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 La maquinaria del mal

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animalSON
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MensajeTema: La maquinaria del mal   Vie Feb 12, 2010 4:47 am

La maquinaria del mal

por Jorge Luis Sala



Última edición por animalSON el Vie Feb 12, 2010 7:34 pm, editado 4 veces
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MensajeTema: Re: La maquinaria del mal   Vie Feb 12, 2010 4:48 am

PARTE I

-Señor Pawlowsky. Pase por aquí por favor. –anuncia una de las asistentes del lugar. El hombre, que lleva esperando media hora en la sala de espera, se levanta y sigue los pasos de la mujer.

Ingresan en una sala repleta de cunas, y la asistente le señala una de color celeste.

-Él es Gregorio. Puede alzarlo si lo desea, yo le esperaré afuera unos minutos. –informa en voz baja mientras el hombre se acerca. –Luego podrá completar los últimos papeles, y en cuanto realice el último depósito para finalizar los trámites, podrá llevarse a su hijo. –dicho esto, la mujer sale y cierra la puerta con suavidad.

El hombre se acerca más a la cuna y se inclina por debajo del manto cobertor. El bebé duerme. Su pureza e inocencia le impiden comprender lo que su nuevo padre tuvo que atravesar para poder adoptarlo. Pero el momento al fin ha llegado. Lo toma en brazos, y el pequeño milagro abre sus ojos, redondos y brillantes. No emite sonido más que su agitada respiración. El hombre le mira fijo a los ojos y se ve reflejado en la profundidad.
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MensajeTema: Re: La maquinaria del mal   Vie Feb 12, 2010 4:50 am

PARTE II

Levanto la mirada y veo mi reflejo en el espejo del baño. Me sorprendió, por lo general intento evitarlo. Espero que él no tenga que cargar con las almas que yo debo. Me seco la cara y voy directo a la cama, el viaje en avión fue largo y estoy agotado.

Una vez más, y gracias a quien sea, no sueño.

Abro los ojos y lo primero que descubro es el trece, seguido del treinta, en el reloj sobre la mesa de noche. Me siento un momento en el borde de la cama para recuperar la conciencia plena. Miro sobre mi hombro con sosiego; por las rendijas de la persiana se filtran los rayos achatados del sol. Veo volar las partículas de polvo. El 80% del polvo en las habitaciones suele ser piel humana. Es verano, y aquí en Bagdad la temperatura es muy alta. Calculo que en este momento asciende a los cuarenta y cinco grados Celsius. Es una de las ciudades más calurosas del mundo, y las lluvias son muy raras en esta estación. Presiento que será un día largo, espero acabar lo antes posible y desaparecer de aquí.

Camino al baño, es reducido y apenas quepo dentro maniobrando bien. Mientras orino, espío por la diminuta ventila los patios traseros de las primitivas casitas pegadas al hotel. Debo reconocer el gran trabajo que hicieron con tan poco espacio. Un padre le grita algo a su hijo adolescente en un árabe bastante rústico. Me lavo la cara y me seco. Esta vez evito el espejo.

Abro el portafolio y busco el itinerario. Hay dos carpetas amarillas. Tomo la de arriba.

La foto de la primera página muestra a Sergei Yeltsin. Un reconocido empresario ruso, radicado en los Estados Unidos. Sergei es dueño de más de la mitad de las refinadoras de petróleo del planeta. Ninguna cumple con los estándares mínimos de protección medioambiental. Los organismos encargados de controlarlo sucumben una y otra vez ante sus sobornos y extorsiones. Esta tarde firmará otro contrato multimillonario para instalar una nueva planta en Iraq, a orillas del río Tigris. La más grande y dañina construida hasta el momento. Según la tercera página, mi objetivo principal consiste en impedir el cierre de este contrato. Como objetivo secundario e ideal, obligar a Sergei a entregarnos la propiedad de sus demás industrias. En cualquier caso, acabar con su vida.

Según el mapa, los contratos serán firmados a las veinte horas en un importante hotel de Rusafa, en Bagdad oriental.

Sergei estará fuertemente custodiado, sobre todo desde nuestro último encuentro hace dos años en Marsella. Tuve la esperanza de que recapacite, y le perdoné la vida aquella vez. No cometo dos veces el mismo error.

Busco en el portafolio una identificación local y una invitación. Son perfectas, incluso mejores que las originales. Una vez más, los muchachos hicieron un gran trabajo. También tomo una buena cantidad de billetes. Si quiero llegar a tiempo será mejor que me apresure. El hotel está cruzando el río y no queda demasiado tiempo.

Cuelgo el esmoquin nuevo al hombro, me coloco el turbante y las gafas de sol, y me largo de aquí. El calor es infernal.
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MensajeTema: Re: La maquinaria del mal   Vie Feb 12, 2010 4:54 am

PARTE III

El pequeño Abir tocaba su violín bajo las estrellas. La calidez de la noche le arropaba sentado junto al estanque. Acariciaba las cuerdas con el arco haciendo brotar nota tras nota de una dulce melodía, capaz de transportar a cualquier oyente a mundos de paz y sosiego. La perfección con que ejecutaba la obra demostraba años de práctica constante para su corta edad. A su derredor, las fronteras de la estancia se perdían bajo el horizonte negro.

-La cena está lista. –anunció su padre Mohammed, de pie en la galería de la modesta casita marrón. Las frondosas barbas del hombre flameaban al son de la brisa tibia. La tranquilidad era dueña del lugar, y al dejar de tocar Abir, el silencio también lo fue. Sólo los grillos y las hojas del majestuoso ombú susurraban en la penumbra de la medianoche. La luna, gorda como pocas veces, observaba todo.

