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 Un rostro sin pecas

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Fernanda
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Fernanda

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León Rata
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MensajeTema: Un rostro sin pecas   Un rostro sin pecas Icon_minitimeDom Sep 19, 2010 4:39 pm

Estaba tan orgullosa de las dieciocho pecas que había heredado de su madre. Las tenía repartidas por toda la cara. Le gustaba una en particular, del lado derecho de su labio superior, tenía forma de corazón. Era un corazoncito pequeño en su rostro. Cada mañana despertaba, se miraba al espejo y las contaba una por una hasta cerciorarse que eran las dieciocho. Observaba esos cabellos rojos como los de su padre, y retorcía los rizos de la abuela. Mirarse al espejo, jugar con sus rizos y contar las pecas eran parte de los rituales que efectuaba de niña. Siempre se había sentido muy contenta de ser bella como sus padres. Eran descendientes de irlandeses. Esa peca en forma de corazón la tenían todos sus hermanos desde el más pequeño; era el sello de la familia. Curiosamente dieciocho eran las pecas que también su madre había contado de niña. Una particularidad en las mujeres O’Donnell, descendientes del gran rey de Irlanda. Su madre no se cansaba de repetir lo bella que era y cuanto se parecía a ella; una digna representante de los O’Donnell. Su padre, Patrick Quinn, también contaba los orígenes de su familia. Altiva caminaba por los jardines de la imponente residencia a la que acudía únicamente la alta sociedad de Nueva York.

Colin durante su niñez era educada por una institutriz. Sus padres no permitían que asistiera al colegio, porque en esa época en los mejores colegios estadounidenses comenzaron a aceptar hijos de familias de origen dudoso; sin clase y sin abolengo. Por lo menos eso era lo que aseguraban ellos cuando alguien cuestionaba su decisión de que los niños estudiaran en casa. Pasó una infancia feliz, entre las fiestas de la alta sociedad, los juegos con sus hermanos; y un lindo perro setter con pedegree que sus padres mandaron traer de Irlanda. Salía poco de la casa y nunca sola.
Al final del jardín había un lago de agua cristalina en donde se reflejaban todos los tonos de azul y nadaban erguidos patos y gansos. En sus paseos cerca del lago imaginaba que era una princesa en un palacio irlandés. Creció en medio de una vida de ensueño, era buena estudiante y muy querida por los niños que gozaban del privilegio de asistir a “la casa del lago”, como la llamaban todos en la región. Acudían con frecuencia al club, en el que se reunían con familias de origen Irlandés y apellidos ilustres. Cuando cumplió trece años, sus padres consideraron que era tiempo de mandarla a un colegio. Seleccionaron el mejor para ella. Muy pronto terminaría el verano y comenzarían las clases; esperaba ese día con impaciencia.

