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 El jarrón de caracoles.

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MensajeTema: El jarrón de caracoles.   El jarrón de caracoles. Icon_minitimeJue Jul 22, 2010 12:53 pm

ADVERTENCIA:
El vocabulario y las descripciones pueden molestar al lector por lo escabroso del tema.

_____________________________________________________




“¡No hay nadie; no hay nadie!”, susurraba el Penca. Tito sabía que lo precipitaba demostrar que había encontrado algo bueno y estuvo a punto de chistarle para que se callase, pero prefirió que el augurio encarnara en los gurises. Estaban ocultos en el frágil silencio de la noche, a orillas de la luz tajeada por los plátanos sin poda que despuntaban la calle. Un depredador condenado, asechando con sus cuatro pares de ojos hasta los más nimios detalles de la casa semioculta en el salvaje jardín. La múltiple respiración contraía y expandía la angustia y la mixtura de sudores marcaba el fugaz territorio. Tito lanzó el índice y Rata la última piedra que saltó la maraña de rosales, golpeó la puerta y se quedó esperando. Ni un perro, ni otro, ni el retemblor metálico de un camión, todo lejano, tuvieron que ver con la casa dormida. La agobiante incertidumbre había terminado. Rata y Chingo, sin saber quién contagiaba a quién, escurrieron un chucho, porque si Tito no decía nada, el trabajo se hacía.

Para su tamaño, el Penca se agazapó cuanto pudo. Los nervios lo mecían y las espinas de los rosales lo aquietaban sin que pudiera putear. Por suerte sólo le faltaban un par de contactos para poderse independizar y dirigir sus propios trabajos. Se
consolaba pensando en la hermana del Rata, que aunque feúcha, todavía era decente y lo aceptaría con tal de dejar el rancho atiborrado de generaciones que se superponían en inextricable parentesco. Él sabía muy bien cómo meterse
de intruso en una vivienda del Estado; después de todo, el país estaba pensado para los más ricos y los muy pobres. Y si había traído al Rata para que se ganase unos pesos, tendría que ayudarlo con la hermana.

Tito había hecho saltar la reja de una ventana trasera y los menores tironeaban para arrancarla. “¡Despacio, van a despertar a todo el barrio!” rezongó al Chingo, que en su
debut ponía todo el celo que creía necesario. Los ladridos de los perros del barrio se incitaban hasta muy lejos haciendo imposible precisar su origen. La primera sonrisa apareció cuando el Rata, con mueca de duende perverso, se acampanó las orejas que le valieran el mote de “ratón” en una infancia remota que apenas sucediera ayer, porque había visto en la vidriera de una tienda un impresionante walkman amarillo que ya se podría comprar.

Como en sus años de marino, el hombre sólo despertó cuando los ruidos se le hicieron extraños. Por un instante bebió la quimera de que eran la mujer y el hijo que regresaban y volvió a ver por la ventana como ella abría el portón para que el niño pasara sin ensuciarse. Pero la imagen de archivo era otra bruma en el mar del alcoholismo. No fue orgullo dejarlos ir, fue la certeza de que les hacía daño. Ellos tan corpóreos y frágiles, él tan fuerte y navegado… Vio la espalda entre los rosales; sin embargo los ruidos provenían del fondo. Al levantarse para sacar el revólver de encima del ropero, removió a Pirata que ronroneó, resbaló en la hondonada del colchón y volvió a ovillarse en la tibieza. Los demás ya estaban adentro cuando Penca fue sorprendido y obligado a rodear la casa para entrar por la misma ventana rota. Aunque oyeron su miedo, quedaron pasmados por el grito del hombre que encendió la luz. Sólo el Rata atinó a esconderse en el dormitorio, pero el gato lo denunció con sus maullidos.

-¡Decile que salga! –intimó el hombre a Tito.

Por un instante, creyeron que la cara roja iba a balearlos. En cambio, imponiendo silencio de puño y gesto, los fue ubicando a punta de revólver hasta dejarlos de espaldas a la puerta entreabierta y con la mesa que llenaba el comedor de por medio antes de sentarse en el sillón que golpeó la pared al hacerlo.

