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 EL FINAL...

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juankis
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juankis

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EL FINAL...  Empty
MensajeTema: EL FINAL...    EL FINAL...  Icon_minitimeMar Ene 11, 2011 11:32 am

Te escribo porque después de tanto tiempo sin hablarnos, llamé a tu celular, estaba nervioso. No sabía qué palabra articular… y mientras el carro avanzaba por esta ruta donde alguna vez nos encontramos de casualidad… donde andabas en una camioneta (cuyo modelo en algún momento llegue a odiar) se me pasó por la mente: ojalá responda la contestadora y sabes Julieta… así fue, escuché la voz: deje su mensaje de claro si desea deje su mensaje en la casilla de voz… con toda franqueza Julieta… traté de hablarle al contestador con una voz cálida: - Hola Julieta… soy Juan Carlos... es lunes, son las ocho de la noche, te estoy llamando desde mi casa, espero que no te moleste esta llamada. Te llamo porque ya estoy en Trujillo y me encantaría verte, Dios quiera y aceptes vernos...

Ha pasado un día y en el caso que no contestes, pienso dejarte un mensaje de voz, y por eso me adelanto a los hechos y me siento bien de haberte llamado. No dudo que habrás notado mis nervios, mi indecisión (en el mensaje de voz). Personalmente te digo que odiaría que hayas pensado: otra vez el pesado de Juan Carlos entrometiéndose en mi vida, como si no entendiera que esto no da para mas…
Julieta por favor perdóname y si te llamé fue porque te extraño. Y no me atrevo a decirte que nunca más escribiré una carta en la que hable sobre ti es que quizás siempre tenga que escribir un poquito de ti, por ejemplo esta noche ando pensando en ti y es una manera de decirte que, aunque no me llames y no me hables más, siempre te voy a querer, te voy amar.

Esta mañana me levanté a las diez -tú sabes que me gusta levantarme tarde y sin prisa (veo tus antiguos mensajes y lo compruebo: jc estas durmiendo que vergüenza…)-, fui a la cocina y te recordé cocinando para nosotros… una ensalada, un trozo de pollo… un domingo que jamás ha de volver… me hizo llorar… mientras en el celular ningún mensaje. Todavía no me has llamado. Sé que no me llamarás. Por eso me he sentado a escribirte esta carta.

Julieta, recuerdo bien la última vez que nos vimos, fue en Monserrate, nos dijimos adiós con una mirada efímera, hace casi un mes en que pasé por tu departamento y muerto de miedo, como te imaginarás, porque no sabía cómo actuar, marqué a tu número y dulcemente contestaste y me animé a subir y esperé resignado por tu sensual presencia… pero yo, que siempre espero buenas nuevas… me desilusioné cuando tus ojazos fueron malos… y me hiciste sentir mal… aunque para mi sorpresa, tu hermana y su bebé hayan parecido simpatizar conmigo… no pudieron ir contra tu indiferencia… es que no sé si lo recuerdes como yo: apareciste tú y con el pelo suelto y una sonrisa inesperada y maravillosamente dulce, me dijiste con frialdad… HOLA… No demoraste mucho en bajarme esa mirada y te di un beso en la mejilla (como los de antes de ser enamorados) y de pronto estuve ante tu familia y ante ti como un extraño mas… mientras revisaba el computador hablamos cuatro cosas sin importancia, yo por supuesto embriagado por la felicidad de ver que todavía me admitías presencialmente te ofrecí un cerealbar que te había traído y diplomáticamente me lo rechazaste y creo que estabas apurada porque ya querías que desapareciera de tu presencia y mis esperanzas iban muriendo, iban agonizando… aunque en honor a la verdad, me pareció sentir que no estabas tan contenta de verme y te juro Julieta, te veías linda, como siempre: tu pelo largo y negro, tu invencible sonrisa, tu marca registrada (tu boquita), tus ojazos que me vieron desfallecido, ese cuerpo agradable, de una lividez tan sensual, que alguna vez acaricié en verdad… mejor hago una pausa y prefiero no seguir para no sufrir…
A estas horas, amada Julieta te digo que te admiro, que me siento orgulloso de ti. Sigo admirándote. Has hecho un cambio inesperado en mi vida y gracias a tu inteligencia y tu espíritu de lucha (Camilo), nunca imaginé que la chica reílona que se paseaba tan risueña y sensual por las inmediaciones de la universidad, aquella chica que conocí gracias a Maritere llegaría tan lejos como has llegado, yo te lo digo y te lo escribo una vez mas y quizá esta noche sea para robarte una sonrisa es que yo a duras penas estoy terminando la universidad y con sobria voluntad estoy cocinando mi tesis… mira tú, todo lo que has logrado por tus propios méritos, todo lo que has logrado dentro de mi… si yo fuera tu chico, estaría tan orgulloso de ti(aunque a decir verdad no es necesario que sea tu chico o tu enamorado para estar orgulloso de ti)…
Julieta, yo no te conté que aun estando en Angasmarca, seguía mentalmente viviendo en Trujillo y por eso esta noche sigo porfiando por escribir, será que me conociste escribiendo y será que digo esto último porque yo de ti, hace ya más de siete meses me enamoré, a mi torpe manera pero me enamoré, y lo confieso, al principio fue un amor encendido por el deseo físico pero al cabo de los dos o tres meses todo cambio por la complicidad y la ternura, y no me atrevo de decir que tú te enamoraste de mí, pero si algo parecido al amor sentiste por mí, estoy seguro de que no estuvo inspirado por mi cuerpo endeble y flacuchento… y mis presurosos besos de principiante. Me duele confesarte ahora la verdad, Julieta: tengo veintitrés años, nunca he amado como te amé o como me amaste… no tengo idea de otro amor que no sea el tuyo… por eso digo que me ha sorprendido todo en esta ciudad en la que sigo viviendo, solo y en silencio, y aquello que te dije en algunas noches de fantasía… de que me sentía amado como nunca, es la pura y desnuda verdad… Dios mío debe ser que me enamoré de ti…