El niño guardó su instrumento en el estuche y se sentó junto a su padre alrededor de una pequeña mesa de madera. Comieron sin decir palabra mientras la brisa, que tornaba en viento, agitaba los postigos de las ventanas abiertas.

-Mañana no entrenarás. –comenzó diciendo Mohammed. Su voz era ronca y firme como un roble. –Iremos de paseo. –agregó.

-¿A dónde iremos?

-Ya lo sabrás. Paciencia, hijo. Saber esperar el momento es una virtud.

Acabaron de comer y el padre acercó a la mesa el tablero de ajedrez con una partida comenzada. Mientras tanto, Abir recogía los platos y cubiertos. De regreso del fregadero, y antes de sentarse, observó el tablero, se tomó el mentón, movió un alfil y dijo.

-Hoy miré el agua del estanque y vi mi imagen reflejada. También hallé un sapo, un pato, y una mosca negra ¿Qué vida es más importante padre?

El hombre acariciaba sus barbas y miraba fijamente el tablero. Entonces movió el caballo y contestó.

-¿Con qué regla lo mides, hijo mío?

El niño frunció el seño y se concentró. Volvió a colocar el alfil en su sitio original.

-¿Qué vida es más importante para la continuidad de todas las demás?

-En ese caso, el hombre es el peor enemigo del hombre. –agregó y movió una torre. –Jaque. –pronunció.

-¿Pero acaso el hombre no es un hijo más de la naturaleza? –indagó nuevamente Abir y protegió a su rey con un peón.

-Sí. Es tan natural como un accidente lo es. Tanto como lo es una catástrofe. –respondió el padre y atacó con su caballo. –Jaque mate. –concluyó.

Se quedaron sentados por unos minutos más analizando la partida en silencio.

-Es tiempo de descansar. Mañana nos espera un gran día. –dijo ahora Mohammed y dio un beso en la frente al niño. Éste asintió y se fundió entre las sombras del dormitorio.

Luego de lavar los cubiertos, el hombre se acercó a un lienzo a medio pintar y preparó los óleos dispuesto a acabar con la tarea. Horas más tarde, una fantástica tierra de ensueños, aún húmeda, descasaba sobre su atril. Sopló la última vela y se fue a dormir.
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MensajeTema: Re: La maquinaria del mal   Vie Feb 12, 2010 4:56 am

PARTE IV

Dentro del taxi la temperatura supera fácilmente los cuarenta y ocho grados. El taxista local intenta una y otra vez entablar conversación pero lo evado con indiferencia. Partimos hace más de una hora del vulgar hotel donde me alojo, en Bagdad occidental.

Mientras atravesamos el puente sobre el rió Tigris, observo a la lejanía a algunos pescadores en botes. Este río se extiende desde los Montes Tauros en Turquía, hasta el Golfo Pérsico. Si la refinadora de Yeltsin se instala no me extrañaría que en pocos años el sustento de estos hombres desaparezca para siempre. Las aguas del Tigris son utilizadas también para la irrigación de toda la zona árida. Mucha gente deberá pagar por la imprudencia de unos pocos, es necesario acabar con esto ahora, o tan pronto como éste taxi de escasas condiciones me lleve a destino.

El tráfico es terrible y de lo más surtido. Avanzamos muy lento, pero la aguja de mi reloj no. Y el calor lo empeora todo.

Seis horas pasan del mediodía y al fin nos acercamos al hotel donde Sergei ofrecerá una conferencia y cerrará el contrato. La zona es muy céntrica y pido al chofer que me deje a unas cuadras del hotel. Pago con propina y avanzo esquivando los puestos callejeros. El sol se rehúsa a bajar.

La fachada del hotel no resulta tan imponente, de arquitectura moderna, pero modesta. Subo los diez escalones requeridos e ingreso por la puerta giratoria. Por dentro todo es mucho más lujoso, el lobby es espacioso y una simpática fuente marca el centro. Me dirijo sin vacilar a los sanitarios y espero a que algunos huéspedes se retiren. Entonces me visto con el esmoquin y escondo la ropa tras un cubículo. Ahora sí, salgo reluciente y apropiado a la ocasión.

Un botones se acerca a paso ligero al verme parado y sin atención.

-Buenas tardes señor ¿En qué puedo servirle?

-Sí, estoy buscando la conferencia de Sergei Yeltsin. –mi árabe suena como nativo.

-Sí señor. Sea tan amable de acompañarme por favor.

El muchacho me guía por un pasillo hasta la sala de reuniones del hotel. Le ofrezco un billete de cincuenta dólares y se retira; muy contento por cierto, considerando que el billete de Dinar más grande equivale a veinte dólares.

Dos altas puertas batientes reciben a los invitados, pero no sin antes pasar por dos enormes guardias de seguridad vestidos de negro elegante. En momentos así me vienen imágenes de mis primeras misiones, de los nervios apoderándose de mí y echando por tierra de todo el entrenamiento, y demostrándome que a la experiencia nada reemplaza. Pero eso es cosa del pasado, mi seguridad actual no tiene brechas. Me acerco convencido cuando el matón número uno me detiene apoyando las yemas de sus dedos en mi pecho.

-¿Si? –me pregunta altanero en inglés mirándome a través de sus lujosos lentes oscuros.