Desde el rincón opuesto, Tito buscaba lo que ocurriría. El viejo parecía bastante entero pese a la gran panza que le mortificaba el calzoncillo y a la cara más borracha que dormida. Una cara que había tenido que aprender antes que cualquier otra cosa en la vida. Espantó los recuerdos para salir del pozo y se concentró en el seis tiros que manejaba con seguridad; quizás fuese un milico retirado. De los cuatro, él era el que estaba más alejado de la puerta y los otros llenaban el espacio entre la mesa y un sillón largo bajo la ventana, pero si se ponía
pesado, tenía al alcance de la mano un enorme jarrón de caracoles que podría arrojarle mientras se zambullía afuera. Le empujaría al tarado del Penca para que lo cubriera, seguro que no disparaba contra los gurises.

¿Estaría pensando robarle el jarrón? ¿Sería posible que esta lacra no cambiase nunca, que hubiese que exterminarlos como a alimañas? ¡Si lo toca le prendo bala! Vio a su hijo sosteniéndolo a duras penas, a la madre atenta a que no se le cayera; era la época de los cumpleaños y éste el que más recordaba. La habían engañado, no eran caracoles marinos, ¿pero cómo decírselo? Entonces callaba mucho y ella haría otro tanto.

Me gustaría vivir aquí, pensaba el Chingo. Que las cosas que veía fueran suyas; no robadas, suyas desde siempre. Haría los deberes sobre esa misma mesa hasta que su madre le sirviera
la leche y su hermana vendría a comer los domingos y él cuidaría que los sobrinos no rompieran nada. Sería fácil decirle sí señor o sí papá, a ese hombre que no tenía miedo ni de Tito. No se atrevía a mirarlo mucho, prefería el cuadro encima de la cabeza: un barco de grandes velas sobre olas puntiagudas
con un cielo de bonitos colores de fondo.

Más que al hombre armado, al Penca le preocupaba haber metido a Tito en un gran lío. No era un tipo violento, pero si decía ¡nunca más!, mejor irse del barrio porque nadie le daría bola. ¡Todo se había ido al carajo! También, ¿quién iba a pensar que un viejo borracho se sucuchaba en esta piojera? Pa´ colmo no había nada qué robar; las cosas eran viejas y vulgares y seguro que no tenía un peso partido a la mitad.
Lo único que podría salvarlo sería quitarle el fierro; si pudiera conversarlo…

-Disculpe don, pero si nos deja ir, prometemos no volver a molestarlo. Y además, podemos arreglarle la ventana.

-Desnúdense.

-¿Cómo dice?

-¡Qué se quiten la ropa, idiota!

Tito cerró los ojos y cayó otra vez en el pozo; una oscuridad con manos que empezaba con tufo a mugre, orina y vino. De acuerdo al primitivo juramento de su dignidad, quiso apretar los ojos para impedir el llanto pero ya lo había hecho. Sin embargo, en algún lugar inexistente de la memoria, más cerca que su madre que dormía en el vacío y de su padre que aplastaba la rigidez de sus bracitos, aparecía ahora un gran jarrón de caracoles. Abrió los ojos y comenzó a desabrocharse sin apuro.
Cuando soltaba el cinto vio que el Rata le sonreía al amparo de la remera que se quitaba. El Chingo los imitó y el Penca, que se había quedado pensando, se apresuró a bajarse los pantalones. De los championes no dijo nada, pero como Tito se los sacó, todos lo hicieron.

Desnudos, tensos, sorpresivamente enhiestos, al hombre le hizo gracia verlos. En cueros no parecían el creciente peligro que según la radio amenaza a la sociedad. Ni el jefecito tenía pelotas. Le hubiera gustado obligarlos a bañarse y a lavar la
ropa, pero no eran los sucios que había imaginado. Incluso la ropa, aunque medio estrafalaria, era bastante nueva; se preguntó si su hijo andaría así vestido. Recordó otros desnudos de su juventud: marineros sobre cubierta dándose baldazos de
agua salada. ¡Esos sí eran hombres desnudos! Pero éstos… El gurí de la puerta, que temblaba como vara verde, parecía el más chico porque ni emplumado estaba; el negrito de al lado, el de las orejas paradas, era uno de esos animalitos escurridizos que nacen bandidos y no hay nada que hacerle; y al flaco del medio, bueno, se le veía en la cara que daba el culo con tal de salvarse. En el jefecito estaba toda la resistencia de la pandilla. Parecía una de esas estatuas que se ven en los museos; delgadito y dibujado, con las tetillas como
lunares y el pito haciendo uno con las bolitas. Le molestaba que lo mirara y disimulaba desafiando, como midiéndolo él también. Talvez si se acercara lo suficiente podría quebrarlo. No tenía prisa, pero eso sí, no lo dejaría hasta que pudiera olerlo de lejos.

