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 Esperpento. Capítulo 3. Tratado de ufología para principiantes

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Castillo
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Edad : 46
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MensajeTema: Esperpento. Capítulo 3. Tratado de ufología para principiantes   Mar Mar 02, 2010 10:07 pm

Fue bautizado a la hora de nacido
porque nadie creyó entonces que viviría más de veinticuatro. El
doctor Uriel y su ayudante, junto con el párroco de Otrosanto y
Luciano, se sentaron alrededor de la mesa donde yacía envuelto en
mantas aquel ser violáceo de un poco menos de un kilo de peso, a
esperar su muerte. El recién llegado boquiaba y aleteaba como
arenque extraído de la mar, pero no renunciaba al pedacito de vida
que le fue concedido. Así pues pasó una hora, y luego otra, y los
bostezos de los presentes ya se repetían espontáneos y nada
disimulados. Hablaron de política para pasar el tiempo, algo muy
apropiado si se tiene en cuenta que quien estaba apunto de morir era
un inocente, pero se cansaron pronto de hechar pestes de los rojos
comunistas y los oscuros masones. El bebé no moría y Luciano
estaba a punto de proponer una partidita de tute, aprovechando que
por casualidad se había dejado la baraja en la mochila. Ya la tenía
en la mano cuando, de repente, irrumpió en la sala Agripina,
conocida por quienes la conocían y por quienes no la conocían, que
así de explícita era su apariencia, como “la loca”.





—¡Agripina! —gritó el médico—
¿qué haces!, que debes reposar, mija, ¡que casi te has muerto
dando a luz..!


—Búsquese oficio, doctor, que yo voy
por lo mío..., dónde está, que me lo llevo...




Agripina no dio tiempo a que ninguno de
los cuatro la atajara: ágilmente se avalanzó sobre el bebé, y así
como estaba (en bata, anestesiada, medio desnuda y descalza), cogió
calle con la criatura pegada al pecho. Nadie diría viendola huir
del centro de salud de Otrosanto, corriendo a todo aire, que la mujer
hace escasas horas, se desangraba en el parto. Le costó a Luciano
alcanzarla y someterla en la esquina de la carnicería aunque la
mujer no soltó al niño, quien instintivamente se aferró a su pezón
derecho como lobo a su presa. Decidió pues Luciano llevarse a
Agripina y su hijo a Las Ánimas —cual era el deseo de la
desesperada— y acordó con el párroco que en el momento de morir
el niño, iría a buscarle para enterrarlo en el cementerio de
Otrosanto o en el solar de la casa, a gusto de “la loca”,
tratando siempre de evitar llevarle la contraria, que conocidos eran
por todos sus ataques sicóticos violentos.





Fué así como Francisco, más tarde
Paquito —dado que el crecimiento del chico se paralizó a sus diez
años—, se encontró con la vida y no la perdió, para asombro de
Luciano y sus vecinos. Veinte años después, aquel hombre con cuerpo
de niño, a quien todos daban por retrasado mental, quien sólo podiá
hablar de luces en el cielo y extraños visitantes, vio desvanecerse
en el aire al padre Villar como si fuera una más de las luciérnagas
metálicas que poblaban sus noches y su fantasía.




La primera vez que Paquito vio un ovni
fue precisamente en la hondonada donde solían pastar las vacas de
Leal, y en donde el padre Villar se deshizo como el humo. Una bola
de fuego se plantó en el aire y derramó un destello amarillo a
cuatro metros de sus pies. Ese fenómeno fantástico le impresionó
de tal forma que le destrabó la lengua de un golpe. Tenía 14 años
y hasta ese entonces no había hablado un sola sílaba. Los
Animados, por tanto, quedaron estupefactos, no por la historia de la
esfera de luz y el rayo contada a trompicones por el muchacho —que
todos dieron por ilusoria— si no por la repentina explosión verbal
del chico, a quien daban por mudo irremediable. Sin embargo, a
partir de ese momento, para lo único que utilizó Paquito el don del
habla fue para contar esa misma historia una y otra vez, con la
particularidad que en cada ocasión le añadía un nuevo elemento
más: otras luces, seres, animales, extraños personajes..., ganando
el relato una complejidad de vértigo.





—Hola, Paquito —le animaba Dolores
para que cambiara de tema— ¿te gusta la mermelada de mora?,
¿quieres que te enseñe a hacerla?

—Madre, los seres grises que bajaron
de la luz no comían “memelaa”, ellos eran altos como padre
Luciano y fuertes como padre Leal, se llevaron las vacas en hombros,
la luz bajó por ellas...





No había forma. Ninguno de los
pobladores fue capaz de desencarrilar al muchacho de sus fantasías.
Hartos del mismo cuento, Patricio y Blas quisieron darle un
susto a Paquito, a ver si así se enteraba por fin de otras cosas.
Una noche, cargó Blas la camioneta con el equipo de sonido de 1000
vatios y un reflector de los que utilizaban en las fiestas del pueblo
y puso la lámpara a destellar en la arboleda de la colina del
poniente. Patricio se encargó de buscar a Paquito; se encontraba en
el solar de la casa de Luciano pelando patatas para la cena.