Le observo con atención imaginando que el tamaño de su ego corresponde seguramente al de sus pechos. Una presa fácil. Sería apropiado castigarles por apoyar a un monstruo como Sergei, pero eso me complicaría mucho las cosas y no tengo tanto tiempo. Oigo la música en el interior y el tumulto de gente cacareando. Me limito a entregarle la invitación, que me declara como Abdul Al Maliki. La analiza con su escasa habilidad y, sin siquiera pedirme que me quite las gafas o el turbante, me palpa rápido y me permite ingresar sin más palabras.
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MensajeTema: Re: La maquinaria del mal   Vie Feb 12, 2010 6:46 pm

PARTE V

La Tierra se acomodó permitiendo el amanecer en la estancia. Con los primeros minutos de luz rosando su cara, Mohammed se despertó. Miró por la ventana hacia la huerta. Como desde cada alba, Abir empuñaba su oz y seleccionaba vegetales tiernos para el almuerzo. El padre se refrescó y vistió, buscó dos mochilas que tenía preparadas y salió de la casa.

-Vamos Abir, deja eso. Toma. –alcanzó una de las mochilas a su hijo y continuó camino hacia la entrada de la estancia. Abir se secó la frente, dejó sus herramientas, y trotó tras su padre. El cielo de la mañana estaba tan claro como le era posible, ni una nube se detectaba sobre la línea del horizonte, y el sol se preparaba para azotar con dureza en pocas horas. Ambos cruzaron la tranquera y se perdieron a lo lejos por el camino de tierra blanda.

Caminaron a paso constante durante dos horas hasta alcanzar unos viejos pinos negros a la vera del camino. Mohammed se sentó en una roca y sacó su cantimplora.

-Continuaremos hacia allí. –dijo entre sorbos y señaló hacia las sierras nevadas, erguidas kilómetros al sur. Abir no dijo palabra, pero sus facciones demostraban la sorpresa. Calculó que tardarían días en llegar a pie. Y sin más descanso, su padre se paró y avanzó hacia nuevo destino. El niño bebió un sorbo y le siguió, volviendo a colgarse la mochila que albergaba casi la mitad de su peso.

Al correr de las horas el agotamiento del pequeño era notorio. Mohammed no miró atrás ni por un segundo. Sin decir nada, Abir se esforzaba por avanzar sin arrastrar los pies, esquivando las rocas del bosque que atravesaban. Las lechuzas les chistaban desde la altura.

Al caer la noche colina arriba el frío era punzante. El bosque despertó y sonidos de todo tipo asechaban por entre la espesa niebla. El niño desistió y se sentó en el piso cubierto de hojas muertas. Su padre se detuvo más adelante, casi perdido en la niebla, y le habló sin voltear.

-Aún no es momento de descansar. –advirtió.

-Pero ya no puedo más.

-Abir, antes de siquiera pensar en cuántas fuerzas te quedan, tienes un deber mayor que cumplir. Tu deber supremo es la obediencia, y ya lo sabes. Obediencia hacia la causa mayor, hijo mío ¿Cómo lograrás mantenerte fiel a la causa si ni siquiera puedes obedecerme a mí?

-Yo entiendo padre, pero…

-No Abir. No comprendes. –interrumpió el hombre levantando la voz. -Si entendieras no te hubieras detenido. Puedes evaluar las opciones que desees mientras avanzamos; hay mucho en qué ocupar la mente. Pero desobedecerme no es una opción posible. Cuando asimiles el significado de esta obediencia, sólo allí podrás entrenar tu determinación y tu compromiso, pequeño. Nuestras vidas carecerían de sentido sin estos valores máximos que respetar ¿Quieres ser igual que todos los hombres de allá afuera? Inseguros, desobedientes, incompetentes ¿Quieres echar a perder todo el esfuerzo sólo porque crees que no puedes continuar caminando?

Con las piernas temblorosas Abir volvió a incorporarse despacio. Sus infinitos ojos negros brillaron en un llanto ahogado. Las emociones se arremolinaban en su pecho mientras se preguntaba si lo que lo mantenía en pie era ese compromiso del que hablaba su padre, o pura cólera. Mordió su labio y volvió a caminar con la mochila a cuestas.

Dos horas después, la medianoche se acercaba y la luna desapareció entre los densos pinos que cubrían el cielo. El ambiente era siniestro. Pero la tortura física y mental que atravesaba Abir era mucho peor.

Mohammed se desvió entonces del camino compenetrándose en una caverna rocosa metros más allá. El niño aceleró el paso para no perderlo de vista y lo encontró finalmente acomodando unos abrigos en el suelo de piedra a modo de cama; luego bebió agua y se durmió sin más reverencia. Abir quedó en pie un momento con la mente en blanco, y se desplomó.
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MensajeTema: Re: La maquinaria del mal   Vie Feb 12, 2010 7:46 pm

PARTE VI

En el gran salón de arañas colgantes, debo esforzarme para disimular mi repulsión ante tanto lujo e hipocresía. La fiesta, previa a la conferencia de Sergei, está en pleno auge. El derroche de dinero sucio se presenta en cada detalle que analizo. Servicio abundante, tragos caros, trajes de miles de dólares, joyas de tamaños inusitados, decoración de alta categoría. Intento no pensar en cuántos niños podrían ser salvados con ese dinero, pero Sergei no parece tener problemas para dormir. Me acerco a una barra y pido un Martini mientras ubico a mi objetivo. La banda ejecuta una buena pieza de Jazz.

De inmediato se me acerca una busca vidas. La reconozco sólo por el aroma. Al observarla, lo leo escrito en cada rincón de su cuerpo impuro y embustero.

-¿Me invita un trago caballero? –me pregunta en un francés seductor.