Chingo estaba erizado, por la puerta entraba una corriente que le daba la sensación de tener la cola mojada. Él era el único expuesto de cuerpo entero frente al hombre y eso lo ponía muy nervioso, era como estar en penitencia pero desnudo; trataba de cubrirse con las manos sin agarrarse. Adelante había un mueble largo un poco más alto que la mesa y después estaba el hombre sentado. El cuerpo inmenso llenaba todo el sillón; muy blanco, lleno de pintitas rojas y negras. Solamente
bajo el cuello la piel del pecho era rosada. No tenía cara de malo, sólo de
enojado. Si parecía loco era por los ojos como mojados y el pelo alborotado, todo gris, como el que se le enredaba en el pecho. Si no fuera por eso parecería con tetas; no como las de su hermana, al contrario, grandes y chatas. Uno de los brazos gordos estaba tatuado no veía con qué. Las rodillas separadas le brillaban y los pies y las manos eran muy grandes. En una el revólver como dedo de robot. Estaba en calzoncillos pero casi no se le veían por la posición y la enorme barriga. Sólo en la bragueta entreabierta, donde aparecían pelos sobre algo blanquísimo, y también donde abultaba muchísimo porque aprisionaba el globo colorado que había entrevisto cuando moviera la pierna.

-¡A ver gurí!, andá al cuarto y traeme la botella y los cigarrillos. Prendé la luz, no vayas a romper nada, ¿eh?

Chingo se avergonzó de tener que pasar junto al hombre, como si también le viera los pensamientos. Pasó rapidito cerca de las manos y prendió la luz; sobre la cama un gato se lamía. Había un olor acre que no supo a qué porque eran varios que lo hacían. La botella estaba en el piso y los cigarrillos sobre la mesita de luz junto a un portarretratos; en el puerto, una mujer con sombrerito muy gracioso sujetando de la mano a un chico vestido de marinerito. Pirata se le acercó con un remedo de maullido para olfatearle los genitales. Con la vista fija en la
pálida fotografía, fue mesándole el lomo desde la cabeza hasta la cola que paraba cada vez.

-¿Y, para cuándo?

El cerdo pensaría quedarse toda la noche ahí sentado fumando y bebiendo. ¡Una lástima!, porque si se calentaba con el Chingo que es nuevito o fuera de ésos que les gusta que los
pinchen y entonces Tito tendría que encargarse, él podría reducirlo. Con el Rata no se podía contar, no sólo era asqueroso hasta desnudo si no que el muy sabandija se las tomaría apenas pudiera. ¿Y a él? ¡No, con él no se metería!
Pero si lo obligaba a chupársela, lo mataría; no había matado a nadie pero lo haría. De todos modos no tenía de qué preocuparse, Tito no dejaría que le tocase un pelo; le estaría siguiendo el juego, no más.

La botella estaba vacía, lo cual no tenía nada de raro; tampoco que otro paquete de cigarrillos fuera basura. Pirata regresó de la cocina y al no encontrar su comida comenzó a
maullar restregándose entre las piernas de su dueño. El frío de la madrugada estacionaba en el comedor, hacía rato que los muchachos se apoyaban en lo que podían y la cortina a sus espaldas se iba trasparentando. Supo que era el final; como decía el Capitán, “Por más embravecida que esté la mar, el viaje siempre ha de terminar: a puerto o a pique”. Se puso de pie metiendo la cabeza en el humo que él mismo hiciera, los vio agitarse, chocar entre sí, con la mesa, con el sillón, se bamboleó el jarrón de caracolas. Las manos iban venían de las bocas a los pitos, los codos se anteponían por la fuerza, sostenían posiciones imposiblemente grotescas. Todo con tal de no provocar al revólver que apuntaba cada paso del hombre, que rodeaba la mesa despacio, para encarar
directamente al jefecito. Sin resistencia vio el pecho infantil que nunca más quería extender los brazos inútiles; intuyó un mensaje desconocido…

Tito implotó. En un instante quedó hermético sobre el sillón protegiéndose absurdamente con el jarrón. Sus entrañas salmodiaban SI ME TOCA LO MATO SI ME TOCA LO MATO SI ME TOCA… Se apretaba con todo el cuerpo: con la cabeza las rodillas, con las piernas el pecho, con los talones las nalgas, con los brazos las piernas, con el jarrón los pies. …LO MATO SI ME TOCA LO MATO SI ME TOCA LO MATO ¡NO PAPI NO!, ¡TRANQUILO M´ HIJO TRANQUILO! SI ME TOCA LO MATO SI ME TOCA LO MATO SI ME TOCA…

Penca fue el primero en salir corriendo y a su espalda el Rata con una dulcera que manoteara a la pasada; de vidrio, con pie y tapa de madera y una cereza de adorno. Luego Pirata desperezándose al sol que llegó muy adentro, hasta el cuadro del barco de grandes velas. Chingo, que había quedado encerrado entre la puerta y el rincón, asomó su asombro mientras el hombre lo entendía todo.