Una mañana -antes del inicio de clases- despertó y se miró al espejo; jugó con sus rizos como lo hacía de niña. Contó las pecas y notó que estaban desapareciendo, buscó el corazoncito sin encontrarlo. Sus ojos azules se hicieron más grandes ante la sorpresa. Recordó que su complexión y pensamientos también cambiaban. Ya no era tan esbelta como su madre y comenzaba a cuestionarse de que le servia ser una O’Donnell; entró en pánico al ver de nuevo su rostro frente al espejo y reflexionar sobre sus nuevas ideas. ¿Qué diría su familia cuando notaran que las pecas desaparecían, y qué el corazoncito ya no estaba en su labio? Y sobre todo, tendría que cuidarse de no expresar lo que sentía o pensaba. Guardaría para si misma todos esos descubrimientos de la mañana, esperaría a que las cosas volvieran a la normalidad. Rogaba por qué nadie se percatara de que sus pecas se borraban poco a poco, y que su rostro en vez de alargado como el de los O’Donnell se volvía redondo, ¿a qué rama de sus antepasados se estaría pareciendo?
A partir de ese día se volvió una chica retraída y escondía el rostro detrás de los rizos. Daba largos paseos cerca del lago preocupada por la metamorfosis e imaginando un mundo diferente al que sus padres le habían mostrado. Comenzó a sentir curiosidad por todo lo que había más allá de la mansión y el Club Irlandés.
En el colegio procuraba no acercarse a compañeras de quienes ignoraba su árbol genealógico. Montaba a caballo, acudía a los eventos sociales; cumplía con las normas de todas las chica de alta sociedad. No se permitía pensar diferente a sus padres. Escuchaba las opiniones de los adultos con los que convivía, en cuanto a progreso, religión y buenas costumbres. En algunas ocasiones las repetía en el colegio frente a sus amigas. Todos la apreciaban por su educación y belleza. Además de que su origen era intachable. A pesar de tener una vida en apariencia perfecta, ella no era feliz; cambiaba día a día aunque sus padres no lo notaban. Todos los días acudía al colegio, paseaba un rato por el lago; se sentaba a la mesa a tomar sus alimentos y se iba de inmediato a su habitación. Procuraba estar el menor tiempo posible con su familia para evitar que miraran su rostro. El único motivo que tenían para retarla era ese cabello todo el tiempo sobre la cara. La notaban encerrada y retraída, pero se lo atribuían a la adolescencia. Continuaba mirándose al espejo durante un largo rato cada mañana, pero el juego de contar las pecas lo había cambiado por el de la imaginación. Imaginaba que conocía otros lugares, otras personas; sin embargo seguía con sus viejos amigos, con sus viejas ideas. Es decir, las viejas ideas de sus padres. Al salir de su habitación, no permitía que la perturbaran nuevos pensamientos; eso lo dejaba sólo para el juego del espejo en el que se miraba cada mañana. Así fue pasando el tiempo, los cambios se hicieron cada vez más notorios y difíciles de ocultar. Tenía ya dieciséis años y la esperaba el mismo destino de todas sus amigas. Sus padres buscarían al mejor prospecto para casarla, seguramente un joven aristócrata de padres irlandeses.

Una tarde, uno de esos chicos del club al que su familia consideraba de origen dudoso se acercó a ella; las normas sociales y la educación que había recibido no le permitieron rechazarlo de inmediato. Además de que era demasiado guapo y simpático. Después de unos minutos de cortesía logró alejarlo, sin embargo en cada visita al club él la abordaba. Al principio ella se mostró cortante, pero después se fueron haciendo amigos y tenían largas conversaciones mientras sus padres no se percataban de que estaban juntos. El pensaba igual que ella, decía que más allá de lo que ellos conocían había un mundo distinto. Hablaba de injusticia social e igualdad, términos que ella nunca había escuchado. Colin sólo escuchaba, aún no estaba dispuesta a expresar sus opiniones.

- Colin, todos pensamos distinto - decía Jonathan, mirándola con ternura.
- Yo soy como mis padres, y como mis abuelos de Irlanda.
- No niña, yo te he observado y tú al igual que yo tienes muchas inquietudes.

Su comportamiento seguía siendo el mismo de siempre, aunque su madre descubrió un ligero cambio en su rostro, esto asusto a Colin; pensó en que quizás también podría leer su mente. Tal vez notaría que hace mucho tiempo no pensaba igual que la familia Quinn y que ya no se parecía a sus antepasados. Quería conocer el mundo, salir de la residencia y constantemente pensaba en la forma de lograrlo. Le pediría a su padre que la mandara a estudiar a Dublín, a lo que estaba segura no se negaría pues amaba la patria de sus antepasados.

Preparó todo para irse y no regresar más, quería ser periodista, escribir todo lo que observara, viajar y tratar con todo tipo de personas, enriquecerse con diversos conocimientos y experiencias; algo que estaba segura su padre no permitiría en Nueva York. Su nuevo amigo le había contado que en Inglaterra podía estudiar periodismo. Patrick Quinn estaba fascinado con la idea de que estudiara en Dublín hasta que encontraran al hombre perfecto con el que la casarían, quizás sería el hijo de los Kyne. No imaginaba los propósitos de su hija. Su madre estaba dispuesta a dejarla ir, porque sabía que en Dublín se convertiría en una dama. Le sentaría bien cambiar de aires, ya que en los últimos días la había notado un tanto extraña y distante.

