
Me retiro a los cuarteles del olvido
para que descanse el corazón maltrecho
sin más compañía que la luna
ni más reflejo que mis propios versos.
Es una bendición poder plasmar
lo que se siente en páginas en blanco
para que quede virgen el corazón
de amarguras, ausencias y desplantes.
Tal vez muera un poco en estos días
pues no es camino fácil ni seguro
mas en el alejamiento están las curas
eso debe ser sin miramientos.
No me llevo más que el ordenador
y recuerdos que anidan bajo el brazo,
de miradas, de seres, de fantasmas
que poblaron mis días cobijando angustias,
de momentos, de prisas, de posibles,
charlas con el alma abierta
que entregaban de mí tanta pureza
pues las palabras que brotaron fueron truncas
pero reales, tangibles, pronunciables
cuando mi boca estaba muda de tequieros
invadí el planeta con cien frases.
Quise ser lo que esperaba fueran
mas en este balance cal y arena
el tiempo ya pasó, la vida sigue
Imponiendo indolente muchas penas.