-¿Qué te han hecho, pibe; qué te han hecho?


Última edición por antifaz el Vie Jul 23, 2010 12:21 am, editado 3 veces
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MensajeTema: Re: El jarrón de caracoles.   El jarrón de caracoles. Icon_minitimeJue Jul 22, 2010 3:24 pm

UFFF , QUE RELATO ANTIFAZ,A VER COMO EMPIEZO
PRIMERO, NO SE LO DE LA ADVERTENCIA QUE COLOCAS AL COMIENZO, CREO QUE EL LENGUAJE ESTA PERFECTO PARA ESTE RELATO,LO MISMO QUE LAS SITUACIONES QUE MUESTRAS, NO CREO QUE NADIE SE PUEDA ASOMBRAR O MOLESTAR AL LEERLO,POR QUE ENTONCES QUERIA DECIR QUE NO ENTENDIERON LO QUE CUENTAS.,
SEGUNDO,NO SE SI PORQUE SOY DE ESTOS PAGOS ES QUE ENTENDI PERFECTA LA JERGA LINGUISTICA ( NO SE SI SE DICE ASI) QUE USAS, YO ME SENTI MUY COMODO CON LA LECTURA, CON LAS IMAGENES QUE PRESENTAS,Y CON LA SITUACION EN SI QUE NO ME PARECIO PARA NADA VIOLENTA.

ME ENCANTA COMO VAS ALTERNANDO LAS VOCES DE LOS PROTAGONISTAS Y SUS SENTIRES, ESO LE DA DINAMISMO AL RELATO Y NOS VA MOSTRANDO OTRAS FASCETAS, PRIMERO TODO ESE COMPLOT PARA ENTRAR, LA SITUACION DE VIGILANCIA, LOS PLANES, TODA UNA IMAGEN DE MALDAD CALCULADA QUE SE VA PERDIENDO EN EL RELATO,VAS DESMISTIFICANDO ESA VISON DE NENE MALOS ,MOSTRANDO SU PARTE MAS HUMANAS...DEJANDOLOS DESNUDOS,EXACTAMENTE.
UNA SEMILITUD ENTRE LA VIDA DEL HOMBRE Y LA DEL TITO O EL CHINGO AHI SI TENGO UNA CONFUSION...ES MAS LLEGUE A SENTIR QUE LO HORROSO QUE EL INTUYE ES QUE UNO DE ELLOS ES SU HIJO, ESE QUE QUEDO MIRANDO EL CUADRO, ,ESE QUE DEJO IR JUNTO A SU MUJER PARA NO HACERLE MAS DAÑO, SI, INDUDABLEMENTE LA VIDA A VECES DA VUELTAS.

MUESTRAS EN FORMA DE RELATO CRÓNICA, UNA REALIDAD SOCIAL QUE SE DA EN NUESTROS DIAS, PERO SOBRE TODO MUESTRAS LA PARTE MAS HUMANA DE ESA REALIDAD, Y ALGUNO DE LOS PORQUE, QUE AUNQUE NO SEAN JUSTIFICATIVOS PARA DELINQUIR SI TIENEN PESO EN LA ACCION DE LAS PERSONAS, FIJATE, QUE POR AHI, EL MAYOR SUEÑO ERA COMPRARSE UN WOKMAN UFF, ALGO TAN SENCILLO COMO ESO.

ME GUSTO LA HISTORIA, ME GUSTO POR QUE LA SE REAL, POR QUE LA ENTENDI Y VEO QUE EN ESTE CASO NO HAY VICTIMAS NI VICTIMARIOS, SOLO INDIVIDUOS, QUIZAS SI VICTIMAS DE UNA SOCIEDAD QUE VA A CONTRAMANO, DEL ALCOHOL EN CASO DEL HOMBRE Y DE LA MISERIA EN CASO DE LOS GURISES.

