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 Los campos de Aldebarán / Capítulo 3 – Sueños y Luces de Aldebarán

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Diegobh71
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MensajeTema: Los campos de Aldebarán / Capítulo 3 – Sueños y Luces de Aldebarán    Lun Jul 26, 2010 12:59 am

Esa noche Hermes durmió cobijado entre sábanas y acolchado dignos de un rey, a comparación de sus experiencias anteriores en el Bosque. La recámara hasta donde lo había acompañado la escolta, era una gigantesca habitación de piedra, decorada con grandes tapices de intrincadas imágenes bordadas, evocando batallas de épocas pasadas. Enormes cortinados de pesadas telas, se encontraban cerrados sobre los grandes ventanales, evitando así que el frío se colara a través de los vidrios. La gran chimenea, la protagonista del ambiente, absorbía la atención con sus grandes volutas y su enorme chispero; sobre ella el escudo del Señor de Aldebarán, el Ave de Fuego. Su escudo.

Estaba ya metido entre las sábanas, cuando un asistente de cámara apareció a través de una pequeña puerta a la derecha de la chimenea, traía entre sus brazos una pila de ropa prolijamente doblada, la apoyo sobre una mesa que se encontraba detrás de un biombo y, al llegar a la puerta nuevamente se giró para mirar hacia la cama, se llevó la mano al corazón y sin mediar palabra alguna desapareció tras la puerta. Hermes que miraba desde su almohada toda la escena, se dijo asimismo que debería ir acostumbrarse a esas cosas, tomó nota mental del asunto y se durmió.
En sus sueños, pudo ver a su madre, quién tocaba el piano afanosamente en el gran salón de la casa que lo vio crecer, cantaba historias sobre héroes y dragones. La vio feliz. Pero supo, que sería la única forma de verla, sabía que no habría regreso a su antiguo hogar. La chimenea que se encontraba en esa casa no era la misma de siempre, sino aquella que ahora yace en sus habitaciones nuevas. De allí aparecieron las aves de fuego, salidas del propio escudo en etéreas estelas azules y rojizas, con sus jinetes montados en ellas surcando los cielos. Una de ellas, de gran porte y, flamas ambarinas lo montó sobre su lomo para llevarlo por los cielos oscuros de Aldebarán, cubiertos de miles de estrellas sin nombre. No tenía miedo, no tenía porque tenerlo, aquellas criaturas estaban allí para cuidarlo, además por extraño que fuera, su mente, sus sentidos, estaban de alguna manera conectados con ella, eran una sola unidad. Lentamente el sueño se desdibujó dejándolo nuevamente entre sábanas de reyes y, aquellas sensaciones, fueron olvidadas por él hasta un tiempo después, cuando la restauración.

Mientras, en otra parte del Torreón, Lorien terminaba de despachar a la escolta que había realizado la travesía. Eran hombres de confianza, soldados de élite, algunos incluso compañeros de armas de su padre. La conocían de niña, aquella pequeña que siempre andaba jugando a princesa soldado, que los retaba a los mayores a prácticas de batalla, derrotándolos ficticiamente. Y más tarde, con habilidad de sanguínea, en los campos de práctica reales, siendo una de las más fuertes entre sus camaradas.
Nadie sabía exactamente su edad, una virtud heredada de su madre, una dama de luz de los elfos del norte de las montañas blancas.

Había llegado a la puerta de sus aposentos, un apacible refugio para su femineidad. Donde deshacerse de la carga diaria de ser la Capitán de la guardia, era posible, no porque no le gustara, pues era su vida, pero este pequeño mundo era suyo, personal.

