Amores caballerescos.
Decidid, mi señora, norabuena,
si os complace tenerme a mí con vos
me tenéis de segundo, habiendo dos,
seré el doce, si habéis una docena.
Sois donosa, marquesa, estáis muy buena
mas me niego al papel inane y vano
de, acercándome a vos, pasar por grano
en el vuestro reloj de fina arena.
Si anheláis profusión de pretendientes
yo dispongo de cinco o seis lacayos
que, vestidos con gusto, en sus caballos,
dan el pego, resultan aparentes.
Podréis dar visto bueno por los dientes,
de ellos y también de sus monturas;
veréis que no hay en ellos cataduras
de agentes financieros delincuentes.
En caso –si se diera- de porfía
expresa , y el afán de vuestra hormona
se centre en mi específica persona
y añore mi concreta compañía,
entonces, alma mía, yo os diría
venid de nueve a diez, la baronesa
sustituye a las seis a la duquesa
y me ama unas tres horas, cada día.