-¿Qué desea? –el mío no es tan bueno como el de ella pero me hago entender.

-Uno como el suyo estaría bien. –y se me acerca más.

Le hago un gesto al cantinero mientras mis ojos continúan rastreando al ruso.

-¿Y usted es amiga de Sergei? –intento encontrarle algún uso.

-Yo tengo muchos amigos aquí ¿No le gustaría convertirse en uno de ellos? –su tono hechicero es tan barato como inútil.

La observo un segundo de arriba abajo. Concluyo que, para un hombre con ojos de hombre, su figura sería tentadoramente irresistible e irrechazable. Pero también imagino que su precio le añade la cualidad de inalcanzable para cualquier don nadie. Incluso para Sergei, cuya inmunda avaricia jamás le permitiría pagarse una mujer así, por más que la deseara.

Los aplausos inundan el salón, y Sergei aparece por un costado saludando a todo su perímetro. Se lo ve tan repugnante como siempre, incluso un poco más. La banda comienza a tocar un blues, cuando mi reloj marca las siete. Se me ocurre que quizá pueda hacerle un regalo al viejo ruso.

Me acerco a la mujer, que ya desiste de sus intentos conmigo y busca una víctima más fiable. Le susurro al oído mi idea mientras coloco en su cartera una pila de billetes verdes. Me aseguro de ser lo suficientemente generoso para incentivar al máximo a esta víbora de vestido rojo. Me ofrece una sonrisa de escalofríos, y ahora sólo me resta sentarme y observar. No confío en las personas, pero sí en su putrefacta codicia.
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MensajeTema: Re: La maquinaria del mal   Vie Feb 12, 2010 7:47 pm

PARTE VII

En el amanecer del nuevo día, las nubes oscuras impedían el paso de la luz solar. Diez horas después de desmayarse, el chico se levantó e hizo memoria. Buscó a su alrededor pero su padre ya no estaba. Una nota reposaba sobre su mochila.

“Hijo, consigue alcanzar la cumbre de la sierra, en donde acaba el camino. Confío plenamente en ti, te estaré esperando. Con amor, tu padre.”

El estómago del niño rugió feroz. Bebió un poco de agua de su cantimplora, y se sentó con las piernas cruzadas. Se relajó, y comenzó a meditar. Logró al fin alcanzar el estado que buscaba cuando su mente se despojó de todo pensamiento vano, y se enfocó en el objetivo.

Su estado de conciencia se vio sumergido entonces en el inconsciente mismo, y se halló parado en medio de un infinito blanco. A la distancia, un niño más pequeño que él le esperaba. Se acercó corriendo y reconoció al pequeñito al acercarse. Era él mismo unos años atrás. Pudo ver el llanto en su rostro.

-¿Qué te sucede? –se preguntó colocándose en cuclillas.

-Mi papá me ha abandonado. –respondió sollozando el niñito.

-¿Por qué habrá hecho eso?

-No lo sé. –se percató de que la voz de su copia pequeña era igual que la de su padre. –Supongo que lo hizo porque me ama.

-Pero eso no tiene sentido. –Abir estaba confundido.

El niño se desvaneció ante sus ojos y todo oscureció.

Cuando despertó de su trance, varias horas habían transcurrido en el interior de la caverna. Afuera, una tormenta de enormes proporciones castigaba inclemente la foresta. El sonido de la lluvia rompiendo se hacía eco entre la rocosa cueva. Sin siquiera pestañar, Abir tomó su mochila y salió a su encuentro.

En su interior, el fuego de la voluntad ardía colosal. Su determinación haría avergonzar hasta al más obstinado hombre del globo. Y a pesar de la congelante temperatura, su cuerpo hervía la columna de agua que le azotaba la piel. Avanzó por el imponente bosque enterrándose en el barro durante diez horas que bien podrían parecer días, venciendo cada reto de la enfurecida naturaleza. Su corazón bombeada fuerte con cada paso que daba impulsándolo hacia su objetivo. Y así, en horas de la siguiente madrugada, el camino llegaba a su fin.

Desde la cumbre de la sierra podía apreciarse la vastedad del ancestral bosque. Mohammed, que aguardaba pacientemente sobre la loma, vio a lo lejos un punto abriéndose paso por la nieve. Su hijo se acercaba empujando la nieve que alcanzaba sus rodillas. Durante los cinco minutos que le tomó alcanzarlo, su padre lo observó con atención.

A dos metros de distancia, Abir detuvo la marcha por primera vez desde el refugio, quince horas atrás. Su expresión no se dejaba adivinar, y el vapor espeso emanaba de sus fauces ardientes. La mirada que el pequeño dedicó a su padre era fulminante. Mohammed se acercó y abrazó con fuerza al niño que seguía inmóvil.

-Sabía que lo lograrías, hijo mío. –las lagrimas comenzaron a emanar de sus ojos. –Estoy orgulloso de ti.

El rostro de Abir tornó al fin en cansancio y desconsuelo. Su padre le apretó fuertemente.

-Si el amor que siento por ti, y por cada condenado ser de este mundo, no fuera tamaño, jamás hubiera podido resistir el dejarte solo. –agregó bañado en llanto.