Apenas traspasó el umbral, cerró la puerta y quitó esa media armadura que llevaba puesta desde hacía ya muchas horas. Se miró al espejo desnuda, donde se reflejaban los duros años de entrenamiento y, las no pocas cicatrices que llevaba con orgullo, se sintió feliz.
Su asistente de cámara, una vieja nana que estaba en la familia desde que tenía uso de razón, era la encargada de sus cosas. Como siempre le tenía preparado ese baño tan especial, aquel que la devolvía la vida de la corte, donde las espadas y la violencia solía ser cosas de hombres.
Vio como la nana, se llevaba las prendas, haciendo caras de asco ante el olor que estas tenían. Sabía que no podía oler a rosas todo el día y eso la hizo reír.
Se metió en la tina de bronce y, cuando su cuerpo quedo totalmente sumergido; suspiro aliviada. Poco después, ya aseada y vestida con una camisola de algodón larga hasta los pies, se sentó en un viejo y enorme almohadón mullido, que le servía de sillón por sus dimensiones, bajo el gran ventanal que daba al patio de prácticas. Entre cerro los ojos y se recordó niña, sonriendo, dando tumbos y organizando escaramuzas con sus compañeros de clase. También, aquellas tediosas clases de música, que por lo general trataba de evitar con alguna excusa, sin éxito.
Sintió que E´llida, como la llamaban a la nana, se deslizaba por la habitación preparando la cama para que ella pudiera dormir. Abrió los ojos y, agradeció a los dioses que todo estuviera en su lugar. Se levanto de su “sillón” y, se dirigió a un pequeño altar con una figura azul en su interior. Se arrodillo ente él y prendió un incienso, para pedir que la colmara de sabiduría, fortaleza y espíritu.
“Sé que es él. Están todas las señales que mi padre podría dejar en un alumno,” pensó,” más siendo quién es.”
Recordó mentalmente todas las escenas del combate en el círculo de menhires y dragones. La “finta Thailard”, una técnica desarrollada por su padre que si no era frenada y trabada con efectividad, era imposible de parar y, las acciones de su señor esa noche, eran exactas. Como todo Aldebarán, debía ser un digno discípulo de su Maestro de Armas. Sabía que la mañana siguiente sería crucial para poder establecer si la profecía se cumpliría, si la restauración sería posible.

Tenía hambre y sueño, el día había sido muy largo y necesitaba reponer fuerzas. E´llida, ya estaba sirviendo una deliciosa sopa, con un interesante aroma que perfumaba la habitación. Le agradeció por sus atenciones y se sentó a comer.
Largo rato después, se estaba deslizando hacia la cama, para poder restaurar sus fuerzas para el día venidero.
Lentamente se sumergió en un profundo letargo que la llevo a estar en otro lugar. Sobre un etéreo lomo azulado, desde donde podía divisar a cada uno de los jinetes que la acompañaban en aquella extraña travesía. Entre ellos sobre una estela de color ámbar estaba Dominus Aldebarán, iluminado por los fuegos del Aldebarán y respetado por las aves de fuego. Esa noche, supo que era él, Dominus Hermes Aldebarán.
Las lunas que surcaban el cielo repleto de estrellas que ella conocía, acompañaron el resto de sus sueños, durante aquella noche

