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 Los Campos de Aldebarán capitulo 11 - La llegada de Urien

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Diegobh71
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MensajeTema: Los Campos de Aldebarán capitulo 11 - La llegada de Urien   Sáb Dic 04, 2010 4:07 am

El tiempo estaba desmejorando, la estación de las lluvias estaba acercándose y eso cambiaba mucho las cosas en el Torreón. Semanas enteras de puro aguacero y la posibilidad de ser atacados por las huestes de las furias en escaramuzas esporádicas a las ladeas ubicadas a varios iters de la seguridad de la guardia. Las sendas lodosas, impedían el paso de las carretas pesadas y los caballos no podían cabalgar con sus armaduras completas.
Durante años, esas épocas de lluvias hacia que las aldeas quedaran desiertas, por miedo a la aparición de las bestias salvajes comandadas por las furias. Logrando que las ciudades cercanas a las fortalezas por más pequeñas que fueran se vieran atestadas de personas por casi tres meses.
Pero esta vez, la estación de las lluvias se esperaba con otra cara, se respiraba esperanza en el aire, se sabía que las aves de fuego estaban en el aire y, que habían salvado una aldea de ser destruida.
Amivia y Anriq, dejaban la casa muy temprano, con la ansiedad de volver enseguida para seguir trabajando en su completa restauración. Por lo pronto, desde la entrada, los saludaba un sirviente de la casa de Amivia, quien quedaría a cargo del cuidado de la casa. Ya estaban caminando hacia una avenida que llevaba directo al torreón, cuando se cruzaron con una de las patrullas matutinas, a la cabeza, la propia Lorien, quién miro a su hermana con cierta extrañeza, pues no le conocía hombre alguno y menos de su propia fuerza.
-“¿Vais a entrar a servicio?”, pregunto a su hermana sin quitarle el ojo a Anriq, quien sin perder la compostura, le sostenía la mirada, como hacían todos los soldados en la guardia.
-“Si capitán, el servicio comienza dentro de una hora, pero es bueno estar siempre antes”, contesto Amivia, de acuerdo al protocolo establecido entre oficiales.
-“Bien, entonces podéis acompañarnos, hay dos caballos libres y la patrulla ya vuelve al castillo”, agregó Lorien dirigiéndose a su hermana.
-“Gracias capitán, tomaremos los caballos”, Amivia sabía que su hermana desearía que cabalgara a su lado, al fin de cuentas era la escudero del Dominus y su lugar estaba allí. Entonces dedico una vista insinuante a su enamorado y taconeo a los flancos del caballo y se puso a tiro de su capitán.