El gélido viento les golpeaba fuerte en medio de la blancura. Mohammed tomó a su hijo en brazos y lo llevó hasta la tienda montada tras unos arbustos. El pequeño Abir descansó al fin protegido en el interior de la carpa, mientras su padre le observaba dormir. El nuevo día llegó, y volvió a irse. Las estrellas de la noche naciente brillaron blancas en la negrura del universo, y Abir abrió los ojos, tan oscuros y profundos como éste.
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MensajeTema: Re: La maquinaria del mal   Vie Feb 12, 2010 7:48 pm

PARTE VIII

Cinco minutos cronometrados le tomó a la dama de rojo, por llamarla de algún modo, convencer al viejo Sergei de que no lo cobrará nada por su compañía. Ya seguro de que el festín le será gratis, el ruso chequea la hora, y se retira de la mano de la vividora hacia un pasillo interno. Les sigo con prudencia exacta y descubro que ingresan en un ascensor. Se cierran las puertas y me acerco más hasta ver el indicador del piso que se detiene en el número seis.

Mi reloj marca las siete y quince. Llamo al elevador y me concentro. Controlo mi respiración y la tensión de mis músculos, les informo que pronto entrarán en acción. Las puertas metálicas se abren, ingreso y marco el seis. El mecanismo se pone en marcha y una suave música acompaña mi ascenso. El letrero indica un máximo de carga de diez personas. Sonrío al recordar que los fabrican en verdad para soportar hasta cinco veces ese peso recomendado, y sin embargo mucha gente evita subir cuando se llena, por miedo. Algunos incluso cuando esta vacío. Antes de llegar al sexto, levanto mi pie derecho y retiro la tapa del talón de mi zapato. Tomo un pequeño punzón afilado y vuelvo a colocar la tapa. Las puertas se abren.

Salgo al pasillo alfombrado y me agacho de inmediato para atar mis cordones, que de hecho no están desatados. Miro con delicadeza a mi derecha. Al final del pasillo, dos bravucones trajeados, incluso más imponentes que los de abajo, me clavan la mirada mientras descansan sus manos en la ingle. Protegen la entrada de la habitación treinta y seis, una de las suites. Me paro con decisión y avanzo hacia ellos, metro a metro. Me restan sólo diez. Mi corazón se acelera. Mi respiración se agita. Mis tendones se preparan. Ellos me observan, y cada vez más alertas.

Ya casi sobre el primero, pronuncio un “Disculpe”, mientras éste gira acomodándose de frente a mí. Llevo oculto el punzón en mi mano derecha. Alcanza a contestarme con un “Sí”.

En este instante, el cuadro se frisa en mi mente. El guarda más cercano, que acaba de responderme, ya tiene su mano izquierda tomando el borde de su saco, dispuesto a descubrir su arma. El de atrás parece un poco menos atento y confiado, de seguro un novato, y continúa parado mirándome. El resto del pasillo en soledad y silencio.

Antes del primer segundo, mi mano vuela, y entierra el punzón en la garganta del primer hombre. Completamente pasmado, el segundo matón se arrebata e intenta desenfundar su pistola. Pero elevo la punta de acero de mi zapato derecho, y la incrusto bajo su mandíbula, destrozándole varios dientes y huesos con el impacto. Caen al piso al unísono.

Con lamentos mudos, la sangre brota a borbotones de la yugular de uno, mientras el otro pierde la conciencia ante el dolor extremo. Los cinco segundos acaban.

Hasta que no lo hace por primera vez, uno no se imagina lo sencillo que es matar. Por lo general, el cine lo muestra todo mucho más aparatoso y complicado. Con el tiempo, la práctica hace a la perfección.

Busco en los bolsillos del moribundo hasta encontrar la tarjeta que abre la puerta. Entro en la habitación.

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MensajeTema: Re: La maquinaria del mal   Vie Feb 12, 2010 7:48 pm

PARTE IX

Al borde del arroyo abundaba la vegetación. La primavera pintaba toda la zona con colores vivos. Verdes, amarillos, anaranjados. Junto con el cielo azul de esa tarde, el espectro estaba completo. Un grupo de gacelas bebía agua del arroyo. Minutos después, comenzaron a alejarse hacia tierras más elevadas. Una pequeña rezagada salió corriendo tras su madre, y de pronto un agujero se abrió atravesando su cráneo. Cayó sin vida en la mata. El plomo que acababa de traspasarla yacía enterrado unos metros más allá. A un kilómetro de distancia, tras matorrales, árboles, y canteras, el reflejo de una mira telescópica brilló bajo el sol.

El joven apuntó en un cuaderno algunos datos como, temperatura, velocidad del viento, altitud, y blanco.

-Buen disparo, Abir. –Mohammed observaba la presa caída con los binoculares. –Toma nota de los datos y guarda el fusil. La próxima aumentaremos la dificultad del objetivo. Vamos, esta semana comeremos carne.

Abir acabó de desarmar y guardar el arma en su estuche, y partieron en busca de la caza.

Una hora más tarde, el atardecer entintaba de anaranjado la estancia mientras ambos arribaban a su hogar.

-Deja las cosas y vamos a entrenar tu kung-fu hasta que acabe el día. –el padre habló, y con la subordinación y convencimiento característicos, Abir respondió a la orden.

Luego de indicarle su entrenamiento de rutina, Mohammed se dispuso entonces a despellejar y descuartizar la gacela. De tanto en tanto, revisaba las posturas y formas que Abir ejecutaba junto al estanque, y corregía. El jovencito fluía con el viento, haciendo carne el arte marcial milenario.