Colin partió a Irlanda, terminaría sus estudios en el más prestigiado colegio Irlandés bajo la supervisión de sus abuelos. Planeaba terminar la escuela y esperar a cumplir la mayoría de edad para así poder estudiar periodismo, con o sin la aprobación de su familia. Paso el tiempo y junto algo del dinero que sus padres le enviaban, nunca expresó lo que pensaba hasta el día en que informo a sus abuelos que estaba aceptada en la Universidad de Oxford. Ella era estadounidense, y no le afectarían los eternos problemas entre ingleses e irlandeses, y nisiquiera le importaban. Al principio todos se opusieron, pero ella estaba decidida y no podían hacer nada, ya era mayor de edad.

En Nueva York todos murmuraban, pues sus padres no volvieron a mencionarla. Decían que se había casado con un hombre de color, que se había ido con ese chico del Club Irlandés; que la habían mandado a Europa porque se había vuelto loca. Sin embargo, Colin vivía sola; más cuerda que nunca. Escribía para un periódico y nisiquiera pensaba en casarse. Lo único que lamentaba era el enojo de sus padres.
Se miraba al espejo reconociéndose tal y como era, con ideas distintas a las de sus padres y un rostro sin pecas.
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sgrassimeli
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MensajeTema: Re: Un rostro sin pecas   Un rostro sin pecas Icon_minitimeDom Sep 19, 2010 5:50 pm

Se lee la historia de un personaje en su camino durante el desarrollo y despliegue de la personalidad junto a los mandatos familiares y sociales. Y se logra percibir la carga emocional que le imprime al personaje. Buen relato.
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Ignacio Araya D
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MensajeTema: Re: Un rostro sin pecas   Un rostro sin pecas Icon_minitimeDom Sep 19, 2010 10:27 pm

Bello relato, en donde nos muestras a esa chica en sus distintas fases de vida e inserta en un modelo social complejo. No es muy diferentes a casos que se conocen aun en estos tiempos, en que los padres absorben a sus hijos aunque en algún momento, también está esa esencia interna de rebelarse, de seguir sus propias ideas. En este sentido, es de verdad, relevante el relato en cuanto al simbolismo de las pecas y el estado de ilusión o burbuja en que ella vivía, pero que con el tiempo, fue acomodándola a lo que verdaderamente era. La sociedad externa, representada en Jonathan, las influencias en su personalidad, y por último, su decisión de liberarse, de romper cadenas y encontrarse a si misma en un mundo real, tangible, que era su mundo.

Excelente texto Fernanda, un gusto,

Besos,

Ignacio
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MensajeTema: Re: Un rostro sin pecas   Un rostro sin pecas Icon_minitimeDom Sep 19, 2010 11:24 pm

Hola Fernanda, un buen escrito donde muestras el paralelismo de lo físico y lo espiritual en un cambio del ser humano que lucha por su independencia y su libertad de elegir.
Muy bueno, me gustó como lo enfocaste.
Un abrazo
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MensajeTema: Re: Un rostro sin pecas   Un rostro sin pecas Icon_minitimeMar Sep 28, 2010 4:58 pm

me encanto este relato, donde vas mostrando esa madurez del ser humano, a traves de la alegoria de las pecas.
me parece una historia bien llevada ,amena y que hace una aguda critica a la sociedad de clases.
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Fobio
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MensajeTema: Re: Un rostro sin pecas   Un rostro sin pecas Icon_minitimeMar Sep 28, 2010 9:39 pm

Un lindo relato, Fernanda. Un gusto leerlo. Saludos,
Jose
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MensajeTema: Re: Un rostro sin pecas   Un rostro sin pecas Icon_minitime

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