Ahora que el tiempo
ya no resuena
en el viejo
reloj
de esta estepa
de caminos y huellas,
y arenas
y extensiones tan intensas
y oasis,
y espejos de agua
que te miran
asombrados por tu belleza,
completamente desnuda,
de miedos,
de ojos,
de deseos
o con ellos.
Y venga aquí el futuro con sus ojos gastados
y mire
este presente tardío
de muchas cosas que son una,
el vivir hasta la frente,
para saber en donde esta el pie
y en donde llegara
esta alocada pasión
de encontrarte
en los ojos
mojados de la madrugada,
de la espera,
de la nueva espera,
del hola en la noche serena,
de las tres de la madrugada,
de una madrugada,
de un susurro
y un aliento tibio
en donde se empiece a grabar el próximo paso.
Y si ya no tuviera ni un tiempo,
ni un sillón,
ni una mesa,
ni una capa,
ni bandera,
ni comunidad,
ni barrio,
ni calle,
ni árbol,
ni perro negro
que le ladre a la luna,
que pudorosa
se refleja desnuda
en el arroyo,
allá muy lejos de los caseríos
de chapas con gotera.
y la vecina barriendo la vereda,
y los pasos apurados
y los ómnibus adormilados
y las caras recién lavadas.
Y un estar en un tiempo y un espacio
en donde se reconoce
una sombra
una huella
y un rastro de sal
en mi cama
en donde soñamos
un mañana
donde compartir
era lo primero,
y lo segundo
compartir el tibio
de saberse uno
y ser dos.
El saberse dos en cada momento,
aún el que la muerte
se muera con nosotros mismos.
Y la filosofía
se vuelve semilla
y germine
en la línea marrón
de tu vientre
que trace a besos y caricias.
Y que naciera en tu gemido
el susurro de cada noche serena
violentamente vivida,
vivida a secas.
Y la estrella,
el paso,
el perro,
un eco de tu taco golpeando en la vereda,
ni tan ansiosa,
ni tan molesta,
sabiendo que llegare
bajo cualquier circustancia,
bajo cualquier bandera,
bajo de tu falda
llevas un signo de este tiempo,
un beso que se convierte en estandarte,
en precisión de volver cada día
con otro día por vivir.
Si tuviera algo más importante que este canto,
Tendría que encontrarme con un verbo,
un homófono,
un grito en cualquier noche,
cualquier siesta,
en cualquier momento
que se me llena la boca de vocablos.
Digo te amo.
Y continúo en el camino de holas
y de encontrar la cámara
retratando el día
rompiendo un mañana.
Y sin embargo
aún canta
en la noche
de este cuento,
un grito,
una bandera,
una estrella lejana,
una historia de suspiros y de alientos,
con nombres propios.
Acaso es importante que sepas
que aún mantengo
la espera
de tu paso,
de tu pie,
en la vereda,
esta,
de mi barrio
y en esta,
donde nace en mi voz…
un hola.
[b]