La noche cálida cayó con lentitud en el campo, y la cena estuvo lista. Padre e hijo comieron en completa tranquilidad, y otro día agotador llegó a su fin.
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animalSON
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MensajeTema: Re: La maquinaria del mal   Vie Feb 12, 2010 7:49 pm

PARTE X

-Al baño. –le indico señalándole la puerta a la mujerzuela sin darle tiempo a vestirse. Corre asustada y se esconde. La mutación del rostro de Sergei es patente. Queda con sus cien kilos de inmundicia revolcados sobre la cama, y me mira fingiendo estar tranquilo. Pero no lo está, lo reconozco en cada gramo de sí. Me acerco lento a la cama, y al ver mi proximidad se desespera explosivamente por agarrar algo del cajón. Un arma, supongo, porque mi pie no le permite abrirlo.

-Calma, viejo amigo. –susurro mientras le aprieto suave del cuello, apoyándole la cabeza de nuevo sobre la almohada. -¿Sabes por qué estoy aquí?

-Mis hombres vienen en camino. –a pesar de hablar varios idiomas, insiste en utilizar su ruso natal para comunicarse conmigo. Quizá imagina que puede intimidarme.

-Me parece correcto, para eso les pagas. –le contesto con su mismo código. -Por cierto, deberías invertir un poco más en eso.

-Mátame si quieres, pero tu ya estás muerto, pedazo de mierda…

-De acuerdo. -respondo y le clavo el punzón en medio del abdomen con agresividad. Mi otra mano tapa su boca al mismo tiempo ahogando su grito. Pasan unos segundos y se calma.

-Bueno, no hay más tiempo para gastar en esto. Puedes vivir, o puedes morir. –digo mientras saco unos contratos especialmente preparados del bolsillo interno de mi saco. Los tiro sobre su pecho. -¿Cuánto vale tu miserable vida?

Sin siquiera mirarlos, lo rompe en pedazos y me escupe.

-Te libero de tu sufrimiento, Sergei Yeltsin. –pronuncio las ultimas palabras que sus oídos escucharán, y miro en lo profundo de sus ojos intentando evocar a cada alma inocente que pagó por su asquerosa vida.

-Idiota ¿Te crees Dio… -intenta decir.

Tapo su cara con la almohada y espero unos minutos que su vida acabe mientras lucha vanamente retorciéndose por liberarse. Su existencia se exprime segundo a segundo, y siento como las víctimas de su maquinaria del mal descansan al fin en paz. Al menos este ser ya no causará más dolor.

Tiro los papeles rotos al cesto, los incendio, y tomo el dinero de la cartera de la muchacha escondida en el baño. Oigo el grito de una mujer al fondo del pasillo. Me asomo y veo el carro de la limpieza abandonado en medio del camino. De seguro la empleada descubrió a los caídos y ya baja a dar la alarma. Miro por un segundo atrás fotografiando la escena en mi cabeza. Sergei reposa desnudo en la cama con la almohada en su cara. El humo de los papeles ardiendo en el cesto activa la alarma contra incendios y los rociadores empapan la habitación.

Desciendo de a medio piso por salto por las escaleras. Me toma un minuto llegar hasta el lobby en donde la conmoción se apodera de a poco del sitio. Salgo caminando con tranquilidad en medio del caos. Bajo los diez escalones de la entrada, y tiro los billetes al mendigo sentado en el primero. Con las manos en los bolsillos me alejo del hotel; a dos cuadras, una ambulancia y la policía local pasan veloces a mi lado distorsionando el sonido de sus sirenas en la distancia.

Es una pena que Sergei no haya firmado. Miro el reloj, son las siete y media. El sol aún brilla con fuerza.
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Eleonor
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MensajeTema: Re: La maquinaria del mal   Sáb Feb 13, 2010 4:53 pm

Interesante exposición la que dejas, intricancada en algunas partes,que requiere de mucha atención del elctor para no perderse entre un momento y otro,pero bien escrito mostrando perfectamente como funciona esa maquinaria.
Un texto muy complejo de escribir pero que lo has hecho excelente, felicitaciones tienes un gran talento para las letras.
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animalSON
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MensajeTema: Re: La maquinaria del mal   Dom Feb 14, 2010 7:05 am

PARTE XI

El jovencito y el hombre de barba prominente continuaban parados en medio del río de gente. El río arremetía, implacable, indiferente. Pero estos dos individuos allí permanecían, desde hacía media hora, inmutables, expectantes, e inamovibles. Observando desde el cielo se distinguía la pequeña brecha en la correntada humana, justo donde estos dos puntitos se habían plantado; algunos torpes apresurados incluso les impactaban con sus hombros y bolsos al paso veloz. Pero la actitud de estos dos no cambió. Continuaron observando, parados en medio de la acera de la avenida principal. Ciudad capital de la nación, núcleo de la urbe comercial y capitalista.

-Continúa observando, hijo. –la voz del hombre de las barbas se perdía entre el bullicio urbano de motores rugiendo, griteríos de vendedores ambulantes, y conversaciones al pasar. Pero el jovencito le oía con claridad y asimilaba cada palabra.

-Recuerda, el poder de observación y atención son dos grandes dones si sabes utilizarlos con pureza. No sólo mires, siéntelos; siente a la ciudad. Siente el rose de de cada individuo, pero al mismo tiempo no dejes de oír. Escucha cada palabra y analízala. Descarta los ruidos de los vehículos y las bocinas, recopila información pertinente. Siente cada bocanada de aire que exhalan, siente cómo viven. Y sobre todo, observa. No mires, observa cada movimiento, observa la naturaleza. Tienes ojos en la nuca y oídos selectivos. Supéralos, hijo mío, adelántate. –el hombre continuaba hablando y el joven oía reverberar su voz en el viento; y la acción frenética de la gran ciudad ocurría frente a sus infinitos ojos negros en cámara lenta. La información le bombardeaba por doquier mientras seleccionaba cada detalle, cada mirada, cada suspiro, cada letra pronunciada. El mundo transcurría con suave lentitud a su alrededor, y su corazón latía al doble de velocidad. Entonces, el jovencito pronunció estas palabras.

