Otra extraña mañana.
Las ideas juguetean por mi mente como bolas de billar rebotando en las paredes de mi cerebro.
Mi vida se mece entre cantos de sirenas de un futuro por recorrer y la inmovilidad de lo conocido.
Hay momentos en que la cobardía ahoga todo, el miedo es tan fuerte que asfixia cualquier intento de respirar nuevos aires, de emprender nuevos caminos, de visitar anhelados horizontes.
Por un instante, un segundo de locura hace que mis manos carguen la mochila, cuelguen la guitarra al hombro y mis pies recorran los escasos metros de pasillo hasta la puerta.
Pero cuando tocan el pomo y el frió metal acaricia la piel de mis dedos, en mi mente se dibuja un cuadro. Niños llorando, apenados, desorientados, afligidos por la falta de la persona que hasta estos momentos intento marcar su rumbo, compartir sus inquietudes, participar en sus juegos.
Y el miedo vuelve a surgir paralizando todo intento de caminar hacía el descanso de la escalera.
La ropa vuelve al armario, la mochila a su rincón y la guitarra.....La guitarra que tanto me conoce, entona otra vez la misma canción.
Tus sueños son pasajeros, hermano
vuelve a la comodidad de tu sillón
a vivir viejas y conocidas aventuras
a dormir en un conocido colchón
A respirar el ambiente que te asfixia
pero al que esta acostumbrado tu pulmón
siempre has sido un loco cobarde
incapaz de salir de tu rincón
Ponle mil escusas a tu reposo
llama calma a lo que es terror
pero no te mientas mas a ti mismo
por que ese es tu mayor error