Yo no soy experto, soy un viejo escritor-lector con formación periodística, que participó en buenos talleres de escritura. De tanto ejercer estos “vicios” ya puedo leer sabiendo qué quiere decir un autor y por lo tanto, descubrir cómo lo hace. Hablo de profesionales, que por ejercicio del oficio, desarrollan la idea sin desviarse y con la mayor fuerza posible. Los aficionados hacen “ensaladas” pero ése es otro tema.
Lo primero que se debe tener en claro es la idea que se quiere comunicar. Luego, ver cuál es la mejor forma de presentarla. Qué narrador, en qué circunstancias (en función de los hechos significativos), con qué atmósfera.
En tu caso, por lo poco que he leído de ti, te gusta describir a través del diálogo.
El diálogo es una herramienta que sirve para describir un personaje a través de sus palabras (la forma en que dice hace a lo que es, lo demuestra). Para eso hay que dominar los diferentes lenguajes populares. El diálogo entre un médico y su paciente, entre un hombre rural y el oficinista citadino, etc., puede quedar descrito a través de las palabras que en boca de los personajes se ponen. Pero la técnica es propia del Teatro y tratándose de narradores debe usarse con mucho criterio porque frena muchísimo el desarrollo de la acción. Los cuentos que vos escribís en tres mil palabras a mí me llevan quinientas para decir lo mismo.
El diálogo de un matrimonio para presentar otros personajes y los lazos que los unen, es una pérdida de tiempo. En cuentos es inadmisible y en novelas sólo para hechos significativos (por ejemplo, confrontación entre antagonistas de la idea que se quiere comunicar).
Otra función del diálogo es administrar la información que el autor quiere darle al lector. Sobre todo para ocultarla. Un yo narrador omnipotente frío no puede ocultar información clave sin hacer trampas; un yo narrador que sigue a un personaje puede ocultar información concentrándose en el personaje de modo que no miente, que es el personaje el que no sabe.
Para tu caso, recomiendo el múltiple narrador. Tercera persona a veces, primera en otras. Esto evita el “dijo fulano” o “piensa mengano”, surge solo de las palabras.
Perdón por hablar de mis cuentos pero tengo que ponerme de ejemplo porque soy el autor que más conozco y como tú, aficionado:
“El jarrón de caracolas”: la tercera persona es cinematográfica, sigue a cuatro ladrones que van a robar una casa. El propietario los reduce y secuestra en un intento ganar-comprender. Cada muchacho se define a sí mismo en lo que piensa en cautiverio (contado en primera persona). Sólo las acciones del hombre que los reduce (que representa a la clase media) están narradas en tercera, lo que me permite llegar al final que quería.
“Vacunas sociales”: un muchacho de clase alta, secuestrado para pedir rescate, cuenta lo que siente en tiempo real. De sus pensamientos se deduce quién es y de donde viene, los estadios que pasa antes de sorprenderse con el final son la acción del cuento.
“La piscina de los holandeses”: un personaje le escribe a su amigo porque éste no sabe escuchar y lo interrumpe. Esto me permitió revisar la amistad en un período preciso de la historia y el pasaje niñez-adolescencia-madurez y los temores sexuales, en la quinta parte de lo que me hubiera llevado desarrollar el todo.
“Nadies mata”: un hombre de los sesenta sufre la presión de la sociedad a través de sus compañeros de trabajo que lo obligan a “triunfar” de la forma más despiadada. El yo narrador es una fusión entre primera y tercera persona que en ningún momento perjudican el entendimiento de la historia.
Debes definir en qué género te vas a expresar, cada cual tiene su técnica.
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