La mañana siguiente, el gigante rojo que iluminaba el torreón, comenzó a filtrarse por los ventanales de la gran habitación, pues un asistente de cámara de gran estatura y hermosos rasgos elficos, había corrido todas y, cada uno de los grandes cortinados. Con una campanilla en la mano se acercó a la cama de su señor, haciéndola sonar suavemente.
Hermes, por su parte se encontraba boca abajo, sumergido en algún sueño tranquilo. El suave tintinear, hizo que se fuera disipando su letargo hasta girar sobre si mismo y de a poco, sentarse en la cama mirando a su alrededor. Todo seguía como lo había dejado, definitivamente no era un sueño, sino la pura realidad.
Sintió, el aroma a infusión caliente muy parecida al café y los panecillos en aquella bandeja que el asistente había dejado sobre la mesa que se ubicaba en el gran ventanal que daba al patio de armas.
-“Dominus Aldebarán, mi nombre es Thoriel y seré vuestro asistente de cámara,” dijo el elfo mientras se dirigía hacia el biombo, donde se encontraba la vestimenta que usaría Hermes ese día, tomó una bata de cama y se acercó hasta el pie de la misma esperando a que su señor se levantara.
La luz rojiza del sol entraba por las ventanas, Hermes todavía sin poder adaptarse completamente a la luz, se acercó a la mesa donde se encontraba su desayuno y tomo una taza con la infusión de raíz negra. Su sabor se parecía mucho a lo que el conocía como café, aunque un poco más amargo, tenía la virtud de darle a uno una dosis de energía que lo mantendría activo durante un buen tiempo.
En ese instante, cuando estaba por tomar un panecillo para comer, Thoriel se acerco para avisar que se retiraba a concluir otras tareas, cuando Hermes lo detuvo y le dijo:
-“Permanece conmigo, serás mi asistente personal a partir de ahora”
El elfo agradeció por el nombramiento y solicito permiso para poder organizar algunas cosas de las habitaciones del Dominus.
-“Si, hazlo y vuelve, que deseo saber como llegar a la biblioteca, pues allí me espera la capitán Thailard”, dijo Hermes mientras dejaba la taza en la bandeja, para dirigirse al biombo a cambiarse de atuendo. Rápidamente otro asistente menor apareció en escena, con la clara intención de ayudarlo a vestirse. No estaba acostumbrado a que lo eso, pero supuso que sería parte de su nueva rutina.
Un rato más tarde, apareció Thoriel por la puerta de servicio y despidió amablemente al asistente, para encargarse él de ayudar a terminar con los ajustes de la vestimenta. Terminado el tedioso trámite de vestirse, se dirigieron ambos al pasillo principal del torreón, el cual comunicaba la mayoría de los corredores del castillo.

En el ala oeste, Lorien ya los estaba esperando en la entrada a la biblioteca.




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Última edición por CzarOeuf el Miér Ago 11, 2010 6:35 pm, editado 2 veces
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MensajeTema: Re: Los campos de Aldebarán / Capítulo 3 – Sueños y Luces de Aldebarán    Lun Jul 26, 2010 10:35 am

Bien, Diego, bien. Me sigue atrapando esta historia (un ritmo que no decae y va ingresando datos de a poquito). Un abrazo.
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MensajeTema: Re: Los campos de Aldebarán / Capítulo 3 – Sueños y Luces de Aldebarán    Mar Jul 27, 2010 2:17 pm

Genial, me parece que tus escritos son capaces de enviciar a cualquiera.

Un abrazo.
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MensajeTema: Re: Los campos de Aldebarán / Capítulo 3 – Sueños y Luces de Aldebarán    Mar Jul 27, 2010 3:21 pm

Gracias manuel por el elogio, no se si es para tanto... la intención es crear una buena historia. Lo tuyo tambien se las trae estimado colega. Cuando puedas busca Fusion XIII y leelo quiero saber que te parece.
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MensajeTema: Re: Los campos de Aldebarán / Capítulo 3 – Sueños y Luces de Aldebarán    Mar Jul 27, 2010 3:22 pm

Gracias Sil. Siempre presente.
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MensajeTema: Re: Los campos de Aldebarán / Capítulo 3 – Sueños y Luces de Aldebarán    Miér Jul 28, 2010 1:53 am

Y te sigo de cerca, bueno aqui una acotación nada más:

“Si, hazlo y vuelve, que deseo saber como llegar a la biblioteca, pues allí me espera la capitán Thailard.” Dijo Hermes

Allí no pondría punto, o cierro el guión de dialogo o coma, ojo es sólo una sugerencia.
Sigo atenta.

Hadas para tu elfo

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MensajeTema: Re: Los campos de Aldebarán / Capítulo 3 – Sueños y Luces de Aldebarán    Miér Jul 28, 2010 2:59 am

Gracias Poe, no lo había visto. Si es cierto le cambia el significado a la oración. tendré que estar más atento.
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MensajeTema: Re: Los campos de Aldebarán / Capítulo 3 – Sueños y Luces de Aldebarán    

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