DEDICADO COMO SIEMPRE Y PARA SIEMPRE A MI ROCIO... TE AMOOOOOOOOOO
Derramando todos mis sueños en su boca, de mis manos brotan caricias al unísono del silencio entrecortado en palabras, se embarra mi esencia, mi persona en su cuerpo en ella se agita toda mi realidad, el tiempo es tan rápido que lo maldigo por no darnos el espacio suficiente e indispensable para nosotros. Se encharcan mis palabras en sus oídos, mi boca hasta entonces desierta se inunda en el oasis de la suya; el calor de su rostro siempre dispuesto y orgulloso al tacto de cualquier rose. Las caricias aumentan de humedad y varían de instrumento para ejecutarlas, se valen de las manos, los dedos, la lengua, las plantas suaves de los pies en fin todo el cuerpo, pues todo el cuerpo en el diseño divino fue creado para ensamblar amor. Los besos se convierten en vehículos para el deseo, para realizar transfusiones de placer, cariño y afecto. En el oleaje de nuestras miradas, en la tormenta de nuestros instintos no hay espacio que no haya tocado, erizado las terminales sensibles y nerviosas en el encuentro de ella. Sus voz que entre mas cerca es mas identificable la cosquilla de su aliento en mi oído, las criaturas celestiales nos miran con envidia pues nosotros solo tenemos una vida para vivirla y eso la hace tan excitante y convierte la eternidad en un aburrido sin fin, pero si tras las puertas de la muerte encontramos en lugar de gusanos que se alimenten de nuestros cuerpos podridos, un paraje para nosotros, entonces repetiremos una y otra y otra vez este momento, tentaremos nuestra propia estancia en el paraíso, pero después nos preocuparemos por el paraíso, por ahora lo único importante es la cuarta persona: “nosotros”. El nosotros está formado con un mínimo de dos y para nosotros esa cifra es suficiente; el nosotros incluye el dolor de uno desde la misma raíz del otro, el nosotros forma un árbol siamés cuyas raíces se pierden en el fondo de la tierra. El nosotros es nuestro ahora.