Julieta, amada Julieta…no quiero seguir mintiéndote, la verdad es que no sé qué diablos hago aquí en Angasmarca, no sé cuándo voy a tener el coraje de regresar a Trujillo y darle la cara a mi destino, es que no sabes Julieta de mi corazón, cuanto miedo tengo por todo y quizás nada de esto te interesa ya, quizás yo sea sólo un recuerdo amargo para ti, pero voy a seguir escribiéndote esta carta, no porque tenga una vaga esperanza en salvar nuestra relación, a la que tú al parecer has decidido poner punto final, sino porque simplemente siento la irremediable necesidad de decirte todas estas cosas y otras más, pedirte disculpas por las imprudencias que cometí y seguramente te afligieron y hasta te hicieron sufrir, darte una explicación si la encuentro (pero creo que para ti todo ya es inútil) y me suena convincente, y sobre todo decirte que, pase lo que pase, será difícil dejar de recordarte con cariño con amor, con ese amor que hasta ahora y hasta no sé cuando habré de sentir por ti…


Aquella nublada noche en las escaleras de tu departamento… mirándote a los ojos, que me devolvían una mirada fría y desconfiada y tratando de contener mis lágrimas, pensé pedirte todos los perdones posibles… pero te fuiste… aunque no hayas sospechado que nunca actué con rencor hacia ti, que nunca quise hacerte daño, Julieta… ¿cómo podría hacerte daño si siempre fuiste tan buena conmigo?
¿Qué puedo hacer? Si a estas alturas poco importan ya mis explicaciones. Nada de lo que diga te convencerá de que no quise hacerte daño, de que nunca quise burlarme de ti ni de Cami… Por eso en ocasiones me siento un miserable por dejar ir mi verdadera felicidad…(que eres tu) y te recuerdo: Permaneciste en silencio y cuando terminé de hablar, me dijiste, con deliberada indiferencia, que no me perdonarías el hecho de haberme portado mal con Cami… te lo juro por mi madre: ME QUEDE HELADO. No me esperaba esa respuesta. Me dolió. Creo que es lo peor que me pudiste decir, pero comprendí tus razones aunque al día de hoy me siga sorprendiendo tu dureza y en los escalones nos despedimos, sentí que ya no éramos ni amores ni amigos, que nuestra complicidad se había roto para siempre. Ahora que pasan las horas y no contestas a mi llamada ni a mi mensaje, me digo que no volverás a confiar en mí, a abrirme tu corazón. Es una pena. Yo te sigo amando Julieta, Julieta linda… aunque tú no me quieras más. Ojalá algún día leas mis cartas y en el futuro leas mis libros y sientas el cariño que yo siento por ti cuando los escribo pensando en ti.
Julieta… te cuento que a los días que estoy pasando aquí lejos de la ciudad, lejos de todo y de todos… sarcásticamente los he llamado “mis días de autoexilio” supongo le di ese nombre a las semanas que he venido a refugiarme aquí en el calor de mi familia, en los andes en donde he llegado a sentir vívidamente la desolación en medio de tormentas y el frio invernal, en medio de los lluviosos atardeceres … entre caminatas por las calles hechas lodazales de este pequeño pueblo que me vio crecer -todo en estos días me ha parecido diferente- no están mis amigos… la gente de otrora se ha ido, aun así yo estoy aquí buscando alivio en los brazos de mis padres… no lo sé, todo se torna difícil ¿debe ser que repentinamente viene a mi mente la culpa por haberte perdido? Y no lo voy a negar por el contrario lo escribo: desde el principio, desde hace unos días y no sé si mañana o hasta cuando, siga hurgando nuestros recuerdos, en esta mi sutil memoria, todo viene hacia mí como pinceladas, cada fragmento cada minuto, cada momento, incluso el tono de nuestras voces, su aliento robándose mi respiro… la ropa que llevábamos, los lugares que visitamos… minuciosamente recuerdo nuestra vida juntos y no entiendo por qué la extraño tanto, si en las últimas semanas pareces una persona indiferente, que con silenciosa actitud me exige mantener mi distancia por no decir que todo está zanjado que ya no hay de qué hablar…