Los siguientes dos tercios de iter, Lorien simplemente cabalgo en silencio observando las viviendas y el despertar de los transeúntes que comenzaban abrir sus puestos de venta. No iba a ser fácil, su hermana menor le había ocultado su amorío, a sabiendas que no serían aceptados a menos que su pareja fuera… -“¡maldita seas, Amivia!”, dijo Lorien en voz baja , pero audible para la escudero del Dominus, -“lo tenías todo planeado… o por lo menos viste la oportunidad con los dragones de fuego…”
-“¡Aja!”, contesto su hermana, que simplemente se dejaba llevar por su caballo, mientras saludaba a algunos hombres y mujeres que conocía de sus rondas por la ciudad.
-“¿no piensas decirme otra cosa?”, volvió a preguntar.
-“ Nop, ya lo sabes y con eso basta”, la voz de Amivia, tenía un tono especial, que siempre lograba irritar a su hermana mayor.
Lorien ante esa respuesta prefirió callar, pues sabía que su hermana, era capaz de cualquier cosa con tal de conseguir lo que quisiera. Más tarde platicaría con ella.
Estaba absorta en sus pensamientos, que a duras penas logro ver los estandartes enarbolados de las montañas blancas con sus flecos dorados e intrincadas guardas elficas bordadas en sus telas.
Era la guardia del señor de los elfos de las montañas blancas, espoleo a su montura para acercarse a ellos de la manera más rápida posible, cuando uno de los que montaba al frente, le salió al encuentro a mitad de la marcha.
-“Salve, Capitán Lorien”, saludo el elfo enfundado en su armadura color plata con guardas en los ocres y verdes de la montaña,-“Lataniel te saluda, hijo de Urien, señor de los elfos de las montañas blancas”.
-“¡Lataniel, bienvenido al Torreón! ¿Acaso tu señor está entre ustedes?, pregunto Lorien en la lengua elfica que conocía desde niña.
-“Hermana de sangre, es cierto eso, hemos venido para el rito de la Unión”, agrego el elfo, mientras miraba de manera cómplice a Amivia.
-“Mi padre lo ha aprobado, Lorien.” Continúo diciendo el elfo,-“y sabes bien que lo que él dice es ley, además el aconsejo que se uniera a los dragones de fuego, pues era la única manera que estuvieran juntos sin problemas”
-“Bien, si Urien, ha aceptado a tu hombre entonces, no diré nada más. Pero lo conoceré después del rito, no antes”, las palabras de Lorien sonaban amables pero estrictas y, Amivia estaba dispuesta a acatarlas.
Urien, señor de los elfos cabalgaba en un hermoso caballo blanco como la nieve que apenas tenía unas manchas características de la raza sobre la frente. La columna de guardias elficos avanzo por la avenida hasta que Lorien, Amivia y Lataniel, quedaron ante la presencia del Urien.
-“Salve Lorien Thailard, hija de Eron Thailard y Aelin, Dama de luz”, el saludo formal, sorprendió a Lorien el primer momento, pero comprendió que aquella formalidad debía darse en un encuentro público.
-“Salve Urien de las montañas blancas, señor de los elfos, padre de la luz”, respondió ella con una leve inclinación de cabeza y la mano extendida sobre el corazón realizando la venia del corazón de fuego.
No hubo más saludos formales, pues el protocolo solo permitía saludar al de mayor rango presente. Rituales establecidos durante las primeras guerras contra las furias, para evitar perder tiempo en momentos críticos. Hoy lo que parecía una mera formalidad, ahora estaba cobrando nuevamente sentido.
La formación se unificó en una sola con parte de la patrulla a la cabeza y Lorien, Amivia, Lataniel y Urien en el medio de todos ellos, marcharon hasta la entrada dela fortaleza, casi sin hablar salvo algún que otro comentario sobre las montañas blancas, que hacía mucho que no visitaban las hermanas Thailard.
Mientras los elfos se acomodaban en las cabañas construidas por ellos en el bosquecillo del ala norte dela fortaleza, Urien, escoltado por Amivia y Lorien; se encaminaron al encuentro de Hermes, quién se encontraba en el scriptorium de la biblioteca consultando mapas de los campos.
-“Mi señor Urien”, saludo Hermes con toda naturalidad, -“habéis llega enhorabuena”
-“Si Dominus Aldebarán”, contestó el elfo en un tono no tan formal.
El protocolo estipulaba cierto cambio de palabras formales, que ambos pasaron por alto, pues les urgía hablar de cierto tema a resolver. El rito de la Unión.
Cuando Amivia volvió a ver a Anriq, habían pasado ya caso seis horas de su servicio, las reuniones entre los señores Urien y Hermes, habían llevado más de lo previsto, entre reuniones formales y privadas.
Apenas se rozaron las palmas de las manos pues estaban dentro del torreón y en pleno servicio de la guardia. Amivia que no aguantaba más, simplemente se apoyó sobre su pecho un instante y enseguida se retiró mientras Anriq, miraba a su alrededor.
-“Tenemos la bendición del Urien y muy pronto la tendremos del Dominus, el rito de la Unión se acerca y con él, la nuestra.” La voz de Amivia, sonaba apasionada y llena de alegría.
-“Lo sé”, contestó él y agregó, -” pronto amor estaremos libres de expresar nuestra unión los campos.”
La tarde comenzaba a caer sobre los paredones del torreón y su pario de armas que todavía ardía en prácticas de combate, con los elfos como invitados de honor a participar.
Esa noche, cuando las luces del catillo se encendieron, reinaba un atmosfera de ansiedad por parte de los candidatos al rito que pocos pudieron dormir tranquilos.
Solo Amivia y Anriq, sabían lo que significaba la paz de la noche y la de sus corazones.

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