-No observamos la naturaleza, padre. Observamos la naturaleza a través de nuestras mentes. –la expresión en la cara del muchacho era indescifrable, bien podría tratarse de un millón de emociones en estado catalítico dando forma a su rostro de ángulos pronunciados.

El hombre le contestó ofreciéndole una mirada de soslayo, a la cual el joven no correspondió.

-Así es. Por eso debes perfeccionar tu mente. Debes evolucionar para que seas tan perfecto como la naturaleza misma. –la serenidad y pausa en el tono de su voz denotaban años de profunda reflexión y seguridad.

Ambos callaron y siguieron observando mientras el sol se ubicaba perpendicular al suelo.

Quince minutos más tarde, un sonido en la vereda cruzando la enorme avenida alertó sus sentidos. Dos hombres avanzaban escandalosamente al borde de la calzada montados en una motocicleta. Rodaban en contra del tráfico pero con habilidad magistral para evadirlo. Los bocinazos e insultos no se hacían rogar. El acompañante le arrebata entonces la cartera a una mujer descuidada que caminaba cerca del cordón. Esta imagen se congeló en los ojos del joven mientras sus músculos se tensionaban a punto de desgarrarse. Al mismo tiempo, el hombre de barba apretó su muñeca fuertemente intentando amarrarlo, pero fue en vano. La fuerza explosiva con que salió expulsado el muchacho fue inefable.

El embotellamiento en la avenida apenas permitía el paso de un perro pequeño por debajo de los paragolpes de los coches y camionetas. Pero el joven optó por precipitarse encima de los techos y capós de los mismos. El éxtasis que bombeada su corazón, y le hinchaba las venas llegando hasta sus músculos y tendones, le hacía avanzar con velocidad y pericia dignas de un acróbata. No era para menos lo maravillados que quedaban los transeúntes al notar cómo, cual extensión del viento, el joven saltaba endemoniado por encima de los automóviles. En pocos segundos atravesó los seis carriles de la avenida y se preparó para interceptar a los malvivientes. Éstos, al ver la situación, soltaron el vehículo y aprontaron sus navajas para enfrentar a la bestia indomable que les asechaba.

Los dos malhechores atinaron a actuar sólo por instinto intentando estocar a su objetivo. Aunque hubiesen podido repetir la toma cien veces de nada habría servido. El joven simplemente danzaba entre sus presas, como un gato jugando con un pequeño ratoncito indefenso. Tomó entonces el brazo del enemigo más próximo trabándole el codo, y mientras provocaba que el cúbito quebrado le saliera rasgando la carne, enterró la suela de su zapato derecho en el maxilar del otro, destrozándolo en tres partes. La escena era digna de fotografiar en ese preciso instante. Los ladrones nunca tuvieron una mínima chance.

Después de los merecidos halagos y felicitaciones de todo tipo, el hombre barbado le apartó bruscamente de la multitud. El rostro del joven dibujaba el arrepentimiento.

-Lo lamento, padre. No pude controlarme. En verdad lo lamento.

-No puedes hacerte esto, Abir. –las palabras del viejo pesaban por sí solas. –No debes exponerte así ¿Con qué mérito? Debes controlar tus emociones, recapacita ¿Qué haríamos si algo malo te ocurre? Todos estos años hubieran sido en vano ¿Comprendes Abir? Tú formas parte de un plan mayor. Recuérdalo siempre, obediencia y disciplina. Compromiso y determinación.

-Comprendo. En verdad lo siento y no se repetirá.

-Yo sé que no, hijo mío. –bajo las tupidas cejas, el hombre dejó ver los ojos del perdón.

Sin más palabras ni demoras los dos se perdieron entra la multitud.
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MensajeTema: Re: La maquinaria del mal   Dom Feb 14, 2010 7:07 am

PARTE XII

De vuelta en mi hotel. El viaje de regreso fue un poco más rápido. Por suerte anochece y la temperatura desciende unos grados. Pero sólo un poco.

Bebo un trago de agua. Me quedo parado un momento e intento volver a la calma, aún sigo un poco tenso. Aclaro mi mente; me relajo. Inspiro profundo. Miro la cama y veo el portafolio, recuerdo que hay otra carpeta. Suspiro. En este momento me siento un poco cansado. Pasó mucho tiempo desde mi primera misión, cuando estaba joven y lleno de energía. Ya no es lo mismo, lo siento en el cuerpo.

Me siento al borde del colchón y tomo la otra carpeta amarilla. La miro por fuera. Me demoro en abrirla. La luz en la habitación ya es tenue, me estiro y enciendo el velador. Abro la carpeta.

En la portada hay un pasaje de avión. Fecha: mañana a primera hora. Destino: Roma. Remonto los recuerdos, estuve en Roma una sola vez, hace diez años, y en otras cinco ocasiones por el resto de Italia. Paso la página y encuentro una nueva identificación. Mi nuevo nombre: Dimitri Pawlowsky. Pegada en la tercera hoja, la foto de un bebé; Gregorio Vespasiano dice la etiqueta. Leo el cuerpo del mensaje y cierro la carpeta. Suspiro. Cierro lo ojos y oigo el sonido de los vehículos transitando, vecinos hablando, la sinfonía de la ciudad a lo lejos zumbando. Me invade la calma. Dejo correr unos minutos más y los saboreo.