¿Debo rendirme? Es que todo es desconcierto, son días en que ando como anestesiado como si ya nada hubiera, como si esa ilusión que hemos inventado (el año nuevo) me fuera a cambiar… pero no es así, porque cada día es igual, cada día cronológicamente es idéntico… simplemente hemos creado esa ilusión de la navidad y de año nuevo para hacernos ver entre humanos que ya llegaron los días de la bondad, del amor, de los colores rojo y verde, de las luces multicolor, de los arboles en medio del hogar o en la plaza de armas, son los días de los regalos y del panetón, todo es parte de nuestro paradigma de vida… de una tradición tan linda que jamás hemos de obviar… aun así este año pude ver todo desde otra perspectiva por ejemplo el año nuevo lo asumí frívolamente o quizá de un modo serio, es que pienso que podría ser el momento del año en que los humanos evalúan sus logros, sus pesares, sus frustraciones, todo lo llevan a una balanza y justo antes de las doce, uno se proyecta con grandes ambiciones y optimismo que llega a contagiar, nos ponemos gorros color amarillo… y por doquier suenan todo tipo de artefactos pirotécnicos… llenos de esperanza y con nostalgia comemos doce uvas… nos abrazamos con júbilo, pensando en lo bueno que la vida nos tiene para el futuro… toda la ilusión se vive en su punto más importante… sin embargo yo andaba tácito, viendo a través del ventanal la lluvia caer, mientras en la tele miraba un concierto de Cold Play… hacia algo de zapping y desde horas antes del primer día del dos mil once sabía que no iba ser como siempre… creo que las personas ilusas como yo planean algo, pero de momento dejamos que todo se quede en nada… esa noche -la ultima del dos mil diez- dejó de llover como a las ocho, cenamos algo con mi padre y conversamos sobre los eventos más importantes que acontecieron en la familia Gálvez… y claro no faltó la atenta forma de ser de mis hermanas cuando tocaron el tema que me trae así… pero qué podía hacer ¿no dicen que a fin de año se hace el balance anual? Relativamente fue un año venturoso para mi persona, si no fuera por ese “relativamente” –creo- esta tarde no me encontraría frente al computador escuchando “shape of my hearth” de Sting… ¿qué o quién tiene la culpa de todo esto? si ha llegado la hora de culpar a alguien o a algo, creo que le debo mucho a “The Wonder Years” qué persona (al menos los de nuestra generación) no tuvo al menos un rocé casual con la serie que nos tuvo a todos en vilo… es por eso quizá que hasta el día de hoy me pongo a escribir historias de amor y desamor… me ha pasado que quisiera cambiar todo y tratar de ser más álgido con mis emociones pero nada… no me atrevo porque de ser así ya no habría esa inquietud que me empuja a escribir y a leer novelitas contemporáneas… de ser así estaría tirando por la borda mi sueño de publicar algún día mis memorias y mis alucinantes historias de amor y traición…
