FICHA LITERARIA Nº 30
EL TANGO Y SUS LETRAS SEGUNDA Y ÚLTIMA PARTE
LITERATURA EN LAS LETRAS DE TANGO
Como un golpe de dados que jamás abolirá el azar, son infinitas las letras de tango y sus concomitancias con la historia espiritual de nuestro pueblo.
En lo que va del siglo -y aun antes también, cuando el tango se pergeñaba como el que ahora conocemos- no hay refrán, dicho popular o simplemente un verso que no tuvieran relación estrecha y honda con nuestro quehacer nacional.
Y aunque los exégetas agoten con buena fortuna los diez o quince poetas más destacados o el repertorio más sabroso e incalculable, y al mismo tiempo encubran a centenares o millares de autores a mansalva, jamás se podrá confeccionar un catálogo ejemplar.
Las letras de tango, como poesía, parafraseando a Víctor Hugo, son el eco íntimo y secreto de ese canto que responde en nosotros al canto que está fuera de nosotros. Porque la cuestión no radica en comenzar con Pascual Contursi y olvidar todo lo anterior, y llegar estruendosamente hasta la fecha actual.
Mitología de mitología, épica y canciones, epopeya que debemos enfocar con una vasta literatura oral que escapa al ámbito rioplatense, si ése es el lugar de su gestación y desarrollo, dialogo del hombre con su tiempo, como dijera Antonio Machado acerca de toda su poesía.
Les dejo un escrito mío que me salió del alma, ya que el tango formó parte de mi niñez y lo conocí gracias a mi viejo quien era amante de esta música y un danzarín experto.
INTERROGANTES
Las letras de tango se proponen y articulan como una narrativa singular y es válido, entonces, el interrogante que alguna vez lanzara Macedonio Fernández, en uno de sus tantos golpes dados: "¿Puedo combinar una prosa que despierte en igual grado y orden los sentimientos que cada compás va suscitando en una música?".
El olvido también hace y deshace historia. Muy pocos recuerdan o fingen no recordar que antes que los hermanos Bates y los empedernidos estudiosos del tango pulularan con sus informes detallistas en torno a nuestra música popular, Jorge Luis Borges escribió un libro breve sobre Evaristo Carriego y que uno de sus capítulos lo tituló, ni más ni menos: "Historia del tango". "En el prólogo de las sátiras -decía Borges con audacia- Juvenal memorablemente escribió que todo lo que mueve a los hombres –el deseo, el temor, la ira, el goce carnal, las intrigas, la felicidad- sería materia de su libro. Con perdonable exageración podríamos aplicar su famoso "quidquid agunt homines", a la suma de las letras de tango"
También podríamos decir que éstas forman una inconexa y vasta "comedie humaine" de la vida de Buenos Aires. Es sabido que Wolf, a fines del siglo XVIII, escribió que "La Ilíada", antes de ser epopeya, fue una serie de cantos y rapsodias; ello permite, acaso. la profecía de que las letras de tango formarán, con el tiempo, un largo poema civil o sugerirán a algún ambicioso la escritura de ese poema.
VATICINIOS
A pesar de lo mucho hablado y escrito por Borges, casi con rechazado amor por el tango, siempre admitió tácitamente la existencia de una literatura oral que, a él se le escapó o se le escapaba de las manos; y es que Borges se debía a otro Borges y a un destino ya sentenciado por Epicuro: 'Jamás he buscado gustar a la mayoría; lo que en realidad les gusta yo no lo conozco y lo que en cambio yo sé, ellos no son capaces de comprenderlo". Es justo, entonces, dar a Borges lo que es de Borges y a las letras de tango su verdadera dimensión, como el mismo Borges se encargara de vaticinar. "De valor desigual, ya que proceden notoriamente de centenares y millares de plumas heterogéneas, las letras de tango que la inspiración o la industria han elaborado integran al cabo de medio siglo, un casi inexplicable 'corpuspoéticum' que los historiadores de la literatura argentina leerán o, en todo caso, vindicarán. Lo popular, siempre que el pueblo ya no lo entienda, siempre que lo hayan anticuado los años, logra la nostálgica veneración de los eruditos y permite polémicas y glosarios; es verosímil que hacia 1990 surja la sospecha o la certidumbre de que la verdadera poesía de nuestro tiempo no está en 'La urna', de Banchs o en 'Luz de provincia', de Mastronardi, sino en las piezas imperfectas y humanas que se atesoran en 'El alma que canta'."
Las letras del tango descienden del cuplé.
