Venciendo distancias
Oh, fatídica distancia
que, cruel, del amor me alejas
eres muro, cárcel, rejas
que marcan separación;
por superarla he volado
travesía agotadora
-doce horas más demora
de otras doce del avión-
Cuando por fin he llegado
al prometido aeropuerto
no sé bien si vivo o muerto
y salvo la inmigración,
respiro con vehemencia
el aire limpio argentino
aire puro, aire divino
que inunda mi corazón;
y con la voz temblorosa
anuncio a mi bien amada
que la esperaré en la entrada
del bar que nos despidió.
Llega al cabo de una hora
pasa a mi lado corriendo
busca a no sé quién, y entiendo
que , a mí, no me conoció.
Tengo un recurso (es el móvil )
lo agarro con la esperanza
de a ver si mi voz alcanza
a explicarle donde estoy;
se lo ha dejado en el coche,
se me va haciendo de noche…
y cavilo:¿y si me voy?
Pero entonces reaparece,
le hago señas con el brazo
y corriendo hacia mi abrazo
da saltitos de placer
Casi me ha tirado al suelo
al terminar su carrera;
si dura, pienso, es la acera
qué fuerte está esa mujer.
Nunca supe hablar lunfardo
y espero que se me entienda
fuerte alude a la prebenda
de salud y bienestar
algo que, por otra parte,
necesito con urgencia:
su coche está en la confluencia
del río, el delta y el mar.
Mi maleta es muy pesada
(vine acá por cinco meses)
Necesito varias veces
de intentos hasta poder
meterla en el maletero,
lo consigo y sólo quiero
descansar, dormir, yacer.
Yazco al llegar a su casa
(yasco, estoy en Argentina)
¿lo dije?, ella es divina
y yase serca de mí.
Para no entrar en detalles
resumo: hasta aquí he llegado
se acuesta, en fin, a mi lado.
Llega, el poema, hasta aquí.