TE FELICITO ANTIFAZ, COSAS ASI DEBERIAN LEERSE MAS SEGUIDO QUIZAS PUEDAN SER PARTE DE LAS HERRAMIENTAS QUE NOS LLEVEN A CAMBIAR LAS COSAS

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MensajeTema: Re: El jarrón de caracoles.   El jarrón de caracoles. Icon_minitimeJue Jul 22, 2010 5:28 pm

Gracias, muy completo el comentario.
Como padre te diré que, lo que más nos preocupa de nuestros hijos es no saber lo que son. Cuando lo sabemos lo aceptamos. Cuando no, miramos a los demás y nos preguntamos. Es entonces que salimos de nosotros para atender a lo que nos rodea.
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MensajeTema: Re: El jarrón de caracoles.   El jarrón de caracoles. Icon_minitimeJue Jul 22, 2010 7:11 pm

Cuando no, miramos a los demás y nos preguntamos. Es entonces que salimos de nosotros para atender a lo que nos rodea.
NO ENTENDI ESO,SIEMPRE CREI QUE LOS PADRES SABIAN LO QUE SON SUS HIJOS, QUE SON UNA ESPECIE DE SERES EXTTRATERRESTRES QUE NOS SACAN SI MENTIMOS, SINO, SI ESTAMOS TRISTES QUE LO SBEN TODO Y NO SE COMO,PERO UFF UE SI QUE SABEN TODO DE NOSOTROS, COMO SI SE MULTIPLICARAN O TUVIERAN INFORMANTES SECRETOS,POR ESO NO ENTIENDO BIEN QUE QUIERES DECIR CON ESO.

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MensajeTema: Re: El jarrón de caracoles.   El jarrón de caracoles. Icon_minitimeJue Jul 22, 2010 9:13 pm

Cuando el padre tiene al hijo cerca, termina convirtiéndose en toda una autoridad especializada en él. Conoce los códigos genéticos (tiene los mismos gestos que el abuelo y eso que no lo conoció) y los ambientes en que se forjó fuera de casa (escuela, clubes, amigos...).
Cuando ha perdido contacto, como el protagonista, se pregunta ¿qué será de él? Saber que existe pero no cómo está, lo lleva a interesarse (no me interesa la guerra africana, excepto que mi hijo halla sido asignado a ella como soldado de las fuerzas de paz).
En el texto, el hombre captura a los delincuentes porque le interesa conocerlos (su hijo podría estar robando en otra casa). Analizar el problema sin que su familia esté presente es lo que le permite avanzar, pues no están directamente amenazados. Es como ver un partido sin ser hincha de ninguno de los dos equipos.
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MensajeTema: Re: El jarrón de caracoles.   El jarrón de caracoles. Icon_minitimeJue Jul 22, 2010 11:08 pm

Un texto excelente Antifaz, primeramente muy bien narrado.La alternancia de los personajes y su sentir frente a la situación, dandole al lector diferentes puntos de vista, me parece el mejor logro de este texto.Alternancia que sin embargo no deja que se pierda el jilo conductor de la narración.
Realmente me parece lo más logrado de esta narración, que ademas lleva un hecho cuasí cotidiano a una historia humanizada y aleccionadora.
La historia en si, es totalmente creible, ajustada las descripciones, muy bien ambientada para el cotexto de lo que se quiere mostrar.Elemento que se vuelve primordial en el relato el Jarrón, con sus significantes diferentes , segun quien sea la voz reflexiva que se escucha, y elemento de coexion del texto.

Me gusto muchisimo, al igual que Mateo, no encuentro escenas o vocabulario que pueda sentirse soez o escandalizante, y justamente es por la parte humana que logras resaltar de la situación.
He leido varias cosas tuyas , pero este relato, es a mi pobre opinión, el que más me ha gustado, y el que mejor has logrado.
Felicitaciones, realmente es un gusto leerte.

Que las hadas te acompañen
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MensajeTema: Re: El jarrón de caracoles.   El jarrón de caracoles. Icon_minitimeJue Jul 22, 2010 11:55 pm

Excelente relato, actual, reflexivo y apto para que le llegue a todos el mensaje.
Muy bueno compañero

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MensajeTema: Re: El jarrón de caracoles.   El jarrón de caracoles. Icon_minitimeVie Jul 23, 2010 10:30 am

Nada que agregar a lo que te han dicho. Sólo reafirmar los comentarios: excelente texto reflexivo, creible, dinámico.
Felicitaciones.
Silvina.
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MensajeTema: Re: El jarrón de caracoles.   El jarrón de caracoles. Icon_minitimeSáb Jul 24, 2010 2:42 pm

Sin palabras:Excelente
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MensajeTema: Re: El jarrón de caracoles.   El jarrón de caracoles. Icon_minitime

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