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 La encrucijada de Arturo. Capítulo II. Mi nacimiento y la muerte de mi madre

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Josan
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MensajeTema: La encrucijada de Arturo. Capítulo II. Mi nacimiento y la muerte de mi madre   Jue Ene 06, 2011 5:27 am



Mi nacimiento y la muerte de mi madre

En el año 1935, vi por primera vez la luz en un pequeño pueblo de la provincia de Almería, (España). Pero no estuve solo, ocupé el tercer lugar de mis dos hermanos: Elena de 8 años y Miguel de 4.
En aquellos años de hambruna que padecíamos en nuestro país, muy difícil lo tenían mis padres para salir adelante. Mi familia era humilde sin recursos de subsistencia, para hacer frente a la situación, mis padres se vieron obligados a trabajar muy duro una pequeña parcela de tierra que heredamos de mis abuelos maternos, y lo que conseguían cosechar no era suficiente para salir adelante: el problema básico consistía, en que la parcela era de secano y sólo se podía sembrar algún cereal y poco más, por supuesto dependiendo siempre de la buena fe del tiempo, ya que si no llovía todo nuestro esfuerzo era vano, no obstante, para subsistir mi padre solía echar alguna jornada con vecinos de la localidad.
Tenía poco más de un año cuando estalló la guerra civil española (17 de Julio de 1936). Esta guerra sin razón aun empeoró más nuestra supervivencia y, a pesar del esfuerzo de mis padres, estos no lograban dar de comer a sus hijos. Todo se fue agravando más y más para nosotros.
A mis dos años, una nueva hermanita llegó a la familia: una niña preciosa con ojos azules y de cabello rubio como el oro. Su nacimiento no fue en el mejor momento para nosotros por nuestra escasez de recursos, pero igualmente la recibimos con inmensa alegría, y pensemos, que si hasta entonces habíamos podido comer cinco, también lo podríamos hacer seis. Fue bautizada y, por voluntad de mis padres se le puso de nombre igual que mi abuela materna: Natalia.
No solo agravaba la situación nuestras carencias alimenticias, también sufríamos maltratos físicos y psicológicos por parte de nuestro progenitor y, lo más doloroso para todos, que mi madre no se libraba de ellos. Para aplicarlos lo hacía de la forma más cruel: empleaba un cinturón y nos golpeaba la espalda con cólera y sin piedad y, como siempre mi madre llevaba la peor parte, pues para evitar que pegara a sus hijos, se ponía entre ambos, y no se libraba de recibirlos.
Recién cumplidos mis cuatro años terminó la guerra civil (1 de abril del año 1939), y a pesar de mi corta edad pude darme cuenta que mi madre se estaba poniendo gordita de nuevo, y no precisamente por mucho comer. Los comentarios no cesaban por parte de mi madre y mis hermanos mayores. Esperábamos un hermanito, aunque a mi padre no le hacía mucha gracia, ya que siempre que se hablaba del tema, trataba de eludirlo con la misma respuesta: “¿otra boca más para alimentar?”. La alegría por la llegada de un nuevo hermanito no duró mucho, sino todo lo contrario, pues iba a suponer para nosotros una de las mayores tragedias. En uno de sus arrebatos, mi padre agredió a mi madre pegándole una patada en el vientre y le provoco una hemorragia. Enterados los vecinos de que mi madre estaba enferma, aconsejaron la conveniencia de que la reconociera un médico, pero mi padre como siempre hacía oídos sordos a los consejos, diciendo que no le diéramos importancia, que eran dolores naturales del embarazo.
Ahora en la distancia y después de mis años vividos, sé que le motivó a mi padre a impedir la visita de un médico. Es verdad que la situación de aislamiento de aquellas zonas rurales, no eran las más propicias para el desplazamiento de un médico, pues además de tratarse de un recorrido largo, se debía realizar en caballerías. Esto daba lugar a encarecer aún más los honorarios que solía cobrar, y por supuesto que no estaban al alcance de nuestras posibilidades, pero también fue cierto que algo tenía que esconder.
Los desplazamientos a otras localidades se tenían que hacer en caballerías, por caminos tan quebrados y estrechos que apenas podía andar el pobre animal. El tiempo necesario para realizar aquellos viajes nunca bajaba de unas seis horas. Esto para la gente que no tenía recursos — como era nuestro caso — se convertía en un gran impedimento, al no disponer ni tan siquiera de una burra — lo más asequible—. Si no se contaba con la ayuda de este animal, el camino se debía realizar a pie. A pesar de estos inconvenientes, no pretendo justificar a mi padre, pues ante la gravedad de mi madre, algún vecino se habría ofrecido voluntariamente si lo hubiera pedido, no por hacerle un favor, pues por su mal carácter tenía muy pocos amigos, sino por las buenas relaciones de mi madre con todos los vecinos.
Que poco tiempo nos quedaba de disfrutar de mi madre: a tan sólo quince días del accidente nació mi hermano sin vida llevándose a mi madre, y quedando los cuatro hermanos a expensas de nuestro padre. Murió desangrada y sin ninguna asistencia médica, y en nuestros corazones se alojó la duda de si fue por la agresión o, por la casualidad del destino. Este drama se convirtió en un secreto de familia, pues mi padre nos exigió que bajo ningún concepto se volviera hablar más del tema. La versión que se les dio a los vecinos fue la de un aborto por malformación del feto. Entre lágrimas y lamentos, dimos sepultura en el mismo ataúd a mi madre y a mi hermano—que el destino le negó la oportunidad de vivir—.





Última edición por Josan el Mar Jun 14, 2011 3:48 am, editado 3 veces
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Jaime Olate
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MensajeTema: Re: La encrucijada de Arturo. Capítulo II. Mi nacimiento y la muerte de mi madre   Jue Ene 06, 2011 2:37 pm

Tu historia, estimado amigo, me deja meditando acerca de solucionar los problemas de un país a punta de fusiles. En el caso puntual de España fue evidente que el remedio fue peor que la enfermedad.
Tienes la cualidad de arrastrar al lector a un drama como si fuera propio.
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Josan
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MensajeTema: Re: La encrucijada de Arturo. Capítulo II. Mi nacimiento y la muerte de mi madre   Jue Ene 06, 2011 6:43 pm

Hay que vivir para creerlo como es mi caso Jaime, pero gracias a Dios puedo contarlo y compartir estas vivencias con personas con valores como tú, mi querido amigo de Chile.
Por supuesto que puedo contar la historia de vida de Arturo como si fuera propia, ya que lo conocí como conozco la palma de mi mano, y más si tenemos en cuenta que compartimos la misma sangre, pues lo tengo todo grabado en mis neuronas amigo.
Por último, te doy las gracias por tu fiel seguimiento y comentario, y te invito a que sigas leyendo los veinte capítulos restantes, ya que cada capítulo es una nueva experiencia vivida de nuestro protagonista, que va desde los maltratos por parte de su padre, al suspense, humor, engaño, y amor.
Un abrazo muy grande para mi querido amigo Jaime, Josan

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MensajeTema: Re: La encrucijada de Arturo. Capítulo II. Mi nacimiento y la muerte de mi madre   

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La encrucijada de Arturo. Capítulo II. Mi nacimiento y la muerte de mi madre
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