaríamos alimentos, ya que cualquier ayuda sería bien recibida por nuestra parte.
No cabe duda de que fue mi día de suerte picando el anzuelo, pues gracias a la generosidad de mi abuela intervino en mi favor, sin embargo, mi abuelo era tan tacaño, que bien poco le importaban sus hijos.
Desde la distancia en los años transcurridos, soy consciente de que obre mal engañándoles, pero obviamente cuando uno está desesperado, recurre a artimañas de este estilo para salir adelante, carecía de los medios para sobrevivir y, necesitaba el dinero con urgencia para salir de aquel callejón sin salida, pues cuando la vida nos conduce por un camino de espinas, cada uno recurre a su propio ingenio. En mi caso, no dudé en escoger la picaresca y lo hice con mi propia familia.
Todo salió según mi deseo, y al día siguiente fui acompañado a la estación de tren por mi hermana y mi abuelo, y desde luego no de vacío: pues para aquella época de tanta escasez de recursos me dieron bastante dinero, y un buen paquete de comida. Insistieron, que tuviera mucho cuidado de no perder el dinero. Para más seguridad, mi abuela fue precavida y me hizo un falso bolsillo para guardarlo. Luego lo cosió para que nadie se diera cuenta del truco. De todas formas, nadie podría imaginar que un niño tan pequeño pudiera llevar tal cantidad en metálico, pero toda precaución era poca, y mi abuela quiso curarse en salud para que su aportación se mantuviera a buen recaudo, sin levantar la mínima sospecha.
Mientras esperaba que pasara el tren, mi hermanita no dejó de llorar; en cambio, mi abuelo permaneció serio e impasible, como si no le afectara mi partida. Aunque mi subconsciente estaba lejos de allí, pensaba en un porvenir incierto, y sin tener claro qué rumbo seguir. De momento me vi en la obligación de subir al tren, en dirección a la población que vivía mi padre, ya que el abuelo me había sacado el pasaje en esa dirección. Sin embargo, una vez iniciara la marcha, ya
decidiría lo que hacer. Sonó el silbato del tren avisando de su pronta llegada, de manera que empezamos a despedirnos con abrazos y besos, para – poco después y una vez detenida la máquina – subir a uno de los vagones, situándome en una de aquellas ventanas, pude observar que mi hermana continuaba llorando, mientras me decía adiós moviendo su pañuelo. El tren se puso en marcha y poco a poco los perdí de vista.
Intente lo más rápido que pude, de abrirme paso por el pasillo de aquel vagón maloliente de la época para sentarme, pero los pocos asientos que había ya estaban ocupados, así que no me quedó más remedio que permanecer de pie a la espera de que se quedara alguno libre: tardé en conseguir uno debido a que éramos muchos los que deseábamos lo mismo, pues antes de que alguien dejara su asiento, ya estaba comprometido.
Llevaba más de una hora de pie, cuando una señora se apiadó de mí al percatarse de mi malestar. Me hizo una señal para que me acercara, y levantándose me dijo: “¡Siéntese joven yo me apeo en la próxima parada y casi hemos llegado!”. Le agradecí mucho su gesto, ya que mis pies estaban doloridos de tanto estar de pie. Al fin pude sentarme.
Miré disimuladamente a tres jóvenes compañeros de asiento, que en voz alta, cantaban canciones eróticas prohibidas en aquella época de la dictadura y, que al parecer molestaban a un matrimonio mayor, ya que sus caras eran fiel reflejo de las molestias que estos les ocasionaban.









Última edición por Josan el Mar Jun 14, 2011 3:58 am, editado 1 vez
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Jaime Olate
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MensajeTema: Re: La encrucijada de Arturo. Capítulo V. Engañe a mis abuelos para sobrevivir.   Miér Feb 23, 2011 10:13 pm

Aunque resulte repetitivo, debo decirte que es un agrado leer a un escritor que se preocupa del buena castellano. Además, tienes el talento de relatar en forma entretenida e inteligente situaciones tales como un aburrido viaje en tren.
Respecto al tema ni qué decir, ha ido siendo más interesante, con un vuelco inesperado que ya hace preguntarme qué ocurrirá más adelante.
Felicitaciones de nuevo, un abrazo querido amigo.
Jaime de Chile.
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Josan
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MensajeTema: Re: La encrucijada de Arturo. Capítulo V. Engañe a mis abuelos para sobrevivir.   Sáb Mar 05, 2011 4:56 am

Hola Jaime:
Después de ausentarme por un mes de la pagina por razones ajenos a mi voluntad vuelvo, y lo primero que encuentro es tu fiel comentario a mis letras amigo, te lo agradezco mucho y te dejo un abrazo de amigo, Josan
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MensajeTema: Re: La encrucijada de Arturo. Capítulo V. Engañe a mis abuelos para sobrevivir.   

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La encrucijada de Arturo. Capítulo V. Engañe a mis abuelos para sobrevivir.
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