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 La encrucijada de Arturo. Capítulo IV. En busca de un futuro mejor.

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Josan
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MensajeTema: La encrucijada de Arturo. Capítulo IV. En busca de un futuro mejor.   Sáb Feb 05, 2011 9:02 am


En busca de un futuro mejor.

Nos despedimos de mis abuelos y vecinos, y subimos al tren casi sin equipaje: tan sólo la ropa que vestíamos, ya que no había mucho más que llevar.
Después de todo un día de viaje y, en uno de aquellos trenes antiguos de vapor, arribamos cansados y sucios de carbón a la comarca que nos ofrecieron la finca en arrendamiento, un pequeño pueblo de la provincia de Granada, que distaba de nuestra tierra de origen unos doscientos kilómetros.
Apenas habíamos bajado del tren, cuando vimos que nos estaban esperando los dueños de la finca que nos habían ofrecido en arrendamiento. Saludaron a mi padre con un apretón de manos, y antes de desplazarnos para enseñarnos el terreno y nuestra futura casa, nos invitaron a comer en un pequeño hostal del pueblo. Es obvio que no lo hicieron por generosidad, sino, porque era la hora de comer y el calor era abrumador, pues el trayecto había que hacerlo a pie y nos llevaría aproximadamente una hora de camino.
Recién comidos - como quien dice - emprendimos la marcha, hacia la casa que íbamos a vivir. A todos nos causó buena impresión: además de ser amplia y estar bien cuidada, estaba situada dentro de la finca, abundando muchos árboles frutales alrededor de la casa. La verdad, que nos pareció un palacio al lado de la que dejamos atrás.
En cuanto a la hacienda, tenía poco más de setenta hectáreas. Algunas eran de regadío, también había ovejas, cabras, y caballos; suficiente para trabajar los cuatro sin pasar hambre. Con el contrato de arrendamiento que se firmó, la mitad de los beneficios serían para nosotros y la otra para el dueño. Mi padre consideró que era un poco abusivo, pero terminó por ceder, ya que pensó que, a pesar de todo, las condiciones eran mejores que las que teníamos antes. Eso sí, tendríamos que hacer un esfuerzo y trabajar duro.
Los dos primeros años nos esforzamos al máximo en el trabajo, y creo que mereció la pena: pues no nos faltaba para comer gracias a nuestro trabajo. Sin embargo, la convivencia con mi padre fue de mal en peor, y por lo mínimo no dudaba en pegarnos. Una cosa es el amor y el respeto que se le tiene a un padre, y otra es tenerle miedo.
En aquel tiempo Elena tenía ya diecisiete años y la podría describir como una mujercita alegre, pues a pesar del drama que vivíamos en casa, nunca dejaba de sonreír a los demás. Era de estatura alta y ojos azules, contorno bien marcado delgado. Mi hermana era muy bella, y no era de extrañar que los jóvenes de su edad se fijaran en ella.
Elena siempre tenía que pedir permiso a nuestro padre en caso de pretender salir con amigos, pero normalmente casi nunca se lo daba, ya que según sus palabras lo que hacían los jóvenes era golfear, por lo tanto, no permitía que a su edad estableciera una relación de compromiso. Creo que estaba celoso de su propia hija, dado su parecido con mi madre, además de querer que la supliera en las tareas del hogar.
Al final pasó lo que era de esperar; mi hermana no pudo aguantar más las duras exigencias de mi padre, un día - sin permiso — se fue con un grupo de amigos a las fiestas patronales de un pueblo vecino.
Nunca pude olvidar ese día; al echar en falta a mi hermana, perdió el control de sí mismo vociferando como un perro rabioso: La mataré, decía. Como un loco perdido salió en su busca por todo el pueblo, preguntando a todo aquel que se cruzaban en su camino si había visto a su hija, pero la gente lo ignoraba y no le decían su paradero, pues todo el pueblo lo conocía y sabían que éramos objeto de malos tratos.
Del regreso de Elena no desearía ni acordarme: mi padre, demencialmente enfurecido, se abalanzó con idea de matarla. Sin apenas pensarlo, ayudamos a nuestra pobre hermana que en tan penosa situación se hallaba. Sabíamos el respeto que aun padre se le debe, pero también sabíamos que mi hermana estaba en peligro y, que debíamos ayudarla para evitar que no se repitiera lo que hizo con mi madre. Nuestra intervención dio lugar a que aumentara más su agresividad, saliendo los tres contusionados.
Pero la peor parte la llevo Elena, con rotura de dos costillas. Esta lesión la obligó a un reposo absoluto en cama durante un mes.
Mi padre, como siempre, después de las agresiones nos pidió de nuevo que le perdonáramos, porque no se podía controlar de los nervios.
En la época actual también se dan los malos tratos, pero sé pueden denunciar, sobre todo en países democráticos, pero en aquellos años de recién estrenada la dictadura, en España existía el patriarcado absoluto del padre hacia su esposa e hijos, siendo de lo más normal que pudiera agredirles, sin que tuvieran posibilidad de denunciar estos abusos de autoridad. El poder del cabeza de familia sobre su esposa e hijos era absoluto, teniendo esta suprimida su libertad en beneficio del primero, pues ni siquiera le permitían tener en un banco una cuenta corriente a su nombre, y en caso de querer viajar al extranjero necesitaba el permiso y firma de su esposo.
Después de reponerse mi hermana vivimos por un tiempo sin agresiones, pero poco duró la promesa de cambio que había prometido, después de la agresión a mi hermana volvió a las andadas.
Un día después de pegarle, esta desapareció. Y esta vez sí que fue en serio, ya que no la volvimos a ver. De nada sirvieron sus pesquisas ni sus denuncias tratando de buscarla, fue como si la tierra se la hubiera tragado, con el transcurrir del tiempo la dimos por perdida y fuimos asimilando su desaparición.
Nuestro bienestar económico empeoró, y echábamos en falta mi hermana: sobre todo en las faenas del hogar. Aquí fuimos conscientes, y sobre todo mi padre, de lo que aportaba para el sostenimiento de la economía familiar, y que nunca supimos valorar. En casa solo reinaba caos y desorden, y los tres nos vimos impotentes para llevar a cabo las tareas del hogar, después de regresar agotados de trabajar las tierras.
Para mí su ausencia fue muy dolorosa, pues aparte del cariño que le tenía, Elena era como mi segunda madre, y la lloraba en silencio sin que me viera mi padre y mi hermano Miguel, pues yo nunca deje de perder la esperanza, de que aparecería.
Fueron transcurriendo años, y la convivencia con mi padre iba de mal en peor, pero aún se agravó más cuando empezó a beber alcohol aumentando su agresividad, ¡cómo si fuéramos nosotros los culpables de sus problemas!, siendo yo el más afectado por ser menor. Con mi hermano se lo pensaba más porque le tenía miedo, ya que a sus dieciocho años era más corpulento que mi padre, habiendo desarrollado los músculos en los brazos, por el duro trabajo repetitivo que realizaba en las labores del campo.
Mi subconsciente no paraba de pensar qué podría hacer para liberarme de aquel entorno de agresiones, carecía del calor humano y del amor que un niño necesita de sus padres. Todo funcionaba al revés, sufriendo cada día más golpes y muchas horas de trabajo, un trabajo inadecuado para un niño como era mi caso.
Desmoralizado me propuse no sufrir más aquellos maltratos y esclavitud, pondría todos los medios a mi alcance para salir de mi entorno familiar, y pensé que si Elena se marchó, ¿por qué no lo iba hacer yo? Probaría otros caminos diferentes de los que hasta ahora conocía. Aunque con sólo catorce años, ¿qué podría hacer yo?









