Seguidilla de abuelo
Déjame que te arrope
pequeña mía
que se acerca al galope
oscura y fría
la negra noche;
y duerme, que tu madre
no nos reproche.
Con los ojos cerrados
escucha, quieta,
los rumores templados
de la caleta
donde esta tarde
tú hiciste de valiente
yo, de cobarde.
Feliz chapoteaba
tu pie, la orilla
mientras yo vigilaba
que esa chiquilla
-mi hija pequeña-
no nos viera, que luego
anda a la greña.
Tú eres como ella
cuando era niña
no sabes la epopeya
(con bronca y riña)
cuando quería
como tú, rienda suelta
a su alegría.
Y, claro, ahora se queja
porque compara;
la mosca tras la oreja
no tiene clara
la diferencia
entre padre y abuelo
tenle paciencia.