Ocho séptimas
Cuán pacífica batalla
cuán amistoso combate
si el arrojar la toalla
no tiene ningún sentido
y fuera, buscar, dislate,
ni vencedor ni vencido,
dos orgasmos, un empate.
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Un foco de linterna concentrado
un círculo redondo de luz blanca
sitúa en tu sonrisa abierta y franca
el centro de mi afán desmesurado
en ver, de los recuerdos, lo mejor;
imágenes, memoria de un pasado
que funde tu presencia con mi amor.
*****
Subiendo las escaleras
que conducen a tu piso
me digo que el paraíso
y el averno son quimeras;
mas, si en alguno estuvieras,
aunque sea sin permiso
allá voy, por peteneras.
*****
Intentar en cinco séptimas escasas
que hasta ti llegue completo mi penar
es lo mismo que creerme que unas nasas
en sus juncos contendrán el ancho mar.
En las cuatro que me quedan te diré,
dos a dos, cuál es mi duda, y lo que sé
desde el día en que por fin te pude amar.
Dudo mucho que volvamos nunca a vernos.
Mas no hay duda: sé muy bien que mi pesar
por tu ausencia, primaveras torna inviernos,
pero dudo que nos traiga bienestar
la ilusión de fundir cuatro estaciones
en brevísimo relax de vacaciones,
tiempo escaso en que tú puedes disfrutar.
Del futuro no sé nada y por lo tanto
no programo una existencia tan dudosa
de la cual se desconoce el si y el cuánto;
y sería una actitud triste y jocosa
perder tiempo, tan escaso, del presente
en la orilla de mi río la corriente
ordenando en su bajada tumultuosa.
Puedo hablar con ciertas dosis de certeza
de un azar que ya no es tal, porque ya ha sido,
de un acaso que me trajo la belleza
simulándole a mi vida algún sentido
y me empuja a eludir fugacidad
hasta el punto de inventar la eternidad,
si el azar puede reír, bien se ha reído....
Ese tiempo en el que tuve tu ternura
es ya tiempo que pasó, e inamovible;
es certeza, pues, sin dudas, ciencia pura;
tiempo extraño que consigue algo increíble:
ser culpable al mismo tiempo de tu ausencia
de mis dudas, mis certezas y, en esencia,
de saber que, hoy por hoy, todo es posible.