La letra del tango desciende del cuplé. Por eso, las que se consideraban las primeras letras comienzan todas con ´Yo soy...". "La morocha" no es otra cosa que un cuplé acriollado, un cuplé pampeano. A partir de Villoldo, los letristas hacen cuplés de compadritos. "Yo soy el taita más guapo...". Después aparecen otros tipos de cuplé, los cuplés malevos, los de canfinfleros; ésas eran las cosas que cantaba el viejo Gobbi. Pascual Contursi, aún antes de "Mi noche triste", introduce el sufrimiento, las desdichas dela vida. Así, aparecen por primera vez en el cuplé las penas y los lamentos. A partir de Contursi comienza la cosa. Lo más importante de Pascual Contursi es que cambió la estructura literaria de lo que hasta entonces se cantaba como tango. De la primera persona del cuplé (Yo...) pasó a escribir en segunda persona ("Percanta que me amuraste" y profundizando el cambio introduce el tema narrativo, que algunos llaman argumento, escrito en tercera persona.
Después de Contursi, llegó Celedonio Flores, que tenía una cultura más amplia. Su poesía es de un tono sobrador. La filosofia que encierra su tango "Mano a mano" no tiene nada que ver con el lamento de Contursi en "Mi noche triste". Las letras de Celedonio son más bien conversadas, chamuyadas.
José González Castillo, el padre de Cátulo, tiene algunos temas bellísimos ("Griseta". "Silbando". "Sobre el pucho" y ya a mediados dela década del veinte aparecen Enrique Santos Discépolo, Homero Manzi y Enrique Cadícamo.
Discépolo fue totalmente original. Tenía un temperamento tremendista. Golpeaba al oyente. ("La gente que es brutal cuando se ensaña", decía). Fue una especie de profeta bíblico del suburbio, con gran riqueza de metáfora.
Homero Manzi aportó al tango cultura, lenguaje, imaginación y capacidad para escribir. Idealiza y sus vivencias las convierte en pasado. Enrique Cadicamo posee un extraordinario oficio de letrista con incursiones felices en la poesía. Es grande, además, por la diversidad de temas que toca. Fue un atento lector de modernistas, primero; y de los surrealistas, después. En 1926, publicó un libro de poesías que tituló "Canciones grises", donde mostró una clara influencia de Evaristo Carriego y de Paul Verlaine. Después, volvió a la poesía de tono coloquial porteño.
Cátulo Castillo fue también un óptimo letrista. En él se dieron muchas cosas surrealistas. Metáforas como 'Cerrame el ventanal/ que asoma el sol", impusieron una línea que después profundizó Homero Expósito. La obra de Expósito está siendo revalorizada cada vez más. Acaso porque avanzó demasiado. Llevó la retórica a la sensibilidad popular. Fue tremendamente auténtico y su mérito es el de haber enriquecido un caudal de letras que ya estaba medio anquilosado.
Esa línea surrealista que trazaron Cátulo Castillo y Homero Expósito llegó a su esplendor con Horacio Ferrer, que metió las golondrinas en el motor o baleó con rosas. Eso venía de Manzi.
Sábato, tango y literatura
La estrecha relación con el tango que poseen los personajes de la novela " Sobre héroes y tumbas".
Muchos ejemplos documentan la interactiva presencia del tango en la literatura. Pertenece al tango esa obsesiva visión retrospectiva. Ernesto Sábato(1911) fue promotor de un libro sobre el tango:"Tango-Discusión y clave". No obstante, resulta más interesante y fructuoso rastrear los nexos no declarados y acaso no queridos, en las tupidas páginas de su novela "Sobre héroes y tumbas". En este libro descuella la presencia de la ciudad tentacular, una continua exasperación de la memoria y la protagonista descripta como "princesa-dragón", como "rosa-fango", es una mujer de tango refinada.En efecto, la Alejandra de Sábato, aunque proveniente de una familia patricia resulta a la postre hija ilegítima de Georgina y de un loco, primo de ésta; trabaja en una boutique -apenas algo más que un taller de costura de fines del siglo XIX-, es amiga de oscuros individuos como Bordenave y Wanda, una alcahueta profesional, y concurre a locales de mala reputación; misteriosamente ligada al vicio y la locura. no se atreve a seguir a Martín, que, con sus diecisiete años, está dispuesto a morir por ella y lo atormenta ("Acordate siempre que soy una basura.
¡Qué descanso odiarse!" , no perdiendo ocasión de burlarse de su adolescente enamorado, incluso criticándole un disco de tango: oi que letra, yo quiero morir commigo sin confesión y sin Dios, crucificado en mis penas, como abrazado a un rencor'". A la postre, Alejandra morirá en el incendio de su vetusta casona, luego de haberle disparado un tiro al padre, un 24 de junio (¿mera coincidencia con la fecha gardeliana, la de la tragedia de Medellín, con el fuego, los revólveres y el persistente recuerdo?).
fuente: tangos en la web
http://literaturarioplatense.blogspot.com/2009/06/el-tango-y-sus-letras-poesia.html