En definitiva, escribo esto con la burda idea de entender las diversas formas del amor… por eso la noche del año nuevo fue efímera… cogí el celular y filmé la alegría de mi familia… mientras alguien por ahí amenizaba el momento con algo de música… por mi mente calaban un montón de palabras como para empezar esta carta que al día de hoy (una semana después) aun no ha sido enviada… pero en verdad esto es una carta??? Mas parece una parte de mi diario… mas parecen las paginas donde escribo mi delirio post ruptura sentimental… dieron las cero horas… en mi mano izquierda el celular y en la otra una copa con champaña lejos de ti mi Julieta amada… aturdido por el bullicio no podía establecer una idea de cómo la estabas pasando… mejor dicho me esforzaba por imaginarte -también con una copa en la mano- para que cuando entre mi llamada tal vez digamos salud… aun así llegué a percibir tu voz pero no hubo tiempo para sostener nuestras copas ni mucho menos para desearte esa vorágine de benévolos deseos que traía guardados para ti… se terminó la llamada y en el fondo de la sala alguien me llamaba… mientras yo en el balcón hacía una foto: mi mano sosteniendo la copa y de fondo las luces que adornaban el balcón… me sentí desolado y al mismo tiempo refugiado en el fragor de mi familia… los contados mensajes de texto que los pocos amigos que se acordaron de mi, se hicieron presente… caminé hacia la sala, saludé a medio mundo y a la menor oportunidad salí disimuladamente… pero nada… mi madre me cogió del brazo y no me dejó salir… igual inventé un dolor estomacal… y caminé por estas empinadas calles, un frio indiferente me daba por la cara… el cielo resplandecía con tantas luces y por ahí en las veredas unos niños corrían con luces de bengala… un muñeco se calcinaba totalmente, saqué el celular y capturé el momento… media hora después me encontraba acostado dando vueltas en la cama jugando a que todo era parte de un mal sueño… y entre dormido y despierto te amé.

Vuelvo lleno de emociones… voy feliz buscando la manera de llenar ciertos vacios, entre ellos el proyecto que en unos meses me dará una de las satisfacciones más grandes de mi vida… ya lo pensé, ya lo decidí y en las próximas semanas empezaré a cocinar de a pocos este nuevo hito en mi vida… tal vez ahora no sea el momento de ser feliz, eso me lo han dicho ya varias personas pero yo terco aun, no me saco de la cabeza que la mujer de mi vida lentamente ya no es la mujer de mi vida, ¿ironía? ¿Redundancia? ayer fue siete de enero, pensar que estuve a punto de ser el hombre más feliz… pensar que mi felicidad estaba tomando cierto rumbo…

Vuelvo a la rutina, y perdóname nuevamente querida Julieta es que me he detenido un momento a pensar en los recuerdos más intensos que tengo de nuestra amistad o mejor dicho de nuestro amor y pienso ahora que esa amistad se rompió (maravillosamente) con nuestra tarde anaranjada… con el inglés y con nuestros deseos locos de ser amantes, nuestra amistad habría resistido mejor y yo, tal vez, hubiese sabido ser tu amigo. Pero como te dije alguna vez… nada estaba planeado y fue a mediados del dos mil diez cuando esos primeros besos -los míos desesperados, los tuyos despaciosos- y esas primeras caricias furtivas y aquellas refriegas nocturnas de las que tu anatomía fue testigo, fueron esos juegos los que acabaron minando nuestro juego o nuestra amistad. Porque me revelaron, de un modo brutal, mi capacidad de amarte como un loco, como ahora te amo…

