
De Druidas y Perturbados
¿Qué miráis?, ¿Os debo yo tributo o pleitesía?
¡Meros seres abyectos y rufianes!
¿O acaso es que os deleitáis mofándose de Usía?
¡Pobre chusma de función circense!
Ja-ja ¡Jóvenes! Si en mis años mozos estuviere...
¡Ya os ilustraría bien en modales!
¡Sí, Corred! ¡Id hacia el regazo de vuestra madre!
¡Mediocres imberbes, indeseables!
¡Id gimoteando! Sois unos mimados groseros.
¡Todos iguales, babeantes y cobardes!
De naturaleza ruin, sin vestigio de caballeros.
Tan solo una recua de lenguaraces.
¡Oh, vos Damas! ¡Grotesco séquito de Duquesa!
¡Sí, vosotras!, hato de harpías suspicaces.
No soy bella, lo sé. Mas no dilapido mi agudeza
en hipocresías, ni en viles necedades.
¡Vosotras, desfallecéis por ser de la aristocracia!
¿Os concede casta, atuendo y modales?
Provengo de real alcurnia, no incurro en falacias.
¡Plebeyas, pérfidas de costosos trajes!
¿Decís que estoy perturbada? ¿Y qué es la cordura?
¿Debo ofuscarme ante tales ultrajes?
No repararé en seres de baja estofa, ni en gentuzas
que se regodean en blasfemias y pillajes.
Vosotros ahora no sois mi inmediato desasosiego.
¿Qué han sido de mis almenas y bastiones?
¿Quién, por exiguas riquezas ha mancillado mi ego?
Yo, Druida, designada por los antiguos dioses.
Privilegiada entre las castas celtas. Amada y temida.
Gran Señora de Comarcas. Terror de reyes.
¡Ante mi puño elevado, pueblos enteros sucumbían!
Ahora proscrita a este antro degradante…
Burlada, entre hediondos y pútridos vahos cada día.
¿Acaso he descendido al tártaro flagelante?
Como en un mar de tormentos asedian mis miedos.
¿Serán almas en pena que me acometen?
¿Adónde están todos? Los insidiosos, los enjuiciados...
Mi única certeza... que no estoy en el Edén.
Atravieso estoica y silente, lóbregos claustros y antesalas.
Aparecen de la nada entidades que me ciñen,
me acosan y no hay deferencia en sus altivas miradas.
Inmaculados sayos que del averno surgen...
¿Quién sois? ¿Por qué venís a mí?, ¿de qué Éteres salís?
¡Arrastráis mi humanidad!, ¡mala simiente!
Oscuridad… ¡Dejadme, pues jamás imploraré! ¿Me oís?
¡Os exijo! ¡O que vuestras cabezas rueden!
Si no me liberáis, aniquiladme. Aún, seréis magnánimos.
Pues, si cordura exigís a la perturbada mente,
¡Dios os asista y perdone! ¡Moriré dignamente ante vos!
Pero el infierno, no será tan clemente.
**FRENOPÁTICO DE SANTA CATALINA…
“Donde la realidad y la ficción son la misma cosa”.
Días de Visitas: Cualquiera. Sería bueno que fueran, por humanidad.
La mayoría, nunca se enterarán qué días les visitaron.
La mayoría, no sabrán quiénes les visitaron.
La mayoría nunca sabrán que alguna vez lo hicieron.
Por ZeltiaG