tachin parra chin ta chin era un pequeño tachin que se aburría solo y un día cogió un ordenador y se puso a escribir y escribir hasta que los deditos se iban poniendo morados, y mientras en los allá le miraban y releían las sombras negras de los dioses cibernéticos, mas el pequeño seguía tachin parra chin ta chin, y de pronto como un relámpago de luz apareció una sombra blanca y le dijo: tachin parra chin ta chin Tachin no golpees el teclado no desparrames tantas letras inultamente, quien las tiene que leer no entrara en su contenido y quien debería leerlas no repara en su existencia Pero no puedo parar dijo casi de manera frenética tachin parra chin ta chin las manos se me quedan frías, torvas si dejara de escribir es de buen seguro que moriría de frio Mira tachin parra chin ta chin ya estoy yo aquí para acogerte sobre mi despecho y guardar el calor de tu alma, estoy para romper tus silencios con las brasas de mi mirada, estoy para leer con fricción cada uno de tus caracteres y ello bastara para que cejes en el intento de sangrar de tus dedos y entonces tachin parra chin ta chin dejo de escribir y lentamente fue cerrando sus ojos hasta entrar en la eternidad, su soñada tachin parra chin ta chin para dormirse en el abrazo cálido de su hada cibernética dejando apenas una letra pulsada a medio camino entre el teclado y el monitor ya por fin tachin parra chin ta chin era felizmente la zeta.