¿Te acuerdas de nuestro viaje a Texas? Debo advertirte que mis recuerdos de ese viaje son nítidos tan lindos que al detalle los recuerdo… debe ser que en esa ciudad tan bonita, a la que acudimos para asistir a la boda de tu mejor amiga… la pasamos inolvidablemente que bailamos como si fuéramos los dueños de la fiesta... en la que nos burlamos de todo mundo en la que caminamos por empinadas calles bien apretaditas nuestras manos y al final tu ibas en mi espalda con tu gran vestido verde. Si algo recuerdo -te decía- que te amo y que te amo…

De repente me sorprendió la mañana y ya estaba metido en un colectivo de vuelta a casa y te escribí un mensaje de texto diciendo: amor… todo con mucho cariño por ti…
También quiero recordar ahora una tarde cuando nos amábamos y cuando decidiste hacerme un arroz con leche… aquellos días imborrables… habrían de poner en evidencia tu amor hacia mí, ese gesto algo excelso, sublime, superior que hacías por mí, debo decirlo ahora que jamás en mi vida viví algo parecido… nunca conocí el amor de esa manera por eso ahora lo escribo amada Julieta…

Por eso Julieta ahora que soy feliz al rememorar tan bellos recuerdos, me parece que la primera gran desilusión que te llevaste conmigo fue cuando te dije, a mitad de ciclo que terminábamos juntos que haríamos muchos planes… sin embargo mi mentira te sorprendió (y lloraste por eso) que yo fuese capaz de jugar con tu confianza y sin pensarlo me terminaste me tiraste por un tubo y me hiciste llorar por primera vez...
Después me defendí débilmente diciéndote algunos argumentos pero nada estuvo de mi parte y me comprendiste aunque te apenó mi mentira, igual confiaste en mí… y tuviste la grandeza de acompañarme en este viaje y desearme buena suerte y ayudarme en lo que pudieses…
Por último te llamaba a menudo desde Angasmarca, rara vez te encontraba (acaso sabias que era yo), temía convertirme en un intruso, en un fastidio, en otro innombrable (ya sabes a quien me refiero). Te llamaba desde una cabina de un locutorio y usaba esos teléfonos públicos porque era más barato que llamarte del celular. Sentado en una cabina rodeado por paredes de vidrio por las cuales se filtraban ecos y rumores de otras conversaciones, contemplando los rostros desesperados de otras personas, hablaba deprisa contigo (mejor dicho no hablaba contigo porque nunca contestaste) claro hasta esos días ya me habías pedido que retirase nuestras fotos de FB, y hasta esos momentos ya estaba solo y en silencio, desconectado del mundo, refugiado en Angasmarca… lejano de todo mundo me pediste que no vuelva a intentar la menor comunicación contigo y de pronto me dije: Seré fuerte y no volveré a llamarte. (Pero ya me ves aquí…) Termino de escribirte esta carta amada Julieta, con la ilusión de que el destino organizará, a su traviesa manera de hacer las cosas, un encuentro inesperado entre nosotros.

No quiero hacerme ilusiones, sin embargo. Prefiero (con honda pena) pensar que no te veré más. Escribo esto último -no te veré más- y duele. Me consuelo pobremente con mis recuerdos de ti. Por eso he querido escribir esta carta: para seguir amándote, para no olvidarte. Afuera, el sol resplandece y yo, derrotado, de pie frente a la ventana, veo entre las flores que he comprado, tu sonrisa dibujada en el portarretratos… Tengo quizás un centenar de fotos nuestras… y se me ocurre preguntarme si tu tendrás al menos una foto nuestra… quiero creer que sí. Es una pena que los momentos que viví contigo poco a poco queden lejanos… te busco en mi memoria y de inmediato te encuentro y al instante tomo conciencia de que ya nada queda… de que ya no me ames aunque yo siga amándote…

Alguien me dijo que me has borrado por completo… por eso nuevamente te dejo mi numero y mi correo, por si aceptas aquí van las direcciones: 948362767-juankgalvez@hotmail.es no sabes Julieta, me encantaría saber de ti (espero verte… por favor) en el caso en que me estés odiando, te mando un abrazo, espero que estés muy bien, te recuerdo todos los días siempre con mucho amor. Chau.

Trujillo 11 de enero de 2011
JC
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