Última edición por Josan el Mar Jun 14, 2011 3:55 am, editado 1 vez
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Jaime Olate
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MensajeTema: Re: La encrucijada de Arturo. Capítulo IV. En busca de un futuro mejor.   Jue Feb 10, 2011 11:31 am

Tu estilo realista continúa atrapándonos en el relato de una historia, donde no sólo nos muestras los problemas del protagonista, sino también de un país entero.
Tu talento me lleva a mi infancia y a los recuerdos de viajar en tren, un tren tan diferente a los actuales.
Por otra parte, la audacia de un muchacho aproblemado que decide hacer algo, aunque sea mentir, de pronto me hizo recordar pequeñas rebeliones que terminaban muy pronto; a fin de cuentas, no viví mucho problemas como la España devastada internamente. Apenas recuerdo, cerca de los 6 años de edad, el desabastecimiento que ocurrió en mi país por problemas políticos que se volvieron a repetir, ¡Ja! es cierto que tropezamos dos veces con la misma piedra.
De todos modos, tu relato, tan bien escrito, se refiere a los sufrimientos de la población de menos recursos en una guerra fraticida que Dios nos libre de tenerla, aunque en el pasado hubo situaciones similares de corto plazo, porque predominó el buen juicio.
Continúo leyendo una novela que nos lleva a aquellas situaciones que los libros de historia no son capaces de mostrarnos; esa realidad que tu talentosa pluma nos describe.
Saludos desde Chile.
Jaime.
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Josan
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MensajeTema: Re: La encrucijada de Arturo. Capítulo IV. En busca de un futuro mejor.   Vie Feb 11, 2011 9:04 am

Apreciado amigo Jaime:
Gracias por tu lectura y comentario sobre mi novela la encrucijada de Arturo, pues tu eres el único que me comenta, lo cual te estoy muy agradecido, aunque pienso que quizás no sea esta página la más adecuada para esta clase de relatos o novelas, ya que por lo que veo se dedica casi todo tiempo a la poesía.
Por otra parte, coincido totalmente contigo en tu comentario de la Guerra de España y a la dictadura de tu país.
Te mando un abrazo desde España amigo, Josan
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MensajeTema: Re: La encrucijada de Arturo. Capítulo IV. En busca de un futuro mejor.   

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La encrucijada de Arturo. Capítulo IV. En busca de un futuro mejor.
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