Remaniegas en Argentina –XIV-
La burocracia y las sirenas.
Dicen – pero yo no sé si es cierto –
Cuentan…que una casa muy bonita
blanca, verde y roja, junto al puerto
duerme porque nadie la visita.
Tiene justo al frente el mar abierto,
verde es la bajada que, discreta,
tiende un caminillo a la caleta,
rojas son la puerta y la ventana
blancas, las paredes; y cercana
una barca vieja, anacoreta
que, sin marinero, se limita
a soñar sus tiempos de goleta
sobre la mar llana e infinita.
Cuentan que ese mundo abandonado
fue, en lejanos tiempos, el hogar
sobrio pero limpio y ordenado
de un muchacho alegre que en el mar
tuvo siempre amigo y fiel aliado.
Dicen ( qué sé yo, vaya a saber)
que no vieron nunca pretender
moza alguna, al joven marinero.
Pero jura el viejo cantinero
(jurar le da igual que prometer)
haber visto, lejos, desde el bar,
tras la roca, un cuerpo de mujer
y al chico con ella retozar.
Yo sé que en los pueblos pescadores
se acostumbra de historias amenas
rellenar los inviernos peores
y en verano las noches serenas.
Tal costumbre tiene detractores
que desprecian cuentos de cantina
pero a mí, al contrario, me fascina
suponer que quizá la mirada,
su poder, nos extrae de nada
la existencia, humana y divina,
el tritón, la ondina, la sirena,
la ilusión de un niño que se inclina
a buscar un tesoro en la arena.
De modo que escucho al cantinero
narrar cómo en las noches de plata,
la luna iluminando el sendero,
él bajaba en lenta caminata
a espiar al joven marinero
tras rocas oculto, en la caleta.
Y allí vio la figura completa:
La mujer cuyo cuerpo de diosa
reemplazaba de forma armoniosa
sus dos piernas por cola y aleta.
Me diréis que el viejo disparata,
que se inventa cuentos de poeta
y que todo es leyenda barata.
Puede ser. No entraré en discusión
de si existen, o no, las sirenas
de si es cosa necia la ilusión
e inventamos historias que apenas
se las cree un niño tontorrón.
Solamente afirmo que son vanas
igualmente creencias humanas
llamadas verdad irrebatible
¿Sirenas? No sé…pero es posible
que estén, en realidad, más cercanas
a la razón que varias decenas
de historias dementes y kafkianas
que el hombre ha asumido cual cadenas
en democracias libres y sanas.