—Paquito, mijo, mirá, que acabo de
ver unas luces como las que tu dices en la colina.

—Padre “Paticio”, los “oinis”
de los lagartos son rojos, ¿que color tenían los que tu viste?


—No me acuerdo, ve tú a verlos y me
cuentas.

—¡Madre Leonor!, ¡que voy al campo
que vienen los “oinis”!

—Deja, deja, Paquito, vete ya que se
van, yo me encargo de pelarle las papas a Leonor.





Y fue así como Paquito subió por la
colina buscando la luz (sí, es cierto, así como está suena hasta
poético). Cuando divisó los destellos de la lámpara en medio de
los árboles, se acercó corriendo. Al verle Blas lo
suficientementemente cerca, le dió al interruptor para encender el
amplificador de sonido... El bafle, escondido entre los arbustos, le
retumbó a Paquito en el oído con toda su potencia. El rock de Deep
Purple estalló en la noche y Paquito huyó despavorido bosque
adentro...




No apareció en una semana. Lo
buscaron con los perros día y noche. Llamaron a los bomberos de
Otrosanto. Vino incluso la policía de Antelmo para barrer el
perímetro con cuadrillas de voluntarios. Luciano había perdido la
esperanza de encontrarlo y lloraba junto con Leonor su pérdida.
Patricio y Blas confesaron su fechoría; no querían que al muchacho
le pasara nada malo y se sentían como criminales pendientes de
linchamiento público. La bronca que cargó Luciano sobre ambos fue
de antología: los sermoneó una hora, les gritó, les insultó y les
atizó con el fuete.




—¡Gayanes descerebrados!, ¡hacerle
eso al pobrecito!, ¡a quién se le ocurre, por vida de Dios!




En medio del aluvión, y debido a la
ofuscación de uno y la humillación de otros, era natural que se
despredieran algunas chispas, germinales de un fuego que ya se creia
extinguido:





—...¡Qué culpa tengo yo que de que
el papá de Paquito sea su mismo abuelo y haya salido así por eso?
—gritó en algún momento Patricio— sólo quería espabilarle,
que no es tan tonto como se piensa...




La ira de Luciano le encegueció la
mente por completo al oír esa verdad por la cual llegó a matar y
que se supone que era un secreto para todos. Por un instante recordó
a su hermana y la hija de esta, su sobrina Agripina, y recordó todo
ese dolor que padecieron por un degenerado que por justicia no debio
existir. Luciano se descargó cruzandole la cara a Patricio de un
golpe. El joven cayo de bruces en medio del salón de la casa y,
cuando se iba a incorporar para responder, Tomás gritó desde la
puerta :




—¡Luciano, Luciano!¡Paquito está
aquí!




Salieron todos al solar y lo
encontraron tal cual lo vieron por última vez... el muchacho miraba
a unos y a otros como preguntandose “¿y estos quienes son?”
Luciano corrió a abrazarlo, le palpó el cuerpo para ver si estaba
entero mientras no dejaba de preguntarle:




—Mijo, ¿dónde estabas?, ¿estás
bien?





El muchacho le miró extrañado y
extrañado le miró Luciano; algo en su interior no encajaba:




—Luciano, me llevaron al pueblo de
los extraterrestres... eh... era muy bonito eso por allá, si lo
vieras, todo era de color verde y no había nieve...




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Mateo
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MensajeTema: Re: Esperpento. Capítulo 3. Tratado de ufología para principiantes   Miér Mar 03, 2010 8:54 pm

QUE BUENA HISTORIA, ME ATRAPO HASTA EL FINAL, CORRI CON LA LOCA Y SU BEBE EN BRAZOS POR LA CALLE, CORRI CUANDO DESAPARECIO EL PADRE Y CORRI CUANDO ASUSTARON A PAQUITO, CADA PEDACITO DE TU HISTORIA LA VIVI.
ME QUEDE CON GANAS DE LEER MAS, SABER QUE MAS LE HABIA PASADO EN ESA SEMANA , QUE MAS CONTABA PAQUITO.
ME GUSTO, Y MUCHO

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Ignacio Araya D
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MensajeTema: Re: Esperpento. Capítulo 3. Tratado de ufología para principiantes   Sáb Mayo 15, 2010 3:53 pm

Nuevamente atrapante el capitulo yb esta vez con antecedentes adicionales que hacen que la hiostoria atrape aun mas...Sigo leyendo,

Ignacio
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Ricardo Cesar Garay
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MensajeTema: Re: Esperpento. Capítulo 3. Tratado de ufología para principiantes   Vie Jun 11, 2010 8:15 pm

Me tienes atrapado compañero, aunque este capítulo no colmó mis expectativas como los otros dos.

Tú tienes la culpa por escribir de maravillas y uno siempre espera más.

Un abrazo

Ricardo 48
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MensajeTema: Re: Esperpento. Capítulo 3. Tratado de ufología para principiantes   

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