Me meto en el baño diminuto a orinar. Miro por la ventila y veo a padre e hijo rezando sus oraciones diarias en dirección a la mezquita. Alzo la vista y encuentro un gato blanco sentado sobre el tejado. La luna se ve hermosa y me roba una sonrisa; como buena amiga me acompañó en tantas noches de soledad que ya ni siquiera puedo contar. Me recuerda una y otra vez que las mejores cosas en esta vida son gratis, y nadie lo nota. Tiro de la cadena y le guiño un ojo a mi vanidosa compañera. Me lavo las manos y la cara. Me seco y apago la luz antes de que rebote en el espejo y llegue a mis ojos; pero esta vez me arrepiento y vuelvo a encenderla. Me cuesta reconocerme, pero lo intento. Me recorro con la mirada por cada arruga, cada cicatriz y cada marca, como si de un mapa de mi vida se tratara.

-Fueron muchos años, compañero. –espero, pero no me contesta. Sólo me mira fijo con esos profundos agujeros negros.

-Tanto dolor. Tanto amor. Tantas historias, y nadie para contárselas ¿Qué piensas? Y ahora… al fin todo acaba. No más misiones, no más viajes, no más sufrimiento, no más muertes. Ahora eres padre, compañero. Ahora somos padres ¿Es esto lo que querías? ¿Es esto lo que quiero? –me mira, no dice nada. Una lágrima cae patinando por su mejilla, y de pronto oigo la voz de una mujer a mis espaldas.

-Señor… ¡Señor Pawlowsky!


-Señor Pawlowsky, ya es hora. –dice la asistente desde la puerta.

El hombre acomoda al bebé suavemente en su cuna y se seca las lágrimas del rostro con la manga de la camisa. Retrocede sin dar la espalda y sale de la habitación.

-Bueno, aquí tiene los últimos formularios. –le comenta la secretaria mientras le entrega unas hojas para rellenar. –Sé que ya debe estar cansado de completar papeles pero le aseguro que estos son los últimos. En aquella mesa tiene un bolígrafo y podrá llenarlos tranquilo. Cualquier cosa que necesite yo estoy por aquí, no dude en llamarme. –la mujer se retira y el hombre se sienta en la silla junto a la mesita de madera.

Unos minutos después, la asistente regresa y se sorprende al no encontrarlo. Revisa todo el lugar pero no hay rastros del hombre. Ve los formularios sobre la mesa y los levanta. Están vacíos. Queda confundida y los vuelve a examinar por ambas caras. En el reverso de una hoja ve escrito algo.

“La extinción de la humanidad no es cuestión de probabilidades, es cuestión de tiempo. No importa cuantas veces los salves, ellos siempre volverán a arruinarlo todo ¿El motivo? La naturaleza humana ¿La solución? Darles más tiempo, hasta que su naturaleza destructiva cambie ¿El método? Uno poco sutil: nosotros.

Abir Sofer, Hijo Mayor EES – octubre 2025”

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MensajeTema: Re: La maquinaria del mal   Dom Feb 14, 2010 7:08 am







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MensajeTema: Re: La maquinaria del mal   Sáb Feb 20, 2010 3:18 pm

Me costo seguir el hilo, por lo complehja de la maquinaria, lo que me parecio irisorio por que al terminar la lectua queda todo muy claro.
Perfecto, ja me descoloco Eleonor ahi en el medio.
Excelente texto, nada que se aleje de la realidad,y el personaje muy bien definido.

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MensajeTema: Re: La maquinaria del mal   Lun Feb 22, 2010 12:47 am

Ok, me engañaste, ja, caí por el titulo, el cual me gusta más este que el anterior el cual como ya te he dicho me costaba relacionar.Un relato como ya te he comentado muy a tu estilo, con ese pasaje de escenarios y tiempos que obligan al lector a estar muy atentos a la lectura.No me cabe otra que repetir textual lo que te he dicho anteriormente pues al reler el texto sigo opinando igual, apesar de algunos pasajes que supongo que mi memoria no retuvo y los veo por primera vez
"Un relato que encierra tres historias, en un circulo perfecto: Una adopción ,que sirve de introducción a la cual retomaras al final; las enseñanzas de Abir que le dan el toque de reflexión, y una misión secreta que le da el suspenso y tensión al cuento para mantener alerta al lector.
Pasas de la agitación a la calma de un capitulo a otro, jugando con las emociones y expectativas del lector que busca relacionar toda la historia (manejas muy bien ese aspecto en todas tus narraciones).
Destaco, como dije en un principio los elementos que encontré como lazos en todo el relato: las miradas, en primer lugar, papeles que hay que firmar al principio, papeles que se desean sean firmados, papeles que no se firman.
Un relato que según el comienzo y el final, se sucede en un par de minutos, los que demora en salir y entrar la enfermera, pero que llevado a tu dimensión son años.
un buen texto, donde hay más para decir, y cuestionarse, más cosas que intentar relacionar, pero obviamente es abusar de tu espacio.
La disfrute en un comienzo, y la disfrute más aun leyéndola nuevamente de corrido, ya que se aprecia mejor toda tu técnica (consiente o no)literaria."


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MensajeTema: Re: La maquinaria del mal   Miér Mar 03, 2010 8:56 pm

ME QUEDE EN EL MEDIO DE LA HISTORIA, ASI DE SENCILLO ME PERDI JA.
SI ESA ES LA IDEA DE ESA MAQUINA DEL MAL, LO LOGRO, Y ES HACERNOS PERDER,YO ME PERDI, VOY A LEER DE NUEVO. POR QUE NO LO ENTENDI

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